16 jul. 2017

La fórmula Lennon & McCartney

La fórmula Lennon & McCartney/José Luis Pardo
El País, Sábado, 15/Jul/2017
Sí, ya sé que la celebración que toca esta temporada es la del cincuentenario del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.Soy sensible a ella. Es un disco importante por muchas razones, entre otras por su formato material y conceptual, y porque se cierra con la canción que, en la mayoría de las votaciones populares, sigue apareciendo como “la mejor” de los Beatles. Pero, puesto que de esta conmemoración ya estarán ustedes informados, y dado que yo ya celebré por todo lo alto (en mi modestia) el 40º aniversario, les ruego que me perdonen si me desplazo a otro número redondo. Y es que este 6 de julio se cumplieron 60 años del día en que se conocieron John Lennon y Paul McCartney en el salón de actos de la iglesia parroquial de San Pedro de Woolton, en Liverpool. El primero tenía 16 años y el segundo había cumplido 15 dos semanas antes.


Salvando las distancias (que ya sé que son muchas), este día tiene, para la música popular contemporánea, una significación parecida a la que tuvo para la filosofía occidental el día en que se conocieron Platón y Aristóteles. Por supuesto, como sucede con todas las fechas verdaderamente importantes, aquel día no pasó nada extraordinario: John Lennon actuaba con su banda en un festival benéfico, y Paul McCartney hizo una “prueba” para entrar en el grupo en uno de los entreactos. Y entró como guitarra solista, un puesto que no tardó en ceder a su compañero de instituto George Harrison, a quien él mismo introdujo en la formación. Poco más de un año después, la madre de Lennon murió atropellada y McCartney, que había perdido a la suya con 14 años, tuvo la ocasión de mostrarle a su colega que la música, aunque no sirviera para vivir, sí podía servir para sobrevivir. Debió ser más o menos en ese tiempo cuando nació el acuerdo tácito (que luego sería un compromiso explícito) de firmar todas sus composiciones para los Beatles con la fórmula Lennon & McCartney, independientemente de cuál hubiera sido la contribución de cada uno. Esta marca constituyó el núcleo duro de la personalidad musical de los Beatles (las aportaciones más importantes de Harrison se produjeron cuando la banda ya estaba en trance de disolución, y Ringo Starr compuso sólo dos canciones completas) y la base de su solvencia musical, que convirtió un incidente gravísimo pero aparentemente pasajero —el rock and roll— en un vasto escenario capaz de articular la atmósfera cultural de su tiempo, lleno de matices y de territorios inexplorados.
Sería imposible contar en este espacio toda la cantidad de novedades que los Beatles introdujeron en la música popular, pero entre otras muchas cosas fueron el primer grupo que generalizó las actuaciones en “grandes espacios”, porque los teatros habituales se les quedaban pequeños. Precisamente por ello, y porque la tecnología de los sesenta tenía limitaciones hoy superadas, en 1966 dejaron de hacer giras (que hasta ese momento eran el elemento en el que respiraban los artistas de gran éxito). Y como sus cifras de ventas se lo permitían, se concentraron en el estudio de grabación, poniendo patas arriba todo lo que hasta entonces se había hecho en el terreno de la música pop, dando lugar a todas las innovaciones contenidas en el Sgt. Pepper’s, el Magical Mystery Tour o el llamado álbum “blanco”, entre otras, que abrieron incesantemente puertas a las que la música discográfica no se había ni siquiera acercado hasta entonces, y que constituyeron los prototipos de “géneros” posteriores como el heavy metal, el “rock sinfónico”, la música “psicodélica” y tantos otros, además de tender un sólido puente hacia todos los “predecesores” (el swing, el bebop, el blues, el jazz o el vaudeville) que habían quedado momentáneamente sepultados por el movimiento sísmico del pop, y que permitieron a los Beatles superar la etiqueta identitaria de ser un grupo solamente “juvenil”.

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