22 abr 2026

Entre el fentanilo y la soberanía

 El laberinto de la Sierra: Entre el fentanilo y la soberanía

Lo que nació como un laurel para el Gobierno de Chihuahua se ha transformado, con el paso de las horas, en un laberinto diplomático de pronóstico reservado. En las entrañas de la Sierra Tarahumara se desmanteló un narcolaboratorio de dimensiones históricas; un golpe certero al cristal y al fentanilo. Sin embargo, entre los precursores químicos y el arsenal incautado, lo que realmente terminó por estallar fue una crisis política de alcance binacional.

La revelación de The Washington Post —secundada pronto por el Times y CNN— sobre la presencia de agentes de la CIA en el corazón del operativo, no solo fracturó la narrativa oficial, sino que encendió todas las alertas en Palacio Nacional.

El choque de las realidades y la gran duda

En el escaparate de la 15ª Conferencia Internacional de Minería, la gobernadora Maru Campos intentó mantener el tono de victoria. Defendió el operativo del pasado 19 de abril como un "gran logro", una medalla compartida entre la Fiscalía del Estado y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Pero en política, las medallas suelen oscurecerse cuando la sombra de la sospecha es demasiado larga.

Desde la capital, la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum fue un muro de contención: la Federación, asegura, no fue informada. Es aquí donde el terreno se vuelve verdaderamente pantanoso. Resulta difícil de procesar que, con la participación de 40 efectivos militares en el terreno, el mando central ignore los pormenores de la misión. ¿Acaso el Ejército no es la columna vertebral de la Federación? Esta desconexión sugiere dos escenarios igualmente inquietantes: o una omisión deliberada de información hacia la Comandancia Suprema, o una operación que caminó por los bordes de la legalidad institucional.

Nuestra Constitución y la Ley de Seguridad Nacional no admiten interpretaciones: no hay lugar para agendas periféricas de los estados con agencias extranjeras. Si Chihuahua operó de espaldas al pacto federal, no estamos ante un simple descuido, sino ante una herida abierta a la soberanía.

Contradicciones y los fantasmas del pasado

El fiscal estatal, César Jáuregui, ha intentado tender un puente de palabras para explicar lo inexplicable: asegura que los agentes estaban a ocho horas de distancia, "capacitando con drones". No obstante, estos matices solo han alimentado el escepticismo en la Ciudad de México.

La memoria de nuestra nación tiene cicatrices que aún arden. Los fantasmas del ataque en San Luis Potosí en 2011 y el oscuro episodio de Tres Marías en 2012 regresan para recordarnos que la inteligencia estadounidense en suelo patrio es un cable de alta tensión. Cuando no existen protocolos de cristal, el resultado es siempre un cortocircuito que termina por pagar la confianza pública.

El costo de las omisiones

Hoy, la gobernadora busca un encuentro con la Presidenta para "refrendar la voluntad de coordinación". Pero la duda ya echó raíces: ¿Qué buscaban realmente los agentes de la CIA en las profundidades de Chihuahua y quién, realmente, les dio las llaves de la casa? Más allá de las toneladas de droga incautadas, lo que late en este conflicto es la transparencia en la seguridad nacional. El informe detallado que prometió la Fiscalía estatal será una pieza clave, pero el daño institucional parece ser un hecho consumado. Estaremos atentos a ese encuentro en la capital, porque en este tablero, los silencios y las omisiones suelen tener un costo que no se paga con disculpas, sino con el juicio de la historia.

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