9 may 2026

Renato Leduc: entre el azar de la paternidad y el refugio de la Memoria

 Renato Leduc: entre el azar de la paternidad y el refugio de la Memoria

Por Fred Alvarez Palafox

@fredalvarez

Gracias, Patricia Leduc, por proporcionarme el acta de divorcio de tu padre con Leonora. Sus historias no son solo recuerdos; son el combustible para seguir narrando la vida de un hombre que habitó su tiempo con una intensidad poco común. Al revisitar su rastro, reafirmamos hoy, más que nunca, esa sabia virtud que lo definió ante el mundo y ante sí mismo.

Geografías íntimas: los tres enlaces

La vida sentimental de Renato fue un mapa que osciló entre la convención y el surrealismo. Se casó formalmente en tres ocasiones: la primera, en los años veinte, con Altagracia Gómez, con quien procreó a Renato, Alicia y Héctor. En 1941, concretó aquel célebre matrimonio "convenido" con la pintora Leonora Carrington, una unión de apenas cuatro años que se grabó en la historia como un acto de suprema libertad y afecto. Finalmente, en 1948, se unió a Amalia Romero, madre de Patricia, quien se convertiría en custodia final de su legado.

Hoy, la estirpe de Leduc encuentra su puerto seguro en su hija Patricia y en su nieta Renata, quien lleva el nombre de su abuelo como una bandera de identidad. Ellas son las herederas de la memoria y la obra del inolvidable periodista y bardo tlalpense.

El azar de la descendencia: una anécdota reveladora

Sobre su descendencia masculina, existe un pasaje que retrata el humor —a veces ácido, a veces evasivo— de Renato. En una charla con su amigo tabasqueño Andrés Iduarte Foucher, este le preguntó por sus hijos varones. Renato, con una parquedad casi mística, respondió que solo tenía uno, en San Luis Río Colorado, Sonora. Cuando Iduarte mencionó haber visto a otro hijo en Reynosa, Renato sentenció: "Dice él que es mi hijo, porque yo le di permiso de que usara mi apellido".

Esta anécdota, recogida por Oralba Castillo Nájera en Renato y sus amigos (1987), parece ser uno de esos laberintos de la memoria de Leduc. Fue Patricia quien, en una entrevista para Excélsior en 2016, aclaró la realidad documental: su primera esposa, Altagracia, tuvo tres hijos: Renato (ya fallecido), Alicia y Héctor (quien vivió en Monterrey hasta su muerte en 2020). La precisión histórica se impone al mito: la descendencia de Renato fue más vasta y tangible de lo que su bohemia, a veces, dejaba entrever.

El pacto de libertad: Leonora y el salvoconducto

Quizá Leonora Carrington nunca imaginó que su destino sería México; un país que comenzó a soñar cuando Renato se lo describió en las noches de un mundo en llamas. Su matrimonio fue una conjunción de azar y urgencia: él estaba en Lisboa, en el lugar y el momento adecuados, cuando ella necesitaba escapar de la persecución nazi.

No fue el encanto lo que los unió inicialmente, aunque se conocían desde una noche en París gracias a Pablo Picasso. Ella tenía 24 años; Renato, 44. Mientras Europa sucumbía al caos, Leduc se convirtió en su salvoconducto. Se casaron en el consulado británico de Lisboa el 26 de mayo de 1941. No fue una atadura, fue un pacto de libertad para que la artista obtuviera la visa y escapara del horror.

Tras un paso por Nueva York, regresaron a México en tren en 1942. Pero el hogar compartido reveló que eran, en esencia, agua y aceite: a Renato lo reclamaba la bohemia, los toros y el estruendo de las cantinas; Leonora habitaba otros mundos. A pesar de ello, ella se enamoró de México y se quedó para siempre, integrándose al círculo de surrealistas e intelectuales refugiados: Remedios Varo y Benjamín Péret, Kati y José Horna, Wolfgang Paalen y Alice Rahon. Después del divorcio, Leonora se casó con el fotógrafo rumano Emeric "Chiki" Weisz —padre de sus hijos Gabriel y Pablo—, quien había zarpado de Marsella junto con Remedios Varo y otros tantos desterrados.

El festejo en "El Taquito" y la ceguera del escribano

La disolución legal de aquel matrimonio se selló sin asomo de drama. Fiel a su estilo, Leduc festejó la autonomía recuperada con una mítica fiesta en "El Taquito", en la calle del Carmen. Allí, entre brindis, Leonora sonreía ante el único abismo que nunca pudo cruzar: la plaza de toros. Ella, guardiana de lo onírico y de la vida misma, jamás comulgó con la tauromaquia, lo que añadía una nota de deliciosa ironía al celebrar su libertad en un santuario del taurinismo.

Gracias a la generosidad de Patricia Leduc, hoy rescatamos del olvido el documento de aquel divorcio, fechado el 5 de enero de 1945. Al leerlo, salta a la vista una ironía burocrática dolorosa: mientras a Renato se le reconoce su oficio de periodista, a Leonora se le etiqueta bajo el rubro de “hogar”. Reducir a una de las mentes más visionarias del surrealismo a una categoría doméstica es la prueba más fiel de la estrecha mirada de aquel escribano frente a una mujer que ya era un universo en sí misma.

De la conveniencia a la pasión: los hallazgos de Patricia

Durante décadas se pensó que el vínculo fue estrictamente práctico. Sin embargo, Patricia descubrió entre los archivos de su padre dos cartas de Leonora impregnadas de un amor volcánico. También apareció un pequeño dibujo a lápiz con una nota en tinta roja: “Dibujo mágico para que regrese Renato”.

Estos hallazgos cambian la narrativa: lo que nació como conveniencia se transformó en una pasión real, al menos del lado de Leonora. En una de sus misivas, ella escribía:

“Mi querido Renato, cuando volvía por la calle esperaba encontrarte aquí; es triste este lugar… Sin embargo, tengo la impresión de que has estado aquí. ¿Saliste de nuevo? ¿Llegué muy tarde? Muero lenta y dolorosamente por las ganas de verte; vuelve pronto. Solo voy a destender la cama, engullidora de fornicadores, cuando regreses. No me atrevo a acostarme sola en tal artilugio, tendría miedo de caer en el abismo que hay en medio. Te amo atrozmente, este lugar es horrible sin ti, y aquí me la paso toda la mañana. Detesto Nueva York. Te amo y tengo ganas de acostarme contigo, tengo ganas de abrazarte y de lamerte. Se hace tarde y no vienes; no le temo a nada, por amor de Dios o de Satán (más bien por amor de Satán). Regresa pronto, Renato. Tengo ganas de ti y me vuelvo loca sin ti. Ven pronto. Estoy angustiada, te necesito. ¿Tienes idea de cuánto te necesito? Renato, por el amor del diablo, ven pronto. No sé si deba salir a buscarte, y no sé dónde buscarte… Eso es lo espantoso. Es en estos momentos cuando me doy cuenta de lo cerca que estoy de volverme loca, por tan poco transpiro y tiemblo. ¿Salgo o no salgo? Es difícil saberlo. Si este amor se vuelve latoso para ti, debes saber que no hay que enamorarse de las locas; todas somos así. Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo".

Antes de morir, la pintora confesó en una entrevista: “No tuve ningún amor más que él”. Cronológicamente, el poema "Inútil divagación sobre el retorno" no pudo ser dedicado a ella, pues fue escrito en 1933, antes de conocerse. No obstante, el propio Leduc llegaría a decir que, en esencia, esos versos siempre fueron para la Carrington.

Inútil divagación sobre el retorno

Más adoradas cuanto más nos hieren

van rodando las horas,

van rodando las horas porque quieren.

Yo vivo de lo poco que aún me queda de usted,

su perfume, su acento,

una lágrima suya que mitigó mi sed.

El oro del presente cambié por el de ayer

la espuma… el humo… el viento...

Angustia de las cosas que son para no ser.

Vivo de una sonrisa que usted no supo cuándo

me donó: Vivo de su presencia

que ya se va borrando.

Ahora tiendo los brazos al invisible azar;

ahora buscan mis ojos con áspera vehemencia

un prófugo contorno que nunca he de alcanzar.

Su perfume, su acento,

una lágrima suya que mitigó mi sed.

¡Oh, si el humo fincara, si retornara el viento,

si usted, una vez más, volviera a ser usted!

(De Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario, 1933)

Lo comparto con mi video: 

https://www.youtube.com/watch?v=IoT_aCjCpK8

El cierre de un ciclo vital

Renato murió en paz en 1986 en compañía de su hija y nieta, tenía 91 años, habiendo cumplido su promesa de vivir sin reservas. Leonora le sobrevivió hasta 2011, partiendo a los 94 años. Poco antes de morir, su amiga Elena Poniatowska le dedicó la novela "Leonora" Ed. Seix Barral.

Hoy, el arte de Carrington alcanza cifras astronómicas en subastas internacionales, superando a muchos de sus contemporáneos masculinos. Pero para Renato, ella fue siempre esa mujer que ilustró en 1957 las XV Fabulillas de animales, niños y espantos. Aquella edición de Pepe Martínez, de la cual solo se imprimieron 300 ejemplares, permanece como el testimonio de una amistad que nació en el caos de la guerra y floreció en la libertad de México.


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