El colapso de la autocracia "barata"
Durante años, la Hungría de Viktor Orbán fue el póster de la "democracia iliberal": un sistema que prometía estabilidad y crecimiento a cambio de entregar las instituciones. Orbán intentó venderse como un líder desarrollista al estilo asiático, pero cometió un error de cálculo fatal: eliminó los controles que disciplinan el poder sin tener las presiones externas que obligan a un autócrata a ser eficiente.
Al final, su régimen no produjo desarrollo, sino clientelismo.
La lógica que lo sostuvo terminó por devorarlo. Al priorizar la lealtad política sobre la competencia, la economía se estancó y los servicios públicos se pudrieron. Cuando la Unión Europea condicionó los fondos a la transparencia, Orbán prefirió el aislamiento y la dependencia de Rusia y China antes que rendir cuentas.
