24 sept 2006

abusar de la palabra

El arte del silencio/Jorge Edwards, escritor chileno

Tomado de EL PAÍS, 23/09/2006

Hemos abusado del lenguaje en la política, en la literatura, en el arte. El exceso verbal ha sido una fuente inagotable de errores, de fracasos, de situaciones congeladas. Habría que estudiar en qué medida la violencia que flotaba en el aire durante los años de la Unidad Popular, incluso durante los tiempos finales del régimen de Eduardo Frei Montalva, desembocó en el abuso y en la violencia armada que ahora tratamos de sancionar en los tribunales de justicia. Las palabras tienen un peso, una luz y una sombra, un efecto que puede llegar a ser devastador.
No siento demasiado respeto por la gente que usa las palabras con laxitud, en forma desbordante, sin medir su peso verdadero. Desconfío de los escritores torrenciales, palabreros, aun cuando su flujo verbal asuma las apariencias de la vanguardia, así como desconfío de los políticos demasiado locuaces. Ejemplos de escritores excesivos y que a la vez tienen un sentido débil de la construcción, de la composición del texto, hay muchos. En la literatura francesa se produjo a comienzos del siglo XX el gran contagio, el sarampión de Marcel Proust. Fui en mi juventud, como casi toda mi generación, un proustiano apasionado, fanatizado. Todavía releo páginas sueltas de la Recherche con frecuencia. Hace poco, a propósito de una película de mi amigo Raúl Ruiz, releí entero El tiempo recobrado. Pero no sé qué ocurriría después de una relectura atenta de toda la obra monumental. Lo que siempre tengo presente es que Proust, antes de entrar en su texto, concibió una arquitectura capaz de sostenerlo en toda su riqueza. De otro modo habría naufragado en palabras. Quizá nos toque volver pronto a los grandes maestros de la síntesis, del pensamiento concentrado, de la construcción sabia: otra vez Flaubert, otra vez Antón Chéjov y Joseph Conrad, con Borges, el inevitable Borges, a cargo del timón.
Los políticos suelen abusar de las palabras como si el ejercicio no tuviera consecuencias. En una primera etapa, los intelectuales, los escritores, los hombres de pensamiento, sienten la tentación de aplaudir, pero lo más frecuente es que al cabo de poco tomen sus distancias. Eso de los empresarios chupasangre, dicho y repetido por un dirigente de nuestro socialismo, me ha parecido más pintoresco que otra cosa, pero la verdad es que revela un deterioro de nuestra convivencia política. Lo cual obliga a reflexionar sobre otro asunto: si la convivencia política vale por sí misma, o si a veces, como se decía en algunas etapas revolucionarias, se impone la extraña necesidad de agudizar el conflicto.
Karl Popper, uno de los críticos del marxismo más agudos y tenaces del siglo XX, sostenía que el error de la doctrina se hallaba en su origen mismo. Y consistía en buscar por todas partes al enemigo, en proponer una política de constante confrontación, de división de la sociedad, en lugar de buscar amigos que ayuden a encontrar soluciones. Si uno alguna vez ha podido observar de cerca un estado de conflicto revolucionario, uno se ha visto sorprendido por el proceso inexorable de creación de enemigos. Se diría que la existencia del enemigo se convierte en parte del horizonte cotidiano. Es por eso que Mijaíl Gorbachov, a pesar de numerosos errores, tuvo una visión central positiva, de fondo humanista: la de convertir a Rusia en un país normal. No sabemos exactamente qué quiso decir con eso, pero podemos suponerlo. Embarcada en la Guerra Fría, dominada por el propósito insensato de destruir de raíz el capitalismo, la sociedad soviética se había enfermado. Estaba enferma de ideología, de odio, de represión, dolencias que siempre van acompañadas, en la sombra, en el reverso de la medalla, de cinismo y desencanto. Como siempre, el testimonio de la literatura, del arte, es más seguro que el de la historia. Lean ustedes los escritos de la disidencia, los textos de Nadejna Mandelstam, las novelas de Pasternak, los cuentos de Isaac Babel, y comprobarán que siempre se observa el mismo fenómeno. El enemigo lo justifica todo, y por esta misma razón, aunque no exista, es necesario inventarlo. ¿Qué sentido, por ejemplo, tiene acusar de gusanos, de enemigos de la patria, de agentes de la CIA, esto es, de las agencias del enemigo, a todos los que no están de acuerdo con mi revolución, con mi dictadura personal, con mi sistema?
Es el vicio de origen, el pecado original del comunismo. Y lo más inquietante es que todo comienza con un uso determinado y un abuso del lenguaje. En el principio era el verbo: un verbo, en este caso, manipulado, saturado de odiosidad. Y la enfermedad del comunismo se transmite de inmediato al anticomunismo. Escuchar un discurso de Fidel Castro en sus momentos de culminación, de exaltación a su más alto nivel, no es muy diferente de escuchar un discurso de Adolfo Hitler o del general Augusto Pinochet. Francisco Franco, debido probablemente a su astucia de gallego y al contexto internacional en el que lo tocó que actuar, era un poco menos gárrulo y se exponía algo menos. La duración del franquismo fue casi tan larga como la del castrismo. Y en materia de controles internos, no era ni un ápice menos duro que el pinochetismo. Pero hay un fenómeno que percibo con frecuencia en España y que nunca deja de sorprenderme: la figura de Franco es menos negra, está más alejada de una noción del mal absoluto, incluso entre sus enemigos, que la de Augusto Pinochet. Por eso parece casi razonable que un juez español dedique sus energías a juzgar los crímenes chilenos y no los de su propia dictadura, tan imprescriptibles, sin embargo, como los de la nuestra.
En estos días se ha mencionado en la crítica y en el ensayismo chileno la obra del filósofo, esteta y poeta Luis Oyarzún Peña. También se ha hecho un homenaje en no sé qué aniversario de su muerte a otro filósofo y notable escritor, Jorge Millas. En París, hacia mediados del año 1972, recibí una carta de Luis Oyarzún, enviada desde la ciudad lejana de Valdivia, en la que me hablaba con inquietud, con malos presentimientos, del lenguaje de la prensa de extrema derecha y de extrema izquierda de esos días. Veía en ese lenguaje los signos de una guerra interna muy próxima. Mucho tiempo después me ha tocado estudiar al personaje de Jorge Millas, gran amigo de Oyarzún y profesor mío de filosofía del derecho. Encontré que Millas participó en el congreso de escritores de Concepción a comienzos de los sesenta. Fue un congreso célebre, al que concurrieron figuras extraordinarias y todavía mal conocidas, como Alejo Carpentier y Carlos Fuentes. Hubo largas intervenciones sobre la entonces joven Revolución Cubana y dominó el tono de la apología, el aplauso incondicional. Pues bien, Jorge Millas se transformó en la única voz disidente. Fue, por lo demás, una voz discreta, esencialmente equilibrada. Lo que sostuvo, en resumen, es que también había que explorar otros caminos, otras alternativas, a fin de lograr una auténtica liberación de nuestro mundo. A pesar de su tono, o quizá por eso mismo, su intervención cayó como un balde de agua fría. Fue un escándalo político de gran envergadura.
El silencio que ha rodeado a Luis Oyarzún y a Jorge Millas en la historia intelectual chilena de estas últimas décadas, en contraste con el ruido, con la palabrería que vienen de otros sectores, me parece decidor. Es un silencio que habla fuerte. Isaac Babel, poco antes de ser deportado a Siberia en los años del terror estalinista, declaró en la unión de escritores soviéticos que él se había convertido en un maestro del arte del silencio. Nosotros estamos muy lejos de vivir en una situación comparable, pero no hay que abusar nunca de las palabras, con ningún pretexto, en ninguna circunstancia. La democracia, por sólida que parezca, hay que cuidarla siempre. Acordémonos de Lucho Oyarzún encerrado en su provincia y del reservado Jorge Millas, quien desconfiaba siempre de la euforia y hasta de cualquier forma de unanimidad.

23 sept 2006

El Cardenal Norberto Rivera


Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México

Nació en La Purísima, municipio de Tepehuanes, Durango el 6 de junio de 1942.

Cursó sus estudios de Filosofía en el Seminario Diocesano de Durango y Teología en el Pontificio Colegio Pío Latinoamericano y en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma.

Fuue ordenado sacerdote el 3 de julio de 1966; fue Vicario en la Parroquia de Río Grande, en Zacatecas, Profesor de Teología Dogmática en el Seminario Mayor de Durango, Asesor Diocesano del Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana, Prefecto de disciplina en el Seminario de Durango, Asesor Diocesano del M.F.C., encargado de Comunicaciones Sociales de la Arquidiócesis de Durango y Profesor de Eclesiología en la Universidad Pontificia de México.
Dentro de la Conferencia del Episcopado Mexicano, fue Secretario Ejecutivo del Departamento de Pastoral Familiar, en la Comisión Episcopal para el Apostolado de los Laicos.

Fue nombrado Obispo de Tehuacán el 5 de noviembre y consagrado el 21 de diciembre de 1985. (Sustituyó al obispo Rafael Ayala Ayala, quien estuvo al frente de la diócesis de Tehuacán, Puebla de 1962 a 1985) ministerio que desarrolló de 1985 a 1995.
Acompaño al cardenal Alfonso López Trujillo en el Congreso Latinoamericano “Familia, Mujer y Empresa” celebrado del 11 al 13 de mayo de 1995 en Monterrey, NL organizada por el Pontificio Consejo para la Familia, con el apoyo de 86 personajes del sector empresarial de América Latina, consideró que la superación de los problemas económicos en América Latina se debe al “heroísmo de muchas mujeres que, con imaginación y trabajo y sacrificio, hacen posible la subsistencia de muchas familias”
Dos meses despues fue promovido -a propuesta del nuncio Girolamo Prigione- por Juan Pablo II como Arzobispo Primado de México, Arquidiócesis de la que tomó posesión el 26 de Julio de 1995, sustituyó en el cargo al Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, hoy arzobispo Primado emérito.

Fue nombrado Cardenal de la Santa Iglesia el 18 de enero de 1998 y recibió el birrete cardenalicio en el consistorio del 21 de febrero del mismo año.
Cargos antes de ser Primado:
· Asesor diocesano del Movimiento “Jornadas de Vida Cristiana” (1958-1970)
· Vicario cooperador de la parroquia de Río Grande, Zacatecas (1966- 1967).
· Prefecto de disciplina de los alumnos de filosofía en el Seminario Mayor de Durango (1970-1973).
· Asesor diocesano del “Movimiento Familiar Cristiano” (1975- 1978).
· Catedrático de Teología Dogmática en el Seminario Mayor de Durango (1967-1985)
· Profesor de Eclesiología en la Universidad Pontificia de México (1982-1985).
· Miembro del Consejo Episcopal para la Familia del Celam (1989-94).
· Representante de la Región Pastoral de Oriente (1989-1991).
· Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, CEM (1992-1994)
· Visitador junto con los obispos, Juan Sandoval Iñiguez, Javier Lozano Barragán, Rafael Gallardo y Raúl Vera, de seminarios de Congregaciones religiosas .
Practicamente no se supo en los medios de conflictos en Tehuacan de parte de Rivera Carrera, recuerdo que lo más grave fue el caso del sacerdote ecuatoriano Hallo del Salto, el cual fue expulsado de México.
Norberto Rivera Carrera me sorprendió con un servicio religioso el día 18 de septiembre de 1995 en la víspera del décimo aniversario del terremoto del 19 de septiembre de 1985.

La importancia del discurso del Arzobispo, radica en que en ese momento fue considerado como DEMASIADO CRÍTICO y como una virtual toma de posición del prelado frente a las políticas de gobierno, ya que define su postura económica y política frente a la crisis por la que atraviesa el país.
Otro aspecto a considerar es que el mensaje se da justamente en una fecha muy significativa para los capitalinos.

A continuación sólo algunas partes del discurso:

El arzobispo criticó de manera tajante y directa el modelo neoliberal, como el utilizado por el actual gobierno, ante el que -dijo- “necesitamos con urgencia un cambio económico y social, ya que los efectos de las crisis recurrentes son más devastadores que los sismos de 1985”.

También criticó de manera indirecta, el discurso oficial, al señalar que “no basta con elogiar el orgullo estoico con el que los mexicanos afrontan cada sexenio la cuesta de los ajustes económicos concomitantes de las crisis de los últimos decenios”. Sentenció que “no basta con aludir al sacrificio de los obreros y los campesinos. No basta con reconocer la marginación centenaria de los indígenas, tanto los que permanecen en sus lugares de origen como los que pasean su miseria por las calles de nuestra ciudad”.

El prelado afirmó que es urgente el cambio, y “por eso exhorto a todos, a los más altos responsables de las decisiones políticas, económicas y sociales, a los banqueros y empresarios de todos los rangos, así como a todos los ciudadanos, a buscar con creatividad y perseverancia nuevos caminos”.
Sostuvo que en lo económico es “necesario corregir el rumbo del capitalismo neoliberal y aceptar el pago social de la ganancias”.
Pidió adoptar alternativas más acordes con las múltiples dimensiones de la persona que requiere de fomento y de seguridad social: “Los trabajadores no sólo son agentes de la producción”. Consideró que “la libre competencia, las leyes del mercado y las ganancias no pueden ser consideradas como los únicos criterios que han de regir la economía”.

Sin apartarse del camino de la crítica, señaló que lo erróneo del modelo “lo muestra el resultado catastrófico de los últimos años, con 40 millones de mexicanos cada vez más pobres y la excesiva concentración de la riqueza en unos cuantos privilegiados”. Señaló “no hay ningún signo, hasta ahora, de que esto pueda suceder en el contexto actual, más bien parece lo contrario, con la fuga de esos capitales a otros países”.

Por ello señaló “no podemos permanecer como si nada ante los signos de muerte que se viven en nuestro país, donde prolifera la extrema pobreza, la corrupción, la impunidad y la violencia”, y llamó a hacer un frente común contra el narcotráfico.

Agudiza su crítica al señalar que “no ha resultado válida la justificación de que era necesario primero generar riqueza para después destribuirla”. Demandó modificaciones en el campo de la política, en el que es necesario abrir cauces a la expresión y corresponsabilidad de todos los partidos y organizaciones.

Finalmente anunció que la Iglesia Católica mexicana lanzará un programa de ayuda dirigido a la gente más necesitada y que será coordinado por la sección Caritas de la Arquidiócesis de México.

Podemos interpretar las opiniones en materia económica de Mons. Rivera, como un propuesta a los gobernantes de volver los ojos al capitalismo humanista concepto que ha manejado el Vaticano. Sin embargo, llama la atención el tono crítico, inusual en la jerarquía católica, que se hace al modelo económico neoliberal, al subrayar sus consecuencias y pedir directamente un cambio de rumbo. En lo político el prelado también con la misma energía demanda modificaciones.

Considerado en un primer momento, como perteneciente a una corriente ortodoxa de la iglesia, el arzobispo sorprende y adopta un discurso ya utilizado por el ala más progresista de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) y de la misma Conferencia Episcopal Mexicana (CEM).

Es posible que sea un mensaje político del Arzobispo primado de México al gobierno, en el sentido de que es mejor tener a la Iglesia Católica como aliada que como enemiga.
Hubo reacciones fuertes de varios columnistas y en sectores como la masonería, las iglesias evangélicas y algunos partidos políticos como el PPS y el PARM, más que nada por el hecho de que uno de los principales representantes de la Iglesia católica en México haya utilizado el púlpito para vertir sus opiniones políticas.
Con este discurso Mons. Rivera Carrera pretendió asumir el papel de dirigente real de la Iglesia Católica mexicana, quitándole el espacio a Mons. Sergio Obeso, entonces presidente de la CEM.

22 sept 2006

Dialogo y tolerancia


¡Más reacciones sobre el discurso papal!
El Papa Benedicto XVI tendrá un encuentro este lunes 25 de septiembrecon exponentes de las comunidades musulmanas en Italia y con los embajadores de países de mayoría islámica.
El encuentro pretende aclarar las interpretaciones de su discurso pronunciado el 12 de septiembre en Ratisbona que provocaron duras reacciones de grupos musulmanes. Los acompañarán el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y están invitados todos los embajadores de países de mayoría musulmana acreditados ante la Santa Sede.
La Santa Sede tiene el estatuto de observador ante la Liga Árabe (con sede en El Cairo) y mantiene relaciones diplomáticas con casi todos los países de mayoría musulmana. Entre los países con los que no ha entablado estas relaciones se encuentra Arabia Saudita.
Comparto con mis amigos lectores de esta bitácora los textos de Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro Del poder y de la Gloria; de Tariq Ramadan, catedrático de Estudios Islámicos e investigador principal en Oxford; del profesor Antonio Elorza, de John L. Esposito, profesor de Religión y director de centro Príncipe Alwalid Bin Talal para el Entendimiento entre Musulmanes y Cristianos (Univ. Georgetown) y autor de ´What everyone needs to know about Islam y de Unholy War: Terror in the name of Islam.
El Islam no está contra el Papa/Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro Del poder y de la Gloria
Tomado de EL MUNDO, 22/09/2006
Acaba de concluir en Kazajastán el II Congreso de líderes de las religiones tradicionales del mundo. A la cita han asistido altos cargos de todas las grandes religiones, incluidos dos cardenales de la Iglesia católica y varios líderes musulmanes -entre estos últimos, el secretario general de la Liga Mundial de Muslim (Arabia Saudí), el gran muftí de Kazajastán, el rector de la Universidad Internacional Islámica de Pakistán y el ministro de Asuntos Religiosos de Egipto-.
Como conclusiones de la Declaración Final que fue aprobada por el conjunto de participantes destacan las que apoyan el diálogo interreligioso e intercultural, el esfuerzo colectivo por una cultura de la paz y la utilización de la autoridad espiritual de los líderes para rechazar toda violencia y terrorismo.
El discurso que el Papa pronunció recientemente en el paraninfo de la Universidad de Ratisbona -y que ha despertado tan grande polémica- se movía en esos parámetros. ¿Dónde está, pues, el problema? Es decir, ¿cuál es la causa de esa marejada levantada en algunas zonas islámicas? Los que trabajamos habitualmente en medios académicos sabemos que un texto, sacado de su contexto, pronto se convierte en pretexto. Pretexto para laminar al adversario científico, político o teológico. Descalificar un mensaje haciendo una relectura inexacta supone una falta de fidelidad a las fuentes, lo que produce -los universitarios lo sabemos bien- un caos dialéctico cuando se introduce un elemento ideológico extraño.

Como ha dicho Umberto Eco refiriéndose al incidente de Ratisbona, un pequeño episodio es deformado «para desencadenar movimientos de protesta por los radicales de turno». Según el propio Eco, «habría podido el Pontífice enunciar el teorema de Pitágoras y hubieran sido capaces de demostrar que era un ataque racista». De ahí la insistencia de la Santa Sede -de su portavoz, del Secretario de Estado y del propio Papa- en recomendar «una lectura atenta de todo el discuso pontificio». Y de ahí también que la Comisión Europea haya manifestado que hay que tener en cuenta el discurso del Papa «en su conjunto» y no reaccionar a «frases fuera de contexto y menos aún a frases sacadas deliberadamente de contexto».
Las recientes intervenciones del presidente iraní y de Rodríguez Zapatero haciendo una llamada al diálogo inciden positivamente en un panorama en que los radicales comienzan a ser desplazados.
Es sintomático que los académicos de origen musulmán presentes en el paraninfo de Ratisbona no encontraran nada especialmente estridente en el discurso de Benedicto XVI. Sin embargo, la primera televisión que dio noticia de la famosa cita del Papa en esa universidad fue Al Jazira. (En ámbitos en los que suele leerse poco, esta cadena qatarí -de gran difusión en todos los países islámicos- llena el vacío.) Pero no hubo una exégesis, una aclaración del contexto, una citación completa. Esta falta de ética periodística rebotó a Occidente, a través de la BBC, y con la actual sensibilidad hacia el islam los ecos se amplificaron. Se abrió paso la idea de la existencia de una acerba confrontación. Es sorprendente que las manifestaciones comenzaran incluso antes de que el discurso fuera traducido a un idioma comprensible por las personas que salieron de manifestación.

Vistas las cosas con más calma, la realidad es que no son estrictamente correctos titulares de prensa como éste: «El islam contra el Papa». Todas las Televisiones del mundo han buscado -en vano- imágenes de grandes masas islámicas en marchas contra el Papa. Pero, ¿qué han podido reflejar? Dos docenas de manifestantes en Estambul; una manifestación ordenada y silenciosa en Teherán; poca cosa en Indonesia, primer país del mundo en demografía musulmana… No ha habido ninguna manifestación en Sudán -país duro del islam-. Tampoco en Senegal, con mayoría islámica, ni en Nigeria -con una región integrista como Kaduna-. Nada en Malasia. Dos botellas de gasolina contra los muros exteriores de dos iglesias cristianas no católicas en Palestina. Ciertamente, ha sido asesinada una religiosa con su guardaespaldas, pero eso es más bien un acto del radicalismo yidahista que algo conectado con el sentir popular. Aunque éste puede encenderse en el futuro, desde luego, si se le manipula adecuadamente.
En cuanto a las manifestaciones verbales, las más llamativas han sido las del presidente Erdogan en Turquía, el rey Mohamed VI en Marruecos, el ministro de Exteriores de Pakistán y algún otro dirigente político. Según los analistas, se trata de líderes con problemas internos que han aprovechado para intentar incorporar o recuperar a sus posiciones movimientos integristas nacionales. Lo mismo se puede decir de algunos líderes religiosos musulmanes: daba la impresión de que competían por el liderazgo en una religión sin clara jerarquía.

En contraste, el gran muftí de Damasco, Ahmad Al-Din Hasoun, ha manifestado noblemente: «Después de lo que el Papa dijo el domingo pasado en el Angelus, no necesito otra clarificación. Lo que es necesario es hablar para evitar que los extremistas aticen el odio. He leído la totalidad de su discurso y no he encontrado la voluntad de levantar el odio religioso». Igualmente, el gran imán de al Azhar, el jeque Mohamed Sayed Tantaui, acaba de hacer un llamamiento a favor del diálogo y en contra de los conflictos. Estas intervenciones avalan la tesis de que no es el islam quien se opone al Papa sino sólo los extremistas, que son un peligro también -y quizás, sobre todo- contra el islam mismo.
Dejando al margen el incidente de Ratisbona, ¿qué hay en el fondo de estas incomprensiones? Probablemente más que una confrontación de culturas, como diría Hutchison, lo que existe es un choque de epistelmologías. Es decir, del modo de concebir el propio sentido de la razón. En Occidente se cree -y esto se debe a sus raíces cristianas- que la razón puede plantear cualquier cuestión, también de exégesis histórica. La teología cristiana -tanto la católica como la protestante- hace radicar su fuerza en el juego combinado de fe y razón. Ésta puede responder a preguntas sobre Dios en su relación con los hombres. La parte más integrista del islam -no la moderada- renuncia (cuando no prohibe) a plantearse cuestiones que tengan que ver con la literalidad del Corán o con el Profeta. La simple mención de esos temas en una cita académica -aunque sea para argumentar en contra- se transmuta en una ofensa o en una blasfemia. De ahí el malentendido con el discurso del Papa.

Quedaría un último punto para la reflexión: ¿cuál es en realidad el pensamiento de Benedicto XVI sobre el islam y su relación con el cristianismo? Sobre eso sí que no hay ninguna duda: basta leer cuanto ha escrito en los últimos 30 años el cardenal Josef Ratzinger para obtener una respuesta. Naturalmente, el estudioso, el periodista o el teólogo pueden renunciar a la lectura de esas páginas. Pero en este caso, se pierde la autoridad para entrar en el debate de estos días.
El Papa y el Islam: el verdadero debate/Por Tariq Ramadan, catedrático de Estudios Islámicos e investigador principal en Oxford. (traducción de M. L. Rodríguez Tapia)
Tomado de EL PAÍS, 22/09/2006
Unas frases pronunciadas por el papa Benedicto XVI han desatado una tormenta de ardientes reacciones. En el mundo musulmán, líderes religiosos, políticos e intelectuales han unido sus voces a las de las masas indignadas para protestar por lo que consideran un “insulto” a su fe. La mayoría no había leído el discurso del Papa; otros conocían un resumen según el cual el Papa vinculaba Islam con violencia. Todos se alzaron contra lo que consideran una “ofensa intolerable”.

Me hubiera gustado que adoptasen un punto de vista más razonado en sus críticas. En primer lugar, porque, a pesar del amor que innegablemente sienten los musulmanes por el profeta Mahoma, sabemos que determinados grupos y Gobiernos manipulan este tipo de crisis y las utilizan como válvulas de escape para sus poblaciones descontentas. Cuando a los ciudadanos se les priva de sus derechos esenciales y su libertad de expresión, no cuesta nada dejar que den rienda suelta a su ira a propósito de unas caricaturas danesas o unas palabras del Pontífice. Y también porque lo que estamos presenciando es una protesta de masas caracterizada por un estallido incontrolable de emociones, que acaba siendo la prueba de que los musulmanes no son capaces de entablar un debate razonable y de que la violencia no es la excepción sino la regla.
Algunos afirmaron que el Papa había ofendido a los musulmanes y exigieron una disculpa personal. Benedicto XVI pidió perdón, pero la polémica no ha amainado. Hay poderosas razones para sentirse asustado por una oscura cita del siglo XIV, atribuida al emperador bizantino Manuel II Paleólogo, que criticaba las “obras malévolas” del Profeta del islam. La verdad es que los ejemplos escogidos por el Papa para abordar la relación entre la violencia y el islam son discutibles, por no decir sorprendentes. Como sorprendente fue su referencia al erudito Zahiri Ibn Hazm (una figura cuya escuela de pensamiento es marginal) al hablar del islam y la racionalidad. Quizá sus palabras fueron elípticas, faltas de claridad, superficiales e incluso un poco torpes, pero ¿fueron un insulto por el que haya que exigir una disculpa formal? ¿Es justo o sensato que los musulmanes se ofendan por la cita -sólo porque la escogió el Papa-, cuando ignoran a diario, desde hace cinco años, las interpelaciones sobre el significado de yihad y el uso de la fuerza?

Benedicto XVI es un hombre de su tiempo, y las preguntas que hace a los musulmanes corresponden a ese tiempo: unas preguntas que pueden y deben responderse con claridad y argumentos sólidos. Para empezar, no debemos aceptar que yihad se traduzca como “guerra santa”. Nuestra prioridad debe ser explicar los principios de la resistencia legítima y la ética islámica en situaciones de conflicto, no animar a la gente a manifestarse.
Pero el aspecto más inquietante de la crisis es quizá que la mayoría de los comentaristas, y en especial los comentaristas musulmanes, parecen haber ignorado el auténtico debate lanzado por Benedicto XVI.
En su discurso, el Papa recuerda a los secularistas racionalistas, deseosos de eliminar de la Ilustración todas las referencias al cristianismo, que dichas referencias son parte fundamental de la identidad europea. Les será imposible entablar un diálogo interconfesional si no pueden aceptar las bases cristianas de su propia identidad (sean o no creyentes). Luego aborda el tema de la fe y la razón y, al subrayar la relación privilegiada entre la tradición racionalista griega y la religión cristiana, intenta establecer una identidad europea que sería cristiana en lo religioso y griega en cuanto a la razón filosófica. De esa forma, el islam, que, por lo visto, no tiene ese tipo de relación con la razón, sería ajeno a la identidad europea construida a partir de dicho legado. Hace años, el entonces cardenal Ratzinger manifestó su oposición al ingreso de Turquía en Europa con argumentos similares. La Turquía musulmana nunca ha podido ni podrá reivindicar una cultura genuinamente europea. Es otra cosa: el Otro.
Éstos son los mensajes que piden una respuesta, mucho más que las palabras sobre la yihad. El papa Benedicto XVI está invitando a los ciudadanos del continente a que sean conscientes del ineludible carácter cristiano de su identidad, que corren el riesgo de perder. El mensaje puede ser legítimo en estos tiempos de crisis de identidad, pero es inquietante y quizá peligroso porque es reduccionista en dos aspectos, el enfoque histórico y la definición de la identidad europea.Eso es lo que exige una respuesta de los musulmanes. Deben rechazar una interpretación de la historia del pensamiento europeo que elimina el papel del racionalismo musulmán, en la que la contribución árabe y musulmana queda reducida a la mera traducción de las grandes obras de Grecia y Roma. La memoria selectiva que con tanta facilidad “olvida” las decisivas aportaciones de pensadores musulmanes racionalistas como Al Farabi (siglo X), Avicena (siglo XI), Averroes (siglo XII), al Ghazali (siglo XII), Ash Shatibi (siglo XIII) e Ibn Jaldun (siglo XIV), reconstruye una Europa falsa, que se engaña sobre su propio pasado. Ante eso, los musulmanes deben recordar con pruebas que comparten los valores fundamentales sobre los que se apoya Europa y Occidente.
Ni Europa ni Occidente pueden sobrevivir mientras sigamos tratando de definirnos mediante la exclusión de ese Otro -el islam, los musulmanes- al que tememos. Es posible que lo que más necesite Europa no sea un diálogo con otras civilizaciones, sino un auténtico diálogo consigo misma, con esas facetas de sí misma que se ha negado a reconocer durante demasiado tiempo y que, todavía hoy, le impiden aprovechar del todo la riqueza de las tradiciones religiosas y filosóficas que la forman.
Europa debe aprender a aceptar la diversidad de su pasado para dominar el forzoso pluralismo de su futuro. El reduccionismo del Papa no ha contribuido precisamente a este proceso de recuperación, y los críticos no deberían esperar que pida disculpas sino demostrarle sencilla y razonablemente que, desde el punto de vista histórico, científico e incluso espiritual, está equivocado. Sería además una forma de que los musulmanes de hoy se reconcilien con la inmensa creatividad de los pensadores musulmanes europeos del pasado que, hace 10 siglos, aceptaban tranquilamente su identidad europea y que, con sus reflexiones críticas, alimentaron y enriquecieron inmensamente a Europa y a Occidente.

Ratzinger, error y diálogo/Antonio Elorza, catedrático de Ciencia Política
Tomado de EL PAÍS, 21/09/2006
Lo sucedido con el discurso pronunciado por Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona muestra hasta qué punto la cuestión del diálogo entre las civilizaciones, y por ende entre las religiones, se mueve sobre arenas movedizas. Al tomar la palabra, el Papa tenía como principal intención subrayar, precisamente, el valor de ese “diálogo genuino de culturas y religiones”, sin olvidar la crítica a un racionalismo de valor universal que postergase la idea de lo divino. Hasta aquí su toma de posición se acercaba a unos potenciales interlocutores musulmanes. Pero al mismo tiempo aspiraba a subrayar que la manifestación religiosa debía ser incompatible con la violencia, y de este modo pasó muy pronto a criticar frontalmente la yihad. Una inteligente cláusula de cautela le hizo recordar de entrada el versículo 2,256, amparándose en la advertencia coránica de que no ha de existir “ninguna coacción en materia de religión”. Como todos ya sabemos, la raíz del conflicto reside en el relato subsiguiente, la conversación del emperador Manuel II Paleólogo con un erudito persa en 1391, donde el primero critica la figura de Mahoma por su mandato de “difundir por la espada la fe que él predicaba”. El bizantino manifiesta que la expansión de la fe mediante la violencia es irracional.

Desde una lectura desapasionada, la propuesta papal, formulada sirviéndose del relato, es impecable. La religión con violencia deviene barbarie; la fe se apoya en la razón. Hubiera bastado que retomase la cita inicial del versículo 2,256 del Corán para que el círculo se hubiera cerrado armónicamente. Sólo que Ratzinger se deja llevar del razonamiento del personaje mencionado y sugiere un contraste entre un cristianismo inspirado por el “logos” y un islam sometido a la eventual voluntad arbitraria de Dios. Idealización para el primero, crítica estricta para el segundo. Si a esto añadimos la reproducción de los duros calificativos de Manuel II contra el Profeta, el conflicto resulta inevitable. No hubiese sido inútil recordar que el emperador, por largo tiempo rehén del sultán otomano Bayaceto, tenía su visión del Islam no sólo de los libros, sino de una realidad amenazadora y demasiado visible.

En cualquier caso, la principal objeción al discurso del Papa reside en que una lección de teología histórica no puede en estos momentos desconocer sus implicaciones políticas, entre ellas el desagrado que le podía producir a un Gobierno turco neokemalista una evocación de la memoria histórica de Bizancio. Era como mentar la bicha, sobre todo si se aspiraba a visitar el país a corto plazo.
Lo dicho por Ratzinger es en una parte razonable, en otra discutible, pero el tipo de reacción visceral suscitado, incluidas las palabras del primer ministro turco, Tayyip Erdogan, demuestra que será muy difícil introducir en el programa de la Alianza de Civilizaciones el menor atisbo de crítica, cuando ésta aluda a aspectos concretos del Islam, y por supuesto al más espinoso de todos, la yihad. Y si en pleno auge del terrorismo islamista, los pensadores musulmanes tienden a enmascarar el tema con los tópicos habituales sobre la yihad como esfuerzo personal o como acto legítimo de resistencia a la opresión exterior, y los externos al Islam se ven forzados a aceptar lo anterior y callar para no levantar protestas, la labor positiva de la Alianza quedará cercenada de antemano.

Diálogo supone aceptar la emisión de las opiniones del otro, aun cuando puedan irritar, y por lo que vemos la exigencia de una actitud reverencial en medios islámicos, contrapunto del recelo, cuando no del desprecio en Occidente, tiene por desembocadura única un callejón sin salida.
En el mundo de hoy existe el riesgo de la formación de una comunidad de creyentes radicalizados, que o acepta o respalda la yihad. Y la política internacional de Occidente está haciendo cuanto está en su mano para atraer adhesiones a semejante proyecto de destrucción. Por eso, el establecimiento de contactos entre vértices institucionales, sustentados en comisiones de expertos, es un primer paso necesario, pero no suficiente. Hace falta dar calado al programa de actuaciones, hun-dirse en el incómodo barro del estudio de las causas de los procesos de radicalización islamista. En los países occidentales, no basta una acción policial eficaz, siendo imprescindible conocer y atender las demandas de socialización de los colectivos musulmanes, sin por ello dar vía libre a la constitución de guetos autárquicos. Apoyo a los musulmanes como ciudadanos con diferente religión y cultura, sí; umma frente a Estado de derecho, no, sería la fórmula.
Los cauces de relación entre intelectuales de las dos religiones siguen siendo pobres, y se limitan a encuentros entre quienes piensan de la misma manera, al amparo de los poderes político y académico. Faltan interlocutores e informaciones que quiebren el círculo vicioso del masoquismo de raíz saidiana (por los epígonos de Edward E. Said), según el cual las responsabilidades son todas de Occidente y el Islam resulta envuelto en una atmósfera de angelización. Y a modo de complemento sobran soñadores de ocasión, entre ellos intelectuales de primera calidad, los cuales se entregan a sugerir la historia paradisiaca de un Mediterráneo construido sobre la convergencia de las religiones.
A partir de semejantes ensoñaciones, resulta fácil proceder a la designación de interlocutores escasamente fiables. El razonamiento de base para su selección es bien simple: si hay un Islam radical, fuente del terrorismo yihadista, pongamos nuestra confianza en el islamismo moderado, gracias a él, los colectivos musulmanes alcanzarán en el mundo árabe regímenes más justos que las presentes dictaduras y en los países occidentales su hegemonía eliminará el peligro del islamismo radical, volcado hacia la yihad.
El inconveniente es que los nuevos elegidos rechazan ciertamente el terrorismo, se atienen a una visión del mundo presidida por una lectura estricta del Corán y las tradiciones, y si bien aceptan el concepto de modernización, lo hacen para transformarlo desde el interior, cuando no a proceder de forma primaria a su inexorable rechazo. Como en el caso de Tariq Ramadan, pueden propugnar la integración de los creyentes en los marcos jurídico-políticos del Estado de derecho, defender la democracia, sustituir la consideración belicista de Europa como dar al-harb por la de dar as-shahada, tierra de predicación. No es poco. Pero su propósito es la formación de la umma, una comunidad de musulmanes, en principio compatible con el Estado de derecho, aunque con sus propias normas que llegado el caso, previa consulta con los expertos legales propios, prevalece en las conciencias sobre la legislación del Estado. La visceral oposición de Ramadán a la ley prohibitoria del velo mostró su verdadera opción. Y otro tanto sucede con sus posiciones sobre la lapidación (moratoria), los homosexuales (fuera de la senda de Dios) o el castigo físico a la mujer dispuesto en el 4,34 del Corán, a administrar con un palito simbólico del árbol siwak. No hay en Ramadán choque de civilizaciones, sino “cara a cara de las civilizaciones”, partiendo de la superioridad del Islam. Menos propicio al diálogo es otro proyecto, el de “islamizar la modernidad”, del teólogo y político marroquí Abdessalam Yassin, influyente en medios magrebíes en su país y en España. Sólo introduciendo los valores islámicos podrá salvarse una modernidad perversa. Escuchar a tales portavoces está bien; no así creer que pueden ser eficaces interlocutores en un diálogo de religiones y políticas. De momento, sólo en la experiencia desarrollada en Turquía bajo la cautelosa dirección de Tayyip Erdogan puede adivinarse una conciliación efectiva entre islamismo y sociedad abierta.
Quedan, no obstante, caminos abiertos, partiendo de la existencia de un pensamiento islámico reformador, abierto a la democracia, que separa, en la línea de Taha y de Charfi, la concepción teológica del Islam, formulada en La Meca, de su desarrollo histórico posterior. Tal es la clave: el problema no es el Islam, sino su deriva hacia la violencia, que el Papa supo captar, pero fue luego incapaz de desarrollar. Por otra parte, el Islam tampoco es inmóvil: a partir de la indagación llamada ijtihad, de su actualización, puede enlazar con las condiciones de una sociedad abierta. Ahí está el esfuerzo fallido de Jatamí, adelantado por cierto de la idea del Diálogo de Civilizaciones. Sólo que la tarea corresponde aquí a los hoy marginales reformadores musulmanes, con el objeto de abordar una labor de separación entre lo permanente y lo pasajero, la teología y el mito, algo que ya emprendieron otras religiones.
Aunque también aquí la realidad es a veces dura, como en esa edición del Corán de bolsillo, avalada por la editorial saudí Darussalam y vendida en Londres, en que dentro del versículo 8,60, allí donde se habla de aterrar (irhab) a los enemigos, la caballería es sustituida por la conveniencia de emplear “tanques, aeroplanos, misiles, artillería”. Por una vez, la palabra de Alá no es sagrada literalmente.
Inhábil en las formas, ciego ante lo que podía suceder, el Papa ha sabido, sin embargo, designar cuál es el fondo del problema.
Benedicto XVI y el Islam/Por John L. Esposito, profesor en Religión y Asuntos Intern., dir. Ctro. Príncipe Alwalid Bin Talal para el Entendimiento entre Musulmanes y Cristianos (Univ. Georgetown) y autor de ´What everyone needs to know about Islam y de Unholy War: Terror in the name of Islam.
Traducción: Juan-Gabriel López Guix
Tomado de LA VANGUARDIA, 21/09/2006.
El mensaje y el objetivo principales del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona no era el islam, mencionado sólo en cuatro párrafos de un texto de ocho páginas. Sin embargo, la conferencia pronunciada por el Papa ante un público universitario se ha convertido en motivo de una protesta internacional en todo el mundo musulmán. Marruecos retiró su embajador en el Vaticano, desde Turquía hasta Indonesia los jefes de Estado manifestaron su repulsa, el jeque de la mezquita Al Azhar comentó la ignorancia del Papa sobre el islam, y los dirigentes de las organizaciones musulmanas pidieron una disculpa pública. El incidente también ha desencadenado manifestaciones públicas, la quema de una efigie del Papa en Pakistán y actos de violencia contra cristianos e iglesias cristianas.
El Papa ha declarado con claridad que su principal objetivo era debatir sobre el “tema de la fe y la razón”. Con ello reaccionaba y respondía a una de sus principales preocupaciones, los excesos de la secularización: el triunfo del laicismo y la creciente debilidad del cristianismo y la Iglesia católica en su tierra natal, Alemania, y en Europa en general, así como los intentos de excluir la religión del ámbito de la razón. Aunque el Vaticano ha declarado que el Papa no pretendía ofender, sus comentarios han inquietado a muchos musulmanes. Particularmente ofensiva les ha resultado la cita de un emperador bizantino del siglo XIV acerca del profeta Mahoma: “Muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás sólo cosas malvadas e inhumanas, como su orden de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”. Mahoma es reverenciado en el islam como profeta final de Dios y como modelo de vida musulmana. Además, el comentario de que ordenó difundir el islam por medio de la espada es inexacto. El Corán y Mahoma reconocieron el derecho de defender el islam y la comunidad musulmana luchando contra los mequíes que amenazaban y atacaban a los musulmanes. Igual de problemáticas son las afirmaciones papales de que el pasaje coránico “No hay coacción en religión” (Corán, 2,256) fue revelado en los primeros tiempos de la profetización de Mahoma en La Meca, una etapa en que “Mahoma aún no tenía poder y estaba amenazado”, y de que el precepto que fue superado más tarde cuando gobernó en Medina, con las “disposiciones desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán acerca de la guerra santa”. Las dos afirmaciones son incorrectas. El versículo 2,256 no pertenece a la etapa mequí, sino al posterior periodo medinense y además el Corán no equipara la yihad y la guerra santa. Esa interpretación de la yihad se desarrolló años más después de la muerte de Mahoma, cuando fue utilizada por los califas para justificar sus guerras de expansión imperial y el dominio en nombre del islam.
Benedicto XVI es un destacado teólogo católico, pero no es un experto en islam. El Vaticano ha tenido en el pasado reciente algunos islamólogos de primera fila que han actuado como asesores del papado. Las referencias incorrectas al islam podrían haber sido detectadas con facilidad. Si el principal objetivo del Papa era encarar el tema de la relación entre la fe y la coacción por un lado y entre la fe y la razón por otro, la historia cristiana ofrece abundantes ejemplos (Inquisición, Galileo; y también de otros temas mencionados: la violencia, el extremismo y la guerra santa) sin tener que recurrir a pasajes extraídos de polémicas mutuas.
¿Han sobrerreaccionado los musulmanes a las declaraciones del Papa?
Sus respuestas deben entenderse en el contexto de nuestro mundo posterior al 11-S con una mayor polarización y unos aumentos alarmantes de la islamofobia. Muchos musulmanes se sienten acosados. Según una encuesta de Gallup World Poll realizada entre los 800 millones de musulmanes, existe un resentimiento generalizado ante lo que los encuestados perciben como una denigración del islam y de los árabes y musulmanes en Occidente. La polémica de las caricaturas en Europa puso de manifiesto los peligros de la xenofobia y la islamofobia, así como lo profundo de la rabia y la indignación. Por lo tanto, resulta fácil comprender que los musulmanes expresen su desilusión y rabia y que pidan una disculpa y un diálogo, del mismo modo que los dirigentes judíos han reclamado reuniones urgentes con el Papa o los dirigentes de otras iglesias cuando se han producido comentarios o acciones ofensivas.
Eso fue lo que ocurrió en el caso de los dirigentes judíos estadounidenses antes de la visita papal de 1987, después de que el Papa Juan Pablo II se reuniera con Kurt Waldheim. Como observaron destacados dirigentes musulmanes durante la polémica europea de las caricaturas - y como también han hecho en la actual situación-, las expresiones de preocupación o indignación no excluyen la discusión y el diálogo y, desde luego, no justifican nunca los actos de violencia.
El Papa Benedicto ya se ha disculpado, pero es posible hacer más cosas. Podría invitar a representantes religiosos y eruditos musulmanes a reunirse con él para debatir los temas planteados por su discurso, escuchar sus preocupaciones y respuestas a sus comentarios específicos sobre el islam, el Profeta y la yihad.
Podría invitarlos a que se unieran a él para expresar en un lenguaje mutuamente aceptable la preocupación por la violencia en nombre de la religión y el abuso de los derechos humanos. La próxima visita a Turquía podría ser una ocasión para demostrar en sus pronunciamientos públicos su respeto por el islam y los musulmanes, así como su deseo de continuar los grandes logros realizados por la Iglesia católica en el diálogo católico-musulmán desde el concilio Vaticano II.
Ya es hora de ponerse en marcha. El Papa se ha disculpado, y musulmanes y católicos (en realidad, todos los cristianos) tienen que volver a ponerse en marcha y avanzar a partir de los importantes logros del diálogo interreligioso de las últimas décadas. En el siglo XXI, resultará un factor crucial para las relaciones católico-musulmanas el modo en que el papado de Benedicto XVI y los católicos colaboren con sus interlocutores musulmanes para superar la ignorancia y la hostilidad, así como la amenaza de la violencia y la intolerancia mundiales

Monseñor Rivera Carrera en el ojo del huracán

Comentado en el Programa Ciudadano 2006 que conduce Ricardo Aleman; radio capital 830 de AM.


"Si usted ha sido abusado por alguien del clérigo, ¡existe ayuda! Somos un grupo de apoyo confidencial e independiente para hombres y mujeres que han sido sexualmente abusados por religiosos. Por favor no siga sufriendo en secreto, silencio y vergüenza. La curación es posible. Contáctenos y reciba la ayuda que necesita y merece." SNAP
Esa es la información registrada en muchos de los miles de volantes que reparten los miembros de SNAP en las puertas de las iglesias, las escuelas y cualquier sitio público donde pueda existir una víctima.
O en su página web http://www.snapnetwork.org/
If you've been victimized by clergy, please know that you are not alone. You can get better. You can reach out to others who've been hurt just like you have. Together, we can heal one another.
We are SNAP, the Survivors Network of those Abused by Priests. We are the nation's largest, oldest and most active support group for women and men wounded by religious authority figures (priests, ministers, bishops, deacons, nuns and others). We are an independent and confidential organization, with no connections with the church or church officials. We are also a non-profit, certified 501 (c) (3) organization.And we are here to help.
Pues bien esta organización acaba de abrir una oficina -capitulo- y han dirigido su primer proyectil hacia el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo Primado de México. Se trata de la diócesis más grande de México y el asunto va en serio; se trata no de un asunto de pedir perdón sino de reparación de daños.
SNAP tiene realmente poco en México, apenas hace unos meses. El martes 6 de diciembre del 2005 a las 10:00 horas en La Casa del Poeta, Colonia Roma, se convocó a una conferencia de prensa para dar a conocer un informe "sombra" sobre abusos sexuales; la reunión fue convocada por Católicas por el Derecho a Decidir y la Red nacional de los Derechos de la Infancia y SNAP.

Participaron Eric Barragán de la Red de sobrevivientes abusados por sacerdotes; Joaquín Aguilar Méndez: Joven violado por sacerdote católico; Aidé García Hernández: Católicas por el Derecho a Decidir; Andrea Márquez de la Red por los Derechos de la Infancia; José Ángel Aguilar Gil de la Red Democracia y Sexualidad, además de José Barba, uno de los exsacerdotes que acusaron al padre Marcial Maciel, fundador de Los Legionarios de Cristo.

Rodrigo Vera reportero del semanario Proceso cubrió muy bien el evento e hizo un excelente nota sobre el presunto sacerdote pederasta Nicolás Aguilar Rivera....(Rodrigo Vera es uno de los decanos de la fuente religiosa después de José Antonio Román de La Jornada y de Ángeles Fernández, pionera en El Heraldo de México).

En una nota para la agencia de Proceso (3/12/2005) escribió Vera: "Miembros de la Red de Sobrevivientes de Abusos de Sacerdotes (SNAP), con sede en Estados Unidos, visitarán México este domingo y permanecerán hasta el jueves para continuar denunciando a curas que incurrieron en este ilícito, en particular el caso del padre originario de Puebla, Nicolás Aguilar. La visita se hará luego que una de las personas que fue agredida por Aguilar, acudió a esta red en Los Ángeles, California, para buscar ayuda."
En su visita a México -agrega la nota-, los miembros de la red demandarán al gobierno mexicano explique las razones por las que no se ha procesado a (Nicolas) Aguilar. “Que se contacte a quienes fueron sus víctimas para que puedan realizar una denuncia ante las autoridades, que se busque evidencia adicional de los crímenes cometidos por el sacerdote y se trabaje en conjunto con la autoridad estadunidense, ya que en ese país también existen denuncias en su contra”.

Y se informa que hace un año esta organización entregó en el consulado en Los Ángeles, una carta dirigida al presidente Fox, haciéndole un llamado para que lleve a Aguilar ante la justicia y para proteger a los niños contra sacerdotes conocidos y acusados de abuso sexual en México.

SNAP -dice Vera- está muy interesada en el caso del padre Nicolás Aguilar, debido a que éste, supuestamente violo en los años ochenta a 26 menores de edad en la ciudad de Los Ángeles, California; y se comentó que en México violó a otros sesenta menores, concretamente en la Diócesis de Tehuacán, sin que la justicia mexicana pudiera hacerle nada.

Y semanas después la SNAP abrió oficinas en México con el fin de brindar atención, tanto psicológica como jurídica, a las víctimas de los sacerdotes pederastas mexicanos. Fue designado director precisamente Joaquín Aguilar víctima del sacerdote Nicolás Aguilar. Y la ONG así funciona la dirigen personas que fueron ultrajados por ministros de culto. (curiosamente casi todos de sacerdotes católicos).

Agrega la nota de Vera que Aidé García Hernández, de Católicas por el Derecho a Decidir, pidió al cardenal Norberto Rivera Carrera, que aclare su relación con el sacerdote pederasta, pues éste estuvo bajo sus órdenes en la Diócesis de Tehuacan, en los años ochenta, y después, al parecer, también en 1995, en la Arquidiócesis de México. Pregunta la señora García: “Si Rivera Carrera sabía que el sacerdote era un pederasta, ¿Por qué no lo puso a disposición de las autoridades penales? ¿El padre Nicolás sigue siendo sacerdote? ¿Dónde está actualmente? ¿Quién juzgará a Rivera Carrera por sus omisiones? Demandamos una respuesta a estas peticiones y que se repare el daño que este sacerdote ha ocasionado”.
Hasta ahí la nota de Rodrigo.

El asunto de los sacerdotes pederastas en México es añejo pero no menos importante.
Además, la Iglesia católica no se ha enfrentado abiertamente al problema. Ven el asunto como un pecado no como un delito al que hay que denunciar y tratan de ocultar lo evidente y proteger al "hermano desviado", y perdonarlo y lo más irracional la mayoría de los veces lo mueven de parroquia o de diócesis, y claro primero lo envían a un centro de rehabilitación; es el caso de pederastas, homosexuales y concubinarios.
.
La revista Newsweek hizo un reportaje en febrero del 2002 sobre el tema. Fue reproducida en español por El Universal el 26 de febrero de ese año: "el secreto y el silencio han caracterizado siempre a la Iglesia católica, que en muchos de estos casos hace todo lo posible por evitar que las acusaciones salgan a la luz, a veces con amenazas. La amplia mayoría de estos casos se arreglan fuera de los tribunales, y algunos estudios señalan que la Iglesia ha tenido que pagar al menos 800 millones de dólares desde los 80 para resolverlos. Mark Chopko, asesor general de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, rechaza esa cifra, pero reconoce que podría estar entre "250 y 300 millones de dólares, lo que sigue siendo mucho dinero."

Y en efecto ha costado mucho dinero y la ropa sucia la quieren seguir lavando en casa.
En lo personal lo he dicho una y otra vez desde hace años y sobretodo cuando la Conferencia del Episcopado de EE UU dio a conocer un estudio -febrero del 2004- donde se reconoció que entre 1950 y 2002 más de 4 mil sacerdotes fueron acusado por abusos sexuales de niños. Comente que la Conferencia del Episcopado Mexicano debería hacer lo propio una especie de mea culpa por los pecados cometidos.
Lo dije fuerte en varios medios una y otra vez. Directamente al presidente de la CEM y al eminentísimo Norberto Rivera Carrera, arzobispo Primado de México, los obispos mexicanos deben dar a conocer en un libro blanco todos los caso de desviaciones de sacerdotes, en suma seguir el ejemplo de EE UU.
Y comente entonces, que nuestras Asociaciones Religiosas (esa es la figura legal en México) -católicas y no católicas- difícilmente soportarían una denuncia por reparación del daño por pederastía. No les alcanzaría el dinero de las limosnas y diezmos para pagar un sólo caso de denuncia por reparación del daño. De hecho en México no hay una cultura de la denuncia. Insisto la mayoría de los casos se ocultan, como cuando se tiene un hijo con síndrome de Down.

¡'Y eso es ocultar la realidad!

Había sólo que ver lo que estaba sucediendo en EE UU donde la crisis sufrida por la diócesis de Boston habían llevado a la renuncia del cardenal Bernard Law y sobretodo costaron decenas de millones de dólares.
Por eso creo que el asunto de el pleito entre la SNAP contra el cardenal Norberto Rivera Carrera de encubrir, junto con el arzobispo de Los Ángeles, Roger Mahony, los delitos sexuales es serio.
Y va por el lado de la reparación del daño.

Y no porque les falte razón a los que han sufrido vejaciones y violaciones por sacerdotes; los curas han cometido pecados y los jerarcas en México lo saben. No es casual que tengan dos casas de "rehabilitación".

Pero hay algo que no deja de llamar la atención. Estuve revisando mis notas sobre el caso de EE UU y concretamente de SNAP. Fue una de las ONGs que logró la caída del cardenal de Boston Bernard Francis Law, por cierto nacido en 1931 en Torreón, Coahuila México y en aquel momento papable.

Y en efecto, en el 2002 tras los escándalos en Massachusetts por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes contra menores, se comprobó que la jerarquía eclesiástica -el cardenal Law- estaba enterado de estos delitos y amparó a los abusadores con discretos traslados. Eso le costo el cargo a Law además de un total desprestigio en EE UU.

Y meses después, curiosamente el grupo de abogados - no estoy seguro si vinculado a la SNAP- llegaron a un acuerdo con la Diócesis de Boston y cobraron una indemnización por reparación del daño por 85 millones de dólares.
Esa negociación sentó la pauta para zanjar extrajudicialmente los cientos de casos que aún siguen pendientes en todo EE UU.
El impacto de la indemnización de la Iglesia católica de Boston fue duro. Incluso afecto la Curia Vaticana con un déficit en el 2003. El informe del balance económico de la Curia vaticana en 2003 registró por tercera vez un déficit de 12 millones de dólares. La Santa Sede gastó 264 millones de dólares en todo el 2003; con esos recursos se mantiene a todo un ejército de cardenales, monseñores y abogados; en total: 2,674 personas, de las que 755 son eclesiásticos, 344 religiosos, 1,575 laicos, y aproximadamente mil jubilados. ¿Como se financia esos gastos? Precisamente gracias a las ayudas que recibe de las conferencias episcopales de todo el mundo. Hay una norma que obliga a hacer esa contribuciones. Es el canón 1271 del Código de Derecho Canónico. Por supuesto que hay otras formas en que la Iglesia católica se financia, por ejemplo a través del óbolo de San Pedro. Por cierto el país que más ayuda económica da a la Santa Sede es la Iglesia católica de EE UU, después siguen varios países europeos, como Alemania. EE UU empero, no aportó dinero a la curia debido al problema por demandas de abusos sexuales.
Y sólo un dato que llama la atención los abogados se quedaron con 28 millones de dólares de los 85 millones acordados. ¡No es cualquier cantidad! Por lo que también pude leerse como un negocio. Para los abogados claro.
A lo mejor por ahí va el asunto. Al margen de que en efecto ayuden a las víctimas.

Por ejemplo, a manera de transparencia cabría preguntar ¿quién pagó a los abogados que estuvieron recientemente en México? No creo que los abogados sean hermanas de la caridad. Me refiero obviamente a Jeffrey Anderson y Michael George Finnegan; porque David Clohessy es uno de los directivos SNAP.

Y miren no es casual que Norberto Rivera, arzobispo primado de México haya contratado nuevamente los servicios de su amigo Bernardo Fernández del Castillo- por cierto en las listas para ser Magistrado Electoral para defenderse.

¡Porque el golpe mediático ya se lo dieron!

"Lo que están buscando es un recurso, una indemnización económica, pero ni el Cardenal ni la Arquidiócesis se prestan a chantajes. "Consideramos que esto es una extorsión y desde luego no vamos a colaborar ni vamos a ceder a una extorsión", advirtió Fernández del Castillo, abogado de la Arquidiócesis en una conferencia de prensa (periódico Reforma, 22/09/2006)
Y Bernardo Fernández del Castillo es un abogado que conoce estos temas. Fue el abogado de la Arquidiócesis de México que deslindó al Cardenal Rivera Carrera de los contratos que firmó el Rector de la Basílica de Guadalupe, Diego Monroy, con la empresaria María Teresa Herrera y de suscribir convenios de exclusividad con empresarios como Herrera y Emilio Burillo Azcárraga, relacionados con la imagen de la Virgen de Guadalupe y transmisiones televisivas.
La CEM apoya al cardenal:

Monseñor Carlos Aguiar Retes, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano emitió el siguiente comunicado: "Los Obispos de México manifestamos nuestro dolor y solidaridad por las personas víctimas de todo tipo de abusos sexuales y condenamos las acciones pederastas de cualquier ser humano, sea sacerdote, religioso o laico, advirtiendo que quien incurra en ello deberá enfrentar las consecuencias de sus actos frente a las autoridades. El crimen de pederastia siempre deberá ser denunciado y condenado, nunca encubierto, por lo que reiteramos nuestra disposición a colaborar con las autoridades encargadas de la procuración e impartición de justicia. Confiamos en que las autoridades se apegarán a la rigurosa búsqueda de la verdad, en respeto al principio de la presunción de inocencia y en un marco de protección a la dignidad y los derechos de la persona humana. Asimismo la Conferencia del Episcopado Mexicano, asume como propias las declaraciones de la Arquidiócesis de México, pidiendo públicamente a los fieles que si conocen algún caso de abuso sexual sea denunciado a las autoridades competentes."
Creo que hay mucho que decir sobre este asunto.
Por último y como bien precisa el comunicado de la CEM los abusos sexuales no solo es un problema de sacerdotes; cada año son explotados sexualmente miles de niñas y niños.

Hace unos meses el Diputado del PVEM Jorge Kahwagi logró que se endurecieran las penas contra los sacerdotes pederastas.

De hecho fue la única iniciativa de él que prospero en la pasada legislatura.
EL 16 de marzo las cámaras de Diputados y Senadores aprobaron endurecer las sanciones contra las personas que abusan sexualmente de menores de edad, particularmente contra los sacerdotes pederastas. La disposición quedó estipulada en el apartado V del artículo 266 Bis del Código Penal Federal, que textualmente dice:“Las penas previstas para el abuso sexual y la violación se aumentarán hasta en una mitad en su mínimo y máximo, cuando… V.- Los ministros de culto religioso o quien se ostente como tal y abuse sexualmente de un menor o que no tenga la facultad de comprender el significado del hecho, no pueda resistir el hecho o sea obligada a ejecutarlo”.
No estoy seguro si ya fue publicada en el Diario Oficial por el presidente Fox. Habría que ver.

21 sept 2006

¿Qué es hoy la izquierda?


Textos sobre la izquierda hoy del Doctor Dr. Roger Bartra, investigador emérito de la UNAM y de Michel Wieviorka, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y de Joaquim Ibartz, corresponsal del periódico español La Vanguardia.
Izquierda perdida/ Roger Bartra, investigador emérito por la Universidad Nacional Autonoma de México. Obtuvo el doctorado en Sociología, de la Universidad de la Sorbona, París. Entre sus publicaciones destacan La jaula de la melancolía, El salvaje en el espejo, Cultura y melancolía y Las redes imaginarias del poder político, El duelo de los ángeles: locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno, entre otros)
Tomado de Letras Libres; http://www.letraslibres.com/, septiembre del 2006.
Fango sobre la democracia

¿Por qué perdió la izquierda y dónde radica su incapacidad para aceptarlo?,
¿cuáles son los retos del ganador?, ¿cómo opera el clintelismo en la capital
y a qué se debe el arrobo de los intelectuales por amlo?, ¿cuáles son los riesgos
de la protesta posteletoral para nuestra joven democracia? Bartra ensaya
lúcidas respuestas para estas preguntas.

El candidato de la izquierda populista ha volcado un inmenso alud de lodo sobre las elecciones presidenciales más transparentes y auténticas que ha habido en México. No ha aceptado su derrota, ha denunciado un inmenso fraude, sin probarlo, y ha rechazado las decisiones del Tribunal Electoral. De esta manera ha culminado el proceso de su metamorfosis, y de ser una opción política se ha convertido en una molestia social. Ha envenenado el ambiente electoral y ha colocado súbitamente a la izquierda en una posición contestataria marginal. Con su agresivo populismo ha ayudado a que la derecha se mantenga en el gobierno. ¿Cómo se pueden explicar estos insólitos resultados? Ha llegado el momento de reflexionar, de discutir y de abandonar los maniqueísmos. Detrás del escenario de la confrontación entre dos adversarios, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, hay una complejísima textura que nos invita a matizar y a desentrañar los mecanismos menos visibles de la lucha política.
Populismo conservador
¿Por qué perdió la izquierda? A partir de 1988 la izquierda logró erigirse como la gran responsable moral de la transición y en el motor más importante que impulsa la instauración, casi una década después, de procesos electorales confiables operados por instancias autónomas y ciudadanas. Sin embargo, desde sus orígenes comenzaron a ser visibles las tendencias que minaban al Partido de la Revolución Democrática (PRD). Me refiero a la expansión de un populismo conservador que iba recogiendo los deshechos del viejo nacionalismo revolucionario que el PRI abandonaba en el camino. Lo llamo populismo porque su base es la relación del jefe con “su” pueblo, al margen de las instituciones democráticas de representación, gracias a una estructura de mediación informal por la que fluye un intercambio de apoyos y favores. Es la forma tradicional en que han operado los caciques, tanto en los ejidos como en los sindicatos, tanto en regiones rurales como en ciudades. Lo llamo conservador porque se propone preservar o restaurar formas de poder e ideas propias de nuestro antiguo régimen, el autoritarismo revolucionario que dominó a México durante siete décadas.
La hegemonía en la izquierda del populismo conservador fue una de las causas que contribuyeron a la derrota de su candidato a la presidencia en el 2000, Cuauhtémoc Cárdenas. El PRD y sus confusos aliados, en esas primeras elecciones claramente transparentes y democráticas, presentaron la imagen marchita del viejo nacionalismo revolucionario ante una derecha democrática, moderna y pragmática encabezada por Vicente Fox. Pero la izquierda no comprendió la situación y atribuyó equivocadamente su fracaso a las manipulaciones mercadotécnicas de la extrema derecha, de las corporaciones empresariales y del catolicismo militante conservador.
Durante la campaña del 2006 López Obrador continuó en la misma línea. A pesar de ofrecer un programa político tibio, desarrolló una furiosa campaña contra la clase media, los ricos y el presidente Fox. En nombre de los pobres, condujo una espectacular confrontación que le enajenó el apoyo de sectores que ejercen una influencia crítica en la sociedad. El clímax del desprecio por la clase media ocurrió en junio de 2004, cuando descalificó con malos términos a los cientos de miles de personas que en la ciudad de México marcharon para exigir seguridad. Sólo en condiciones muy excepcionales de gran deterioro político de los partidos tradicionales (como ocurrió en Venezuela) puede un dirigente populista, enfrentado agresivamente a los sectores medios, obtener la mayoría electoral. El discurso incendiario de López Obrador contra la asustadiza clase media le hizo perder millones de votos. A ello se agregó el hecho de que arremetió reiteradamente contra la figura presidencial, sin darse cuenta de que Vicente Fox es para la mayoría de los mexicanos el símbolo de la transición democrática y representa a una fuerza que derrotó el autoritarismo del antiguo régimen. En esta campaña electoral la izquierda populista cometió un terrible error de apreciación: denunció al gobierno de Fox como el poder represivo y cuasifascista que había conducido al país a un desastre económico. Proclamó que la gente ya no podía tolerar tanta opresión provocada por un grupo de traidores a la democracia que conspiran contra las causas populares representadas por López Obrador.
Sin embargo, era obvio que la mayor parte de la gente no percibía esta “catástrofe” en la que se supone que vivía el país. La amenaza del complot, de la derecha ultramontana, de la organización secreta de El Yunque, de los empresarios corruptos y de la quiebra socioeconómica tampoco se convirtió en una percepción generalizada. Estas exageraciones crearon un fantasma con el que se enfrentaba la esgrima electoral de la izquierda populista, pero las estocadas sólo rasgaron el aire de un espacio vacío. El resultado fue que se esfumaron los cuatro o cinco millones de votos que López Obrador suponía que tenía de ventaja por arriba de su adversario. Según los datos del Instituto Federal Electoral (IFE) Calderón le ganó por cerca de un cuarto de millón de votos.
El cacique y su pirámide
Las reflexiones anteriores deben ser matizadas. La izquierda recibió un voto considerablemente alto, se ubica como segunda fuerza en el Congreso y su candidato casi gana la Presidencia. Ello significa que, además de los factores considerados, que minaron su caudal de votos, la izquierda recibió nuevos apoyos que no tenía hace pocos años. Muchos encuentran la explicación en el surgimiento de un apóstol –López Obrador– que parece escapado de las páginas floridas del realismo mágico latinoamericano. El sur profundo habría por fin parido a un jefe capaz de encabezar la lucha de los desposeídos y agraviados.
Aunque el aura folclórica que genera López Obrador a veces parecería confirmar el estereotipo del caudillo épico; yo creo que el candidato a la presidencia del PRD es un fenómeno político de una naturaleza mucho más prosaica. Creo que se trata de un cacique urbano populista que tejió su fuerza gracias a una estructura de mediaciones sociales calcada del modelo que ha sido la base tradicional del PRI. Se trata de una densa red clientelar de organizaciones más o menos informales ligadas a los barrios, a bandas políticas vinculadas con sectores marginales, a grupos de comerciantes, de taxistas, de microbuseros, de vendedores ambulantes. Un tejido que incluye la gestoría de inversiones, la distribución de ayudas económicas a ancianos o minusválidos, la legalización de terrenos invadidos, a empresas constructoras o proveedoras, a sindicatos y a pequeños líderes de grupos de presión. Este conjunto constituye una pirámide de mediaciones, que pasa por las Delegaciones y en cuya cúspide se encuentra el jefe de gobierno de la ciudad de México. Desde este cargo, que es la segunda posición política con mayor fuerza en el país, López Obrador realizó una larga campaña electoral durante más de cinco años. Ningún gobernador concentra tanto poder político como el jefe de gobierno de la ciudad de México. López Obrador llegó a las alturas del poder al ganar las elecciones del año 2000, pero es evidente que para ello se basó en el gran prestigio de Cuauhtémoc Cárdenas y en la red de mediaciones clientelares que recicló y creó Rosario Robles. Le dejaron el banquete servido y, una vez sentado en la mesa, liquidó políticamente a sus dos predecesores en el cargo.
Esta liquidación produjo una dramática desgarradura y abrió una rendija que permitió dar un vistazo a las entrañas de la pirámide de mediaciones. Se comprobó que las redes clientelares que forman la base del cacicazgo urbano están contaminadas por la corrupción. En realidad, la corrupción es el aceite que permite que la maquinaria caciquil pueda funcionar con eficacia. Si no se engrasan los ejes mediadores, los poderosos de la cúspide quedan abandonados a su suerte y aislados de su base popular. Esto no es nada nuevo, pero fue evidenciado en el espectáculo televisivo, conducido por un payaso, que mostró los corruptos trafiques del líder de la fracción del PRD en la Asamblea de Representantes de la ciudad de México y mano derecha de López Obrador, recibiendo dinero de un empresario, muy cercano amigo de la ex Jefa de Gobierno. Otros videos de aquella época, comienzos de 2004, revelaron la siniestra actuación del Secretario de Finanzas del gobierno de López Obrador, que se entretenía jugando en un casino en Las Vegas para matar los tiempos libres que le dejaban las operaciones financieras ocultas que, presumiblemente, reciclaban dinero destinado a la campaña de su jefe.

Además de la gran pirámide de mediaciones sobre las que se asienta el poder del caciquismo populista, hubo otros dos fenómenos –ligados entre sí– que incrementaron el voto por la izquierda: la descomposición del PRI y el desafuero de López Obrador. Por lo que se refiere a lo primero, debemos notar que el PRD no sólo recicló gran parte del viejo ideario del PRI, sino también un número considerable y significativo de dirigentes que, ante la descomposición y decadencia del ex partido oficial, escapaban del naufragio. En la medida en que las encuestas señalaban a López Obrador como el favorito en una carrera en la que prácticamente iba solo, el flujo de priistas que inflaba al PRD aumentó. Cuando Roberto Madrazo, después de una cruenta lucha interna, fue proclamado candidato del PRI a la Presidencia, el malestar y el descontento de grandes sectores de su partido aumentó. Desde luego que el PAN también se benefició de la descomposición del PRI, y logró recoger principalmente el apoyo de sectores tecnocráticos y zedillistas. El PRD recibió la simpatía de los sectores más atrasados, como los del sindicalismo corrupto o los representados por el senador Manuel Bartlett, el demiurgo del gran fraude electoral de 1988, que hizo pública su inclinación por López Obrador.
La otra gran fuente de la que abrevó la popularidad de López Obrador fueron los grandes errores del gobierno de Fox, principalmente el malhadado proceso de desafuero. Lo peor que podía hacerse ante un dirigente que se quejaba a cada paso de una conspiración en su contra era perseguirlo judicialmente. Y eso fue precisamente lo que decidió hacer el presidente Fox, para desánimo de muchos y aumento de la paranoia de otros: iniciar un proceso contra López Obrador por haber desacatado la orden de un juez en un juicio de amparo ligado a la apertura de una calle que debía dar acceso a un hospital privado. El escándalo estalló debido a que el juicio lo inhabilitaría como candidato a la Presidencia. López Obrador aprovechó el proceso, como un regalo caído del cielo, para proyectar con fuerza su convicción de que querían eliminarlo de la justa electoral. El PRI, que había boicoteado las reformas propuestas por el gobierno a la Cámara de Diputados, apoyó con entusiasmo esta insensatez. El resultado era previsible: el Presidente tuvo que saltarse los principios jurídicos que había defendido, pedir la renuncia de su fiscal, parar el proceso y contemplar con espanto que había logrado amplificar extraordinariamente la fuerza de López Obrador.
Así, el candidato de la izquierda se colocó en el primer lugar, según todas las encuestas. Pero a partir de ese momento comenzaron a operar los factores que minarían paulatinamente su popularidad. López Obrador perdió la ocasión de dar un golpe de timón para ubicarse como un estadista socialdemócrata, y persistió tercamente en sus empeños como populista conservador.

Derechas modernas
Debido a las consideraciones que he expuesto, y después de hacer un balance de las contradictorias tendencias políticas, desde que comenzó el periodo electoral me convencí de que era muy probable que López Obrador perdiera las elecciones. La evolución de los resultados de las encuestas, que al final separaban a los dos candidatos por un punto porcentual, confirmaba mi interpretación. Además critiqué las dificultades que tenía la izquierda conservadora para aceptar la democracia y la legalidad. Viejos hábitos “revolucionarios” que desprecian el sistema electoral y la legalidad democrática se habían extendido y auspiciaban una reacción contra el proceso de transición iniciado en el 2000. Pero, por muy amplia que fuera la reacción antidemocrática, pensé que una racionalidad cívica moderna ya se había expandido considerablemente en el electorado. Para mi consternación, al conocer los resultados electorales divulgados por el IFE y las vehementes protestas de las fuerzas que apoyan a López Obrador, me di cuenta de que la irracionalidad estaba mucho más extendida de lo que había creído.

Muchos se desgarraban las vestiduras y lamentaban que, gracias a un fraude misterioso, no se sabe si cibernético o caligráfico, había ganado las elecciones una pandilla conspirativa de traidores a la patria, neoliberales corruptos, empresarios sin escrúpulos, curas fundamentalistas, reaccionarios herederos del Sinarquismo y de El Yunque y manipuladores fascistoides de la publicidad sucia. Ya he explicado que esta falsa apreciación es una de las causas que han desorientado a la izquierda y que la llevan al fracaso. Por supuesto, es evidente que dentro y alrededor del PAN existen ejemplos de tan nefastos personajes. Afortunadamente, se trata de segmentos políticos marginales.
Existe, sí, una vasta ala de derecha dura que con frecuencia se expresa a través de Manuel Espino, que suele responder a intereses corporativos –económicos y eclesiásticos– y que ve con malos ojos la redistribución de recursos para garantizar la igualdad y el bienestar. Hay una derecha que prefiere inspirarse en actitudes furibundas como las de Diego Fernández de Ceballos y en las recetas de Luis Pazos, una derecha que agradece más a Dios que a la ciudadanía los triunfos electorales, y que gusta de arrojar incienso en los botafumeiros del catolicismo más rancio.

Esta derecha dura es fuerte dentro del PAN, pero aparentemente no es la que representa el candidato ganador, Calderón. Se expresa en él una derecha moderna, centrista y pragmática, con una pronunciada vocación democrática, animada por un humanismo católico laxo y tolerante. De hecho, Calderón no acepta ser un político de derecha, y ahora que ha ganado por un margen tan estrecho tendrá que demostrarlo audaz y creativamente al rearticular su programa político. El aspecto más obvio, y que ya ha sido señalado por él mismo, es el extraordinario énfasis que deberá dar a la política encaminada a combatir la miseria y la pobreza. Pero me parece que además deberá contemplarse la transición hacia nuevas formas de gobierno. Calderón debería recorrer sus posiciones hacia el centro y hacia la izquierda del abanico político, para asumir las posturas socialdemócratas que su adversario de izquierda se negó a contemplar. ¿Será capaz de combinar las tradiciones solidaristas, humanistas y liberales con las expresiones socialdemócratas y reformistas de la izquierda moderna? El ala derecha de su partido hará todo lo posible para impedirlo.

Como es evidente, Calderón se enfrentará a un problema de legitimidad. No es fácil sustituir el nacionalismo revolucionario caduco por una nueva cultura política que legitime a los gobiernos democráticos de la transición que se inició en el año 2000. Habrá que intentar un gobierno de coalición que tenga una base más firme y consistente que las sórdidas maniobras de los legisladores que congelaron toda posibilidad de reforma política. Además de un gobierno de coalición, habrá que pensar en un gobierno plural. Las coaliciones corresponden a las alianzas políticas, especialmente en el Congreso. Por su parte, la cara plural del gobierno es la que asegura un estilo democrático de gobierno y envía mensajes simbólicos y culturales que contribuyen a la estabilidad.
Aquí quiero señalar algo que me parece fundamental: una gran masa de ciudadanos votó por la izquierda no sólo porque apoya una política que favorezca a las clases populares, sino porque rechaza los apetitos y las aspiraciones de la extrema derecha, de los intereses ultramontanos y conservadores, del catolicismo militante y fanático, de todas aquellas expresiones políticas antimodernas que hunden sus raíces en las tradiciones anticomunistas típicas de la Guerra Fría. La mayoría de los votantes ve con malos ojos la presencia de intereses corporativos, sea que provengan del mundo de los negocios o de la Iglesia Católica. Calderón debería convertirse en el campeón del laicismo y de la tolerancia. Si da un giro hacia la socialdemocracia, ello significa ir más allá del apoyo a programas contra la pobreza. Con ello recordaría a todos que, si ganó las elecciones, ello no fue gracias a la intervención divina sino a la muy terrenal voluntad política de la mayoría. No hay que despreciar aquello que Vicente Fox llamó “el círculo rojo”. El nuevo gobierno no deberá espantarse ante las demandas de la modernidad (y la postmodernidad): el uso de anticonceptivos, la investigación con células madre, la aceptación de las sociedades alternativas de convivencia, la píldora del día siguiente y otras expresiones o necesidades de las nuevas formas de vida. El propio Calderón conoció de cerca el descrédito que significó oponerse al uso del condón (Castillo Peraza), y sabe cuánto le costó a él mismo dar respuestas conservadoras a las preguntas incisivas de López Dóriga en su noticiero en enero del presente año. Calderón rectificó de inmediato al reconocer que sus respuestas no reflejaban su verdadero pensamiento, y dio un significativo viraje en su campaña. Se necesitará mucho ingenio político para alcanzar la combinación de la tradición liberal panista con las ideas socialdemócratas que, me parece, requerirá el gobierno. ¿Será posible o es una de esas utopías con las que a veces escapamos de la realidad cruel?

La desmodernización de la izquierda
Una parte significativa de la intelectualidad, escorada hacia la izquierda, ha perdido el equilibrio, la independencia y la serenidad. A muchos intelectuales les ha ocurrido lo mismo que a las corrientes socialdemócratas y reformistas modernas del PRD y de otros partidos: fueron cautivados por el espejismo populista y han sido integrados como parte orgánica de un “proyecto alternativo de nación” que parece sacado de un viejo baúl de recetas añejas de medio siglo. Me pregunto qué es lo que pudo fascinar a cientos de artistas y escritores que apoyaron el “proyecto alternativo” de López Obrador, donde, bajo el signo de un juarismo trasnochado, ofrece una mixtura de medidas económicas conservadoras (bajar los impuestos), nacionalistas (frenar las maquiladoras) y anticuadas (basar el desarrollo en el petróleo, la electricidad y la construcción). Se trata además de una regresión al asistencialismo que trata a los pobres como si fueran minusválidos, enfermos o ancianos. Es un proyecto donde lo único que se afirma, patéticamente, sobre la cultura de México, es que “ha sobrevivido a todas las desgracias de su historia” y es nuestra “fuerza y nuestra señal de identidad”. Algunos de estos intelectuales, que ahora critican al subcomandante “Marcos”, recordarán que estuvieron ayer tan fascinados por el neozapatismo como hoy lo están por López Obrador y su populismo.

Muchos intelectuales solicitaron un nuevo recuento de todos los votos al Tribunal Electoral, explicando a los jueces que no deberán usar “argumentos legalistas”, pues una aplicación al pie de la letra de la ley no daría legitimidad al próximo gobierno. Ya me imagino el asombro de los jueces ante esta extraña exigencia: es como si a los encargados de contar los votos se les pidiera no usar argumentos aritméticos. Es comprensible la enorme irritación que han sentido muchos intelectuales ante, entre otras cosas, la penosa actitud cerril del presidente Fox frente al mundo de la cultura. Pero deberían evitar que su indignación impulsara el renacimiento del aquel viejo rencor nacionalista que, en nombre de la Revolución, estaba decidido a bloquear a toda costa el camino de cualquier alternativa que no fuera la suya. López Obrador, recurriendo a Benito Juárez, lo ha dicho claramente: “El triunfo de la derecha es moralmente imposible.” Así es como erige un fundamento moral superior, por encima del terrenal y democrático conteo de sufragios. A la sombra de este fundamentalismo hay quien sueña en la caída de un rayo justiciero anulador que auspicie la llegada de un presidente bonapartista interino.
Estamos perdiendo la posibilidad de contar con una izquierda moderna y racional. Estamos presenciando el trágico proceso de desmodernización de la izquierda. El motor de esta desmodernidad está sólidamente instalado en la ciudad de México y no se apagará pronto, pues forma parte del poderoso aparato de gobierno urbano. Seguramente por este motivo, muchos mostraron su disgusto por la desmodernidad populista al anular sus votos o apoyar alguna opción marginal.

Percepciones irracionales
Durante los días previos a la elección del 2 de julio era muy difícil encontrar algún intelectual, periodista o comentarista que no tuviese la convicción de que López Obrador ganaría la competencia. En el círculo político que rodeaba al candidato populista todos estaban absolutamente convencidos de ganar la elección y ya se habían comenzado a repartir el pastel del poder. Tan seguros estaban del triunfo que Manuel Camacho, uno de sus más cercanos operadores, en un artículo triunfalista publicado al día siguiente de las elecciones en El Universal, escrito antes de conocer los resultados, le tendía la mano a la oposición y ofrecía formar una amplia coalición. A pesar de los numerosos indicadores que señalaban la existencia de un empate técnico, gran parte de la clase política y de la elite intelectual pensaba que la Coalición por el Bien de Todos ganaría las elecciones. Menciono estas convicciones previas un tanto irracionales porque han ejercido una gran influencia en la reacción postelectoral: los allegados a López Obrador simplemente no podían creer que habían perdido. Al estar ciegamente convencidos de que su candidato llevaba una ventaja de diez por ciento, la única explicación que encontraron ante los resultados que arrojó el conteo del IFE es que se había maquinado un fraude gigantesco. Lo primero que hizo López Obrador, antes que nadie, fue declararse triunfador con una ventaja de medio millón de votos, seguramente la primera cifra que le pasó por la cabeza en ese momento de azoro (se borró de su mente el diez por ciento que siempre había proclamado).

Además, la izquierda populista de inmediato volvió a denunciar la falta de equidad durante la campaña electoral: propaganda sucia que señalaba a su candidato como “un peligro para México”, uso de los programas sociales del gobierno federal con fines proselitistas, intervención del presidente Fox en la contienda y enormes gastos de publicidad. Sin duda estuvieron presentes estos vicios, pero fueron contrarrestados por recursos similares por parte de los partidos coaligados en apoyo a López Obrador: publicidad y declaraciones denunciando un complot, uso de los programas de apoyo a ancianos y minusválidos, activismo electoral desde el gobierno del df y montañas de dinero gastadas en publicidad. Corporaciones empresariales impulsaron públicamente al candidato del PAN y sindicatos que solían ser despreciados como “charros” ahora apoyaron a la izquierda. Pero también hubo sindicatos, como el de maestros, que apoyaron a Calderón y sectores empresariales que manifestaron simpatías por López Obrador. En suma, es difícil determinar cuáles partidos arrojaron más basura a la ciudadanía durante muchos, demasiados meses. Los partidos hicieron una campaña de la que no pueden enorgullecerse y que nos ha convencido a muchos de que es urgente acortar el periodo electoral y bloquear la propaganda descontrolada en los medios masivos de comunicación y en las calles. Serían suficientes uno o dos meses de campaña y publicidad en radio y tv constreñida a tiempos oficiales acotados por la autoridad electoral. Y, en consecuencia, reducir drásticamente el dinero que reciben los partidos.
Las reacciones irracionales comenzaron a buscar frenéticamente ocultos y sofisticados algoritmos que habrían modificado fraudulentamente los sistemas electrónicos del IFE, e imaginaron sospechosas tendencias durante los procesos de conteo, asumiendo erróneamente que debía de haber habido un flujo aleatorio de información. Donde creyeron hallar la prueba del fraude fue en el dramático error técnico del IFE, que por un lado separó unos 2.6 millones de votos en actas inconsistentes, pero por otro lado sumó al porcentaje total contabilizado las más de once mil casillas de donde procedían esos votos. Cuando estos votos fueron agregados el porcentaje que separaba a Calderón de López Obrador bajó casi medio punto. Los partidos conocían y habían aprobado esta separación de actas con inconsistencias, por lo que fue un acto de mala fe la denuncia hecha por López Obrador de que habían desaparecido o se habían perdido tres millones de votos. Un tiempo después, el mismo candidato admitió que no había habido un fraude cibernético, sino que la trampa se había consumado a la “antigüita”, modificando actas y contando mal. La sospecha –ligada a una cultura que tiene una larga historia en México– quedó arraigada en una parte de la sociedad que ve con simpatía la propuesta de volver a contar todos los votos.
A partir del momento en que las cifras del IFE señalaron un desenlace, Calderón anunció su intención de moverse hacia el centro e incluso hacia la izquierda. En contraste, López Obrador volvió a cometer el error de radicalizar su discurso, iniciar una resistencia civil y convocar a grandes manifestaciones públicas de protesta por el supuesto fraude. Calderón hizo lo que habría hecho su adversario si éste hubiera ganado: ofrecer un gobierno de coalición. López Obrador hizo lo que sin duda no habría hecho el PAN: declararse en rebeldía. Al mismo tiempo, contradictoriamente, acudió a demandas judiciales para exigir un nuevo recuento de todos los votos y para acusar penalmente a los consejeros del IFE como delincuentes. Es decir, por un lado llamó a la transgresión ritual y pacífica de la ley, lo que desembocó en la ocupación del Zócalo y el bloqueo del paseo de la Reforma; y por otro lado introdujo recursos legales, principalmente en el Tribunal Electoral, para lograr un recuento o anular las elecciones.

El domingo 30 de julio, ante una tercera gran manifestación, denominada “asamblea” para simular un acto de democracia directa, López Obrador propuso en su discurso “que nos quedemos aquí, en asamblea permanente... hasta que se cuenten los votos”. A continuación sometió su propuesta a votación y la masa gritó que la aprobaba; al seguir con la simulación, pidió a quienes estuviesen de acuerdo que alzaran la mano (solicitó también que se manifestaran quienes estuviesen en desacuerdo o se abstuvieran: por supuesto, nadie levantó el brazo). Sintomáticamente, la gente que votó sí con las manos después votó no con los pies: terminados los discursos las masas se dispersaron y el largo corredor que va de la Alameda a Chapultepec lució desolado, con unos pocos activistas colocando raquíticas tiendas de campaña en el arroyo. ¿Adónde se fueron los millones de asistentes que habían aceptado quedarse? ¿Porqué no se quedaron las masas a celebrar una gran verbena popular callejera? ¿Porqué el pueblo no se volcó durante los días siguientes a participar en la anémica asamblea permanente que se extendía penosamente a lo largo de más de siete kilómetros, provocando más irritación que entusiasmo? Quizás la gente fue más sensata que su líder.

La explicación del fracaso radica en el hecho de que López Obrador es la cabeza, más que de un movimiento social, de un cacicazgo en la ciudad de México. Aunque la reacción de protesta tiene el apoyo en algunos movimientos sociales marginales, su fuerza proviene principalmente de la pirámide caciquil de mediaciones que ya describí. Los cacicazgos son fenómenos de naturaleza diferente a los movimientos sociales. No me interesa aquí una discusión teórica de conceptos, sino simplemente señalar la diferencia que existe entre procesos sociales fluidos (que impulsan la movilización de sectores sociales en defensa de sus intereses) y las estructuras más rígidas compuestas de canales de intercambio de apoyos y favores entre el poder y su base social. Los movimientos suelen exigir cambios en el sistema y los cacicazgos son componentes de un sistema. Unos son como ríos y otros como pirámides. Los primeros pueden estancarse y los segundos pueden derrumbarse.

López Obrador está intentando convertir un cacicazgo, forjado desde el gobierno de la ciudad de México, en un movimiento de resistencia civil de larga duración. No es fácil que lo logre, pero intentará hacerlo con el apoyo de grupos sociales de diferentes partes del país, aunque su dispersión y su debilidad hacen la tarea muy complicada. A corto plazo está construyendo un activo foco de deslegitimación de la transición democrática que, de manera agresiva, confronte al gobierno. Quiere prolongar su apropiación de los espacios públicos de la ciudad de México para copar las conmemoraciones oficiales del 15 de septiembre con una manifestación donde celebre el Grito de Independencia y, al día siguiente, en una convención “democrática”, acaso se le ocurra designar un gobierno alternativo a la sombra de su fundamentalismo purificador. ¿Podrá seguir controlando a las estructuras partidarias del PRD, que hasta ahora han sido marginadas? ¿Logrará mantener subordinado al jefe de gobierno de la ciudad de México? Tampoco sabemos durante cuánto tiempo López Obrador logrará someter a los diputados y senadores de su coalición a los dictados de su campaña contestataria y deslegitimadora, antes de que logren dedicarse a tareas políticas menos destructivas.
Los escombros
El Tribunal Electoral no encontró justificado el recuento de todos los votos, pero ordenó la revisión de cerca de doce mil urnas impugnadas por la Coalición por el Bien de Todos. Esto significó una muestra (nueve por ciento del total) tomada en lugares de mayor apoyo a Calderón. Si hubiera habido el fraude monstruoso que López Obrador denunció, en esta muestra se habrían hallado las huellas. Nada de esto ocurrió y se confirmaron las tendencias que el IFE había anunciado originalmente. El tremendo escándalo organizado por López Obrador no ha tenido razón de ser, y la izquierda se enfrentará tarde o temprano a la difícil tarea de reparar los destrozos ocasionados por su cacique populista. ¿Cuánto tiempo tardará en iniciar el retiro de los estorbosos escombros de la protesta y de la exhibición espectacular de sus errores? Parece evidente que López Obrador se opondrá obstinadamente a desalojar la pirámide de rencor desde la que se empeña en molestar a las instituciones democráticas. ¿Cuántas escenas de bochornoso resentimiento tendremos que soportar antes de que las corrientes más sensatas de la izquierda logren frenar a su cacique? Espero que, en la izquierda, intervengan sus líderes más democráticos, sus gobernadores más sensibles, sus aliados más inteligentes y sus intelectuales más críticos. Si no logran cambiar el curso de la confrontación, se enfrentarán al sólido muro de una coalición que representará a la inmensa mayoría de los ciudadanos, y la izquierda seguirá pataleando tercamente como un chivo en la cristalería de la democracia. ~

Las dos izquierdas actuales/Michel Wieviorka, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Traducción: José María Puig de la Bellacasa
Tomado de La VANGUARDIA, 01/05/2006; http://www.lavanguardia.es/

¿Marcha la izquierda viento en popa en todo el mundo? En cualquier caso así es en Latinoamérica, con Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, Evo Morales en Bolivia, Néstor Kirchner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, Óscar Arias en Costa Rica, René Préval en Haití, Martín Torrijos en Panamá y otros acaso mañana en México, Perú, Ecuador o Nicaragua. En Europa, tras su victoria en España (2004) -aunque también la derrota de la socialdemocracia en Alemania (2005)-, acaba de ganar las elecciones (por margen muy ajustado, desde luego) en Italia, y hace muy pocos días ha repetido victoria en Hungría. Y en Francia, el retroceso del Gobierno, forzado a anular la ley de contrato de primer empleo (CPE), acaba de revigorizarla: en apenas un año podría subir de nuevo a la palestra.

Ahora bien, la pregunta puede plantearse en estos términos: ¿qué es hoy la izquierda?, ¿cuál es la idea actual de la izquierda? La izquierda se ha articulado durante mucho tiempo en torno a dos polos principales, a menudo opuestos y contrarios, aunque susceptibles de trenzar alianzas. El primero de ellos, socialista y reformista, consideraba posible y deseable acceder al poder por vías democráticas, introduciendo cambios pactados, reformas y, en suma, los diversos ingredientes del Estado providencia. El segundo, comunista y revolucionario, se proponía igualmente alcanzar el poder, pero a través de la ruptura -en ocasiones violenta- con vistas a imponer el cambio a una sociedad sumisa o lo suficientemente sometida como para abrirle las puertas. Ambas apelan al movimiento obrero, cuyas exigencias sociales y aspiraciones a orientar la vida colectiva pretendían canalizar. Ambas se autodefinían preferentemente en el marco de un Estado, una nación o un Estado nación y si, llegado el caso, se planteaba el debate sobre la paz o la guerra, la colonización o la independencia, se definían ante todo por su voluntad y capacidad para transformar la sociedad desde dentro.


Ya no nos hallamos en este punto. No se trata tampoco de que sea menester hacerse a la idea de una fragmentación de la idea de la izquierda, pulverizada en variantes sin cuento (comunistas y socialistas, desde luego, pero también izquierdistas, ecologistas: de hecho, la diversidad siempre ha estado presente de forma notable en el seno de la izquierda), sino de que dos nuevos polos han venido a reemplazar en gran parte a los anteriores, que no obstante no han desaparecido totalmente.

Cabe calificar el primero de estos dos nuevos polos como social-liberal. Habla sobre todo de modernización, de apertura al mundo y a la economía de mercado, una economía tan global como sea posible y con las máximas dosis correspondientes de ortodoxia presupuestaria. Se halla siempre dispuesto a acoger inversiones extranjeras, así como reformas destinadas a desembarazar a la sociedad del inmovilismo o de las trabas que representaría la existencia de un Estado excesivamente presente u omnipresente, desfasado respecto de las actuales corrientes económicas. Posee unas miras culturales tan abiertas al cambio y la innovación -tal vez incluso más- como a la reproducción o salvaguarda de lo existente.

En cuanto al segundo polo, podría calificarse de social-social. Habla, sobre todo, de protección, de solidaridad, de resistencia ante las fuerzas devastadoras de la economía mundial. Le interesa preservar la capacidad del Estado a la hora de hacer frente a los desafíos procedentes del exterior, factor que suele conferirle aspectos soberanistas, incluso nacionalistas, perceptibles sobre todo en Latinoamérica.

Ninguno de ambos polos, a diferencia de la época triunfante del movimiento obrero, representa un grupo social delimitado con nitidez, aunque ciertos dirigentes importantes proceden efectivamente del sindicalismo obrero (caso de Lula) o campesino (Morales, líder de los cocaleros bolivianos). En todo caso cabe advertir que el polo social-social se apoya en los asalariados de los sectores más protegidos, grandes empresas, función pública o similar, sector docente. Y cada uno de los dos polos se ve conminado en lo sucesivo y en la práctica a tomar partido con relación a exigencias ya no exclusiva ni principalmente sociales, sino también culturales y religiosas.

Por otra parte, si ambos polos se han definido tradicionalmente según su voluntad o aspiración a alcanzar el poder del Estado, uno y otro se definen en lo sucesivo según los desafíos externos representados por la globalización económica. El panorama actual ya no se caracteriza por la existencia de problemas internos y problemas externos, por el marco del Estado nación y el de las relaciones internacionales, sino que presenciamos un encabalgamiento de problemas internos y externos que puede comprobarse a diario, ya se trate de cuestiones sociales como la del empleo o de seguridad interna y externa como la del terrorismo.

Sucede, no obstante, que la polarización de épocas anteriores no ha perdido todo el sentido de que se hallaba investida. Así puede apreciarse, por ejemplo, en Escandinavia, donde el sindicalismo sigue encarnando una pujante fuerza social; el antiguo polo social y reformista conserva en este caso una auténtica capacidad de acción y de maniobra bajo la forma de una socialdemocracia capaz de modernizarse y de cuajar en un molde de tipo social-liberal. En otras partes, allí donde el movimiento obrero deja de constituir la base social de la acción política o incluso se retracta en sus posiciones para convertirse en corporativismo o neocorporativismo -sin objetivo ni intención universal-, lo cierto es que está aún por descubrir la socialdemocracia.

En algunos casos, uno de los dos nuevos polos se impone claramente al otro. Hugo Chávez, por ejemplo, es una figura tal vez más populista y demagógica que convincente de una izquierda social-social y nacionalista; Tony Blair encarna, por el contrario, una izquierda notablemente social-liberal, y probablemente más liberal que social. Sin embargo, en muchos otros casos la alianza de ambas lógicas constituye la apuesta política del acceso al poder o la continuidad en él. Tal es el caso de Italia, donde Romano Prodi, en tanto logre construir el gran partido de sus sueños -demócrata y reformador, del que El Olivo no es más que un esbozo-, deberá apoyarse en buena medida en la izquierda de la izquierda y, en especial, en Refundación Comunista. Lo propio puede decirse de Francia, aun teniendo en cuenta que el polo social-social se ve reforzado desde mediados del decenio de los noventa al hilo de una historia política en cuyo seno sus actitudes de rechazo o repulsa de las dinámicas de apertura de tipo social-liberal se han consolidado ininterrumpidamente: contra la reforma Juppé de la Seguridad Social (1995), contra el tratado constitucional europeo (2005) o contra el CPE de Dominique de Villepin (2006).

En estas cuestiones en que para ambas izquierdas se trata de alcanzar un acuerdo sobre el fondo de las cuestiones, la ecuación teórica es nítida: la izquierda integrada debe propiciar que pueda articularse efectivamente la solidaridad y en consecuencia la protección social, la lucha contra la precariedad y la exclusión con la eficacia económica y por tanto la apertura al mundo. Ha de asumir, además, no sólo las exigencias sociales de un grupo central, la clase obrera de ayer, de la que Marx pensaba que liberaría a toda la humanidad rompiendo sus propias cadenas, sino también las expectativas culturales mucho más difusas, individuales y colectivas que brotan de una sociedad donde cada cual -de forma creciente- desearía ser sujeto personal de su propia existencia.

López Obrador destruye a la izquierda mexicana, por Joaquim Ibarz corresponsal en México de La Vanguardia, 19/08/2006; http://www.lavanguardia.es/

En una huída hacia delante, Andrés Manuel López Obrador se ha autoproclamado "presidente legítimo" por medio de una Convención Nacional tan democrática como la que organizó en las selvas de Chiapas, con el mismo nombre, el subcomandante Marcos. No parece importarle que ya se le califique de presidente de opereta, ridículo, payaso, bufón...


En las páginas del diario 'Excelsior', Jorge Fernández Menéndez califica a López Obrador de "Mussolini tropicalizado". Y explica: "Hay diferentes maneras de hacer el ridículo, pero la de López Obrador en el Zócalo capitalino rebasa, con mucho, a la de varios de sus numerosos antecesores en la vida política nacional".


López Obrador pretende arrastrar al Partido de la Revolución Democrática (PRD) al borde de la ilegalidad. De hecho, ya lo ha hecho entrar en franca contradicción con la institucionalidad como partido y con la estructura de poder que obtiene del proceso electoral que cuestiona, del que emanan diputados, senadores, gobernadores y espacios de influencia. Así como los suculentos sueldos y dietas que cobran todos los políticos mexicanos. López Obrador se arrincona a sí mismo al no dejar espacios para una salida democrática; aunque sigue la vía insurreccional no cuenta con la fuerza para derrocar al gobierno. Ahora apuesta al todo o nada: o me hacen presidente de la República o al diablo con sus instituciones. El envite le puede fallar. Dentro del PRD hay quienes han contribuido a la construcción del partido que aglutinó a la izquierda mexicana. Pero pareciera que han perdido toda capacidad de iniciativa frente a la presencia dominante del cacique llegado de Tabasco. Algunos dirigentes admiten que la proclamación de López Obrador como "presidente legítimo" provoca que quede aislado y que su gobierno virtual tenga nula relevancia, ante su falta de recursos y capacidad legal. Varios analistas que apoyan a López Obrador han comentado a 'La Vanguardia' que el "gobierno paralelo tiene más carácter simbólico que poder real".

Hasta ahora, a López Obrador le han salido bien las apuestas al todo o nada. Así se lanzó a la fama nacional después de los bloqueos de pozos petroleros en Tabasco. Así consiguió que el presidente Ernesto Zedillo diera vía libre a su candidatura a la alcaldía de Ciudad de México, pese a que no llevaba residiendo en la capital el tiempo que marcaba la ley, también logró que la fiscalía general no procediera contra él por el delito de desacato que cometió. Sin embargo, es una quimera pretender derrocar a un presidente en un país con las instituciones de México, un delirio en el que solo puede creer un "iluminado". La apuesta de López Obrador por la vía insurreccional contra las instituciones en vez de darle la presidencia de México, que ambiciona de manera enfermiza provoca, el desprestigio del PRD y, tal como señaló Cuauhtémoc Cárdenas en 'La Vanguardia', de "todas las fuerzas progresistas". López Obrador está expuesto a grandes riesgos. El primero, que la gente se canse de respaldarlo en las calles, lo que ya le forzó a levantar el bloqueo que mantenía en el centro de la capital. El segundo, que los dirigentes del PRD con cargos en alcaldías, Congreso y gobernaciones lo abandonen por razones prácticas. El tercero, que cometa nuevos errores estratégicos que agoten la escasa credibilidad que le queda.

Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del Partido de la Revolución Democrática, advierte del peligro de que López Obrador hunda a la izquierda mexicana, precisamente en el momento en que, dentro de las instituciones, acaba de dar el gran salto adelante.

En el 2006 la izquierda mexicana obtuvo su mayor triunfo histórico. Senadores, diputados federales y casi 15 millones de votos para la presidencia. La izquierda ha sido la corriente política de crecimiento más rápido en México durante los últimos años. Ya es la segunda fuerza en la Cámara de Diputados y gobierna seis estados, entre ellos la capital del país. Pero la mala digestión del triunfo condujo a quemar la cosecha. En pocas semanas, el radicalismo y los desvaríos personales de López Obrador lograron sustituir la incipiente imagen de una izquierda racional que llevó años construir, por la de barbarie.

El analista Federico Reyes Heroles destaca que desde finales de los años setenta la apuesta de muchos mexicanos ha sido lograr una izquierda democrática, liberal y moderna. Sin embargo, en ese barco navegan huestes con muy distinto troquel. Desde las mentes abiertas, articuladas y auténticamente críticas, hasta los más radicales y arribistas que en su andanada están dispuestos a atropellar lo que sea: leyes, instituciones, derechos de terceros, a su propio partido. Así nació el PRD a la vida constitucional, pero podía cambiar. Cárdenas, como símbolo de una lucha que triunfó, marcó el camino.

Pero también desde hace tres décadas, en paralelo a los justos reclamos democráticos, a las exigencias valederas de apertura y justicia, algunos hechos nos hablaban de otra izquierda -quizá no tan izquierda- que coqueteaba con la idea de ruptura total, de subversión de las instituciones, de provocación como arma de lucha. "¿Qué hacer frente al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), hasta dónde acompañar a un movimiento cuyas razones justicieras nadie ponía en duda, sí en cambio las armas de su lucha: el liderazgo mesiánico, la manipulación descarada y por supuesto, la violencia?", se pregunta Reyes Heroles. La causa indígena se impuso y sin embargo, la ambición de Marcos, el dogmatismo y la miopía castraron el movimiento. Doce años después, el subcomandante está convertido en un "'clown' indigenista", que ha pasado al olvido y del que reniegan incluso los que hace unos años le rendían pleitesía con oro, incienso y mirra. Otros episodios dolorosos surgieron por las luchas estudiantiles, en la Universidad Nacional Autónoma (UNAM) principalmente. De nuevo las causas podían ser atendibles, pero la violencia como método de una minoría se impuso durante más de un año a la gran mayoría. Gracias a esa "izquierda" la UNAM se tambaleó hace siete años, gracias a esa "izquierda" decenas de miles de estudiantes resultaron lesionados en sus trayectorias académicas, en sus vidas.

Esas dos izquierdas no pueden convivir sin caer en las enormes contradicciones que enfrentan. La izquierda democrática, la que acepta las libertades políticas como parte del código de reivindicaciones propio, la que ha asumido la escuela de la izquierda liberal, no puede callar por conveniencia, por comodidad. Entre los intelectuales más representativos de esta izquierda democrática, crítica contra los populismos y los abusos del poder, contra el clientelismo y el corporativismo, destaca el investigador emérito Roger Bartra.

"Algo de corrupción en los principios merodea con el silencio cómplice. O se está de un lado o se está del otro. No se puede coquetear con las arbitrariedades, la ilegalidad, el atropello de los derechos ciudadanos dependiendo de la lucha. Hoy sí se vale, mañana no. Un mínimo de rigor intelectual, un mínimo de respeto a los compromisos básicos de la democracia son exigibles siempre", señala Reyes Heroles. Ahora López Obrador enarbola la bandera de cambiar todas las instituciones y refundar la República, incluso las propias leyes e instituciones generadas en parte por el PRD.

López Obrador se encuentra frente a la disyuntiva de consolidar su presencia como una fuerza política moderna, con una agenda clara y con una influencia determinante en la vida nacional, o echar por tierra el esfuerzo de muchos años.

Antes de la reforma electoral de 1978, los partidos de la izquierda mexicana se encontraban fuera del sistema electoral. No sólo por falta de canales institucionales de participación, sino por las estrategias políticas de diversos grupos de la izquierda, que mantenían que la vía electoral sólo era una de las formas de llegar al poder.

La tradición política de la izquierda marxista decía que al final de cuentas era inevitable una lucha de clases violenta para asaltar el poder. Específicamente, los grupos leninistas consideraban que sería precisamente un partido minoritario -la vanguardia del proletariado- quien tomaría los aparatos del Estado por medio de la violencia.

Ese lenguaje, que tras el derrumbe del muro, la quiebra de los países del bloque soviético y los cambios en China ya parece de la prehistoria, se resucitó en el bloqueo de las avenidas principales de la capital mexicana, en las que se podían ver retratos de Stalin y de otros "apóstoles de la democracia". De seguir la vía marcada por López Obrador, la izquierda mexicana corre el riesgo de retroceder tres décadas.

La formación de un partido de izquierda con un peso electoral significativo se consolidó tras la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Sin embargo, el PRD, fundado en 1989, no logró despegar y en las siguientes consultas quedó con menos del 20 por ciento del electorado nacional. La quiebra del monopolio del PRI y el surgimiento de un cacique carismático, Andrés Manuel López Obrador, volvió a colocar a la izquierda como una fuerza altamente competitiva.

López Obrador supo engañar con habilidad a los ciudadanos del Distrito Federal. Se presentó como defensor de los pobres pero una de sus primeras medidas fue paralizar la construcción de nuevas líneas de metro, que son las que más benefician a la ciudad y a la población de escasos recursos. Por el contrario, construyó un polémico "segundo piso" que aparte de alterar el castigado paisaje urbano, hipotéticamente sólo benefició a los que tienen coche, no a los que viajan en peseros (microbuses). Se decía amigo de los pobres y autorizó la circulación de unos 35.000 taxis ilegales, a los que la policía no podía pedir mordidas (sí lo hacen, y mucho, con los taxistas legales que pagan impuestos). A cambio de esa protección, los taxistas piratas son extorsionados por las autoridades municipales y sirven como fuerza de choque tanto para bloquear la ciudad como para asaltar el Congreso. López Obrador fue un falso alcalde de izquierdas, que no se preocupó de aceras, semáforos, pasos de cebra, baches, policías corruptos... Se desinteresó del ciudadano de a pie. El iba a lo suyo. A crear una falsa imagen de gestos eficiente. Si a ello añadidos populismo a manos llenas, con dádivas y regalos, construyó una candidatura virtualmente sin rival. Llegó al comienzo de la campaña presidencial con una ventaja en las encuestas que parecía imbatible. Más allá de la campaña negativa en su contra que emprendió el gubernamental Partido de Acción Nacional (PAN), el torpe comportamiento de López Obrador erosionó las simpatías que había conseguido desde la alcaldía de la capital y generó temor entre potenciales electores que al final de cuentas decidieron no votar por él.

Si alguna vez se hiciera una evaluación honesta de la campaña de López Obrador, quienes estuvieron en el "cuarto de guerra" de su equipo tendrían que ser autocríticos y admitir que pasó de ser indestructible a autodestructible. El problema es que con la dinámica que creó entre sus seguidores pareciera gestar un arcaico modo de participación política, basado en el populismo, las dádivas y el viejo corporativismo clientelista. Según el historiador Enrique Krauze, López Obrador intenta llegar al poder utilizando una retórica democrática pero desvirtuando la esencia misma de la democracia: la efectividad del sufragio, el mandato de las urnas, el respeto a las libertades, las leyes y las instituciones, la cultura de la tolerancia. "En pleno frenesí -afirma Krauze-, ha hecho creer a sus simpatizantes que la "verdadera democracia" está en peligro y hay que defenderla con lo que él llama "resistencia civil pacífica", que en realidad constituye ya una "revolución blanda" en proceso de endurecerse".

Por su parte, la analista Isabel Turrent destaca que López Obrador ha inventado su propio neoespañol. López Obrador distorsiona la verdad de manera sistemática, hace caso omiso de la ley, acusa a sus oponentes de lo que él hace o planea hacer y cuando le conviene insulta y descalifica. Llegó a afirmar que "la derecha tiene mucho dinero y compró a los interventores de nuestro partido en los colegios electores". Una declaración bochornosa que enlodaba a los propios militantes, que los sumisos dirigentes del PRD acataron sin una matización. En este nuevo idioma los fraudes existen sin pruebas y pueden mudar de casaca: pasar de ser cibernéticos, a ser a "la antigüita", y de regreso. Los insultos, agresiones y pancartas que salpican su movimiento e incitan a la violencia, son "medios pacíficos", y puede autoproclamarse presidente a pesar del voto de la mayoría y de lo que dicten las instituciones electorales. El problema, para empezar, está en la contradicción en los términos del neoespañol de López. "Resistencia", el movimiento convocado por el PRD no tiene qué resistir y no es pacífico -las "sonrisas se pueden volver puños", declaró Manuel Camacho Solís-. No es pacífico cuando en forma agresiva ha buscado la confrontación para que el Gobierno tuviera que reprimir y poder presentarse después como víctima. Dentro del PRD hay quienes han contribuido a la construcción de la izquierda moderna en México. Pero han perdido toda capacidad de iniciativa frente a la presencia dominante del cacique populista. Si la sociedad percibe que la izquierda, a quien le dio la segunda posición en el Congreso, es dominada por organizaciones radicales, que actúan fuera de los canales institucionales que se crearon a través de muchos años, es probable que de nuevo se desplome. Si ese fuera el caso, López Obrador sería, paradójicamente, responsable de su despegue y posterior derrumbe.

Cantos milenarios/Enrique Krauze

Cantos milenarios/Enrique Krauze  REFORMA,  20 septiembre 2026; La aparición de un gran libro renueva la esperanza. Más aún si reivindica la...