10 may 2026

El ocaso de los protegidos: El caso Inzunza Cázarez

El ocaso de los protegidos: El caso Inzunza Cázarez

Sinaloa nos entrega, una vez más, una de esas crónicas donde la realidad desborda a la ficción, dejando al desnudo las costuras de un sistema político en avanzada descomposición. La reciente columna de Claudio Ochoa Huerta en El Universal no es solo una denuncia periodística; es el retrato descarnado de una jerarquía invertida, donde el honor se ausenta y la impudicia se vuelve moneda de cambio.

Resulta estremecedor asomarse al abismo del acoso sistemático y vulgar que Enrique Inzunza —hoy senador por Morena y en aquel entonces hombre fuerte del Poder Judicial sinaloense— ejerció contra una subalterna. El relato no escatima en la crudeza del abuso: desde el envío de videos repulsivos, donde el funcionario se exhibía en la intimidad más sórdida, hasta la llegada de juguetes sexuales no solicitados al domicilio de la víctima. Para Inzunza, su posición jerárquica no era una responsabilidad pública, sino el combustible de emociones enfermas.

Hoy, esa mujer es jueza, pero su demanda duerme el sueño de los justos, archivada deliberadamente bajo la sombra del poder. Es aquí donde la tragedia personal se vuelve fracaso social: ni el marco legal que juraron defender, ni la ética del gobernador Rocha Moya —señalado hoy como el gran solapador—, pudieron poner un límite a la bajeza. Es una claudicación total del Estado cuando el "ya basta" no llega por la vía de un tribunal, sino por la supuesta voluntad de Ismael Zambada. Qué ironía tan amarga: que el orden moral de un capo sea lo único capaz de frenar el desvarío de un funcionario.

Inzunza vive hoy su propio crepúsculo. De operador discreto y ascendente, ha pasado a ser el eslabón más débil de una cadena que ya no solo se rompe en las calles de Culiacán, sino que se estira tensamente hasta los tribunales de Nueva York. Las acusaciones de protección política al Cártel de Sinaloa lo han transformado; ya no es un activo útil, sino una carga tóxica de la que pocos querrán hacerse cargo.

En la política, como en la vida, la lealtad suele tener fecha de caducidad cuando el costo de proteger al aliado supera el beneficio de su silencio. Para Inzunza, el tiempo de la soberbia terminó y ha comenzado el de los nervios. Porque cuando la justicia externa aprieta, es cuando la liga, finalmente, revienta.

Recomiendo leer a Claudio, hoy..

El estate quieto de “El Mayo” a Inzunza/Claudio Ochoa Huerta

El Universal, | 10/05/2026 |

Enrique Inzunza no dejaba de acosarla sexualmente. Un día le mandaba videos repulsivos que no merecen ser descritos en ninguna parte y otro día le mandaba juguetes sexuales no solicitados a su casa. A él, como su superior jerárquico en el Poder Judicial de Sinaloa, eso le causaba enfermas emociones.

Por meses, abrumada, ella guardó silencio, pero los ataques del hoy senador de Morena incrementaron. Ante la desesperación comenzó a buscar figuras de mayor peso que fungieran como emisarios para que le pusieran un alto. El gobernador Rocha Moya, teniéndolo como secretario de gobierno, tampoco fue capaz, entre cómplice y entre solapador.

Pero para la suerte de ella, su historia llegó con todos los detalles a los oídos del hombre que realmente mandaba en Sinaloa. Ismael “El Mayo” Zambada, asqueado de los relatos, decidió ponerse del lado de la víctima y dio la orden: ya basta. No fue sino hasta ahí que Inzunza y el gobernador entendieron que debían obedecer.

Inzunza hoy es el eslabón más débil de la cadena, incluso por encima de los otros exfuncionarios acusados. Sus nervios deben estar carcomiéndolo. Por años cultivó un perfil de operador: discreto, jurídico, cercano al poder y útil para el grupo de Rubén Rocha Moya. Su carrera parecía tener lógica ascendente: magistrado, secretario general de Gobierno, senador. Pero esa trayectoria hoy quedó atravesada por una acusación que cambia todo: el señalamiento de autoridades de Estados Unidos por presuntos vínculos con Los Chapitos y por haber participado, según esa versión, en una estructura de protección política al Cártel de Sinaloa.

El punto central no es sólo si Inzunza es culpable o inocente. La lógica indica que eso está comprobado en tribunales estadounidenses. El fondo político es otro: su carrera estaba construida sobre la confianza del poder estatal sinaloense, y ahora ese mismo poder aparece bajo sospecha internacional. La cercanía que antes lo protegía, hoy lo compromete. En política la presunción de inocencia no borra el daño reputacional. Sobre todo cuando el contexto es Sinaloa.

Para Inzunza, el problema es doble. Si Morena lo defiende, carga con él. Si lo suelta, confirma que se volvió desechable. Su futuro dependerá de tres cosas: la solidez del expediente estadounidense con las acusaciones de los narcos cómplices, la disposición del gobierno mexicano a protegerlo o sacrificarlo, y su capacidad para dejar de ser visto como una extensión de Rocha Moya, leal o desleal, según su conveniencia.

Quienes saben, dicen que ahí reventará la liga.

Stent:

Otro personaje fue clave para gestionar la orden de que parara el acoso. Miedo le tuvieron. Amenazar no fue necesario. Recorría Sinaloa. Tenía vara alta. Imposible imaginarlo. Nadie lo creería.

claudio8ah@gmail.com

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