Revista
Proceso # 2017, 27 de junio de 2015
Las vicisitudes
del Papa ambientalista/ BERNARDO
BARRANCO V.
La reciente
encíclica papal Laudato Si’ reavivó el debate sobre la responsabilidad humana
en el calentamiento global y, ante todo, la indiferencia de las grandes
potencias y sus líderes para combatir este flagelo. En sendos artículos, el
especialista en asuntos religiosos
Bernardo Barranco y la internacionalista Olga Pellicer analizan la
trascendencia de este texto del papa Francisco, que acepta la validez de los
estudios científicos al respecto y significa uno de los pronunciamientos
eclesiásticos de mayor impacto que se hayan elaborado sobre el tema.
Jueves 18 de
junio. Roma. La nueva encíclica del Papa Francisco, titulada Laudato Si’, es
presentada oficialmente ante cerca de 250 invitados, entre periodistas,
religiosos y científicos.
El escenario es
sobrio: el Aula Nueva del Sínodo luce sus mejores galas con pantallas gigantes
que permiten observar los mínimos detalles de los panelistas. Hace calor, el
lugar recuerda momentos cruciales en la vida reciente de la Iglesia: ahí se
celebraron las congregaciones, sesiones a puerta cerrada de los cardenales que
posteriormente en cónclave eligieron a Mario Bergoglio como Papa en 2013, y
esta misma aula vertical fue testigo de las batallas sinodales en torno a la
familia, los divorciados vueltos a casar y los homosexuales que, en segundo
round, proseguirán en octubre próximo.
El dueño del
escenario en la presentación es el presidente del Pontificio Consejo de
Justicia y Paz, cardenal Peter Turkson, quien explica con su acento africano la
ecología integral de la encíclica del Papa Francisco. A su derecha, se
encuentra el jesuita Federico Lombardi, el responsable de la comunicación de la
Santa Sede. Parece lejano al evento, concentrado en recibir y enviar mensajes
desde su celular. El asunto que lo absorbe no es menor. Lombardi busca
neutralizar el intento de sabotaje de los sectores más conservadores de la
curia, quienes han filtrado la encíclica para desacreditar los contenidos que
el Papa Francisco ha plasmado en el documento. En efecto, el evento es
protocolario porque la mayoría de los asistentes ya han leído el texto que ha
sido difundido profusamente en internet y redes sociales.
La sala de
prensa del Vaticano de la Via della Conciliazione estaba bajo fuerte tensión.
Un borrador último de la encíclica había sido filtrado cinco días antes de su
presentación. Toda la semana en diferentes medios circulaban ya extractos y
partes del boceto del documento. Una supuesta fuente anónima acercó el texto al
experimentado vaticanista Sandro Magister de L’Espresso.
Hay que señalar
que Magister, junto con otros vaticanistas e intelectuales conservadores como
Vitorio Messori, han sido muy críticos tanto en los contenidos como la forma en
que Francisco está conduciendo la Iglesia; por tanto, el acto fue interpretado
como una embestida contra el Papa Bergoglio y un intento de sabotaje al
lanzamiento de su esperada encíclica sobre el medio ambiente.
Días atrás, el
cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, un colaborador cercano a
Bergoglio, alertó que existen lobbies conservadores fuera de la Iglesia que no
estiman que el Papa haga una encíclica sobre el medio ambiente y denunció que
es un “escándalo”, porque “es el primer documento criticado” sin haber sido publicado.
Efectivamente
antes de su publicación Jeb Bush, aspirante republicano a la Casa Blanca,
arremetió contra el Papa, sin tener el texto oficial; lo criticó por denunciar
en su encíclica el cambio climático. Enfático sentenció: “No me dejaré dictar
la política económica por mis obispos, mis cardenales o mi Papa… es una
arrogancia sostener que con relación a los cambios climáticos exista una
ciencia exacta”. Por ello Bush, cercano a los cabilderos petroleros, afirmó en
The New Hempshire que la religión debería ocuparse de “hacer mejores a las
personas y menos de cuestiones que tienen que ver con aspectos políticos”.
Actores del
movimiento ProVida también reprocharon al Papa no haber ido más lejos en sus
condenas a las políticas de control natal en el mundo. Es un hecho que la
filtración fue un acto de deslealtad de sectores de la curia romana que temen
las próximas reformas que expedirá Francisco. Actuaron con la misma lógica del
Vatileaks, que tanto daño causó al pontificado de Benedicto XVI; Il fatto quotidiano,
en su ejemplar del 16 de junio, cabeceó: “Un nuevo Vatileaks tiene por objetivo
esta vez al Papa Francesco”. Como respuesta, Federico Lombardi, en lacónica
carta, retira la acreditación al renombrado experto Magister.
Sin embargo, el
efecto del sabotaje fue contrario al deseado, ya que las expectativas subieron
y el texto fue leído y publicitado de manera amplia y magnánima en todo el
mundo. Salvo excepciones, la recepción de la encíclica Laudato Si’ fue positiva
y elogiosa. Numerosos mandatarios, entre ellos Barack Obama, Francois Hollande,
Angela Merkel y Michelle Bachelet, han expresado alabanzas por el texto de
Francisco; asimismo, la ONU, la FAO y el Banco Mundial, y ONG como Greenpeace y
Oxfam, han posicionado enfoques aprobatorios al penetrante documento, que
propone una “ecología integral” para combatir la contaminación del planeta,
tratando de replantear el cuidado de la Tierra, también como una preocupación
moral y espiritual y no sólo como una cuestión política y de economía.
¿Pero qué plantea
la encíclica de Francisco y en que consiste su originalidad? En general ofrece
numerosas sorpresas. El Papa irrumpe en la discusión ambiental y toma partido,
políticamente respalda el consenso científico que sostiene que el planeta se
está calentando debido en gran parte a la actividad humana y, por tanto,
rechaza las tesis negacionistas de los petroleros. E insiste en la existencia
de un fuerte vínculo entre los problemas ambientales y la pobreza. El Papa es
directo y enfático para denunciar a los culpables en las grandes empresas, los
países poderosos y la tecnocracia al servicio del mercado.
Ya se ha
escrito mucho sobre el texto pontifical. Por ello me enfocaré en algunos
puntos.
De entrada, es
el primer documento doctrinal signado por un pontífice enfocado en el medio
ambiente y la ecología. Ofrece un crudo análisis de la situación del planeta y
alerta sobre los impactos de un modelo de progreso y superdesarrollo
consumista, al cual atribuye buena parte de la inequidad social y ambiental. La
encíclica es un parteaguas en la vida actual de la Iglesia, tan relevante como
la Rerum Novarun (1891), de León XIII en torno a la cuestión obrera, y Pacem in
Terris (1963), de Juan XXIII sobre la amenaza nuclear y la necesidad de diálogo
y paz duradera en el mundo.
Encíclica de
Francisco está inspirada en la teología altermundista, que reivindica el valor
de la tierra y la protección de la naturaleza (Leonardo Boff), en dos grandes
personajes como Francisco de Asís (1182-1226), y en el jesuita Teilhard de
Chardin (1881-1955). El Papa invita a releer el Génesis, que ha sido
interpretado en la cultura occidental para que los seres humanos tomen
“dominio” sobre la tierra como una licencia para explotar y agotar los recursos
naturales. Pero es cuidadoso de no caer en posturas animistas o panteístas,
porque sería vulnerable ante sus detractores. Se basa en la más pura e
inconmovible doctrina de la Iglesia.
Con habilidad
fundamenta su rechazo al sistema capitalista mundial, a la propiedad privada y
al consumismo del mercado con las herramientas de la doctrina y de un cierto
antimodernismo católico. En numerosas ocasiones, Francisco se apoya en enfoques
de sus predecesores, Benedicto XVI y Juan Pablo II, para dejar claro que él no
es el primer Papa crítico de los sistemas económicos que exacerban la
desigualdad, la pobreza y la explotación sin control de los recursos naturales.
Sin embargo, la novedad radica en que más de 10 % de las referencias y sus notas
de pie de página –21 de 172– provienen de documentos de las conferencias
episcopales de todo el mundo.
Siguiendo esta
anotación del vaticanista norteamericano John Allen, señala que Francisco cita
obispos de 15 naciones, entre ellas Sudáfrica, Filipinas, Bolivia, Alemania,
República Dominicana, Brasil, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y
su natal Argentina. Al respecto dice: “Aunque Francisco en su encíclica cita
documentos de los obispos en los países ricos, la mayoría de sus referencias se
han extraído de los obispos en el sur global.” (“The encyclical’s footnotes say
a lot about this pope”, www.cruxnow.com).
Es decir,
Francisco se fundamenta en las experiencias prácticas de los episcopados.
Laudato Si’ es un llamado a una hermandad cósmica. Proclama, desde una teología
de la creación, que tenemos una vocación fraternal y que la humanidad debe
responsabilizarse por la casa común de los ecosistemas y del planeta. En suma,
Francisco, pese a sus detractores, se perfila como un Papa conciliar y
reformista, así como un pontífice del sur. l
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