El respiro de Ormuz: Entre el alivio del mercado y la fragilidad del cristal
El mundo suele contener el aliento en los dieciséis kilómetros que separan a las costas de Irán de las de Omán. Hoy, sin embargo, ese estrecho de Ormuz —arteria vital por donde circula la energía del planeta— ha soltado aire. El canciller iraní, Abás Araqchi, anunció que el paso está "completamente abierto". Es el primer dividendo tangible del alto el fuego entre Israel y Líbano; una grieta en el muro del conflicto que permite respirar a una región que estaba al borde de la asfixia logística.
La respuesta de la realidad no necesitó diplomacia: fue inmediata. Tres petroleros iraníes —el Deep Sea, el Sonia I y el Diona— ya surcan las aguas transportando cinco millones de barriles de crudo. Con ellos viaja también un mensaje de desafío a las sanciones de Washington, demostrando que bajo una "ruta coordinada", el flujo de energía encuentra siempre su cauce, incluso en medio del asedio.
El desplome de los precios y la narrativa del poder
Como en un juego de vasos comunicantes, mientras el petróleo fluía por el estrecho, los precios se desplomaban en las pantallas de las bolsas:
El crudo estadounidense cayó un 10%, rozando los 85 dólares.
El Brent bajó a los 90.
Incluso el gas en Europa, siempre sensible al frío y a la guerra, cedió un 10%.
En este escenario, Donald Trump no ha tardado en reclamar la autoría del milagro. Fiel a su estilo de "diplomacia de impacto", celebró la apertura y lanzó un mensaje que suena a ultimátum: "Israel ya no bombardeará el Líbano. ¡¡¡Estados Unidos le ha PROHIBIDO hacerlo. ¡¡¡Ya basta!!!". Con la invitación a Netanyahu y al libanés Joseph Aoun a la Casa Blanca, el republicano apuesta por un acuerdo histórico que busca, al final del día, que Beirut logre lo que las armas no han podido: contener a Hezbolá.
¿Paz real o espejismo en el desierto?
A pesar del optimismo, el mercado físico sigue tenso. Los analistas advierten que hay una interrupción acumulada de 13 millones de barriles diarios. La gran incógnita que flota sobre el Golfo Pérsico es el factor tiempo: ¿Es esta una apertura definitiva o apenas un respiro que dura lo que la tregua de 10 días?
Todo apunta al 22 de abril, fecha en que vence el pacto con EU. Si las demandas entre Washington y Teherán siguen siendo dos lenguajes que no se encuentran, este alivio en los precios podría ser solo un espejismo.
Por ahora, el petróleo fluye y el mundo observa. Ormuz vuelve a ser el termómetro de una paz necesaria, pero sumamente frágil. Veremos si la diplomacia logra ganar la carrera contra el conflicto o si, como suele suceder en el tablero de la geopolítica, la cerrazón vuelve a cerrarnos el paso.
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