El laberinto de Ayuso en México
Isabel Díaz Ayuso cruzó el Atlántico con la audacia de quien entra a una plaza desconocida, pero lo hizo sin descifrar el jeroglífico mesoamericano. Su intuición política, tan eficaz en la arena de Madrid, resultó insuficiente frente a una realidad donde la historia no es un dogma, sino un tejido denso y, a menudo, contradictorio.
El error no fue la valentía, sino la simplificación. Al intentar defender la Hispanidad con un chovinismo de manual, Ayuso tropezó con la sombra de Hernán Cortés. Ignoró que el extremeño fue, antes que un ejecutor imperial, el arquitecto de un mestizaje que la propia Corona española miró con recelo. Esa falta de matiz le entregó el juego al relato oficial del "obradorismo", que utiliza el agravio histórico como un bálsamo anestésico. Es la coartada perfecta para distraer la mirada de lo urgente: el asedio a las instituciones, el deterioro democrático y esa violencia que hoy desgarra la piel de México.