El "Aventurerismo" de Trump en Venezuela: ilegal, imprudente y letal: NYT
El editorial del The New York Times (NYT) de este domingo lanza un dardo directo al corazón de la reciente maniobra militar de Donald Trump en Venezuela. La captura de Nicolás Maduro no es vista por el diario como una victoria de la libertad, sino como una escalada que rompe con la legalidad internacional y desprecia las lecciones más amargas de la historia reciente.
El punto de quiebre es la violación sistemática de la Constitución estadounidense. El Times subraya que Trump inició un acto de guerra sin el aval del Congreso, una validación que incluso figuras como George W. Bush buscaron en su momento. Al ignorar este contrapeso, el presidente se lanza a un "aventurerismo militar" que carece de toda legitimidad democrática.
El narcotráfico: ¿razón o pretexto?
El diario despoja de validez la narrativa oficial del "narcoterrorismo". Las cifras no mienten: Venezuela no es un productor relevante de fentanilo —la verdadera crisis de salud en EU— y su cocaína viaja principalmente hacia Europa.
Resulta hipócrita que Trump use el mazo contra Venezuela mientras, por otro lado, indulta a personajes como Juan Orlando Hernández, el exmandatario hondureño profundamente vinculado al tráfico de drogas. La doble vara de medir es evidente.
La "Doctrina Donroe"
Estamos ante una mutación de la Doctrina Monroe, rebautizada en los pasillos del análisis como la "Doctrina Donroe". Bajo la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, Trump busca restaurar una preeminencia imperialista en el hemisferio mediante el uso de fuerza letal. El peligro es global: este "Corolario Trump" le da argumentos a potencias como Rusia o China para justificar invasiones a sus propios vecinos bajo el mismo pretexto de "seguridad".
Nadie duda que Maduro ha sido un dictador represivo, pero el Times advierte que Washington tiene un historial desastroso derrocando regímenes (Afganistán, Libia e Irak son las cicatrices abiertas).
La salida de Maduro no asegura la transición.
La captura de Maduro no asegura una transición hacia la oposición de María Corina Machado. De hecho —y aquí añado yo—, Trump cometió el despropósito de afirmar que la transición quedaría en manos de Delcy Rodríguez, actual presidenta en funciones. (Las criticas han sido duras) El caos es inminente: grupos paramilitares y "colectivos" -sobre todo de la región de Colombia-, podrían incendiar la región, desestabilizar el mercado energético y provocar un éxodo migratorio sin precedentes.
¿Guerra o asesinato?
El editorial es durísimo al citar ataques contra marineros indefensos en pequeñas embarcaciones. Esto no es solo táctica militar; es una violación de las Convenciones de Ginebra que borra la frontera entre una operación de guerra y el simple asesinato.
La realidad detrás de la foto
La imagen que circula es la de los grupos de élite que en apenas 20 minutos neutralizaron la seguridad de Maduro. No solo tenían tecnología; tenían la intimidad del dictador. Gracias a infiltrados de la CIA, sabían qué comía y hasta el nombre de sus mascotas.
Fue un relámpago de violencia. Pero mientras la narrativa oficial habla de una misión "impecable", las calles de Venezuela cuentan otra historia: 40 cuerpos quedaron tendidos, entre guardias (muchos de ellos cubanos) y civiles atrapados en el fuego cruzado. Una precisión letal que deja un rastro de sangre difícil de borrar.
Trump abandonó su promesa de "detener guerras" para encender una crisis de consecuencias imprevisibles.
Recomiendo leer el editorial completo del NYT; es un espejo de la fragilidad política que vivimos.
En la imagen el cuerpo de élite que detuvo o secuestro a Nicolas Maduro...
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El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente
Editorial The New York Times, 04/Ene/2026
En los últimos meses, el presidente Trump ha desplegado una imponente fuerza militar en el Caribe para amenazar a Venezuela. Hasta ahora, el presidente de Estados Unidos había utilizado esa fuerza —un portaaviones, al menos otros siete buques de guerra, decenas de aviones y 15.000 soldados estadounidenses— en ataques ilegales contra pequeñas embarcaciones que, él afirma, transportaban drogas. Este fin de semana, Trump intensificó drásticamente su campaña al capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, como parte de lo que denominó “un ataque a gran escala” contra el país.
Pocas personas sentirán simpatía por Maduro. Es antidemocrático y represivo, y ha desestabilizado el hemisferio occidental en los últimos años. Naciones Unidas publicó recientemente un informe en el que se detallan más de una década de asesinatos, torturas, violencia sexual y detenciones arbitrarias por parte de sus agentes contra sus oponentes políticos. Se robó las elecciones presidenciales de Venezuela el año pasado. Ha alimentado perturbaciones económicas y políticas en toda la región al instigar un éxodo de casi ocho millones de migrantes.
Sin embargo, si existe una lección primordial de las relaciones internacionales estadounidenses del siglo pasado, es que intentar derrocar incluso al régimen más deplorable puede empeorar las cosas. Estados Unidos pasó 20 años sin conseguir crear un gobierno estable en Afganistán y sustituyó una dictadura en Libia por un Estado fracturado. Las consecuencias trágicas de la guerra de 2003 en Irak siguen persiguiendo a Estados Unidos y al Medio Oriente. Quizá lo más relevante sea el hecho de que Estados Unidos ha desestabilizado esporádicamente países latinoamericanos, como Chile, Cuba, Guatemala y Nicaragua, intentando derrocar a un gobierno por la fuerza.
Trump aún no ha ofrecido una explicación coherente de sus acciones en Venezuela. Está empujando a nuestro país hacia una crisis internacional sin razones válidas. Si Trump quiere argumentar lo contrario, la Constitución establece lo que debe hacer: acudir al Congreso. Sin la aprobación del Congreso, sus acciones violan la ley de Estados Unidos.
La justificación nominal del aventurerismo militar del gobierno es destruir a los “narcoterroristas”. A lo largo de la historia, los gobiernos han calificado de terroristas a los dirigentes de naciones rivales, tratando de justificar las incursiones militares como operaciones policiales. La afirmación es especialmente ridícula en este caso, dado que Venezuela no es un productor significativo de fentanilo ni de las otras drogas que han dominado la reciente epidemia de sobredosis en Estados Unidos, y la cocaína que sí produce fluye principalmente a Europa. Mientras Trump ha estado atacando a las embarcaciones venezolanas, también indultó a Juan Orlando Hernández, quien dirigió una extensa operación de narcotráfico cuando fue presidente de Honduras de 2014 a 2022.
Una explicación más plausible de los ataques a Venezuela puede encontrarse, en cambio, en la recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional de Trump. En ella se reivindica el derecho a dominar Latinoamérica: “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental”. En lo que el documento denominó el “Corolario Trump”, el gobierno prometió redesplegar fuerzas de todo el mundo en la región, detener a los traficantes en alta mar, utilizar la fuerza letal contra migrantes y narcotraficantes y, potencialmente, instalar más soldados estadounidenses en la región.
Al parecer, Venezuela se ha convertido en el primer país sometido a este imperialismo de los últimos tiempos, y representa un enfoque peligroso e ilegal del lugar de Estados Unidos en el mundo. Al proceder sin ningún atisbo de legitimidad internacional, autoridad legal válida o respaldo nacional, Trump se arriesga a dar una justificación a los autoritarios de China, Rusia y otros países que quieren dominar a sus propios vecinos. De forma más inmediata, amenaza con reproducir la arrogancia estadounidense que condujo a la invasión de Irak en 2003.
Como candidato presidencial, Trump parecía reconocer los problemas de la extralimitación militar. En 2016, fue el único político republicano que denunció la insensatez de la guerra de Irak del presidente George W. Bush. En 2024, dijo: “No voy a empezar una guerra. Voy a detener guerras”.
Ahora está abandonando este principio, y lo está haciendo de manera ilegal. La Constitución exige que el Congreso apruebe cualquier acto de guerra. Sí, los presidentes a menudo sobrepasan los límites de esta ley. Pero incluso Bush buscó y recibió el respaldo del Congreso para su invasión de Irak, y los presidentes desde Bush han justificado su uso de ataques con drones contra grupos terroristas y sus partidarios con una ley de 2001 que autorizó la acción tras los atentados del 11 de septiembre. Trump no tiene ni siquiera un pretexto de autoridad legal para validar sus ataques contra Venezuela.
Los debates del Congreso sobre la acción militar desempeñan un papel democrático crucial. Detienen el aventurerismo militar obligando al presidente a justificar sus planes de ataque ante la opinión pública y exigiendo a los miembros del Congreso que vinculen su propia credibilidad a esos planes. Durante años, tras la votación sobre la guerra de Irak, los demócratas que apoyaron a Bush, incluidos Hillary Clinton y John Kerry, pagaron un precio político, mientras que quienes criticaron la guerra, como Bernie Sanders y Barack Obama, llegaron a ser considerados proféticos.
En el caso de Venezuela, un debate en el Congreso pondría al descubierto la fragilidad de la lógica de Trump. Su gobierno ha justificado sus ataques contra las pequeñas embarcaciones alegando que suponen una amenaza inmediata para Estados Unidos. Pero un grupo variado de expertos jurídicos y militares han rechazado esta afirmación, y el sentido común también la refuta. Un intento de introducir drogas de contrabando en Estados Unidos —si es que, de hecho, todas las embarcaciones lo estaban haciendo— no es un intento de derrocar al gobierno o derrotar a su ejército.
Sospechamos que Trump se ha negado a solicitar la aprobación del Congreso para sus acciones, en parte porque sabe que incluso algunos republicanos del Congreso son profundamente escépticos sobre la dirección que está llevando a este país. Los senadores Rand Paul y Lisa Murkowski y los representantes Don Bacon y Thomas Massie —todos ellos republicanos— ya han respaldado legislaciones que limitarían las acciones militares de Trump contra Venezuela.
Un segundo argumento contra los ataques de Trump a Venezuela es que violan el derecho internacional. Al bombardear las pequeñas embarcaciones que Trump dice que trafican con drogas, ha matado a personas basándose en la mera sospecha de que han cometido un delito y no les ha dado ninguna oportunidad de defenderse. Las Convenios de Ginebra de 1949 y todos los principales tratados de derechos humanos posteriores prohíben este tipo de ejecuciones extrajudiciales. También lo hace la legislación estadounidense.
El gobierno parece haber matado a personas indefensas. En un ataque, la Marina realizó un segundo ataque contra una embarcación ya destruida, unos 40 minutos después del primer ataque, matando a dos marineros que se aferraban a los restos de la embarcación y no parecían representar ninguna amenaza. Como ha escrito nuestro colega David French, exabogado del ejército estadounidense: “Lo que separa la guerra del asesinato es la ley”.
Los argumentos jurídicos contra las acciones de Trump son los más importantes, pero también existe un argumento realista si se ve con analíticamente. No son del interés de la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo más parecido a una analogía alentadora es la invasión de Panamá por el presidente George H. W. Bush hace 36 años este mes, que expulsó del poder al dictador Manuel Noriega y ayudó a encaminar a Panamá hacia la democracia. Sin embargo, Venezuela es diferente en aspectos importantes. Panamá es un país mucho más pequeño, y fue un país en el que funcionarios y soldados estadounidenses habían operado durante décadas debido al canal de Panamá.
El potencial de caos en Venezuela parece mucho mayor. A pesar de la captura de Maduro, los generales que han apuntalado su régimen no desaparecerán de repente. Tampoco es probable que entreguen el poder a María Corina Machado, la figura de la oposición cuyo movimiento parece haber ganado las últimas elecciones del país y quien aceptó el Premio Nobel de la Paz el mes pasado.
Entre las posibles consecuencias negativas está la posibilidad de un aumento de la violencia por parte del grupo militar colombiano de izquierda ELN, que tiene un punto de apoyo en la zona occidental de Venezuela, o por parte de los grupos paramilitares conocidos como “colectivos” que han operado en la periferia del poder bajo la dictadura de Maduro. Nuevos disturbios en Venezuela podrían desestabilizar los mercados mundiales de la energía y los alimentos y empujar a más migrantes por todo el hemisferio.
Entonces, ¿cómo debe abordar Estados Unidos el continuo problema que significa Venezuela para la región y los intereses estadounidenses? Compartimos las esperanzas de los venezolanos desesperados, algunos de los cuales han defendido la intervención. Pero no hay respuestas fáciles. A estas alturas, el mundo debería comprender los riesgos de un cambio de régimen.
Mantendremos la esperanza de que la crisis actual acabe menos mal de lo que esperamos. Tememos que el resultado del aventurerismo de Trump se traduzca en un mayor sufrimiento para los venezolanos, un aumento de la inestabilidad regional y un daño duradero para los intereses de Estados Unidos en todo el mundo. Sabemos que el belicismo de Trump viola la ley.
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Va Trump por petróleo
Grupo REFORMA; 04 enero 2026
El golpe de la madrugada de este sábado en Caracas asestado por el Presidente Donald Trump en Venezuela tuvo un propósito central: el control del petróleo.
Venezuela es el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo, con un estimado de 303 mil millones de barriles de crudo. Como referencia, esta cantidad supera en más de seis veces las de Estados Unidos, que se estiman en 45 mil millones de barriles.
"Vamos a hacer que nuestras muy grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes de cualquier parte del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares, arreglen la maltrecha infraestructura petrolera, y empiecen a ganar dinero para el país... también irá a EU en forma de reembolso por los daños que ese país nos causó", dijo Trump en conferencia, al explicar el golpe contra el Presidente Nicolás Maduro.
Ayer, la historia dio un giro dramático. EU invadió a Venezuela, capturó a Maduro para llevarlo a Cortes estadounidenses y anunció que tomará control de lo que Hugo Chávez expropió hace dos décadas: el petróleo.
Horas después de que Fuerzas Especiales estadounidenses sacaran a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, de su dormitorio en Caracas, Trump reveló en conferencia sus planes para explotar las vastas reservas petroleras venezolanas y fue explícito sobre el control territorial del país.
"Vamos a administrar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa", pero no tan claro sobre cómo y quiénes tendrán el mando con la remoción forzada de Maduro.
Incluso dejó entrever que la Vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, aliada de Maduro, podría asumir una parte del mando.
EU acusa a Maduro y a funcionarios y ex funcionarios venezolanos por narcoterrorismo, corrupción y otros delitos, acusaciones radicadas en Cortes de Nueva York, Washington DC y Miami.
El ataque estadounidense ocurrió en la madrugada de ayer, cuando las fuerzas militares de EU apagaron "casi todas las luces" en Caracas, mientras las Fuerzas Armadas se movían para extraer a Maduro y a su esposa, indicó Trump en conferencia en Mar-a-Lago.
El General Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, reveló que fuerzas estadounidenses ensayaron sus maniobras por meses, aprendiendo todo sobre Maduro: qué comía, detalles de sus mascotas y su ropa. Tuvieron ayuda de agentes de la CIA infiltrados en el primer círculo de Maduro.
El operativo militar duró menos de 30 minutos y reportes en Venezuela indicaron al menos 40 personas muertas, incluidos civiles y soldados.
Que EU controle las reservas petroleras venezolanas puede dar a Trump una mayor posición de negociación o problemas con potencias como Rusia y China.
"Si nuestros 'socios' estadounidenses llegan a los yacimientos petrolíferos de Venezuela (y ya han llegado a los de Guyana), controlarán más de la mitad de las reservas mundiales de petróleo", advirtió Oleg Deripaska, oligarca ruso, añadiendo que Washington podría hundir el precio del barril de crudo por debajo de los 50 dólares.
Pese a sus enormes reservas, la industria petrolera venezolana está devastada: la petrolera estatal PDVSA carece de capital y experiencia para incrementar la producción.
Cuando Chávez nacionalizó la industria petrolera en 2007, las estadounidenses ExxonMobil, ConocoPhillips y Chevron fueron las principales compañías afectadas.
Chevron aceptó permanecer en Venezuela bajo las nuevas condiciones impuestas por el Gobierno chavista.
Actualmente produce alrededor de una cuarta parte del petróleo venezolano.
Tras su captura, Maduro y su esposa fueron llevados primero a bordo del buque USS Iwo Jima.
Un avión que se cree los transportaba aterrizó el sábado por la tarde en Nueva York, donde enfrentarán cargos de narcoterrorismo en el Distrito Sur de Nueva York
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“México debe dar prioridad a la negociación del T-MEC”, dicen especialistas en medio de crisis por Venezuela
Expertos descartan una intervención armada de Washington; destacan relaciones bilaterales
El Universal | 04/01/2026 |
Alejandra Canchola
México debe mantener su política práctica y cuidadosa respecto a Venezuela y abstenerse de tomar postura en favor del régimen chavista, para no afectar las negociaciones del acuerdo comercial con Estados Unidos, coincidieron internacionalistas.
Los expertos en temas globales dijeron a EL UNIVERSAL que no hay posibilidad real de que Washington ataque con bombas a México, como lo hizo este 3 de enero contra Venezuela, aunque sí debe tener cuidado de no enfrascarse en la defensa del régimen de Nicolás Maduro.
Israel Muñoz Cruz, presidente de la Comisión del Derecho Internacional y Migratorio del Colegio Nacional de Abogados, afirmó que aunque México no cuenta con sanciones financieras por la afinidad que pudiera tener el gobierno en ideología con el régimen chavista, debe actuar de manera práctica en vísperas de la renegociación del T-MEC.
“Este tratado es el eje central de la relación económica de América del Norte y un pilar de la estabilidad macroeconómica mexicana. Aunque con este México no tiene la obligación política ni jurídica de respaldar las acciones militares, sí necesita ejercer un pragmatismo estratégico y característico de su propia diplomacia, lo cual consiste en ser el garante de la comunicación entre estos países, manteniendo una relación de comunicación constante”, opinó.
El venezolano José Morales-Arilla, profesor investigador de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, explicó que la relación entre México y Estados Unidos ha sido de mucha cooperación y diálogo, en franca diferencia con el gobierno que encabezaba Maduro.
“Se esperaba que la relación entre [Donald] Trump y [Claudia] Sheinbaum fuera menos colaborativa, pero no ha sido así, y eso en atención a los intentos de México de amortiguar los riesgos del proteccionismo que alcanzó a ver desde la campaña en Estados Unidos. En la medida en que se sigan los mecanismos de diálogo y colaboración entre ambas administraciones, los ataques son bastante improbables”, apuntó.
Luis Leal, especializado en crimen organizado por la Universidad de Copenhague, detalló que la cooperación en seguridad entre México y Washington ha funcionado para apaciguar ciertas amenazas de Trump, por lo que podría haber más detenciones y extradiciones.
“Con estos dichos, Trump está presionando más fuertemente a las autoridades mexicanas. Al gobierno estadounidense no le conviene hacer una intervención en México, hay muchos factores que difieren a lo que pasó en Venezuela: el gobierno de Maduro no tenía la aprobación popular que sí tiene (...) Claudia Sheinbaum”, argumentó.
Además, consideró que a Estados Unidos no le conviene una crisis migratoria en la frontera sur ante posibles ataques contra México, dadas sus políticas antimigrantes. Por el contrario, sí podría haber acciones específicas con drones.
“Sí puede que exista algún tipo de ataque por medio de drones o misiles (...) específicamente contra de grupos criminales, no del gobierno. Pero dependerá mucho de cómo actúen las autoridades mexicanas en (...) cooperación y qué tanto más cedan en materia de seguridad”, agregó.
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