Tomado de EL PAÍS, 23/09/2006
Ego sum qui sum; analista político, un soñador enamorado de la vida y aficionado a la poesía.
24 sept 2006
abusar de la palabra
Tomado de EL PAÍS, 23/09/2006
23 sept 2006
El Cardenal Norberto Rivera

Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México
Cursó sus estudios de Filosofía en el Seminario Diocesano de Durango y Teología en el Pontificio Colegio Pío Latinoamericano y en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma.
Fuue ordenado sacerdote el 3 de julio de 1966; fue Vicario en la Parroquia de Río Grande, en Zacatecas, Profesor de Teología Dogmática en el Seminario Mayor de Durango, Asesor Diocesano del Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana, Prefecto de disciplina en el Seminario de Durango, Asesor Diocesano del M.F.C., encargado de Comunicaciones Sociales de la Arquidiócesis de Durango y Profesor de Eclesiología en la Universidad Pontificia de México.
Fue nombrado Obispo de Tehuacán el 5 de noviembre y consagrado el 21 de diciembre de 1985. (Sustituyó al obispo Rafael Ayala Ayala, quien estuvo al frente de la diócesis de Tehuacán, Puebla de 1962 a 1985) ministerio que desarrolló de 1985 a 1995.
Fue nombrado Cardenal de la Santa Iglesia el 18 de enero de 1998 y recibió el birrete cardenalicio en el consistorio del 21 de febrero del mismo año.
· Asesor diocesano del Movimiento “Jornadas de Vida Cristiana” (1958-1970)
· Vicario cooperador de la parroquia de Río Grande, Zacatecas (1966- 1967).
· Prefecto de disciplina de los alumnos de filosofía en el Seminario Mayor de Durango (1970-1973).
· Asesor diocesano del “Movimiento Familiar Cristiano” (1975- 1978).
· Catedrático de Teología Dogmática en el Seminario Mayor de Durango (1967-1985)
· Profesor de Eclesiología en la Universidad Pontificia de México (1982-1985).
· Miembro del Consejo Episcopal para la Familia del Celam (1989-94).
· Representante de la Región Pastoral de Oriente (1989-1991).
· Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, CEM (1992-1994)
La importancia del discurso del Arzobispo, radica en que en ese momento fue considerado como DEMASIADO CRÍTICO y como una virtual toma de posición del prelado frente a las políticas de gobierno, ya que define su postura económica y política frente a la crisis por la que atraviesa el país.
A continuación sólo algunas partes del discurso:
El arzobispo criticó de manera tajante y directa el modelo neoliberal, como el utilizado por el actual gobierno, ante el que -dijo- “necesitamos con urgencia un cambio económico y social, ya que los efectos de las crisis recurrentes son más devastadores que los sismos de 1985”.
También criticó de manera indirecta, el discurso oficial, al señalar que “no basta con elogiar el orgullo estoico con el que los mexicanos afrontan cada sexenio la cuesta de los ajustes económicos concomitantes de las crisis de los últimos decenios”. Sentenció que “no basta con aludir al sacrificio de los obreros y los campesinos. No basta con reconocer la marginación centenaria de los indígenas, tanto los que permanecen en sus lugares de origen como los que pasean su miseria por las calles de nuestra ciudad”.
El prelado afirmó que es urgente el cambio, y “por eso exhorto a todos, a los más altos responsables de las decisiones políticas, económicas y sociales, a los banqueros y empresarios de todos los rangos, así como a todos los ciudadanos, a buscar con creatividad y perseverancia nuevos caminos”.
Sin apartarse del camino de la crítica, señaló que lo erróneo del modelo “lo muestra el resultado catastrófico de los últimos años, con 40 millones de mexicanos cada vez más pobres y la excesiva concentración de la riqueza en unos cuantos privilegiados”. Señaló “no hay ningún signo, hasta ahora, de que esto pueda suceder en el contexto actual, más bien parece lo contrario, con la fuga de esos capitales a otros países”.
Por ello señaló “no podemos permanecer como si nada ante los signos de muerte que se viven en nuestro país, donde prolifera la extrema pobreza, la corrupción, la impunidad y la violencia”, y llamó a hacer un frente común contra el narcotráfico.
Agudiza su crítica al señalar que “no ha resultado válida la justificación de que era necesario primero generar riqueza para después destribuirla”. Demandó modificaciones en el campo de la política, en el que es necesario abrir cauces a la expresión y corresponsabilidad de todos los partidos y organizaciones.
Finalmente anunció que la Iglesia Católica mexicana lanzará un programa de ayuda dirigido a la gente más necesitada y que será coordinado por la sección Caritas de la Arquidiócesis de México.
Podemos interpretar las opiniones en materia económica de Mons. Rivera, como un propuesta a los gobernantes de volver los ojos al capitalismo humanista concepto que ha manejado el Vaticano. Sin embargo, llama la atención el tono crítico, inusual en la jerarquía católica, que se hace al modelo económico neoliberal, al subrayar sus consecuencias y pedir directamente un cambio de rumbo. En lo político el prelado también con la misma energía demanda modificaciones.
Considerado en un primer momento, como perteneciente a una corriente ortodoxa de la iglesia, el arzobispo sorprende y adopta un discurso ya utilizado por el ala más progresista de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) y de la misma Conferencia Episcopal Mexicana (CEM).
Es posible que sea un mensaje político del Arzobispo primado de México al gobierno, en el sentido de que es mejor tener a la Iglesia Católica como aliada que como enemiga.
22 sept 2006
Dialogo y tolerancia

Como ha dicho Umberto Eco refiriéndose al incidente de Ratisbona, un pequeño episodio es deformado «para desencadenar movimientos de protesta por los radicales de turno». Según el propio Eco, «habría podido el Pontífice enunciar el teorema de Pitágoras y hubieran sido capaces de demostrar que era un ataque racista». De ahí la insistencia de la Santa Sede -de su portavoz, del Secretario de Estado y del propio Papa- en recomendar «una lectura atenta de todo el discuso pontificio». Y de ahí también que la Comisión Europea haya manifestado que hay que tener en cuenta el discurso del Papa «en su conjunto» y no reaccionar a «frases fuera de contexto y menos aún a frases sacadas deliberadamente de contexto».
Vistas las cosas con más calma, la realidad es que no son estrictamente correctos titulares de prensa como éste: «El islam contra el Papa». Todas las Televisiones del mundo han buscado -en vano- imágenes de grandes masas islámicas en marchas contra el Papa. Pero, ¿qué han podido reflejar? Dos docenas de manifestantes en Estambul; una manifestación ordenada y silenciosa en Teherán; poca cosa en Indonesia, primer país del mundo en demografía musulmana… No ha habido ninguna manifestación en Sudán -país duro del islam-. Tampoco en Senegal, con mayoría islámica, ni en Nigeria -con una región integrista como Kaduna-. Nada en Malasia. Dos botellas de gasolina contra los muros exteriores de dos iglesias cristianas no católicas en Palestina. Ciertamente, ha sido asesinada una religiosa con su guardaespaldas, pero eso es más bien un acto del radicalismo yidahista que algo conectado con el sentir popular. Aunque éste puede encenderse en el futuro, desde luego, si se le manipula adecuadamente.
En contraste, el gran muftí de Damasco, Ahmad Al-Din Hasoun, ha manifestado noblemente: «Después de lo que el Papa dijo el domingo pasado en el Angelus, no necesito otra clarificación. Lo que es necesario es hablar para evitar que los extremistas aticen el odio. He leído la totalidad de su discurso y no he encontrado la voluntad de levantar el odio religioso». Igualmente, el gran imán de al Azhar, el jeque Mohamed Sayed Tantaui, acaba de hacer un llamamiento a favor del diálogo y en contra de los conflictos. Estas intervenciones avalan la tesis de que no es el islam quien se opone al Papa sino sólo los extremistas, que son un peligro también -y quizás, sobre todo- contra el islam mismo.
Quedaría un último punto para la reflexión: ¿cuál es en realidad el pensamiento de Benedicto XVI sobre el islam y su relación con el cristianismo? Sobre eso sí que no hay ninguna duda: basta leer cuanto ha escrito en los últimos 30 años el cardenal Josef Ratzinger para obtener una respuesta. Naturalmente, el estudioso, el periodista o el teólogo pueden renunciar a la lectura de esas páginas. Pero en este caso, se pierde la autoridad para entrar en el debate de estos días.
Me hubiera gustado que adoptasen un punto de vista más razonado en sus críticas. En primer lugar, porque, a pesar del amor que innegablemente sienten los musulmanes por el profeta Mahoma, sabemos que determinados grupos y Gobiernos manipulan este tipo de crisis y las utilizan como válvulas de escape para sus poblaciones descontentas. Cuando a los ciudadanos se les priva de sus derechos esenciales y su libertad de expresión, no cuesta nada dejar que den rienda suelta a su ira a propósito de unas caricaturas danesas o unas palabras del Pontífice. Y también porque lo que estamos presenciando es una protesta de masas caracterizada por un estallido incontrolable de emociones, que acaba siendo la prueba de que los musulmanes no son capaces de entablar un debate razonable y de que la violencia no es la excepción sino la regla.
Benedicto XVI es un hombre de su tiempo, y las preguntas que hace a los musulmanes corresponden a ese tiempo: unas preguntas que pueden y deben responderse con claridad y argumentos sólidos. Para empezar, no debemos aceptar que yihad se traduzca como “guerra santa”. Nuestra prioridad debe ser explicar los principios de la resistencia legítima y la ética islámica en situaciones de conflicto, no animar a la gente a manifestarse.
Ratzinger, error y diálogo/Antonio Elorza, catedrático de Ciencia Política
Desde una lectura desapasionada, la propuesta papal, formulada sirviéndose del relato, es impecable. La religión con violencia deviene barbarie; la fe se apoya en la razón. Hubiera bastado que retomase la cita inicial del versículo 2,256 del Corán para que el círculo se hubiera cerrado armónicamente. Sólo que Ratzinger se deja llevar del razonamiento del personaje mencionado y sugiere un contraste entre un cristianismo inspirado por el “logos” y un islam sometido a la eventual voluntad arbitraria de Dios. Idealización para el primero, crítica estricta para el segundo. Si a esto añadimos la reproducción de los duros calificativos de Manuel II contra el Profeta, el conflicto resulta inevitable. No hubiese sido inútil recordar que el emperador, por largo tiempo rehén del sultán otomano Bayaceto, tenía su visión del Islam no sólo de los libros, sino de una realidad amenazadora y demasiado visible.
En cualquier caso, la principal objeción al discurso del Papa reside en que una lección de teología histórica no puede en estos momentos desconocer sus implicaciones políticas, entre ellas el desagrado que le podía producir a un Gobierno turco neokemalista una evocación de la memoria histórica de Bizancio. Era como mentar la bicha, sobre todo si se aspiraba a visitar el país a corto plazo.
Lo dicho por Ratzinger es en una parte razonable, en otra discutible, pero el tipo de reacción visceral suscitado, incluidas las palabras del primer ministro turco, Tayyip Erdogan, demuestra que será muy difícil introducir en el programa de la Alianza de Civilizaciones el menor atisbo de crítica, cuando ésta aluda a aspectos concretos del Islam, y por supuesto al más espinoso de todos, la yihad. Y si en pleno auge del terrorismo islamista, los pensadores musulmanes tienden a enmascarar el tema con los tópicos habituales sobre la yihad como esfuerzo personal o como acto legítimo de resistencia a la opresión exterior, y los externos al Islam se ven forzados a aceptar lo anterior y callar para no levantar protestas, la labor positiva de la Alianza quedará cercenada de antemano.
Diálogo supone aceptar la emisión de las opiniones del otro, aun cuando puedan irritar, y por lo que vemos la exigencia de una actitud reverencial en medios islámicos, contrapunto del recelo, cuando no del desprecio en Occidente, tiene por desembocadura única un callejón sin salida.
Monseñor Rivera Carrera en el ojo del huracán

Participaron Eric Barragán de la Red de sobrevivientes abusados por sacerdotes; Joaquín Aguilar Méndez: Joven violado por sacerdote católico; Aidé García Hernández: Católicas por el Derecho a Decidir; Andrea Márquez de la Red por los Derechos de la Infancia; José Ángel Aguilar Gil de la Red Democracia y Sexualidad, además de José Barba, uno de los exsacerdotes que acusaron al padre Marcial Maciel, fundador de Los Legionarios de Cristo.
Rodrigo Vera reportero del semanario Proceso cubrió muy bien el evento e hizo un excelente nota sobre el presunto sacerdote pederasta Nicolás Aguilar Rivera....(Rodrigo Vera es uno de los decanos de la fuente religiosa después de José Antonio Román de La Jornada y de Ángeles Fernández, pionera en El Heraldo de México).
En una nota para la agencia de Proceso (3/12/2005) escribió Vera: "Miembros de la Red de Sobrevivientes de Abusos de Sacerdotes (SNAP), con sede en Estados Unidos, visitarán México este domingo y permanecerán hasta el jueves para continuar denunciando a curas que incurrieron en este ilícito, en particular el caso del padre originario de Puebla, Nicolás Aguilar. La visita se hará luego que una de las personas que fue agredida por Aguilar, acudió a esta red en Los Ángeles, California, para buscar ayuda."
Y se informa que hace un año esta organización entregó en el consulado en Los Ángeles, una carta dirigida al presidente Fox, haciéndole un llamado para que lleve a Aguilar ante la justicia y para proteger a los niños contra sacerdotes conocidos y acusados de abuso sexual en México.
SNAP -dice Vera- está muy interesada en el caso del padre Nicolás Aguilar, debido a que éste, supuestamente violo en los años ochenta a 26 menores de edad en la ciudad de Los Ángeles, California; y se comentó que en México violó a otros sesenta menores, concretamente en la Diócesis de Tehuacán, sin que la justicia mexicana pudiera hacerle nada.
Y semanas después la SNAP abrió oficinas en México con el fin de brindar atención, tanto psicológica como jurídica, a las víctimas de los sacerdotes pederastas mexicanos. Fue designado director precisamente Joaquín Aguilar víctima del sacerdote Nicolás Aguilar. Y la ONG así funciona la dirigen personas que fueron ultrajados por ministros de culto. (curiosamente casi todos de sacerdotes católicos).
Agrega la nota de Vera que Aidé García Hernández, de Católicas por el Derecho a Decidir, pidió al cardenal Norberto Rivera Carrera, que aclare su relación con el sacerdote pederasta, pues éste estuvo bajo sus órdenes en la Diócesis de Tehuacan, en los años ochenta, y después, al parecer, también en 1995, en la Arquidiócesis de México. Pregunta la señora García: “Si Rivera Carrera sabía que el sacerdote era un pederasta, ¿Por qué no lo puso a disposición de las autoridades penales? ¿El padre Nicolás sigue siendo sacerdote? ¿Dónde está actualmente? ¿Quién juzgará a Rivera Carrera por sus omisiones? Demandamos una respuesta a estas peticiones y que se repare el daño que este sacerdote ha ocasionado”.
El asunto de los sacerdotes pederastas en México es añejo pero no menos importante.
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La revista Newsweek hizo un reportaje en febrero del 2002 sobre el tema. Fue reproducida en español por El Universal el 26 de febrero de ese año: "el secreto y el silencio han caracterizado siempre a la Iglesia católica, que en muchos de estos casos hace todo lo posible por evitar que las acusaciones salgan a la luz, a veces con amenazas. La amplia mayoría de estos casos se arreglan fuera de los tribunales, y algunos estudios señalan que la Iglesia ha tenido que pagar al menos 800 millones de dólares desde los 80 para resolverlos. Mark Chopko, asesor general de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, rechaza esa cifra, pero reconoce que podría estar entre "250 y 300 millones de dólares, lo que sigue siendo mucho dinero."
Y en efecto ha costado mucho dinero y la ropa sucia la quieren seguir lavando en casa.
¡'Y eso es ocultar la realidad!
Había sólo que ver lo que estaba sucediendo en EE UU donde la crisis sufrida por la diócesis de Boston habían llevado a la renuncia del cardenal Bernard Law y sobretodo costaron decenas de millones de dólares.
Y no porque les falte razón a los que han sufrido vejaciones y violaciones por sacerdotes; los curas han cometido pecados y los jerarcas en México lo saben. No es casual que tengan dos casas de "rehabilitación".
Pero hay algo que no deja de llamar la atención. Estuve revisando mis notas sobre el caso de EE UU y concretamente de SNAP. Fue una de las ONGs que logró la caída del cardenal de Boston Bernard Francis Law, por cierto nacido en 1931 en Torreón, Coahuila México y en aquel momento papable.
Y en efecto, en el 2002 tras los escándalos en Massachusetts por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes contra menores, se comprobó que la jerarquía eclesiástica -el cardenal Law- estaba enterado de estos delitos y amparó a los abusadores con discretos traslados. Eso le costo el cargo a Law además de un total desprestigio en EE UU.
Y meses después, curiosamente el grupo de abogados - no estoy seguro si vinculado a la SNAP- llegaron a un acuerdo con la Diócesis de Boston y cobraron una indemnización por reparación del daño por 85 millones de dólares.
Esa negociación sentó la pauta para zanjar extrajudicialmente los cientos de casos que aún siguen pendientes en todo EE UU.
Por ejemplo, a manera de transparencia cabría preguntar ¿quién pagó a los abogados que estuvieron recientemente en México? No creo que los abogados sean hermanas de la caridad. Me refiero obviamente a Jeffrey Anderson y Michael George Finnegan; porque David Clohessy es uno de los directivos SNAP.
Y miren no es casual que Norberto Rivera, arzobispo primado de México haya contratado nuevamente los servicios de su amigo Bernardo Fernández del Castillo- por cierto en las listas para ser Magistrado Electoral para defenderse.
¡Porque el golpe mediático ya se lo dieron!
"Lo que están buscando es un recurso, una indemnización económica, pero ni el Cardenal ni la Arquidiócesis se prestan a chantajes. "Consideramos que esto es una extorsión y desde luego no vamos a colaborar ni vamos a ceder a una extorsión", advirtió Fernández del Castillo, abogado de la Arquidiócesis en una conferencia de prensa (periódico Reforma, 22/09/2006)
Monseñor Carlos Aguiar Retes, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano emitió el siguiente comunicado: "Los Obispos de México manifestamos nuestro dolor y solidaridad por las personas víctimas de todo tipo de abusos sexuales y condenamos las acciones pederastas de cualquier ser humano, sea sacerdote, religioso o laico, advirtiendo que quien incurra en ello deberá enfrentar las consecuencias de sus actos frente a las autoridades. El crimen de pederastia siempre deberá ser denunciado y condenado, nunca encubierto, por lo que reiteramos nuestra disposición a colaborar con las autoridades encargadas de la procuración e impartición de justicia. Confiamos en que las autoridades se apegarán a la rigurosa búsqueda de la verdad, en respeto al principio de la presunción de inocencia y en un marco de protección a la dignidad y los derechos de la persona humana. Asimismo la Conferencia del Episcopado Mexicano, asume como propias las declaraciones de la Arquidiócesis de México, pidiendo públicamente a los fieles que si conocen algún caso de abuso sexual sea denunciado a las autoridades competentes."
Hace unos meses el Diputado del PVEM Jorge Kahwagi logró que se endurecieran las penas contra los sacerdotes pederastas.
De hecho fue la única iniciativa de él que prospero en la pasada legislatura.
21 sept 2006
¿Qué es hoy la izquierda?

¿Por qué perdió la izquierda y dónde radica su incapacidad para aceptarlo?,
¿cuáles son los retos del ganador?, ¿cómo opera el clintelismo en la capital
y a qué se debe el arrobo de los intelectuales por amlo?, ¿cuáles son los riesgos
de la protesta posteletoral para nuestra joven democracia? Bartra ensaya
lúcidas respuestas para estas preguntas.
El candidato de la izquierda populista ha volcado un inmenso alud de lodo sobre las elecciones presidenciales más transparentes y auténticas que ha habido en México. No ha aceptado su derrota, ha denunciado un inmenso fraude, sin probarlo, y ha rechazado las decisiones del Tribunal Electoral. De esta manera ha culminado el proceso de su metamorfosis, y de ser una opción política se ha convertido en una molestia social. Ha envenenado el ambiente electoral y ha colocado súbitamente a la izquierda en una posición contestataria marginal. Con su agresivo populismo ha ayudado a que la derecha se mantenga en el gobierno. ¿Cómo se pueden explicar estos insólitos resultados? Ha llegado el momento de reflexionar, de discutir y de abandonar los maniqueísmos. Detrás del escenario de la confrontación entre dos adversarios, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, hay una complejísima textura que nos invita a matizar y a desentrañar los mecanismos menos visibles de la lucha política.
Además de la gran pirámide de mediaciones sobre las que se asienta el poder del caciquismo populista, hubo otros dos fenómenos –ligados entre sí– que incrementaron el voto por la izquierda: la descomposición del PRI y el desafuero de López Obrador. Por lo que se refiere a lo primero, debemos notar que el PRD no sólo recicló gran parte del viejo ideario del PRI, sino también un número considerable y significativo de dirigentes que, ante la descomposición y decadencia del ex partido oficial, escapaban del naufragio. En la medida en que las encuestas señalaban a López Obrador como el favorito en una carrera en la que prácticamente iba solo, el flujo de priistas que inflaba al PRD aumentó. Cuando Roberto Madrazo, después de una cruenta lucha interna, fue proclamado candidato del PRI a la Presidencia, el malestar y el descontento de grandes sectores de su partido aumentó. Desde luego que el PAN también se benefició de la descomposición del PRI, y logró recoger principalmente el apoyo de sectores tecnocráticos y zedillistas. El PRD recibió la simpatía de los sectores más atrasados, como los del sindicalismo corrupto o los representados por el senador Manuel Bartlett, el demiurgo del gran fraude electoral de 1988, que hizo pública su inclinación por López Obrador.
Derechas modernas
Muchos se desgarraban las vestiduras y lamentaban que, gracias a un fraude misterioso, no se sabe si cibernético o caligráfico, había ganado las elecciones una pandilla conspirativa de traidores a la patria, neoliberales corruptos, empresarios sin escrúpulos, curas fundamentalistas, reaccionarios herederos del Sinarquismo y de El Yunque y manipuladores fascistoides de la publicidad sucia. Ya he explicado que esta falsa apreciación es una de las causas que han desorientado a la izquierda y que la llevan al fracaso. Por supuesto, es evidente que dentro y alrededor del PAN existen ejemplos de tan nefastos personajes. Afortunadamente, se trata de segmentos políticos marginales.
Esta derecha dura es fuerte dentro del PAN, pero aparentemente no es la que representa el candidato ganador, Calderón. Se expresa en él una derecha moderna, centrista y pragmática, con una pronunciada vocación democrática, animada por un humanismo católico laxo y tolerante. De hecho, Calderón no acepta ser un político de derecha, y ahora que ha ganado por un margen tan estrecho tendrá que demostrarlo audaz y creativamente al rearticular su programa político. El aspecto más obvio, y que ya ha sido señalado por él mismo, es el extraordinario énfasis que deberá dar a la política encaminada a combatir la miseria y la pobreza. Pero me parece que además deberá contemplarse la transición hacia nuevas formas de gobierno. Calderón debería recorrer sus posiciones hacia el centro y hacia la izquierda del abanico político, para asumir las posturas socialdemócratas que su adversario de izquierda se negó a contemplar. ¿Será capaz de combinar las tradiciones solidaristas, humanistas y liberales con las expresiones socialdemócratas y reformistas de la izquierda moderna? El ala derecha de su partido hará todo lo posible para impedirlo.
Como es evidente, Calderón se enfrentará a un problema de legitimidad. No es fácil sustituir el nacionalismo revolucionario caduco por una nueva cultura política que legitime a los gobiernos democráticos de la transición que se inició en el año 2000. Habrá que intentar un gobierno de coalición que tenga una base más firme y consistente que las sórdidas maniobras de los legisladores que congelaron toda posibilidad de reforma política. Además de un gobierno de coalición, habrá que pensar en un gobierno plural. Las coaliciones corresponden a las alianzas políticas, especialmente en el Congreso. Por su parte, la cara plural del gobierno es la que asegura un estilo democrático de gobierno y envía mensajes simbólicos y culturales que contribuyen a la estabilidad.
La desmodernización de la izquierda
Muchos intelectuales solicitaron un nuevo recuento de todos los votos al Tribunal Electoral, explicando a los jueces que no deberán usar “argumentos legalistas”, pues una aplicación al pie de la letra de la ley no daría legitimidad al próximo gobierno. Ya me imagino el asombro de los jueces ante esta extraña exigencia: es como si a los encargados de contar los votos se les pidiera no usar argumentos aritméticos. Es comprensible la enorme irritación que han sentido muchos intelectuales ante, entre otras cosas, la penosa actitud cerril del presidente Fox frente al mundo de la cultura. Pero deberían evitar que su indignación impulsara el renacimiento del aquel viejo rencor nacionalista que, en nombre de la Revolución, estaba decidido a bloquear a toda costa el camino de cualquier alternativa que no fuera la suya. López Obrador, recurriendo a Benito Juárez, lo ha dicho claramente: “El triunfo de la derecha es moralmente imposible.” Así es como erige un fundamento moral superior, por encima del terrenal y democrático conteo de sufragios. A la sombra de este fundamentalismo hay quien sueña en la caída de un rayo justiciero anulador que auspicie la llegada de un presidente bonapartista interino.
Percepciones irracionales
Además, la izquierda populista de inmediato volvió a denunciar la falta de equidad durante la campaña electoral: propaganda sucia que señalaba a su candidato como “un peligro para México”, uso de los programas sociales del gobierno federal con fines proselitistas, intervención del presidente Fox en la contienda y enormes gastos de publicidad. Sin duda estuvieron presentes estos vicios, pero fueron contrarrestados por recursos similares por parte de los partidos coaligados en apoyo a López Obrador: publicidad y declaraciones denunciando un complot, uso de los programas de apoyo a ancianos y minusválidos, activismo electoral desde el gobierno del df y montañas de dinero gastadas en publicidad. Corporaciones empresariales impulsaron públicamente al candidato del PAN y sindicatos que solían ser despreciados como “charros” ahora apoyaron a la izquierda. Pero también hubo sindicatos, como el de maestros, que apoyaron a Calderón y sectores empresariales que manifestaron simpatías por López Obrador. En suma, es difícil determinar cuáles partidos arrojaron más basura a la ciudadanía durante muchos, demasiados meses. Los partidos hicieron una campaña de la que no pueden enorgullecerse y que nos ha convencido a muchos de que es urgente acortar el periodo electoral y bloquear la propaganda descontrolada en los medios masivos de comunicación y en las calles. Serían suficientes uno o dos meses de campaña y publicidad en radio y tv constreñida a tiempos oficiales acotados por la autoridad electoral. Y, en consecuencia, reducir drásticamente el dinero que reciben los partidos.
El domingo 30 de julio, ante una tercera gran manifestación, denominada “asamblea” para simular un acto de democracia directa, López Obrador propuso en su discurso “que nos quedemos aquí, en asamblea permanente... hasta que se cuenten los votos”. A continuación sometió su propuesta a votación y la masa gritó que la aprobaba; al seguir con la simulación, pidió a quienes estuviesen de acuerdo que alzaran la mano (solicitó también que se manifestaran quienes estuviesen en desacuerdo o se abstuvieran: por supuesto, nadie levantó el brazo). Sintomáticamente, la gente que votó sí con las manos después votó no con los pies: terminados los discursos las masas se dispersaron y el largo corredor que va de la Alameda a Chapultepec lució desolado, con unos pocos activistas colocando raquíticas tiendas de campaña en el arroyo. ¿Adónde se fueron los millones de asistentes que habían aceptado quedarse? ¿Porqué no se quedaron las masas a celebrar una gran verbena popular callejera? ¿Porqué el pueblo no se volcó durante los días siguientes a participar en la anémica asamblea permanente que se extendía penosamente a lo largo de más de siete kilómetros, provocando más irritación que entusiasmo? Quizás la gente fue más sensata que su líder.
La explicación del fracaso radica en el hecho de que López Obrador es la cabeza, más que de un movimiento social, de un cacicazgo en la ciudad de México. Aunque la reacción de protesta tiene el apoyo en algunos movimientos sociales marginales, su fuerza proviene principalmente de la pirámide caciquil de mediaciones que ya describí. Los cacicazgos son fenómenos de naturaleza diferente a los movimientos sociales. No me interesa aquí una discusión teórica de conceptos, sino simplemente señalar la diferencia que existe entre procesos sociales fluidos (que impulsan la movilización de sectores sociales en defensa de sus intereses) y las estructuras más rígidas compuestas de canales de intercambio de apoyos y favores entre el poder y su base social. Los movimientos suelen exigir cambios en el sistema y los cacicazgos son componentes de un sistema. Unos son como ríos y otros como pirámides. Los primeros pueden estancarse y los segundos pueden derrumbarse.
López Obrador está intentando convertir un cacicazgo, forjado desde el gobierno de la ciudad de México, en un movimiento de resistencia civil de larga duración. No es fácil que lo logre, pero intentará hacerlo con el apoyo de grupos sociales de diferentes partes del país, aunque su dispersión y su debilidad hacen la tarea muy complicada. A corto plazo está construyendo un activo foco de deslegitimación de la transición democrática que, de manera agresiva, confronte al gobierno. Quiere prolongar su apropiación de los espacios públicos de la ciudad de México para copar las conmemoraciones oficiales del 15 de septiembre con una manifestación donde celebre el Grito de Independencia y, al día siguiente, en una convención “democrática”, acaso se le ocurra designar un gobierno alternativo a la sombra de su fundamentalismo purificador. ¿Podrá seguir controlando a las estructuras partidarias del PRD, que hasta ahora han sido marginadas? ¿Logrará mantener subordinado al jefe de gobierno de la ciudad de México? Tampoco sabemos durante cuánto tiempo López Obrador logrará someter a los diputados y senadores de su coalición a los dictados de su campaña contestataria y deslegitimadora, antes de que logren dedicarse a tareas políticas menos destructivas.
El Tribunal Electoral no encontró justificado el recuento de todos los votos, pero ordenó la revisión de cerca de doce mil urnas impugnadas por la Coalición por el Bien de Todos. Esto significó una muestra (nueve por ciento del total) tomada en lugares de mayor apoyo a Calderón. Si hubiera habido el fraude monstruoso que López Obrador denunció, en esta muestra se habrían hallado las huellas. Nada de esto ocurrió y se confirmaron las tendencias que el IFE había anunciado originalmente. El tremendo escándalo organizado por López Obrador no ha tenido razón de ser, y la izquierda se enfrentará tarde o temprano a la difícil tarea de reparar los destrozos ocasionados por su cacique populista. ¿Cuánto tiempo tardará en iniciar el retiro de los estorbosos escombros de la protesta y de la exhibición espectacular de sus errores? Parece evidente que López Obrador se opondrá obstinadamente a desalojar la pirámide de rencor desde la que se empeña en molestar a las instituciones democráticas. ¿Cuántas escenas de bochornoso resentimiento tendremos que soportar antes de que las corrientes más sensatas de la izquierda logren frenar a su cacique? Espero que, en la izquierda, intervengan sus líderes más democráticos, sus gobernadores más sensibles, sus aliados más inteligentes y sus intelectuales más críticos. Si no logran cambiar el curso de la confrontación, se enfrentarán al sólido muro de una coalición que representará a la inmensa mayoría de los ciudadanos, y la izquierda seguirá pataleando tercamente como un chivo en la cristalería de la democracia. ~
¿Marcha la izquierda viento en popa en todo el mundo? En cualquier caso así es en Latinoamérica, con Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, Evo Morales en Bolivia, Néstor Kirchner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, Óscar Arias en Costa Rica, René Préval en Haití, Martín Torrijos en Panamá y otros acaso mañana en México, Perú, Ecuador o Nicaragua. En Europa, tras su victoria en España (2004) -aunque también la derrota de la socialdemocracia en Alemania (2005)-, acaba de ganar las elecciones (por margen muy ajustado, desde luego) en Italia, y hace muy pocos días ha repetido victoria en Hungría. Y en Francia, el retroceso del Gobierno, forzado a anular la ley de contrato de primer empleo (CPE), acaba de revigorizarla: en apenas un año podría subir de nuevo a la palestra.
Ahora bien, la pregunta puede plantearse en estos términos: ¿qué es hoy la izquierda?, ¿cuál es la idea actual de la izquierda? La izquierda se ha articulado durante mucho tiempo en torno a dos polos principales, a menudo opuestos y contrarios, aunque susceptibles de trenzar alianzas. El primero de ellos, socialista y reformista, consideraba posible y deseable acceder al poder por vías democráticas, introduciendo cambios pactados, reformas y, en suma, los diversos ingredientes del Estado providencia. El segundo, comunista y revolucionario, se proponía igualmente alcanzar el poder, pero a través de la ruptura -en ocasiones violenta- con vistas a imponer el cambio a una sociedad sumisa o lo suficientemente sometida como para abrirle las puertas. Ambas apelan al movimiento obrero, cuyas exigencias sociales y aspiraciones a orientar la vida colectiva pretendían canalizar. Ambas se autodefinían preferentemente en el marco de un Estado, una nación o un Estado nación y si, llegado el caso, se planteaba el debate sobre la paz o la guerra, la colonización o la independencia, se definían ante todo por su voluntad y capacidad para transformar la sociedad desde dentro.
Ya no nos hallamos en este punto. No se trata tampoco de que sea menester hacerse a la idea de una fragmentación de la idea de la izquierda, pulverizada en variantes sin cuento (comunistas y socialistas, desde luego, pero también izquierdistas, ecologistas: de hecho, la diversidad siempre ha estado presente de forma notable en el seno de la izquierda), sino de que dos nuevos polos han venido a reemplazar en gran parte a los anteriores, que no obstante no han desaparecido totalmente.
Cabe calificar el primero de estos dos nuevos polos como social-liberal. Habla sobre todo de modernización, de apertura al mundo y a la economía de mercado, una economía tan global como sea posible y con las máximas dosis correspondientes de ortodoxia presupuestaria. Se halla siempre dispuesto a acoger inversiones extranjeras, así como reformas destinadas a desembarazar a la sociedad del inmovilismo o de las trabas que representaría la existencia de un Estado excesivamente presente u omnipresente, desfasado respecto de las actuales corrientes económicas. Posee unas miras culturales tan abiertas al cambio y la innovación -tal vez incluso más- como a la reproducción o salvaguarda de lo existente.
En cuanto al segundo polo, podría calificarse de social-social. Habla, sobre todo, de protección, de solidaridad, de resistencia ante las fuerzas devastadoras de la economía mundial. Le interesa preservar la capacidad del Estado a la hora de hacer frente a los desafíos procedentes del exterior, factor que suele conferirle aspectos soberanistas, incluso nacionalistas, perceptibles sobre todo en Latinoamérica.
Ninguno de ambos polos, a diferencia de la época triunfante del movimiento obrero, representa un grupo social delimitado con nitidez, aunque ciertos dirigentes importantes proceden efectivamente del sindicalismo obrero (caso de Lula) o campesino (Morales, líder de los cocaleros bolivianos). En todo caso cabe advertir que el polo social-social se apoya en los asalariados de los sectores más protegidos, grandes empresas, función pública o similar, sector docente. Y cada uno de los dos polos se ve conminado en lo sucesivo y en la práctica a tomar partido con relación a exigencias ya no exclusiva ni principalmente sociales, sino también culturales y religiosas.
Por otra parte, si ambos polos se han definido tradicionalmente según su voluntad o aspiración a alcanzar el poder del Estado, uno y otro se definen en lo sucesivo según los desafíos externos representados por la globalización económica. El panorama actual ya no se caracteriza por la existencia de problemas internos y problemas externos, por el marco del Estado nación y el de las relaciones internacionales, sino que presenciamos un encabalgamiento de problemas internos y externos que puede comprobarse a diario, ya se trate de cuestiones sociales como la del empleo o de seguridad interna y externa como la del terrorismo.
Sucede, no obstante, que la polarización de épocas anteriores no ha perdido todo el sentido de que se hallaba investida. Así puede apreciarse, por ejemplo, en Escandinavia, donde el sindicalismo sigue encarnando una pujante fuerza social; el antiguo polo social y reformista conserva en este caso una auténtica capacidad de acción y de maniobra bajo la forma de una socialdemocracia capaz de modernizarse y de cuajar en un molde de tipo social-liberal. En otras partes, allí donde el movimiento obrero deja de constituir la base social de la acción política o incluso se retracta en sus posiciones para convertirse en corporativismo o neocorporativismo -sin objetivo ni intención universal-, lo cierto es que está aún por descubrir la socialdemocracia.
En algunos casos, uno de los dos nuevos polos se impone claramente al otro. Hugo Chávez, por ejemplo, es una figura tal vez más populista y demagógica que convincente de una izquierda social-social y nacionalista; Tony Blair encarna, por el contrario, una izquierda notablemente social-liberal, y probablemente más liberal que social. Sin embargo, en muchos otros casos la alianza de ambas lógicas constituye la apuesta política del acceso al poder o la continuidad en él. Tal es el caso de Italia, donde Romano Prodi, en tanto logre construir el gran partido de sus sueños -demócrata y reformador, del que El Olivo no es más que un esbozo-, deberá apoyarse en buena medida en la izquierda de la izquierda y, en especial, en Refundación Comunista. Lo propio puede decirse de Francia, aun teniendo en cuenta que el polo social-social se ve reforzado desde mediados del decenio de los noventa al hilo de una historia política en cuyo seno sus actitudes de rechazo o repulsa de las dinámicas de apertura de tipo social-liberal se han consolidado ininterrumpidamente: contra la reforma Juppé de la Seguridad Social (1995), contra el tratado constitucional europeo (2005) o contra el CPE de Dominique de Villepin (2006).
En estas cuestiones en que para ambas izquierdas se trata de alcanzar un acuerdo sobre el fondo de las cuestiones, la ecuación teórica es nítida: la izquierda integrada debe propiciar que pueda articularse efectivamente la solidaridad y en consecuencia la protección social, la lucha contra la precariedad y la exclusión con la eficacia económica y por tanto la apertura al mundo. Ha de asumir, además, no sólo las exigencias sociales de un grupo central, la clase obrera de ayer, de la que Marx pensaba que liberaría a toda la humanidad rompiendo sus propias cadenas, sino también las expectativas culturales mucho más difusas, individuales y colectivas que brotan de una sociedad donde cada cual -de forma creciente- desearía ser sujeto personal de su propia existencia.
López Obrador destruye a la izquierda mexicana, por Joaquim Ibarz corresponsal en México de La Vanguardia, 19/08/2006; http://www.lavanguardia.es/
En una huída hacia delante, Andrés Manuel López Obrador se ha autoproclamado "presidente legítimo" por medio de una Convención Nacional tan democrática como la que organizó en las selvas de Chiapas, con el mismo nombre, el subcomandante Marcos. No parece importarle que ya se le califique de presidente de opereta, ridículo, payaso, bufón...
En las páginas del diario 'Excelsior', Jorge Fernández Menéndez califica a López Obrador de "Mussolini tropicalizado". Y explica: "Hay diferentes maneras de hacer el ridículo, pero la de López Obrador en el Zócalo capitalino rebasa, con mucho, a la de varios de sus numerosos antecesores en la vida política nacional".
López Obrador pretende arrastrar al Partido de la Revolución Democrática (PRD) al borde de la ilegalidad. De hecho, ya lo ha hecho entrar en franca contradicción con la institucionalidad como partido y con la estructura de poder que obtiene del proceso electoral que cuestiona, del que emanan diputados, senadores, gobernadores y espacios de influencia. Así como los suculentos sueldos y dietas que cobran todos los políticos mexicanos. López Obrador se arrincona a sí mismo al no dejar espacios para una salida democrática; aunque sigue la vía insurreccional no cuenta con la fuerza para derrocar al gobierno. Ahora apuesta al todo o nada: o me hacen presidente de la República o al diablo con sus instituciones. El envite le puede fallar. Dentro del PRD hay quienes han contribuido a la construcción del partido que aglutinó a la izquierda mexicana. Pero pareciera que han perdido toda capacidad de iniciativa frente a la presencia dominante del cacique llegado de Tabasco. Algunos dirigentes admiten que la proclamación de López Obrador como "presidente legítimo" provoca que quede aislado y que su gobierno virtual tenga nula relevancia, ante su falta de recursos y capacidad legal. Varios analistas que apoyan a López Obrador han comentado a 'La Vanguardia' que el "gobierno paralelo tiene más carácter simbólico que poder real".
Hasta ahora, a López Obrador le han salido bien las apuestas al todo o nada. Así se lanzó a la fama nacional después de los bloqueos de pozos petroleros en Tabasco. Así consiguió que el presidente Ernesto Zedillo diera vía libre a su candidatura a la alcaldía de Ciudad de México, pese a que no llevaba residiendo en la capital el tiempo que marcaba la ley, también logró que la fiscalía general no procediera contra él por el delito de desacato que cometió. Sin embargo, es una quimera pretender derrocar a un presidente en un país con las instituciones de México, un delirio en el que solo puede creer un "iluminado". La apuesta de López Obrador por la vía insurreccional contra las instituciones en vez de darle la presidencia de México, que ambiciona de manera enfermiza provoca, el desprestigio del PRD y, tal como señaló Cuauhtémoc Cárdenas en 'La Vanguardia', de "todas las fuerzas progresistas". López Obrador está expuesto a grandes riesgos. El primero, que la gente se canse de respaldarlo en las calles, lo que ya le forzó a levantar el bloqueo que mantenía en el centro de la capital. El segundo, que los dirigentes del PRD con cargos en alcaldías, Congreso y gobernaciones lo abandonen por razones prácticas. El tercero, que cometa nuevos errores estratégicos que agoten la escasa credibilidad que le queda.
Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del Partido de la Revolución Democrática, advierte del peligro de que López Obrador hunda a la izquierda mexicana, precisamente en el momento en que, dentro de las instituciones, acaba de dar el gran salto adelante.
En el 2006 la izquierda mexicana obtuvo su mayor triunfo histórico. Senadores, diputados federales y casi 15 millones de votos para la presidencia. La izquierda ha sido la corriente política de crecimiento más rápido en México durante los últimos años. Ya es la segunda fuerza en la Cámara de Diputados y gobierna seis estados, entre ellos la capital del país. Pero la mala digestión del triunfo condujo a quemar la cosecha. En pocas semanas, el radicalismo y los desvaríos personales de López Obrador lograron sustituir la incipiente imagen de una izquierda racional que llevó años construir, por la de barbarie.
El analista Federico Reyes Heroles destaca que desde finales de los años setenta la apuesta de muchos mexicanos ha sido lograr una izquierda democrática, liberal y moderna. Sin embargo, en ese barco navegan huestes con muy distinto troquel. Desde las mentes abiertas, articuladas y auténticamente críticas, hasta los más radicales y arribistas que en su andanada están dispuestos a atropellar lo que sea: leyes, instituciones, derechos de terceros, a su propio partido. Así nació el PRD a la vida constitucional, pero podía cambiar. Cárdenas, como símbolo de una lucha que triunfó, marcó el camino.
Pero también desde hace tres décadas, en paralelo a los justos reclamos democráticos, a las exigencias valederas de apertura y justicia, algunos hechos nos hablaban de otra izquierda -quizá no tan izquierda- que coqueteaba con la idea de ruptura total, de subversión de las instituciones, de provocación como arma de lucha. "¿Qué hacer frente al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), hasta dónde acompañar a un movimiento cuyas razones justicieras nadie ponía en duda, sí en cambio las armas de su lucha: el liderazgo mesiánico, la manipulación descarada y por supuesto, la violencia?", se pregunta Reyes Heroles. La causa indígena se impuso y sin embargo, la ambición de Marcos, el dogmatismo y la miopía castraron el movimiento. Doce años después, el subcomandante está convertido en un "'clown' indigenista", que ha pasado al olvido y del que reniegan incluso los que hace unos años le rendían pleitesía con oro, incienso y mirra. Otros episodios dolorosos surgieron por las luchas estudiantiles, en la Universidad Nacional Autónoma (UNAM) principalmente. De nuevo las causas podían ser atendibles, pero la violencia como método de una minoría se impuso durante más de un año a la gran mayoría. Gracias a esa "izquierda" la UNAM se tambaleó hace siete años, gracias a esa "izquierda" decenas de miles de estudiantes resultaron lesionados en sus trayectorias académicas, en sus vidas.
Esas dos izquierdas no pueden convivir sin caer en las enormes contradicciones que enfrentan. La izquierda democrática, la que acepta las libertades políticas como parte del código de reivindicaciones propio, la que ha asumido la escuela de la izquierda liberal, no puede callar por conveniencia, por comodidad. Entre los intelectuales más representativos de esta izquierda democrática, crítica contra los populismos y los abusos del poder, contra el clientelismo y el corporativismo, destaca el investigador emérito Roger Bartra.
"Algo de corrupción en los principios merodea con el silencio cómplice. O se está de un lado o se está del otro. No se puede coquetear con las arbitrariedades, la ilegalidad, el atropello de los derechos ciudadanos dependiendo de la lucha. Hoy sí se vale, mañana no. Un mínimo de rigor intelectual, un mínimo de respeto a los compromisos básicos de la democracia son exigibles siempre", señala Reyes Heroles. Ahora López Obrador enarbola la bandera de cambiar todas las instituciones y refundar la República, incluso las propias leyes e instituciones generadas en parte por el PRD.
López Obrador se encuentra frente a la disyuntiva de consolidar su presencia como una fuerza política moderna, con una agenda clara y con una influencia determinante en la vida nacional, o echar por tierra el esfuerzo de muchos años.
Antes de la reforma electoral de 1978, los partidos de la izquierda mexicana se encontraban fuera del sistema electoral. No sólo por falta de canales institucionales de participación, sino por las estrategias políticas de diversos grupos de la izquierda, que mantenían que la vía electoral sólo era una de las formas de llegar al poder.
La tradición política de la izquierda marxista decía que al final de cuentas era inevitable una lucha de clases violenta para asaltar el poder. Específicamente, los grupos leninistas consideraban que sería precisamente un partido minoritario -la vanguardia del proletariado- quien tomaría los aparatos del Estado por medio de la violencia.
Ese lenguaje, que tras el derrumbe del muro, la quiebra de los países del bloque soviético y los cambios en China ya parece de la prehistoria, se resucitó en el bloqueo de las avenidas principales de la capital mexicana, en las que se podían ver retratos de Stalin y de otros "apóstoles de la democracia". De seguir la vía marcada por López Obrador, la izquierda mexicana corre el riesgo de retroceder tres décadas.
La formación de un partido de izquierda con un peso electoral significativo se consolidó tras la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Sin embargo, el PRD, fundado en 1989, no logró despegar y en las siguientes consultas quedó con menos del 20 por ciento del electorado nacional. La quiebra del monopolio del PRI y el surgimiento de un cacique carismático, Andrés Manuel López Obrador, volvió a colocar a la izquierda como una fuerza altamente competitiva.
López Obrador supo engañar con habilidad a los ciudadanos del Distrito Federal. Se presentó como defensor de los pobres pero una de sus primeras medidas fue paralizar la construcción de nuevas líneas de metro, que son las que más benefician a la ciudad y a la población de escasos recursos. Por el contrario, construyó un polémico "segundo piso" que aparte de alterar el castigado paisaje urbano, hipotéticamente sólo benefició a los que tienen coche, no a los que viajan en peseros (microbuses). Se decía amigo de los pobres y autorizó la circulación de unos 35.000 taxis ilegales, a los que la policía no podía pedir mordidas (sí lo hacen, y mucho, con los taxistas legales que pagan impuestos). A cambio de esa protección, los taxistas piratas son extorsionados por las autoridades municipales y sirven como fuerza de choque tanto para bloquear la ciudad como para asaltar el Congreso. López Obrador fue un falso alcalde de izquierdas, que no se preocupó de aceras, semáforos, pasos de cebra, baches, policías corruptos... Se desinteresó del ciudadano de a pie. El iba a lo suyo. A crear una falsa imagen de gestos eficiente. Si a ello añadidos populismo a manos llenas, con dádivas y regalos, construyó una candidatura virtualmente sin rival. Llegó al comienzo de la campaña presidencial con una ventaja en las encuestas que parecía imbatible. Más allá de la campaña negativa en su contra que emprendió el gubernamental Partido de Acción Nacional (PAN), el torpe comportamiento de López Obrador erosionó las simpatías que había conseguido desde la alcaldía de la capital y generó temor entre potenciales electores que al final de cuentas decidieron no votar por él.
Si alguna vez se hiciera una evaluación honesta de la campaña de López Obrador, quienes estuvieron en el "cuarto de guerra" de su equipo tendrían que ser autocríticos y admitir que pasó de ser indestructible a autodestructible. El problema es que con la dinámica que creó entre sus seguidores pareciera gestar un arcaico modo de participación política, basado en el populismo, las dádivas y el viejo corporativismo clientelista. Según el historiador Enrique Krauze, López Obrador intenta llegar al poder utilizando una retórica democrática pero desvirtuando la esencia misma de la democracia: la efectividad del sufragio, el mandato de las urnas, el respeto a las libertades, las leyes y las instituciones, la cultura de la tolerancia. "En pleno frenesí -afirma Krauze-, ha hecho creer a sus simpatizantes que la "verdadera democracia" está en peligro y hay que defenderla con lo que él llama "resistencia civil pacífica", que en realidad constituye ya una "revolución blanda" en proceso de endurecerse".
Por su parte, la analista Isabel Turrent destaca que López Obrador ha inventado su propio neoespañol. López Obrador distorsiona la verdad de manera sistemática, hace caso omiso de la ley, acusa a sus oponentes de lo que él hace o planea hacer y cuando le conviene insulta y descalifica. Llegó a afirmar que "la derecha tiene mucho dinero y compró a los interventores de nuestro partido en los colegios electores". Una declaración bochornosa que enlodaba a los propios militantes, que los sumisos dirigentes del PRD acataron sin una matización. En este nuevo idioma los fraudes existen sin pruebas y pueden mudar de casaca: pasar de ser cibernéticos, a ser a "la antigüita", y de regreso. Los insultos, agresiones y pancartas que salpican su movimiento e incitan a la violencia, son "medios pacíficos", y puede autoproclamarse presidente a pesar del voto de la mayoría y de lo que dicten las instituciones electorales. El problema, para empezar, está en la contradicción en los términos del neoespañol de López. "Resistencia", el movimiento convocado por el PRD no tiene qué resistir y no es pacífico -las "sonrisas se pueden volver puños", declaró Manuel Camacho Solís-. No es pacífico cuando en forma agresiva ha buscado la confrontación para que el Gobierno tuviera que reprimir y poder presentarse después como víctima. Dentro del PRD hay quienes han contribuido a la construcción de la izquierda moderna en México. Pero han perdido toda capacidad de iniciativa frente a la presencia dominante del cacique populista. Si la sociedad percibe que la izquierda, a quien le dio la segunda posición en el Congreso, es dominada por organizaciones radicales, que actúan fuera de los canales institucionales que se crearon a través de muchos años, es probable que de nuevo se desplome. Si ese fuera el caso, López Obrador sería, paradójicamente, responsable de su despegue y posterior derrumbe.
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