El Gral. Mérida, ¿testigo colaborador?
De las cumbres del poder a una celda en Brooklyn
¿Acaso el general Mérida consultó o notificó su entrega al alto mando militar?
Por Fred Alvarez Palafox...
El destino suele ser implacable con quienes habitan las efímeras cumbres del poder público. Para el general divisionario en retiro, el verdadero punto de quiebre no ocurrió en el fragor de un campo de batalla ni en los despachos oficiales de Culiacán, sino en el asfalto seco de la garita de Nogales. Quien hasta hace poco fuera el hombre clave —y el pararrayos— de la seguridad en Sinaloa, bajo el asediado gobierno de Rubén Rocha Moya, hoy duerme despojado de insignias, uniformes y prerrogativas.
Su realidad actual se confina en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn (MDC Brooklyn), un espacio hostil donde la identidad castrense se reduce a un overol, cinco dígitos y un guion: el preso número 62685-512. Esta transición, que transforma al alto mando militar en un potencial testigo cooperante, abre un capítulo sísmico en la de por sí compleja y astillada relación de seguridad binacional entre México y Estados Unidos.