El sol de Palacio y sus fusibles fundidos
Hay estampas que ni el mejor algoritmo de control de daños puede borrar. La imagen de unas piernas buscando el sol en los ventanales de Palacio Nacional transitó, en un parpadeo, de la frivolidad doméstica a una auténtica crisis de Estado. En el camino, dejó heridos de guerra que se desangran por una lealtad que, para su desgracia, no conoce el agradecimiento.
Raymundo Riva Palacio nos pone frente al espejo de una política que devora a los suyos. El caso de Jenaro Villamil es, quizá, la lección más amarga de lo que significa ser un "fusible" en el régimen actual. En un afán casi quijotesco —aunque despojado de toda nobleza—, el aparato de Infodemia, que él encabeza, salió a jurar que la escena era un burdo invento de la Inteligencia Artificial. Villamil no solo mintió; se inmoló en el altar de la posverdad para proteger a la Presidenta, sin sospechar que el fuego venía de la recámara de junto.
Lo que Riva Palacio desmenuza con precisión quirúrgica es la soledad de Claudia Sheinbaum ante un modelo que no le pertenece. La "mañanera" es un traje diseñado a la medida del cinismo carismático de López Obrador; a la científica le queda grande. Frente a la pregunta de Vicente Serrano, Sheinbaum se refugió en el anacronismo, intentando tapar un desfiguro familiar con los fantasmas del 68 o las sombras de Salinas, Fox y la guerra contra el narco. Un laberinto de galimatías para no decir lo obvio.
Pero el fondo es más humano y, por ello, más complejo: es la irrupción de lo privado en lo sagrado. La doctora Annie Pardo Cemo, al asolearse en la ventana del poder, no solo buscaba vitamina D; expuso la vulnerabilidad de un régimen que no sabe gestionar sus afectos ni sus parentescos.
Al final, la Presidenta optó por el sacrificio del mensajero. En un revés inesperado, ella misma confirmó la veracidad del video, dejando a su propia maquinaria de "verificación" como una fábrica de mentiras. Villamil paga con el descrédito —moneda de cambio habitual en su oficina—, mientras la figura de la "Primera Madre" se asoma entre las cortinas de un Palacio que ha dejado de ser sede histórica para volverse cuarto de descanso. Es la crónica de cómo un simple rayo de sol terminó por fundir los plomos de la propaganda oficial.
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La mujer que se asoleó en Palacio/ Raymundo Riva Palacio
El propagandista Jenaro Villamil quedó descolocado en la conferencia matutina. Un modelo de comunicación que da señales de agotamiento y complica a la presidenta.
La Política on line, 30/03/2026
La presidenta Claudia Sheinbaum le sorrajó un trancazo a uno de los principales propagandistas del régimen, Jenaro Villamil, responsable del adoctrinamiento a través de los medios públicos que controla desde el Sistema Público de Radiodifusión. El golpe es injusto porque Villamil puso el cuerpo para mentir flagrantemente para sacarla de un atolladero, cuando se difundieron imágenes de una mujer tomando el sol en una de las ventanas de Palacio Nacional, y decir hasta la ignominia que era una imagen creada con inteligencia artificial.
Villamil sabía que no era cierto. Su jefe, el arquitecto y responsable de la maquinaria de propaganda y coordinador de asesores de Sheinbaum, Jesús Ramírez Cuevas, también lo sabía. Pelearse en las redes para esconder la realidad y evitar un problema para la presidenta obtuvo como agradecimiento, que públicamente lo dejara como un charlatán. Es cierto, como le dijo el entonces director de Pemex, Jorge Díaz Serrano, al presidente José López Portillo, quien contra su consejo modificó el precio del petróleo y causó una crisis económica : "El presidente nunca se equivoca".
En este caso, no fue la presidenta la que se equivocó, sino su madre, Annie Pardo Cemo, quien fue la que asoleó sus piernas en Palacio Nacional. Viillamil actuó por iniciativa propia para salir a desviar la conversación, aunque, con un invento que fue fácilmete desmontable. Insistió el experiodista, batiéndose en el despiadado campo de batalla de las redes sociales, y fue perdiendo gradualmente, desangrándose en su intento por cuidar a la presidenta y hundirse, sin esperar quizás, que Sheinbaum le daría la última parada hacia el pozo.
Pero en política tiene que haber fusibles, y Villamil, que tiene un descrédito creciente y ha sembrado enemigos por todos lados por sus actitudes arrogantes y panfletarias en las redes sociales, cumplió ese objetivo. La presidenta no podía -porque no tiene cultura democrática y conciencia de la rendición de cuentas, como tampoco ética política de admitir errores-, reconocer que era su madre la que cometió algo más que un desfiguro: un afrenta a un sitio histórico como sede del poder político mexicano, donde no caben recreación ni frivolidades.
La científica Pardo Cemo, no ha estado ajena a escándalos, que la maquinaria de propaganda de Ramírez Cuevas ha logrado acallar. Es la única madre de un jefe de Estado mexicano, que tiene cuentas en paraísos fiscales -lo que denostaba como pecado capital el régimen obradorista-, y la única que ha recibido beneficios académicos y honoris causa -sin regatear ninguno- que aunque no se pueden vincular automáticamente a ser la madre de la presidenta, coniciden todos con el periodo de poder que inició Sheinbaum como candidata presidencial.
Sheinbaum, por lo que ha trascendido, no estaba al tanto que su madre era la misteriosa mujer que asoleó sus piernas en la ventana de Palacio Nacional. Cuando uno de los quedabien de la presidenta le preguntó el martes pasado sobre el tema, asumiendo que como es una de las ovejas que pastorea Ramírez Cuevas, la pregunta debía haber sido colocada para que saliera del atolladero, Sheinbaum se enredó más con una respuesta llena de galimatías. "¿Y qué dice del PRI en el 68?", comenzó su respuesta. "¿Y qué dice de la guerra contra el narco? ¿Y qué dice de las represiones de Zedillo?".
Si para este momento la cara de los asistentes a la mañanera era de entre asombro, incredulidad y no entender qué es lo que estaba haciendo, se amplió cuando continuó. "¿Y qué dice de los 500 muertos de Salinas? ¿Y qué dice de la violación a la democracua de Fox? ¿Y qué dice de las corruptelas de Peña?". Y por cierto, añadió al embrollo para salir del aprieto, "me acordé, ¿qué les pareció que ahora el PAN va a elegir a sus candidatos (por encuesta)?".
Esa imagen será una de las icónicas de cómo la mañanera le ha hecho más daño que beneficio. El modelo se lo impuso López Obrador y lo controla Ramírez Cuevas. Le dejó un traje hecho a la medida del presidente emérito que le queda grande, como le quedaría mal a cualquier otro, porque estuvo diseñado por él y solo para él. En una de las pocas reuniones internacionales a las que fue López Obrador, varios presidentes se rieron de él por el abuso de la exposición pública, sin entender que en una sociedad como la mexicana, le funcionó muy bien para dormir a las mayorías, engañar a muchos más y neutralizar a sus críticos mediante campañas reputacionales.
Pero Sheinbaum no es López Obrador. No tiene su cinismo, ni está formada en la escuela del PRI, elástico, flexible, ni tiene el oficio político para que le resbalen las cosas, ni el talento para improvisar de manera articulada cuando la crisis es monumental. Esto fue lo de la misteriosa mujer en Palacio Nacional, cuya primera imagen se difundió el 21 de marzo y metió a la presidenta en un problema que zanjó, en una primera instancia, nueve días después, al admitir Sheinbaum ayer que aunque asolearse en la ventana la sede del poder central mexicano no está prohibido, se aplicó una sanción por tratarse de un recinto histórico al que "hay que tener respeto".
Una vez más, en contradicciones. Si legalmente no está prohibido, ¿por qué tendría que haber una sanción? Si no hay respeto es porque hay tolerancia y no era algo nuevo. Si los militares que cuidan Palacio Nacional le permitieron entrar a los salones que dan a la Plaza de la Constitución, ¿qué credenciales tiene la persona para tener tal salvoconducto? Como hipótesis de trabajo: una persona que conocen porque la han visto regularmente, pero no deambulando sola, sino con la presidenta o con personal de su Ayudantía que van idebtificándola como lo que es, la Primera Madre del País.
La familiaridad con la que la doctora Prado Cemo se asoleó, sugiere que ella no es ajena a los vericuetos de Palacio Nacional. Si es tan conocida, la pregunta sería si vive ahí, o si despacha en ese recinto histórico, o es una visitante tan frecuente, que es parte del paisaje natural del despacho presidencial. La doctora ya puso su impronta, y para cuidarla -uno supondría que la presidenta ya hablón con ella para que no se vuelva a repetir-, sacrificó a Villamil. Qué paradoja. No fue un fusible por todos los excesos y abusos que ha cometido, ni por tener millones de pesos desviados en quièn sabe qué, sino por cuidar la imagen presidencial. Paga con el descrédito, pero para eso se alquiló.
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