2 abr 2026

Caso Colosio: ¿justicia tardía o un nuevo laberinto político?/ Fred Alvarez P.

Caso Colosio: ¿justicia tardía o un nuevo laberinto político?

Para muchos, el expediente Colosio era ya un volumen polvoriento, sellado con los candados de la "verdad oficial", sin embargo, queda claro: hay quienes necesitan mantener este fuego encendido. | Fred Álvarez

La Silla Rota, 1/4/2026 · 21:00 hs

El peso de la historia y el ruido del presente

Treinta y dos años han pasado desde que el estruendo de dos disparos en Lomas Taurinas fracturó el destino de México. Para muchos, el expediente Colosio era ya un volumen polvoriento, sellado con los candados de la "verdad oficial". Sin embargo, la justicia nos recuerda hoy que en nuestra historia no existen los puntos finales, sino los puntos y aparte... y los puntos suspensivos. Por otro lado, queda claro: hay quienes necesitan mantener este fuego encendido.

El Octavo Tribunal Colegiado ha dado un giro de timón que sacude el polvo de los archivos. La puerta para investigar la presunta tortura contra Mario Aburto Martínez se ha abierto de par en par. No se trata ya de discutir si el dedo de Aburto jaló el gatillo, sino de poner bajo el microscopio los métodos que el Estado utilizó para obtener su confesión. La narrativa del "asesino solitario" vuelve a estar en entredicho; no necesariamente por el crimen en sí, sino por la legitimidad de su origen.

El pulso contra el silencio

El camino hacia este momento ha sido una batalla constante contra el olvido. Desde finales de 2023, la Fiscalía General de la República (FGR) intentó sepultar el expediente alegando que no había rastro de tortura en aquel turbulento marzo de 1994. Incluso en junio de 2025, la justicia pareció dar un portazo cuando se negó el amparo a Aburto, calificando sus denuncias como recursos "novedosos" e improcedentes.

Pero en el derecho —y en la política—, las formas son fondo. Parafraseando al poeta W. H. Audenla Ley no reside únicamente en los códigos del juez, sino en la fragilidad de lo cotidiano; es, como el amor, un misterio que nos sostiene mientras intentamos conservarlo. Bajo esta premisa, los magistrados Alberto Torres, Nelly Montealegre y Jorge Vázquez han dictado una sentencia que desnuda una omisión judicial: se pretendía juzgar la tortura sin llamar a quienes deben dar la cara.

“Se identificó una violación a las normas que rigen el procedimiento... no fueron emplazados los terceros interesados”, señaló la magistrada Montealegre Díaz, quien por cierto es juzgadora gracias a la voluntad popular. La resolución es tajante: la jueza de distrito Paloma Xiomara González fue omisa al no notificar a un total de 28 indiciados —como los menciona el reportero Abel Barajas en Reforma— en la entonces averiguación previa 2080/94. Al no escucharlos, se violaron las reglas esenciales. Ahora, se debe reponer el procedimiento desde cero. Punto.

El espejo de nuestras sombras

Aquí es donde el caso deja de ser un tecnicismo para intentar convertirse en un sismo político, aunque es difícil que llegue a tal magnitud. El Estado mexicano se encuentra, tres décadas después, frente al espejo de sus propias sombras. En este escenario, la voz del senador Luis Donaldo Colosio Riojas resuena con una lucidez dolorosa: "Dejen de lucrar políticamente y permitan que México sane". Su diagnóstico es demoledor al acusar al régimen de usar la tragedia de su padre como estrategia de proselitismo, marcando una distancia saludable entre el dolor familiar y el uso faccioso de la memoria.

¿Justicia o narrativa?

Para el gobierno actual, el asunto es de "Estado", una postura que cierra la puerta al indulto pero abre la de la especulación. La Presidenta de la República calificó el caso como una cuestión institucional y no de voluntad política. Vale la pena rescatar un fragmento del diálogo "mañaneril" del pasado martes 25 de marzo, una estampa donde la ironía y la razón de Estado se sentaron a la mesa. Todo comenzó con la intervención de Vicente Serrano, de Sin Censura TV, quien cuestionaba las aspiraciones de Colosio Riojas calificándolas de "lamentables".

Ahí intervino la presidenta Sheinbaum: — Curioso, ¿no?, que un senador de Nuevo León… Bueno, no pongamos el caso específico, pero que un senador de un estado quiera ser gobernador de otro estado. Está curioso, ¿no? — Aparte —intentó revirar Serrano. — Tiene derecho, pues, pero está curioso, ¿no? —insistió ella. — Está medio extraño, ¿no? —secundó el periodista. — Curioso —repitió la presidenta por cuarta vez, dejando que la palabra flotara en el aire como una sentencia.

La palabra curioso llamó la atención. Según la RAE, viene del latín curiosus y define a quien está inclinado a enterarse de cosas ajenas; sinónimo de fisgón, entrometido o indiscreto. Personalmente, creo que Colosio Riojas no encaja en esa definición; él es, ante todo, una víctima de la tragedia y a las víctimas no se les puede revictimizar con adjetivos que minimizan su dolor o su derecho a pedir un cierre.

Serrano insistió en que el senador se "colgaba" del asesinato de su padre para pedir un carpetazo. La respuesta de la presidenta, aunque abandonó la ironía por un momento para mostrar solidaridad humana ante la tragedia familiar, mantuvo un deslinde institucional seco: "El asesinato de Colosio es un asunto de Estado... no es un asunto que se resuelva con el indulto de una presidenta", mismo posicionamiento que emitió López obrador en enero de 2024.

El papel de la CNDH y los hilos sueltos

Horas después, en una coincidencia que no deja de ser —valga la redundancia— curiosa, la CNDH de Rosario Piedra lanzó el pronunciamiento DGDDH/003/2026. Demandan agotar las investigaciones apelando al derecho a la verdad. Sostienen que el indulto sería un acto de encubrimiento, una forma de validar la vieja maquinaria de manipulación de 1994. Sin embargo, surge la obligada crítica: mientras la CNDH muestra los dientes en este caso de alto perfil, el silencio frente al dolor de las madres buscadoras sigue siendo una asignatura pendiente. Aun así, la Comisión exige desentrañar tres hilos: la participación del agente del CISEN detenido en noviembre de 2025; los actos de tortura contra Aburto y su familia; y la tesis del "segundo tirador", ese fantasma que rompe la narrativa oficial.

Lo más revelador es la postura del propio Mario Aburto. Lejos de buscar la salida fácil del indulto, parece haber elegido el camino más escabroso: limpiar su nombre demostrando que su confesión fue producto del tormento. Una búsqueda de dignidad que desafía el pragmatismo político.

El "Efecto Aburto" y la memoria

El expediente de Mario Aburto dejó de ser un volumen polvoriento para convertirse en lo que el periodista  Raymundo Riva Palacio llamó en septiembre de 2023 una "pieza estratégica" de la narrativa oficial. Todo ocurrió con una velocidad que no es habitual en nuestra burocracia: desde una llamada en 2021 hasta la Recomendación 48VG/2021 que validó la tesis de la tortura. Es fascinante, y a la vez inquietante, observar cómo la verdad de Aburto ha mutado con el tiempo: del joven "pacifista" al "magnicida por accidente", hasta llegar a la carta donde señaló directamente a Carlos Salinas y Manlio Fabio Beltrones. Un cambio de narrativa que parece haber encontrado el eco perfecto en los tiempos políticos actuales.

Pero hasta donde sabemos no están los nombres de Manlio ni de Salinas en las 28 personas mencionadas por la justicia, quizá muchos ya no existan

Frente a este escenario, la voz de Colosio Riojas resuena al pedir un indulto y un "carpetazo final" que permita a México sanar. Sin embargo, el Gobierno Federal ha sido tajante: es un "asunto de Estado" y no habrá perdón. Mientras la autoridad sostiene que busca desmantelar la impunidad de un crimen vinculado a instituciones del pasado, la duda persiste: ¿buscamos una verdad histórica liberadora o un nuevo capítulo del uso faccioso de la memoria en pleno año electoral?

El laberinto del tiempo y la justicia

Tiene razón el senador: la justicia que se busca treinta y dos años después, desempolvando teorías por conveniencia, parece buscar más la validación del presente que la verdad del pasado. Por otro lado, Mario Aburto —insisto— ya ha pagado con 32 años de encierro y, legalmente, tiene derecho a la reinserción social; sin embargo, su figura sigue siendo el rehén perfecto de la narrativa sexenal.

Pero mediáticamente nada prescribe. Lo vemos en la persistente sombra del caso John F: Kennedy, en el enigma de Olof Palme o en el magnicidio de Anuar el-Sadat. En México, el asesinato de Colosio ocurrió hace más de tres décadas, pero el delito de tortura —eje de la nueva acusación— es imprescriptible. Así lo estableció la Suprema Corte en 2019, al considerar que la tortura constituye una ofensa directa a la dignidad humana y una de las violaciones más graves a los derechos fundamentales.

Preguntamos si acaso ¿Estamos ante el alumbramiento de una verdad histórica distinta o ante una nueva puesta en escena? Lo cierto es que el tiempo no ha traído olvido, sino nuevas y punzantes interrogantes. Porque una justicia que nace o se sostiene en la tortura no es justicia —si fuera el caso de que se compruebe—; es solo un silencio impuesto que, tarde o temprano, termina por supurar.

Al tiempo, tiempo… "sabia virtud de conocer el tiempo", decía el gran Renato Leduc.

Mi comentario en la red….

https://www.youtube.com/watch?v=7Xfp-yf9uxA 

PD: ¿Quién me presta una escalera para subir al madero, para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?” — Joan Manuel Serrat (interpretando a Antonio Machado).

La Semana Santa de este año se nos presenta no como un rito inerte de bronce y madera, sino como un espejo punzante de nuestras propias fracturas. Al evocar, de la mano del poeta, al Jesús que "anduvo en el mar" frente al del madero, recordamos que la fe auténtica —o la simple humanidad— no puede quedarse estática en el dolor del Calvario. Debe, por el contrario, buscar desesperadamente caminar sobre las aguas turbulentas de la geopolítica actual; esas que hoy cubren de sombras al Santo Sepulcro y tiñen de luto las costas de Creta.

Entre el aroma a incienso de los altares y el estruendo de la metralla en tierras lejanas, el llamado de León XIV resuena como una advertencia necesaria: no hay liturgia válida si se ignora la herida del prójimo. Al final, esta semana —sea mística o laica— nos desafía a encontrar esa "escalera" de la que hablaba la voz popular; no solo para quitar los clavos de la historia, sino para sostener la esperanza en un mundo que, a pesar de sus cercos y misiles, sigue reclamando su derecho a la resurrección y a la paz. Buena Semana Santa, aunque sea laica.


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