Ir al contenido principal

Chávez. El último caudillo


El último caudillo/ Alma Guillermoprieto, es periodista y escritora mexicana.
El País | 8 de marzo de 2013
Durante los 13 años, 10 meses y seis días que se pavoneó por las pantallas de televisión de todo el mundo, entre su primera toma de posesión como presidente de Venezuela y su desaparición del escenario público el pasado mes de diciembre, nunca se supo exactamente qué pensar de Hugo Chávez, que murió el martes a los 58 años. Bailó, rió, parloteó, amenazó, cantó, bravuconeó, alardeó, y ahora el comandante, que en realidad era teniente coronel, ha dejado un gran hueco. En sus años en el poder, nunca faltaba tema de conversación en una cena o una fiesta venezolana: siempre estaba Chávez, y solo Chávez, como objeto de lamentaciones, elogios, burlas o ruegos. Él era el único problema y la única solución a todos los problemas. En su ambición infinita y desatada —la ambición del gordo que se ensancha en el ascensor para ocupar más espacio—, él lo era Todo.

Fueron infinitas las contradicciones de Chávez, a quien nunca le gustaron los derramamientos de sangre, ni la suya ni la de otros: abortó un breve y torpe golpe de Estado que armó en 1992 contra un presidente elegido democráticamente y, en el mismo momento de reconocer la derrota, comenzó su propia campaña electoral. “Por ahora… no logramos controlar el poder”, declaró ante los micrófonos de los periodistas durante su detención (¿y quién fue el bobo que permitió que hiciera una afirmación tan desafiante un preso al que estaban a punto de someter a un consejo de guerra?). La actitud descarada e impenitente de Chávez cautivó a los venezolanos. Tras salir de la cárcel, ganó las elecciones presidenciales de 1998 con toda comodidad.
Todos estos años después, sigue siendo difícil saber si su mandato fue una dictablanda o no. A pesar de sus diatribas antiimperialistas, el petróleo venezolano no dejó de llegar ni un solo día a los puertos de Estados Unidos. A pesar de sus sermones socialistas, su país siguió firmemente arraigado en el capitalismo.
El misterio de Chávez: se encontró con un país asolado por la corrupción y el mal gobierno y, sobre todo, la caída de los precios internacionales del crudo, que es casi lo único que exporta Venezuela al mundo. Durante sus años en el poder, el petróleo —que representa el 30% del PIB, y es un sector en el que el país se encuentra entre los 10 primeros productores mundiales— pasó de nueve dólares el barril a casi 150; en la actualidad, se mantiene en torno a 100 dólares el barril. Pese a lo que representa semejante ingreso para un país pequeño (Venezuela tiene una población estable de más o menos 30 millones de habitantes), el chavismo se caracterizó por una serie de desastres —los más notables, en vivienda, infraestructuras, agricultura, electricidad, distribución de alimentos y seguridad pública—, y la producción de petróleo se redujo, gracias a unos niveles notables de mala gestión. Y, sin embargo, Chávez ganó fácilmente sus cuartas elecciones el pasado octubre, cuando ya le habían operado de cáncer tres veces y era difícil no darse cuenta de que se estaba muriendo, por más que se negara a ofrecer ninguna información sobre el avance de la enfermedad que iba a acabar con su vida.
Se preocupaba por la gente. Desafió el racismo venezolano y se saltó las barreras de clase. Él, que provenía de un entorno paupérrimo, llevó importantes mejoras en sanidad, educación y asistencia pública a los barrios en los que viven los pobres. Era desafiante. Era machista. Según el expresidente Jimmy Carter y otros observadores imparciales, redujo de forma espectacular la pobreza. Insultaba a Estados Unidos sin cesar y luego salía corriendo como un escolar travieso, entre risas. Vivía encantado consigo mismo. Pero otros gobernantes con virtudes y logros parecidos no han conseguido ser Chávez, y se han retirado de su cargo entre la indiferencia del público, o han acabado expulsados por muchedumbres que les hubieran querido hacer pedazos. Y hoy se puede decir sin temor a equivocarse que Chávez, ya fallecido y a punto de tener un funeral digno de un santo, influirá en la política y las relaciones sociales de su país desde esotra parte de la ribera durante años, tal vez decenios, como el líder latinoamericano al que más se parecía, el argentino Juan Domingo Perón. O, mejor dicho, como Perón y su mujer, Evita, porque su complicada personalidad y su forma de morir hacen que se parezca a ambos.
No fue el primer presidente que tuvo fracasos, ni el primero que siguió siendo popular a pesar de esos fracasos. Pero lo que inquietó a tantos observadores fue esa popularidad tan peronista: la pasión con la que gritaban su nombre en inmensas concentraciones públicas, el odio que agitaba en sus seguidores cuando denunciaba a los imperialistas, los tiburones, los que querían asesinar a Venezuela, los traidores, los inmundos cobardes que se atrevían a discrepar de él. Y ahora vemos el llanto desesperado de millones de venezolanos, que temen haber perdido no a un presidente, un político ni un gran líder, sino a un padre, un salvador, un protector del huérfano que vive asustado dentro de todos nosotros.
Es posible que, al intentar evaluar el asombroso mandato de Hugo Chávez, lo que debamos preguntarnos es esto: si el pueblo al que ha dejado solo cayó en una especie de fe y dependencia infantil bajo su embrujo, y qué coste puede tener esa regresión. Tal vez es una situación que crean aquellos gobernantes a los que llamamos caudillos —jefazos de mano fuerte que gobiernan a fuerza de personalidad—. Quizá Hugo Chávez Frías fue el mayor de todos ellos. “No hay chavismo sin Chávez”, proclamaba una y otra vez. ¿Quién va a enjugar ahora las lágrimas de Venezuela?
© 1963-2013 NYREV, Inc.
Distribuido por The New York Times Syndicate.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Alfredo Jalife en la mañanera de hoy

Conferencia de prensa del presidente López Obrador, del 24 de abril de 2019 Versión estenográfica ...
-Buenos días, presidente. Soy Saúl Soltero, del canal de redes sociales El Nopal Times. “....En relación al maestro Alfredo Jalife, que muchas personas pugnan o solicitan que sea incorporado en su gobierno por ser un excelente analista, un geoestratega que tiene muchas ideas de cómo podría México transitar a ser un país exitoso. ¿Qué opina usted de esa petición de que sea tomado en cuenta dentro de su gobierno para ocupar algún cargo? PRESIDENTE :  Acerca de lo de Jalife. Es una muy buena persona. No creo yo que quiera ocupar un cargo, es un analista, un investigador; pero en el caso que hubiese algo que le interesara, como cualquier otro profesional analista, lo tomaríamos en cuenta. No hay veto para Jalife ni para nadie. Hay muchas discrepancias, hay debate, yo lo considero sano; a veces se pasan, pero es sano eso. Ya cuando no se debate es que hay que avisarles que ya se apagó la luz…

AMLO perdió la calma y se desbordó contra sus aliados..

El C. Presidente convocó la tarde del jueves 7 de noviembre en Palacio Nacional a los diputados federales y senadores de Morena para evaluar avances de la agenda legislativa.
Fueron convocados también legisladores aliados como PES, PT e incluso el PVEM, nueva adquisición de la 4T.
"Es una reunión para la revisión de la agenda legislativa, que normalmente tenemos dos o tres veces al año con el Presidente, antes de iniciar las sesiones y en el trayecto del periodo de sesiones", indicó Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena.
Los primero en llegar fueron los representantes del PES;  Tatiana Clouthier indicó que desconocía el motivo de la reunión, pues sólo fue convocada.
Incluso rechazó que se un llamado del Presidente para darles línea, pues la línea es que no hay línea.
Al final el Presidente salió molestó incluso sin despedirse,  entre chiflidos de los inconformes.
Y es que los trato de corruptos....habráse visto!
¿Imagínense si se hubiera transmitido ese “dialogo c…

Oaxaca, la fotografía…, elección cerrada; 34 y 30%

Encuesta / Registra tricolor mínima ventaja Encuesta REFORMA. Elecciones Oaxaca.  Alcanza Murat 34% de las preferencias frente al 30% de Estefan Garfias Nota de Lorena Becerra y Joaquín Zambrano Reforma, Pp, 26 de mayo de 2016
Alejandro Murat, candidato del PRI-PVEM-PANAL, supera por escasos cuatro puntos a José Antonio Estefan Garfias, abanderado del PRD-PAN, rumbo a la elección para Gobernador de Oaxaca que se llevará a cabo el próximo 5 de junio. Dado el margen de error del estudio, esto se traduce en un empate técnico entre ambos candidatos. Así lo revela una encuesta de REFORMA a mil electores en la entidad. Los dos punteros gozan de buenos niveles de reconocimiento de nombre. No obstante, Estefan cuenta con una imagen positiva entre los entrevistados, en contraste con el candidato del tricolor que recibe más opiniones negativas que positivas. Por su parte, el aspirante de MORENA, Salomón Jara, no es conocido por el 58 por ciento de la población, pero aun así logra posicionarse en terce…