12 may 2026

106 ANIVERSARIO DE LA COLUMNA DE LA LEGALIDAD. CIUDAD DE MÉXICO

 106 ANIVERSARIO DE LA COLUMNA DE LA LEGALIDAD. CIUDAD DE MÉXICO

11 mayo, 2026

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: Muy buenos días.

Senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República.

Diputada Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Ministro Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

General Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional.

Almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, secretario de Marina.

A todas y a todos los miembros del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional, de las Fuerzas Armadas.

Cadetes del Heroico Colegio Militar.


Hoy recordamos la muerte violenta de Venustiano Carranza, una de las figuras centrales de la Revolución Mexicana; un hombre indispensable para comprender el nacimiento del México moderno; con virtudes históricas enormes y también con profundas contradicciones, como ocurre con todos los procesos de transformación del destino de una nación.


La Revolución Mexicana no surgió de la ambición de unos cuantos. Nació del dolor acumulado de un pueblo entero.


Durante décadas, el régimen de Porfirio Díaz concentró el poder político y económico, mientras millones de campesinos eran despojados de sus tierras, obreros trabajaban en condiciones miserables y la democracia era sustituida por la imposición y la reelección permanente.


México crecía, pero ese progreso no pertenecía a todos: detrás de los ferrocarriles, de las haciendas y de la presunta modernización, existía un país profundamente herido y desigual, un país donde la voz del pueblo había sido silenciada.


Mucho antes del levantamiento de 1910, existían mujeres y hombres que denunciaban aquella injusticia:


Los hermanos Flores Magón enfrentaron, desde el exilio y el periodismo, la represión del porfiriato. A través del periódico Regeneración denunciaron la explotación de obreros y campesinos, y sembraron las ideas de libertad y de justicia social.


También las huelgas de Cananea y Río Blanco anunciaron que el país estaba llegando a un límite. La represión contra trabajadores que exigían dignidad mostró que el viejo régimen ya no podía responder a las demandas de la nación.


Fue entonces cuando apareció Francisco I. Madero, un hombre de profundas convicciones democráticas que comprendió que México necesitaba recuperar la soberanía popular.


Desde el exilio, proclamó el Plan de San Luis y llamó al pueblo a levantarse el 20 de noviembre de 1910, bajo una consigna que se convertiría en bandera de la democracia mexicana: “Sufragio efectivo, no reelección”.


Madero creyó en la democracia cuando muchos pensaban que era imposible. Creyó que el pueblo tenía derecho a decidir su destino, a levantarse contra la dictadura para recuperar su libertad.


Y el pueblo respondió: campesinos, obreros, maestros, periodistas, indígenas, hombres y mujeres de distintas regiones del país, se sumaron al movimiento revolucionario.


Figuras como Francisco Villa, Emiliano Zapata y muchos otros encabezaron una lucha que terminaría obligando a Porfirio Díaz a renunciar y abandonar el país en 1911.


Ese mismo año, Madero ganó democráticamente la Presidencia de la República. Por primera vez en mucho tiempo, México veía abrirse la esperanza de una auténtica vida democrática.


Pero las fuerzas del viejo régimen porfirista no estaban dispuestas a aceptar el cambio:


En febrero de 1913, ocurrió uno de los episodios más dolorosos de nuestra historia: la Decena Trágica. Durante más de 10 días, la Ciudad de México fue sacudida por la violencia y la traición.


El golpe de Estado encabezado por Victoriano Huerta, con el respaldo del embajador estadounidense Wilson, derrocó al gobierno legítimo.

Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron asesinados cobardemente.

Previo a ello, desde el Castillo de Chapultepec, Madero llegó a Palacio Nacional acompañado de los cadetes del Colegio Militar.

La joven democracia mexicana, con el golpe de Estado de Huerta, fue traicionada a sangre y fuego.

Fue entonces cuando Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, quien había apoyado a Madero en la primera etapa de la revolución, decidió levantarse contra la usurpación. Lo hizo mediante el Plan de Guadalupe, convocando a la formación del Ejército Constitucionalista, para restaurar el orden constitucional y defender la soberanía de la República.

Y vale la pena recordarlo con orgullo, porque nuestras Fuerzas Armadas vienen de ese entonces, vienen de ese llamado de Venustiano Carranza, vienen del pueblo y es orgullo de México.

Nacieron no para sostener una dictadura, sino para combatir un golpe de Estado.

Surgieron de una revolución popular que luchó contra la usurpación y defendió la legalidad republicana.

Esa es la raíz histórica del Ejército Mexicano, y por eso ha sido probada su lealtad hasta nuestras fechas.

Carranza tuvo visión de estadista. Comprendió que no bastaba con derrotar militarmente a Huerta; era necesario construir un nuevo pacto social para México.

Por ello, cuando triunfa como presidente, convoca al Congreso Constituyente, que dio origen a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, una de las Constituciones sociales más avanzadas del mundo en su tiempo.

La Constitución del ‘17 reconoció los derechos de los trabajadores, la educación pública y laica, la soberanía nacional sobre los recursos naturales y abrió camino a la justicia agraria. Ahí nació buena parte del México moderno y de las conquistas sociales que el pueblo ha defendido generación tras generación.

Carranza también sostuvo una política exterior firme y soberana, inspirada en el pensamiento de Benito Juárez.

Defendió la autodeterminación de los pueblos y la no intervención extranjera, principios que más tarde serían antecedentes de lo que hoy llamamos “la doctrina Estrada”.

La llamada “doctrina Carranza” nació en uno de los momentos más difíciles para nuestra nación: México acababa de salir de la lucha revolucionaria, había promulgado la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 y enfrentaba fuertes presiones de intereses extranjeros que se oponían a que nuestro país ejerciera plenamente su soberanía sobre sus recursos naturales, particularmente después del histórico Artículo 27 constitucional.


Las grandes compañías petroleras y sectores políticos de Estados Unidos buscaban condicionar las decisiones de México y debilitar el derecho de nuestra nación a decidir libremente sobre su territorio y sus riquezas.


Frente a ello, Venustiano Carranza respondió con dignidad, firmeza y profundo patriotismo:


En su Informe Presidencial del 1º de septiembre de 1918, Carranza estableció una visión de política exterior fundada en la soberanía, la igualdad entre las naciones y el respeto mutuo. Una doctrina nacida de las heridas de la intervención extranjera que había sufrido México durante décadas, pero también nacida de la esperanza de construir una relación distinta entre los pueblos del mundo.


Carranza sostuvo un principio que sigue teniendo vigencia hasta nuestros días: “ningún país tiene derecho a decidir sobre el destino de otro”.


Defendió:


Que todas las naciones, grandes o pequeñas, son iguales en dignidad y soberanía.


Que ninguna potencia debe intervenir, bajo ningún motivo, en los asuntos internos de otros pueblos.


Que ningún extranjero puede aspirar a privilegios por encima de las leyes de la nación que lo recibe.


Y que nacionales y extranjeros deben ser iguales ante la ley en nuestro país.


Aquella doctrina no era solamente una postura diplomática. Era la voz histórica de un país que había sufrido invasiones, ocupaciones y presiones extranjeras; era la afirmación de que México jamás aceptaría ser tratado como una nación subordinada, Es decir, la doctrina de nuestra Constitución viene justamente de Benito Juárez y de Venustiano Carranza.

“México —lo dijo claro entonces y lo decimos hoy— es un país, libre, independiente y soberano”.

Pero al mismo tiempo, Carranza imaginó una relación internacional basada en la fraternidad, particularmente entre las naciones latinoamericanas. Entendió que la paz verdadera no podía construirse desde la imposición, sino desde el respeto mutuo.

Por eso, la doctrina Carranza fue también una defensa de la dignidad de América Latina y un antecedente fundamental de los principios que más tarde darían forma —como decíamos— a la doctrina Estrada.

Hoy, más de un siglo después, esos principios siguen guiando la política exterior de México. Porque nuestra historia nos enseñó que la soberanía no se negocia, que la independencia se defiende todos los días y que la relación entre las naciones solo puede construirse desde el respeto, nunca desde la imposición.

Pero la historia exige también memoria crítica. Carranza tuvo claroscuros:

Combatió a las fuerzas zapatistas que exigían tierra y justicia para los campesinos.

Durante su gobierno fueron asesinados Emiliano Zapata y, en un juicio sumario, Felipe Ángeles.

Al final de su mandato quiso imponer como sucesor a un civil, distante de la lucha revolucionaria.

Finalmente, traicionado por antiguos aliados y perseguido en retirada hacia Veracruz, Venustiano Carranza fue asesinado en la sierra poblana, en mayo de 1920.

Pero aun en esa condición, fue defendido por los cadetes del Heroico Colegio Militar.

El 5 de mayo de 1920, Venustiano Carranza dirigió un Manifiesto a la nación en medio de la crisis provocada por el Plan de Agua Prieta, denunciando los intentos por desestabilizar al gobierno constitucional.

Dos días después, el 7 de mayo, salió de la Ciudad de México a bordo del Ferrocarril Mexicano en un esfuerzo por preservar la legalidad y la continuidad institucional.

La travesía estuvo marcada por combates y constantes ataques, enfrentados con valentía por los jóvenes cadetes del Colegio Militar, quienes defendieron con lealtad y legalidad al gobierno legítimamente constituido.

El 9 de mayo de 1920, en Tlaxcala, el coronel Rodolfo Casillas ordenó una heroica Carga de Sable que logró contener a las fuerzas atacantes y proteger la integridad de Carranza.

El 17 de mayo, durante un ataque en Aljibes, Puebla, perdió la vida el cadete Ignacio Barba y varios de sus compañeros fueron capturados.

Ante ello, Carranza ordenó al General de Brigada Francisco Urquizo el regreso inmediato de los cadetes a la Ciudad de México, convencido de que su heroísmo no debía convertirse en un sacrificio inútil.

Días después, en la madrugada del 21 de mayo, Venustiano Carranza fue asesinado.

Su decisión de proteger la vida de los cadetes permanece como testimonio de reconocimiento a la lealtad y al valor de la juventud comprometida con la patria y sus instituciones.

Así son muchas veces los procesos históricos: complejos, contradictorios y profundamente humanos.

Sin embargo, pienso que México debe reconocer en Venustiano Carranza a uno de los grandes constructores del Estado moderno.

Debe reconocer su valentía al enfrentar el golpe de Estado de Huerta.

La creación del Ejército Constitucionalista.

Su defensa de la soberanía nacional.

Y debe reconocer, sobre todo, su papel decisivo en la construcción de la Constitución de 1917, que sigue siendo el corazón jurídico y social de nuestra República.

Hoy, al recordar ese episodio de nuestra historia, no evocamos a un hombre perfecto; recordamos a una generación que luchó, se equivocó, pero, sobre todo, soñó y entregó la vida para transformar a su patria.

Porque la Revolución Mexicana no fue solamente una guerra. Fue el despertar de un pueblo que decidió no volver a arrodillarse frente a la injusticia. Fue la convicción profunda de que la patria pertenece a quienes la trabajan, la defienden y la aman.

Y fue también la convicción profunda de los cadetes del Heroico Colegio Militar de defender, hasta el último minuto, la legalidad, la justicia y a la patria.

Y esa lección histórica sigue viva en el corazón de México.

¡Que viva el Heroico Colegio Militar!

VOCES A CORO: ¡Viva!

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que vivan las Fuerzas Armadas de México!


VOCES A CORO: ¡Vivan!


PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que viva México!


ASISTENTES: ¡Viva!


PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que viva México!


VOCES A CORO: ¡Viva!


PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que viva México!


VOCES A CORO: ¡Viva!

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