17 abr 2008

La política tiene que abandonar la hipocresía: Uribe

“Derramar sangre ya nos cansó” Álvaro Uribe, Presidente de Colombia/entrevista
Pascal Beltrán Del Río
, director de Excelsior
Excelsior, 17/04/2008;
CANCÚN. “Pero, ¿qué pasa aquí?”, pregunta un sorprendido Óscar Arias cuando se asoma de la habitación del hotel Hilton destinada a las reuniones bilaterales del presidente costarricense, uno de los siete mandatarios invitados a la reunión latinoamericana del Foro Económico Mundial.
Frente al cuarto contiguo, el barullo crece. Es probable que las voces se cuelen a la junta que sostiene, puerta dentro, el Nobel de la Paz. Quizá por eso saca la cabeza por el quicio, visiblemente intrigado.
“¿Quién está ahí dentro?”, repone Arias, apuntando con el dedo a la siguiente puerta. Parece no dar crédito al relajo en el estrecho pasillo, donde luchan por el espacio un botones con su carrito de room service y varios reporteros y camarógrafos de televisión.
—Uribe, señor presidente le responde un espontáneo.
—Ahhhh, Uribe… suelta Arias, poniendo cara de con razón.
Álvaro Uribe es el personaje de este Davos regional que reúne a jefes de gobierno, empresarios y personalidades. Cuando pasa por el vestíbulo del hotel, parece que ocurre una manifestación.
Al presidente de Colombia todo mundo lo quiere ver. Reporteros de CNN y The Washington Post hicieron el viaje desde sus respectivas sedes en Estados Unidos para entrevistarlo. Su vocero, César Mauricio Velásquez, quiere que el mandatario atienda todas las peticiones de los medios, pero sabe que el tiempo es corto.
Uribe me recibe apenas termina una de sus muchas reuniones bilaterales del día. Ha dormido pocas horas, pero no lo abandona su característica postura erguida y su aire desafiante de siempre.
Parece que el mentón del mandatario jamás hace un ángulo agudo. Sus puños se abren sólo para saludar con extrema cortesía, por cierto o remarcar alguna opinión. Viste una impecable guayabera azul con mancuernillas doradas. Los mocasines le dan un aire juvenil. De por sí, este antioqueño nacido en 1952 aparenta menos años de los que tiene. Y los lentes discretos que completan el cuadro lo hacen ver como aquellos profesores que no se tientan el corazón para reprobar a todo el grupo.
Si su pose es actuada, entonces es actor de tiempo completo: Uribe ni siquiera cambia su voz tronante cuando Francisco Javier Álvarez, camarógrafo de Cadena Tres, le pide permiso para colocarle un micrófono inalámbrico. “¿Usted me va a alambrar?”, dice con un volumen apropiado para retar a duelo. Pero inmediatamente agrega: “Alámbreme, querido amigo”.
Y es que el hombre que ordenó hace mes y medio el bombardeo de un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en suelo ecuatoriano sabe la diferencia entre tono y volumen.
Uribe tiene prisa. Y no tanto por su agenda saturada, que no dejan de recordarle sus asesores. Ha esperado pacientemente a que el iluminador de la televisión instale sus luces, y a que las cámaras estén listas. Desde que me invita a sentarme para comenzar la conversación, se ve que ansía entrar en materia. Quiere decir su verdad. Ha venido a Cancún, como dice él, a dar la cara. Hará lo que le toca para que no germinen las palabras que dejó sembradas su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa, quien estuvo en México apenas cuatro días antes que él.
“La política tiene que abandonar la hipocresía”, dirá en la entrevista, cuando le pregunte por Correa. Hablará de él, pero nunca mencionará al presidente de Ecuador por su nombre.
Comienzo con el contexto. Su visita, le recuerdo, ocurre en un ambiente de crispación entre varias naciones latinoamericanas, ocasionado por su decisión de matar al líder real de las FARC, Raúl Reyes, mediante un bombardeo sobre territorio de Ecuador. Una muerte que, como demostró Excelsior con la publicación de una fotografía, sucedió cuando Reyes pisó una mina que las propias FARC habían plantado.
Le pregunto si en vista de todo lo ocurrido, valió la pena atacar el campamento de las FARC, donde había cinco mexicanos, cuatro de los cuales murieron en el ataque.
“Quiero decirle que lo que ha pasado es para bien, porque el grupo terrorista de las FARC no podía seguir engañando a América Latina ni buscando violar territorios de otros países, para, desde ahí, asesinar a los colombianos, ponerle a las mujeres y a los niños de Colombia minas antipersonas que los han mutilado”, responde Uribe.
Continúa: “Yo creo que es momento para una reflexión en América Latina: comparar dos épocas históricas. Aquí hubo dictaduras, que en el concepto de muchos justificaron insurgencias. Ahora hay democracias, y en Colombia siempre la ha habido. Y profunda, y pluralista.
“Cuando hay grupos violentos como las FARC, máxime con asesinatos de mujeres y niños, poniendo carrobombas, además financiándose con el narcotráfico y atentando contra una democracia como la colombiana, esos grupos simplemente son terroristas. Defender a la democracia contra el terrorismo siempre vale la pena.”
—Presidente, en México el apoyo político a las FARC ocurre a la luz del día. ¿Le parece que falta información?
—Yo confío en que el pueblo mexicano está superando cualquier engaño de las FARC. Creo que el pueblo mexicano empieza a darse cuenta, primero, que en Colombia hay una gran democracia, que no puede justificar ningún grupo violento; segundo, que las FARC son el principal grupo proveedor de narcóticos del mundo. El presidente Calderón está dando una valerosa batalla contra el narcotráfico, con el apoyo del pueblo mexicano, y las FARC son enemigas del pueblo mexicano, como son enemigas del pueblo colombiano.
“Yo confío en que el pueblo mexicano ya sepa que las FARC son las que ponen los carrobombas, que mutilan niños y señoras, que matan a mujeres embarazadas, que tienen secuestrada a Ingrid Betancourt, que torturan a los secuestrados, que en los últimos diez años no han devuelto a 750 personas de todas las que han secuestrado. Eso es un grupo terrorista. No son unos guerrilleros con ideales, no son unos muchachos en armas que quieren transformar el mundo. Son unos terroristas atraídos por el poder del dinero, por la sangre y por la corrupción.”
Dice el comunicado de la Presidencia de México, emitido después de su encuentro con Felipe Calderón, que aún hay que aclarar los hechos del bombardeo del 1 de marzo. ¿Está usted de acuerdo?
—Primero, yo quiero decir que he encontrado al presidente Calderón, tanto personalmente como por teléfono, en una actitud de mucha preocupación y de dolor por la muerte de los muchachos mexicanos. También ha querido contribuir, se vio en el foro de República Dominicana, a que se normalicen las relaciones entre Colombia y Ecuador.
“Quiero reconocer eso. Yo le he dicho al presidente Calderón que nosotros ayudamos en cualquier investigación, pero también debo decir lo siguiente: lamento la muerte de los jóvenes. Ninguna muerte es buena. Me han preguntado si incluso la de Raúl Reyes. Pues ésa también es lamentable. Soy demócrata y cristiano. No participo de ninguna muerte distinta a la que sea por voluntad de Dios.
“¿Qué es lo que hemos tenido que hacer por defender la seguridad, que es un valor superior de un pueblo, en este caso, del pueblo colombiano? La seguridad no es de derecha ni de izquierda, sino un valor de la democracia. Por la seguridad que todos necesitamos, nosotros tuvimos que bombardear en la selva ecuatoriana un campamento de las FARC. Tuvimos el cuidado de que allí no hubiera campesinos, comunidades urbanas. Ahí había, simplemente, un campamento terrorista.
“Y estaban estos jóvenes mexicanos, cuya muerte deploramos. ¿Pero qué estaban haciendo? No eran rehenes de las FARC, no estaban en una misión humanitaria autorizada. Los videos que dieron a conocer las propias autoridades ecuatorianas muestran que estaban en unas relaciones de familiaridad con las FARC que prueban complicidad, que prueban integración a ese grupo terrorista.
“Me decía el presidente Calderón que él lo deploraba además porque eran estudiantes de la UNAM, institución respetabilísima. Yo soy hijo de una universidad pública, de una universidad estatal de mi provincia, pero también quiero hacer llegar este mensaje: los estudiantes son la esperanza de todas las sociedades, son los que agregan valor científico, crítica social. Nadie puede pedir a los estudiantes que renuncien a la crítica, todavía más en sociedades con pobreza, con inequidad. Nosotros reconocemos el valor de los estudiantes y reconocemos la libertad de cátedra. La libertad ayuda a construir ciencia. Pero los estudiantes no pueden pasar del ejercicio de esas prerrogativas y de esos deberes, a la violencia.
“En este caso, se fueron a un grupo terrorista. Y cuando el estudiante abandona sus deberes e incursiona en el terrorismo, le mata la esperanza a la sociedad. Y en lugar de crearle las posibilidades de bienestar, le crea las posibilidades del asesinato, de drogas ilícitas, de terrorismo. Por eso mi llamado a todos los jóvenes para que hagan ciencia y defiendan la libertad de pensamiento, pero no se dejen seducir por la violencia”.
—Con Ecuador las cosas no se arreglaron con el abrazo de usted y el presidente Correa. ¿Qué hace falta para componerlas?
—Mire, es muy sencillo. Colombia ha sufrido este problema durante 50 años. Yo creo que se ha cometido el error de pensar que el problema es que Colombia hubiera entrado al territorio de otro país, cuando que el que violó ese territorio fue el grupo terrorista de las FARC. Es una reflexión que tiene que hacer este continente. Las FARC invadieron el territorio (ecuatoriano) y cometieron muchos delitos; ahí y desde ahí plantaban minas antipersonas en el territorio colombiano y, como sucedió a finales de febrero, las accionaban desde territorio ecuatoriano y mataron a miembros de las fuerzas armadas colombianas y a personal colombiano que participaba en la erradicación normal de la droga, que habíamos aceptado Colombia y Ecuador.
“Ahora, ¿Colombia qué va a hacer? Queremos cumplir lo acordado en la OEA, que es que los países no alberguen estos grupos terroristas. Colombia no ha sido un país belicista. ¿Cuál es el problema? Que durante 50 años hemos tenido que soportar este problema. Que durante 50 años 50% de las familias colombianas han sufrido el terrorismo en sus diferentes manifestaciones: masacres, carrobombas, minas antipersonas.
“Mi país, que ha progresado mucho, hemos pasado de tres mil a 250 secuestros al año; de 35 mil a 16 mil asesinatos al año… No estamos conformes, pero vamos en una tendencia de mejoramiento. Lo que le pedimos a nuestros vecinos es: ‘Por favor, no le crean a las FARC, no dejen que las FARC se alberguen en su territorio’. Somos una democracia y sólo pedimos esa solidaridad a nuestros vecinos, porque el pueblo colombiano ha derramado mucha sangre. El terrorismo no respeta fronteras. Ellos han secuestrado y asesinado en Venezuela y Ecuador.”
En la víspera de la entrevista, Lucía Morett, la estudiante mexicana sobreviviente del bombardeo, declaró a la televisión ecuatoriana que el gobierno de Colombia quería silenciarla porque había presenciado el asesinato de heridos en la incursión del 1 de marzo y que ella misma había sido víctima de hostigamiento sexual por parte de soldados colombianos.
—¿Qué le diría usted a ella?
—Colombia nunca ha silenciado. Si usted revisa a los medios de comunicación colombianos, verá que Colombia es un país de libertades. Incluso, este país que valora la seguridad también valora las libertades democráticas. Muchos de mis críticos antes vivían en el extranjero y ahora viven en Colombia rodeados de libertades.
“Esta señora (Lucía Morett) tiene que tener en cualquier país las garantías del debido proceso. Nosotros sí creemos que se le debe juzgar su conducta, por estar en un campamento terrorista y esas relaciones de familiaridad con los terroristas, pero por supuesto con el debido proceso.”
—Ya ha vencido el plazo de 48 horas que dieron las autoridades ecuatorianas a su gobierno para probar que el presidente Correa desautorizó a sus fuerzas armadas de perseguir a las FARC. A usted, evidentemente, no le preocupó ese ultimátum…
El gesto de Uribe se endurece.
“Yo no voy a aprovechar el territorio de México, la hospitalidad de México para referirme a esos temas. La política tiene que abandonar la hipocresía. Esos temas no son para abordarlos a distancia ni para usar a terceros países. Esos temas se tratan frente a frente. Lo que queremos es que otro plazo, los 50 años que Colombia ha padecido el terrorismo, finalmente termine.”
Europa fue una de las bandas que tocó el conflicto desatado con el bombardeo en Sucumbíos, Ecuador. En la edición más reciente de la revista alemana Der Spiegel, Fabrice Delloye, ex esposo de Ingrid Betancourt y padre de sus hijos, declaró que la muerte de Reyes “dificultó enormemente el diálogo” para liberar a la ex candidata presidencial colombiana. Y reprochó a Uribe no creer realmente en los beneficios de concluir ese secuestro.
Durante varios días, un avión hospital enviado por el presidente francés Nicolas Sarkozy se quedó en una pista, esperando el momento de llevar auxilio a la política francocolombiana, cuya imagen demacrada había dado la vuelta al mundo. Las FARC dijeron que nunca se enteraron de la petición francesa y que, a falta de Reyes, no hay quien pueda negociar la situación de Betancourt. Ahora, en unos días, Uribe recibirá en Colombia al canciller francés, Bernard Kouchner, para retomar el tema.
—¿Usted está haciendo todo lo posible por liberar a Ingrid Betancourt?
—Todo lo posible. Hemos liberado a 122 integrantes de las FARC, entre ellos un terrorista bien importante, Rodrigo Granda, a pedido del presidente Sarkozy. Permitimos las liberaciones unilaterales, que se hicieron en consideración al gobierno de Venezuela.
“Todo lo posible hemos hecho. Pero también estamos en la acción militar de localización humanitaria. Colombia tiene en selva 578 mil kilómetros cuadrados, y solamente en selva amazónica, 460 mil kilómetros cuadrados, pero nuestras fuerzas armadas, que han mejorado tanto la seguridad de Colombia y con gran respeto a los derechos humanos, están haciendo todo el esfuerzo por localizar a los secuestrados. Una vez que los tengamos localizados, la idea es rodear el sitio, y llamar a los organismos humanitarios nacionales e internacionales a que entren a hacer la liberación humanitaria.
—¿La muerte de Raúl Reyes no dificulta la liberación de Betancourt, como sugiere su ex esposo?
—La verdad es que cuando el terrorismo no rectifica, el deber del Estado es combatirlo. Le voy a contar esto: mi predecesor, el presidente Pastrana, de muy buena fe, le entregó la zona de despeje de 42 mil kilómetros cuadrados a las FARC, es una zona del tamaño de Suiza, del doble del tamaño de El Salvador. Y las FARC demostraron que lo que querían era abusar de la buena fe del presidente Pastrana; no hacer la paz, sino avanzar hacia la imposición en Colombia de un régimen terrorista y dictatorial del narcotráfico, la toma violenta del poder. Raúl Reyes fue patrocinador de esa tesis. Pudo hacer la paz y no la dejó hacer.
“Hoy tenemos una determinación: Colombia se cansó de derramar sangre durante 50 años. No puede ser que Colombia derrame sangre, y en la comunidad internacional se legitime a las FARC. Que nosotros tengamos una democracia, y en la comunidad internacional se piense que las FARC son unos idealistas. A las FARC hay que presentarlos y recibirlos en la comunidad internacional como lo que son: unos terroristas sanguinarios como los que más. Entonces, eso es lo que ha ocurrido en Colombia: una rebelión contra un sufrimiento de nuestro pueblo durante 50 años, que lo han causado Raúl Reyes y compañía.
“La determinación de Colombia es derrotar a los terroristas. En Colombia, desde que hace cinco años y medio llegó este gobierno, se acabó el paraíso de los terroristas. No hemos ganado, pero estamos ganando y tenemos toda la determinación. Y en la historia no hay un solo caso en el cual el terrorismo le haya ganado a un Estado democrático y de buena fe.”

16 abr 2008

Bilal Hussein, libre al fin

El Ejército de EE UU ha puesto en libertad a Bilal Hussein, fotógrafo iraquí de la agencia Associated Press, ganador del premio Pulitzer, después de tenerlo dos años y cuatro días bajo custodia.
Hussein, de 36 años fue arrestado en 2006 en Ramadi acusado de colaborar con la insurgencia iraqui, y una de las supuestas pruebas alegadas en su momento para determinar la culpabilidad del fotógrafo hoy liberado fue que llegara siempre sospechosamente pronto a los lugares donde se cometían atentados.
Otra de las sospechas era que poseía material para fabricar bombas y que conspiraba con los milicianos. Nunca se celebró un juicio para determinarlo ni se presentaron cargos.
Gran parte de los 23,000 detenidos por EE UU en Irak no está acusada formalmente de delito alguno, informa Reuters. En el caso de los periodistas, "esto permite al Ejército eliminarlos del campo de acción, encerrarlos y no tener que explicar por qué", denuncia el presidente de una organización profesional.
Recomiendo el siguiente reportaje sobre su caso:
Cuando el periodista es el enemigo/por John Carlin*
El Gobierno de EE UU pide que los medios "retiren" a sus periodistas iraquíes
El PAIS, 11/02/2008;
La agencia de noticias Associated Press (AP) es una institución tan quintaesencialmente estadounidense como Walt Disney, General Motors o Boeing. A tal grado que, con sus 243 oficinas en todo el mundo y con clientes en 121 países, ha sido acusada en repetidas ocasiones de ser un instrumento de propaganda del "imperialismo yanqui". Pero ya no. Hoy se ha convertido en otro enemigo más del Gobierno de George W. Bush en su guerra global contra el terrorismo.O así lo entiende, al menos, el presidente y consejero delegado de la AP, Tom Curley, padre de familia de 59 años que anteriormente fue presidente y fundador de otra venerable institución, USA Today, el diario de mayor venta de Estados Unidos.En abril del año pasado, Curley participó en un coloquio en el Museo de Televisión y Radio de Nueva York al que también asistió Brian Whitman, el portavoz del Pentágono. Whitman mantuvo que en Irak existían muchos casos de organizaciones mediáticas internacionales que habían empleado, sin saberlo, a nativos que pertenecían a la insurgencia y que representaban una amenaza para los militares estadounidenses. El portavoz dijo que estos individuos debían ser retirados de los campos de batalla.
Las declaraciones provocaron gritos de indignación de parte del público, entre ellos de Tom Curley, quien se sintió directamente aludido. Un fotógrafo iraquí de la AP, Bilal Hussein, fue detenido por el ejército norteamericano el 12 de abril de 2006 bajo sospecha de pertenecer a un grupo terrorista. Permanece encarcelado hoy, junto a los otros 24,000 presos sin cargos que EE UU mantiene en Irak, y todavía no se le ha acusado formalmente de nada. Su pecado, según entiende la AP, fue haber tenido contactos entre los insurgentes armados, de algunos de los cuales hizo fotos, y de llegar con sospechosa rapidez a lugares donde se había llevado a cabo un atentado.
Curley, enfurecido por las declaraciones del hombre del Pentágono, prometió que el día que Hussein saliera de la cárcel "seguirá trabajando para la Associated Press" porque los argumentos utilizados por las fuerzas armadas para favorecer la tesis de que Hussein era un terrorista eran "tonterías sin sentido". La verdad, dijo Curley, era que la información transmitida por periodistas honestos como Hussein de la atroz realidad iraquí, del "descontrol" que hay en las peores zonas de conflicto, ponen en evidencia la engañosa visión triunfalista que el Gobierno de Bush pretende que vea el pueblo. Por eso, continuó, "el meollo de la cuestión no es Bilal Hussein". "Él es una víctima inocente. El meollo de la cuestión es la Associated Press. Nosotros somos el objetivo. La libertad de prensa es el objetivo".
Lo que la libertad de prensa significa es el derecho a dar una visión amplia, sin límites y, dentro de lo posible, equilibrada de los hechos. Esto requiere que los periodistas publiquen los puntos de vista de todas las partes involucradas.Pero ¿tiene razón el Gobierno norteamericano en creer que los mismos criterios no se deben de aplicar en Washington y en Irak? ¿Se deben suspender los derechos del periodista cuando trabaja en una zona de guerra? "Si la pregunta es si considero que para hacer nuestro trabajo debemos de mantener contactos con los que algunos consideran los malos, mi respuesta es, de la manera más inequívoca, que sí", dice Ray Bonner, veterano periodista que ha trabajado en zonas de conflicto de todo el mundo. "Proponer que no deberíamos de hablar con todos los bandos es, sencillamente, ridículo", añade.
Bonner, que ha trabajado de corresponsal durante 30 años para The New York Times y la revista The New Yorker, propuso la siguiente hipótesis: "¿Si a un periodista estadounidense hoy le fueran a ofrecer una entrevista con Osama Bin Laden debería de responder que muchas gracias, pero no? ¿Debería de temer que si dijera que sí le arrestarían por sospechosa cercanía al enemigo? Obviamente no. Obviamente conocer la opinión de Bin Laden, por más malo que se le considere, sería de interés tanto para los lectores como para el Gobierno de Estados Unidos".El Gobierno de Israel parece entender esta sencilla lógica mejor que su aliado norteamericano. "Si los israelíes lo hubieran deseado podrían fácilmente haber argumentado que yo mantenía relaciones sospechosamente fraternales con el enemigo", dice Chris McGreal, corresponsal del Guardian en Jerusalén entre 2002 y 2006. "Hablaba con mucha frecuencia con los líderes políticos de Hamás, y con miembros de su brazo armado, los que estaban llevando a cabo ataques suicidas en Israel. También hablaba con Yasser Arafat y la Brigada de los Mártires de Al Aqsa. Así que no les hubiera costado mucho acusarme de estar asociado con los terroristas".
Pero no lo hicieron, y eso a pesar de que McGreal fue visto por muchos como un periodista propalestino. Escribió, por ejemplo, un artículo muy polémico en el que comparó la situación de los palestinos de hoy con la de los negros surafricanos bajo el apartheid, aunque interesantemente el artículo provocó más furor en EE UU que en Israel."Lo que ocurrió fue que los israelíes entendieron que hablar con Hamás y la gente de Arafat era mi trabajo, del mismo modo que era el trabajo de los diplomáticos extranjeros basados allá", explica McGreal, que cubrió también las guerras de Centroamérica en los años ochenta, el genocidio de Ruanda de 1994, y sigue hoy cubriendo las guerras que se libran en el continente africano. "Es el deber de los periodistas y los diplomáticos conocer a gente con la que no está necesariamente de acuerdo, o incluso con la que está seriamente en desacuerdo, con el fin de entender qué es lo que les impulsa. Es la única manera de poder llegar a la verdad. Los israelíes eran inteligentes. Lo entendían y ni siquiera intentaban impedir que te reunieras con los del otro lado".
El problema surge cuando la gente en el poder tiene la mentalidad de que, como diría George W. Bush, "el que no está con nosotros, está en contra". "Esto lo vemos repetidamente tanto con los periodistas como con los grupos de derechos humanos", opina Steve Crawshaw, actual ejecutivo de Human Rights Watch en Nueva York, corresponsal del Independent en los Balcanes a principios de los noventa. "El problema es que en todos los conflictos todas las partes se ven a sí mismas como las víctimas. Para ese tipo de mentalidad, el conflicto se reduce, entonces, a un choque entre los buenos y los malos y si, por ejemplo, escribes algo que saca a la luz una atrocidad que se ha cometido contra los malos, no dudan en acusarte de ser su cómplice".
La reacción del Gobierno de EE UU en el caso de Bilal Hussein no representa nada nuevo. Ray Bonner se enfrentó a la misma mentalidad a principios de los ochenta cuando cubría El Salvador para The New York Times. No lo detuvieron, pero, debido a la insistencia con la que denunciaba abusos por parte del Gobierno aliado de Estados Unidos en aquellos días, el Departamento de Estado presionó duramente al periódico para que lo retirara de El Salvador, acusándole de haberse identificado con la guerrilla marxista.
"Es verdad que salía con la guerrilla a las zonas de combate", dijo Bonner. "Suponía que mis lectores y mis editores querrían saber de esto. ¿Significaba esto que compartía su visión política o que estaba con ellos en la lucha? ¡Claro que no! Deberíamos siempre intentar ver y transmitir lo que piensa el otro lado".
En cuanto al caso del fotógrafo iraquí, Bonner dice que no conoce los hechos. "Pero lo que sí digo es que si estaba haciendo su trabajo, lo cual con toda seguridad significaba tener algún tipo de relación con los que para un lado eran los enemigos, entonces lo que ha pasado está muy mal. No es sólo una cuestión de principios. Se trata de lo que el público quiere, o al menos debería querer, saber. Que te metan en la cárcel por hacer tu trabajo... ¡Estamos mal!".
Mal porque si el mismo criterio que los estadounidenses han aplicado a Hussein se extendiera a todos los periodistas que han trabajado en guerras, los mejores profesionales de la AP, del New York Times, de Le Monde, The Guardian y EL PAÍS hubieran pasado por la cárcel también. Como dijo Santiago Lyon, el jefe de fotografía de la AP, en un discurso que dio sobre el caso Hussein: "Lo que en cualquier otro lugar sería considerado como buen periodismo, de repente se convierte en comportamiento sospechoso".
En cuanto a periodistas nativos en Irak, como Hussein, merecen especial respeto y protección, según un fotógrafo norteamericano que ha trabajado allá pero que pidió que no se diera su nombre. "Son ellos los únicos que realmente cubren la noticia, y en condiciones de peligro extremo, ya que han muerto más de 100 periodistas en Irak desde la invasión norteamericana. Son considerados muchas veces como enemigos tanto por los militares de Estados Unidos como por el Gobierno de Irak; tanto por la población civil como también por la insurgencia, que en algunos casos tiene la política de asesinar a periodistas iraquíes que trabajan para medios extranjeros".
A eso se suma otra dura realidad: que mientras los corresponsales extranjeros en lugares como Irak vuelven, por definición, a sus cómodas casas en Europa o Estados Unidos, los nativos siguen viviendo ahí, sufriendo las que pueden ser las consecuencias mortales de su compromiso profesional.
"Pero, a pesar de todo esto, nuestros periodistas iraquíes perseveran en el intento de contar la historia de su país", dijo Lyon, que tiene prohibido por razones legales hablar públicamente sobre el caso hoy. "Perseveran hasta que los paran. Y a este hombre [Bilal Hussein], lo han parado. Le han prohibido contar la verdad; le han prohibido ser periodista. Inaceptable".Un premio Pulitzer en la cárcelBilal Hussein, de 36 años y oriundo de la ciudad de Fallujah en la provincia de Anbar, fue contratado como fotógrafo por la Associated Press (AP) en el verano de 2004. Más del 90% de los 200 empleados de la AP en Irak son iraquíes, debido al peligro permanente de muerte o secuestro que corren los periodistas de aspecto extranjero en las zonas de conflicto.
La contratación de Hussein fue, para la AP, un acierto. Sus fotos formaron parte de una serie que ganó el Premio Pulitzer de 2005. Lo que no sabía el fotógrafo en aquel momento fue que este reconocimiento acabaría siendo su maldición. Blogs de la derecha neoconservadora norteamericana empezaron a fijarse en él, a acusarle abiertamente de colaborar con la insurgencia. Si no, argumentaban, ¿cómo se explicaba que los terroristas le permitieran que les hiciera fotos?, ¿o la regularidad con la que llegaba el primero a los lugares donde se había llevado a cabo un atentado?
Michelle Malkin, que aparece con frecuencia en la cadena de televisión de derechas Fox News, cuestionó en su blog en abril de 2005 -un año antes de la detención de Hussein- "la relación" de la AP con "los terroristas yihadistas", ya que algunas de las fotos ganadoras del Pulitzer demostraban la sospechosa rapidez con que los periodistas habían llegado a la escena de los atentados.
Otros blogs con los que el de Malkin tiene enlaces fueron más directos. El Premio Pulitzer, otorgado a terroristas, tituló uno. Un par de días después empezó a aparecer el nombre de Bilal Hussein, identificado de manera inequívoca como "terrorista" por los blogs con los que Malkin comparte criterio.Según Scott Horton, otro de los abogados de Bilal Hussein, existe una conexión clara entre Malkin y el Gobierno de Bush. Horton, que mantiene que se ha perseguido a Hussein para dar "un ejemplo" al resto de los medios en Irak, escribió hace dos meses en la revista norteamericana Harper's que blogs como el de Malkin han sido utilizados "como puntos de diseminación de información sobre el caso por altos funcionarios del Pentágono".
Según Horton, los motivos de la detención del fotógrafo fueron idénticos a los que condujo a los bloggers neoconservadores a sospechar de él. Horton citó a una fuente en el Pentágono que le confesó que las supuestas pruebas contra Hussein eran "extremadamente débiles", pero que "después de más de año y medio de tener a este hombre preso no era posible sencillamente dejarle en libertad, porque eso sería reconocer que se había cometido un error".
La Associated Press está convencida, tras una intensa investigación interna, de que, más que débiles, las pruebas contra Hussein son inexistentes. Entre otras cosas, porque hicieron un repaso exhaustivo de todas las fotos que hizo Hussein durante los dos años que trabajó para la agencia y constataron, según ellos, la falsedad de las conclusiones a las que habían llegado el Pentágono y las Michelle Malkin de turno. Sólo un ínfimo porcentaje de las fotos de Hussein retrataban a insurgentes armados, y sencillamente no era verdad que llegara él "con sospechosa regularidad" a la escena de los atentados antes que otros fotógrafos.
Lo que nadie discute es que Hussein tuvo un cierto grado de relación con iraquíes pertenecientes a algunos de los grupos armados que se oponen a la ocupación norteamericana. La ironía, según fuentes bien informadas que hablaron con EL PAÍS, es que los terroristas con los que aparentemente tuvo lazos más estrechos pertenecen hoy a una organización llamada Despertar creada en abril del año pasado para combatir a los "extranjeros de Al Qaeda". Este grupo no sólo cuenta con el beneplácito del Gobierno iraquí, sino que recibe apoyo de Estados Unidos.
Abogados estadounidenses contratados por la agencia para representar al fotógrafo se han quedado atónitos no sólo ante la falta de pruebas serias en contra de su cliente, sino también por lo que interpretan como las maniobras de las autoridades militares para entorpecer sus intentos de brindar a Bilal Hussein una defensa justa, acorde con los cánones del sistema legal de Estados Unidos.Tras estar detenido sin cargos durante 19 meses, Hussein compareció el mes pasado ante un juez iraquí a instancias de las fuerzas de ocupación norteamericanas. El juez está determinando en este momento si existen pruebas suficientes para que Hussein sea sometido a juicio. Según el secretario de prensa del Pentágono, Geoff Morrell, sí las hay, y son "convincentes e irrefutables". Bilal Hussein, declaró Morrell, "representa una amenaza a la estabilidad y la seguridad en Irak".
El problema es que, como agregó Morrell, estas pruebas no se pueden revelar aún a los abogados de Hussein, lo cual les obliga, como dijo una de ellos, "a trabajar a ciegas". Dave Tomlin, uno de los abogados que hoy representa al fotógrafo, ha acusado a las fuerzas armadas de colusión en "una farsa judicial" y, al mismo tiempo, de "jugar con el futuro de un hombre y quizá con su vida", ya que si el caso llegara a juicio y se lo encontrara culpable, podría ser condenado a muerte.
John Carlin es periodista británico, Premio Ortega y Gasset al mejor trabajo de reportaje en 2000 por Viaje por la emigración, ha sido corresponsal para el diario británico The Independent en México y Centroamérica, Suráfrica y Estados Unidos.Sus primeros pasos en el periodismo los realizó en el Buenos Aires Herald. Posteriormente colaboró con la BBC y The Times, donde destacó por su gran conocimiento de Latinoamérica.De madre española y padre británico, Carlin escribe desde hace tres años para EL PAÍS

El Guernica

La razón de Picasso/Jorge Edwards
Publicado en EL PAÍS, 15/04/2008;
Veo una vez más el Guernica de Pablo Picasso, pero veo, sobre todo, y no había tenido oportunidad de verlo antes, un conjunto de bocetos, estudios, retratos, que prepararon la obra y después la continuaron, como si hubieran quedado cabos sueltos, como si la fuerza dramática de ese momento terrible, de ese cráter de 1937, de los primeros meses de la guerra civil española, hubiera seguido vivo y en acción en la mente del artista. Nos encontramos con cabezas de mujeres que sostienen en los brazos a un hijo recién muerto y que son lo más dramático, lo más conmovedor, lo más desgarrado de la pintura contemporánea. Picasso captaba el grito en su nacimiento, en su raíz misma, humana y desesperada, en alguna medida inhumana.
Por eso Picasso es Picasso, me digo. No hay vuelta que darle. El malagueño captó algo esencial: un drama que comenzó en España, que tuvo su expresión más aguda, evidente, escandalosa, en el bombardeo de Guernica, y que fue anunciador de una ola de barbarie que se extendió después por toda Europa, que llegó a casi todo el resto del mundo. Por momentos, los retratos y los bocetos de Picasso me hacían recordar la imprecación nerudiana: Venid a ver la sangre por las calles. Los jóvenes y los menos jóvenes, los académicos y sus familiares, pueden criticar en Neruda todo lo que quieran, pero ocurre que el poeta, como el pintor, sabían distinguir el grano de la paja. El chileno instalado en el Madrid de la guerra tenía una visión segura de lo esencial, como el otro Pablo. La inspiración a veces, en sus años maduros, le flaqueaba, la musa tenía sus etapas de somnolencia, pero las culminaciones de su poesía, sus cumbres, sus encrucijadas vitales, no se pueden negar de buena fe. Desconocerlas es un error crítico y, además de eso, un error histórico.
Después de contemplar con detenimiento el Guernica y la impresionante constelación de dibujo y de pintura que terminó por rodearlo, uno concluye que Picasso, con todos los caprichos que uno quiera, supo estar en su siglo y entenderlo a fondo. El gran cuadro, con su necesario gran formato, es un alegato feroz contra el crimen inútil, contra el bombardeo de la ciudad indefensa y la muerte de niños inocentes.
Mi visita al museo madrileño coincide con los debates parlamentarios de la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero en su segundo Gobierno. Y la coincidencia no deja de ser significativa: la emoción de la pintura, aunque pueda parecer extraño a primera vista, no está del todo desvinculada de la reflexión política de hoy. Si la mirada de un chileno puede ayudar a ver el fenómeno de esta manera, con esta perspectiva, no está mal que así sea. Porque uno de los elementos centrales del debate político de la España de hoy, y, por lo demás, el de la España de todos estos años, es el terrorismo de ETA, y es el problema del independentismo vasco en su conjunto.
Y no olvidemos que en este prolongado y complicado asunto, en este nudo gordiano de la vida española, la ciudad de Guernica es uno de los puntos geográficos más sensibles: el lugar de la antigua tradición, de creencias que se remontan a la Edad Media, del árbol sagrado. El bombardeo por los aviones de Hitler, con el consentimiento de las autoridades del lado nacional, no era, ni mucho menos, un acto gratuito, un mero descuido. Uno, desde fuera, aunque haya leído muchos libros y escuchado muchas cosas, no se siente completamente autorizado para opinar. Pero hay una primera reflexión inevitable: el nacionalismo vasco viene de muy atrás y es el producto de experiencias traumáticas, decisivas.
Nosotros, en Chile, tuvimos a muchos exiliados de la guerra civil, pero a veces nos olvidamos que también recibimos a exiliados de las guerras carlistas del siglo XIX y a una ola de emigrantes vascos del siglo XVIII. Entramos, entonces, en una intrincada contradicción: se nos presentan fenómenos del pasado que podrían permitir entender, al menos en alguna medida, con todas las reservas imaginables, las reacciones más extremas del nacionalismo vasco. En apariencia, por lo menos: desde un examen más minucioso y desapasionado.
Pero analizamos el fenómeno del terrorismo en todas sus formas y en todas sus consecuencias, y vemos que las reacciones emocionales, de resentimiento nacional, de venganza, son perfectamente irracionales, bárbaras, ciegas: productos de una insensibilidad moral y de una cortedad intelectual. Porque ese dolor de las mujeres de Picasso, esos ojos desorbitados, esas bocas que claman al cielo, si entendemos que todo gran artista tiene en su mirada un elemento profético, de anticipación, también representan a las víctimas y a las madres de las víctimas del terrorismo etarra y, si es por eso, a las de cualquiera de los terrorismos contemporáneos. Una cabeza de mujer arrasada, destruida por un dolor incomprensible, de la mano de Picasso, es el equivalente de la fotografía contemporánea de Ingrid Betancourt deprimida hasta la médula de su espíritu y encadenada en la selva colombiana. La denuncia de Picasso, ahora, se lee con otros ojos y sobre la base de otra experiencia histórica. Y toda expresión artística tiene que mirarse así: para nosotros, los de ahora, y para nuestra circunstancia. Además, hay que mirar con profunda atención al Picasso del dolor desgarrado, de la rabia, sin olvidar nunca al otro: el del hombre que lleva un cordero, el de la noble cabeza de un luchador por la paz. Así se enriquece el sentido del Guernica, y también, con el permiso de ustedes, el de España en el corazón. A partir de esta doble o esta triple lectura.
Sigo, entretanto, el debate de la investidura parlamentaria y me quedo, después de haberme asomado durante tan largos años a la vida española, con una sola impresión, impresión, eso sí, más o menos clara. El Gobierno anterior fue de acritud generalizada, de recriminaciones mutuas que no terminaban nunca. A veces tuve la impresión de que la España del consenso, la que conocí y celebré en los años que siguieron a la muerte de Franco, la que después inspiró en una medida no menor la transición chilena, se había terminado. El Gobierno intentó negociar con la ETA y no consiguió resultados. No creo, por mi parte, que parlamentar, dialogar incluso con el diablo, sea un error en sí mismo, de por sí. Al fin y al cabo, los ingleses y los irlandeses lo hicieron y consiguieron resultados importantes. El error, quizá, consistió en negociar sin tener una retaguardia férreamente unida, negociar en medio de la recriminación, de la acritud de que hablaba antes.
Ahora la palabra consenso se escucha de nuevo con frecuencia, y parece que todos, tirios y troyanos, se han puesto pactistas de la noche a la mañana. A mí me parece perfectamente bien. No hago cálculos desabridos sobre la parte de táctica y la parte de convicción que interviene en todo esto. Se vislumbra en algún lado la síntesis de las mujeres con los hijos muertos, del hombre del cordero, de los arlequines. Y me quedo con la impresión vaga, pero reconfortante, de que ha ganado la partida Pablo Picasso.

Cuba

¿Amanecer cubano/Óscar Espinosa Chepe, economista y periodista independiente cubano Publicado en EL PAÍS, 16/04/2008;
Las posibilidades del comienzo de un proceso de cambios en Cuba se reforzaron con el ascenso del general Raúl Castro a presidente de los consejos de Estado y de Ministros en la sesión constitutiva de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 24 de febrero pasado. El general recibió un país casi en bancarrota, fragmentado y prácticamente paralizado en el tiempo. Y esto ocurría cuando la ciudadanía mostraba apreciables signos de descontento, incluidos segmentos obreros y estudiantiles constituidos por personas políticamente seleccionadas. Así que Raúl Castro, un hombre con credenciales de racional y pragmático, está obligado por las circunstancias a iniciar un proceso de cambios económicos que detenga el constante deterioro de la sociedad e impulse su recuperación y progreso.
Los discursos pronunciados por él desde mediados de 2006, en particular el 26 de julio pasado, crearon esperanzas en la población sobre una apertura que ayude a finalizar gradualmente las penurias diarias y saque al país del marasmo en que se encuentra. Su intervención en la Asamblea confirmó esa tendencia, al anunciar una radical reforma de la disfuncional estructura institucional del país mediante la reducción de los organismos de la administración central del Estado y una mejor distribución de sus funciones. Esto debería disminuir los enormes gastos burocráticos actuales y propiciar una más eficiente gestión, si las transformaciones redujeran la apreciable intromisión de los órganos del Estado en los asuntos de las empresas y la vida de los ciudadanos; una descentralización que contribuya a la solución de muchos problemas a nivel de municipios e instancias inferiores.
El 24 de febrero, el nuevo presidente se pronunció por eliminar las muchas prohibiciones impuestas al pueblo, empezando por las más sencillas. En las semanas posteriores se han tomado medidas acordes con esa promesa que, aunque insuficientes, podrían significar el comienzo de un proceso de apertura económica. En tal sentido, se autorizó la venta libre de computadoras, DVD, bicicletas y ollas eléctricas, y otros equipos electrónicos; el acceso a la telefonía móvil, el alojamiento en hoteles y el alquiler de automóviles, así como la creación de algunas tiendas especializadas para herramientas agrícolas.
El gran inconveniente de esas medidas es que se ejecutarán en pesos convertibles, llamados CUC, muy difíciles de obtener por la mayoría de la población, aunque llama la atención que en La Habana y algunas zonas del país se observen significativas ventas de determinados equipos como DVD y ollas eléctricas entre otros.
Como cuestión adicional, se permitirá la adquisición en cualquier farmacia de los medicamentos recetados, que anteriormente tenían que comprarse en las asignadas a cada médico, usualmente próximas a los hospitales o consultorios.
Con la excepción del término de la prohibición para tener teléfonos móviles, el resto de las medidas no fueron anunciadas por la prensa nacional. Se han ejecutado sin mediar información alguna, quizás por no querer reconocer públicamente la existencia durante años de imposiciones absurdas.
Por otra parte, altos cargos del Gobierno han anunciado la entrega masiva en usufructo de tierras ociosas a los campesinos para su explotación, lo cual sí constituiría una reforma sustancial. Por supuesto, habrá que esperar explicaciones oficiales adicionales para conocer su alcance. Se ha sabido que a nivel municipal se están creando dependencias encargadas de su ejecución, lo cual denota el propósito de descentralizar las gestiones gubernamentales.
Estas medidas podrían ser muy importantes, ya que Cuba importa actualmente el 84,0% de los alimentos, aunque más del 50,0% de las tierras cultivables estén ociosas o altamente subutilizadas, mientras los campesinos individuales que sólo poseen el 18,0% de las tierras cultivables producen cerca del 60,0% de los productos agropecuarios, a pesar de todas las limitaciones a que están sujetos.
Se destaca el llamamiento de Raúl Castro, en su toma de posesión, a trabajar hasta lograr que el salario recupere su papel y el nivel de vida de cada cual esté esencialmente en relación directa con los ingresos percibidos por el esfuerzo laboral. Todo esto evidentemente está vinculado a la reevaluación del peso cubano y la eliminación de la doble circulación monetaria, que tanto daño causa a la economía cubana. Esos objetivos serían alcanzables con una visión económica integral, como él señaló, donde entre otros aspectos se acometan reformas estructurales y de conceptos liberadoras del hoy encadenado potencial productivo, con la debida adecuación de los sistemas salarial y de precios.
Esto debería acompañarse de una racional política de subsidios, a fin de elevar la riqueza a distribuir mediante el incremento de la pobre productividad y la baja eficiencia económica existentes, en un marco de control efectivo de la masa financiera circulante para hacerla corresponder con la oferta de bienes y servicios.
La población ha reaccionado con optimismo cauteloso, aunque algunos ciudadanos muestran escepticismo. Es lógico, debido a las muchas ocasiones en que se levantaron expectativas de cambios, luego frenados y revertidos. Objetan que las ventas de artículos se realicen en moneda convertible, pues limita las compras y el acceso a los hoteles fundamentalmente a quienes reciben remesas del exterior, trabajan en el sector emergente constituido por empresas de capital mixto, embajadas y el turismo o negocian en el mercado negro, y a campesinos relacionados con productos generadores de altos dividendos. Además, critican que hayan existido esas prohibiciones irracionales durante tantos años.
No obstante, las opiniones son generalmente positivas, y se esperan medidas adicionales como, entre otras, la flexibilización de los complicados mecanismos existentes para recibir permiso de viajes al exterior, la liberalización del acceso a Internet y el fin del racionamiento de los alimentos presente desde hace 46 años, para sustituirlo por un mecanismo de ayuda a las personas verdaderamente necesitadas.
Paralelamente, la propuesta del nuevo presidente, aprobada por la Asamblea, de que se le permita consultar con Fidel Castro las decisiones de especial trascendencia para el futuro de la nación, sobre todo las vinculadas con la defensa, la política exterior y el desarrollo económico del país, ha despertado suspicacias, pues podría servir como elemento de injerencia, cuestión que habrá que seguir con cuidado, considerando las características personales del anterior presidente. No obstante, para Raúl Castro será sumamente difícil desconocer a Fidel y su legado mientras éste viva, y aún después de fallecer, pues dirigió durante casi 50 años al detalle el destino de Cuba, envuelto en una aureola mística, además de ser el hermano a quien ha acompañado inseparablemente.
La tarea que enfrentará el general Raúl Castro con su equipo, formado mayoritariamente por personas cercanas, entre las que se distinguen antiguos compañeros de armas del Segundo Frente Oriental Frank País, es inmensa y necesitará la aceptación de la comunidad internacional, objetivo difícil de lograr si, a la vez, el régimen no mejora su actual imagen de violador contumaz de los derechos humanos. Para ello, sería indispensable que el nuevo Gobierno diera señales positivas. En primer lugar, con gestos como la liberación de los presos de conciencia y políticos pacíficos, que cumplen sus condenas en condiciones infrahumanas por haber señalado males ahora reconocidos oficialmente.
Ciertamente, no podrán esperarse soluciones mágicas ante la magnitud de los problemas acumulados durante tantos años. Para ser efectivas, las medidas deberán aplicarse gradualmente y procurarse los menores costos sociales, aunque está claro que la peor variante sería continuar el inmovilismo con su carga de sufrimientos para todos los cubanos. El fracaso de la esperanza en una apertura, pudiera provocar un peligroso sentimiento de frustración popular. Las posibilidades de un amanecer hacia un futuro de prosperidad y avance social, en un espíritu de reconciliación nacional, tienen bases reales. Esta histórica oportunidad por ningún concepto debe perderse.

Silvio Berlusconi, ¡otra vez!

Italia ha dado un nuevo paso hacía su "Tercera República"/ Sergio Romano, embajador de Italia y es analista del Corriere della Sera
Publicado en EL MUNDO, 16/04/2008;
Para superar una crisis a la vez constitucional y económica, la mayoría de los italianos eligió, por tercera vez en 14 años, a Silvio Berlusconi. Pero fuera de Italia, los observadores se preguntan, desconcertados, por qué la elección recayó sobre un hombre que a muchos europeos les parece el síntoma más evidente del malestar italiano. ¿Qué soluciones puede poner en marcha un político empresario que mantiene un clamoroso conflicto de intereses, que ha sido investigado y procesado en varias ocasiones por los tribunales de la República, que gobernó con mediocridad el país durante los cinco años de su último mandato y que hizo aprobar en el Parlamento, al final de su Gobierno, una ley electoral que ha dejado coja a la democracia italiana durante los dos años del Gobierno Prodi?
Hay circunstancias en las que los vicios y los defectos de Berlusconi se convierten en triunfos. Por ejemplo, supo transformar su empresa en un partido político. Concedió representación, tras la muerte de la Democracia Cristiana, a la voz de los electores moderados. Habla un lenguaje híbrido, unas veces agresivo y otras culto o populachero, que tanto gusta a muchos de sus compatriotas. Consiguió crear coaliciones que aglutinan al partido antimeridional del norte y a las viejas fuerzas clientelares del sur.
Cuando Berlusconi declara que sus adversarios son comunistas está diciendo a la vez una verdad y una mentira. Se trata de una mentira, porque el Partido Democrático de Walter Veltroni pertenece a la constelación europea de las izquierdas reformistas. Y se trata de una verdad, porque Italia es el único país de Europa occidental en el que los socialistas, tras el final de la Guerra Fría, se fueron al exilio y los comunistas, al poder.
Berlusconi sabe que muchos italianos nunca votarán a un ex comunista y no duda en utilizar abiertamente este argumento. Además, Berlusconi venció porque Italia, gracias a su entrada en la política, se fue tornando cada vez más bipartidista y dispone ya de un sistema en el que el elector, si quiere proporcionar gobernabilidad al país, se ve obligado a elegir el mal menor. Y el mal menor, para muchos italianos, se llama evidentemente, guste o no, Silvio Berlusconi.
Su retorno al poder tiene lugar, sin embargo, en una situación política y parlamentaria al menos diferente de la de las elecciones de 2006. La ley electoral sigue siendo la promovida por Berlusconi al final de su último mandato, pero los dos mayores partidos, el Democrático de Veltroni y el Pueblo de la Libertad de Berlusconi, han conseguido utilizarla de una forma más racional. Rechazaron el método de las grandes coaliciones heterogéneas, buenas para ganar pero pésimas para gobernar, y fueron a las urnas en pequeñas coaliciones más compactas y menos incoherentes.
Ambos candidatos no han hecho promesas maravillosas y han mostrado, en sus declaraciones programáticas, un mayor pragmatismo. El candidato perdedor, Walter Veltroni, reconoció su derrota y felicitó al ganador. Y uno de los vencedores, Gianfranco Fini, dijo que la relación entre la mayoría y la oposición podría ser diferente a la de las legislaturas anteriores. Es una novedad no pequeña en una Italia que, en los últimos años, se movió siempre entre peleas y tensiones permanentes.
En un Parlamento simplificado, del que desaparecieron muchos partidos menores, mayoría y oposición podrían, pues, dejar de considerarse enemigos irreconciliables. Ahora le toca a Berlusconi demostrar que ha entendido que hay reformas necesarias para un país que tiene que salir del estado de postración en el que parece haberse sumido. Reformas que sólo pueden realizarse en un clima de colaboración.
Son las reformas constitucionales, necesarias para modificar una Carta Magna envejecida, que no garantiza al primer ministro los poderes de sus colegas europeos y que alarga los tiempos parlamentarios, asignando a las dos cámaras las mismas funciones. Son las reformas sociales, desde la del sistema de pensiones a la del mercado laboral, que Berlusconi y Prodi realizaron en los últimos cinco años de forma insuficiente. Son las reformas de la Administración Pública, una enorme casta burocrática que sólo ha absorbido parcialmente los beneficios de la revolución informática y que cada año consume una cuota mayor de dinero público. Son las infraestructuras que el país necesita urgentemente para no aislarse del resto de Europa.
Hoy, gracias a la simplificación del panorama parlamentario, tal vez se den las condiciones para que la mayoría y la oposición se pongan de acuerdo sobre algunas grandes reformas, especialmente las institucionales, de interés común. Pero hay al menos dos obstáculos que podrían zancadillear, una vez más, a la democracia italiana. En primer lugar, Berlusconi venció con la ayuda determinante de un partido -La Liga Norte de Umberto Bossi- que representa ya al 20% de la parte más rica del país. Su triunfo refleja la indignación de las regiones que no quieren a Roma, al sur, a la burocracia y que perciben la política impositiva como doblemente injusta. Primero, porque les priva de recursos necesarios para su desarrollo y, segundo, porque sirve para alimentar la maquinaria del asistencialismo meridional.
La Liga será mucho menos xenófoba de lo que se dice (el norte necesita trabajadores inmigrantes), pero será ciertamente federalista y, sobre todo, querrá el federalismo fiscal, es decir un sistema de reparto de la renta nacional que permita a la región del norte administrar por sí misma la mayor parte de las rentas que produce. Se trata de una petición legítima. Pero, en un país donde el norte y el sur parecen pertenecer, a veces, a dos planetas diferentes, el federalismo fiscal está destinado a enriquecer a las regiones ricas y a empobrecer a las pobres.
Será necesario crear, pues, un fondo común de solidaridad nacional que permita mitigar las desventajas de las regiones menos favorecidas. Pero lo peligroso, como suele ser habitual, está en los detalles y Berlusconi deberá demostrar que es capaz de mediar entre las exigencias nordistas de la Liga y la representación de la zona meridional del país.
Tampoco Veltroni lo tendrá fácil. Tuvo el mérito de crear el Partido Democrático y de conducirlo a las urnas sin la embarazosa presencia de la izquierda radical y maximalista. Ha perdido, pero puede sostener legítimamente que le ha dado a Italia un partido reformista mucho más creíble que la heterogénea coalición que Romano Prodi había aglutinado para ganar las elecciones del 2006.
Pero Veltroni también tiene un aliado incómodo, que podría hacerle más difícil su trabajo. Se trata de Antonio Di Pietro, el fiscal milanés de la época de los procesos de Manos Limpias, y fundador de un partido justicialista, la Italia de los Valores, que nunca dejó de considerar a Silvio Berlusconi como una desgracia nacional.
Mientras Berlusconi tiene que mantener a raya a la Liga e impedirle que sea demasiado nordista, Veltroni tendrá que asumir la tarea no menos complicada de explicarle al ex magistrado Antonio Di Pietro que el código penal no es suficiente para gobernar un país.
Gracias a estas elecciones, Italia ha dado otro paso hacia su Tercera República. Pero el sistema político sigue siendo frágil, imperfecto, expuesto a los cambios de humor de la opinión pública. Y así seguirá siendo, hasta que mayoría y oposición no consigan ponerse de acuerdo en la reforma constitucional que el país tanto necesita.

Mañanera del lunes 3 de agosto de 2026

 Conferencia de prensa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo del 03 de agosto de 2026 Presidencia de la República | 03 de agosto de 2026 ...