El ocaso de los protegidos: El caso Inzunza Cázarez
Sinaloa nos entrega, una vez más, una de esas crónicas donde la realidad desborda a la ficción, dejando al desnudo las costuras de un sistema político en avanzada descomposición. La reciente columna de Claudio Ochoa Huerta en El Universal no es solo una denuncia periodística; es el retrato descarnado de una jerarquía invertida, donde el honor se ausenta y la impudicia se vuelve moneda de cambio.
Resulta estremecedor asomarse al abismo del acoso sistemático y vulgar que Enrique Inzunza —hoy senador por Morena y en aquel entonces hombre fuerte del Poder Judicial sinaloense— ejerció contra una subalterna. El relato no escatima en la crudeza del abuso: desde el envío de videos repulsivos, donde el funcionario se exhibía en la intimidad más sórdida, hasta la llegada de juguetes sexuales no solicitados al domicilio de la víctima. Para Inzunza, su posición jerárquica no era una responsabilidad pública, sino el combustible de emociones enfermas.