Certeza jurídica vs. Certeza de vida
La caída de un símbolo
Por Fred Alvarez Palafox; @fredalvarez
Lo que debió ser una postal de cortesía diplomática terminó con la 'primera piedra' rodando por el polvo de Topolobampo. No fue un accidente, fue un manifiesto de resistencia. En Ahome, Sinaloa el colectivo '¡Aquí No!' y el pueblo Yoreme no solo rasgaron los carteles oficiales; rompieron la narrativa de un progreso que pretendía pasarles de largo. Con el estruendo del reclamo, le gritaron al capital extranjero una verdad incómoda: el desarrollo sin rostro se siente como ocupación. No es solo activismo; es el choque irreversible entre la macroeconomía de oficina y la piel de quienes ven en Mexinol una amenaza a su mar, a su mesa y a su historia.
Resulta fascinante —y a la vez un síntoma de profunda desconexión— observar la metamorfosis del gobernador morenista Rubén Rocha Moya en ese instante. En cuestión de minutos -recomiendo ver las imágenes-, pasó de ser el anfitrión de la gran inversión a un mandatario cercado, obligado a empeñar su palabra para congelar 3,300 millones de dólares hasta que la voz Yoreme sea escuchada. La improvisación política quedó al desnudo cuando el evento tuvo que huir 20 kilómetros, buscando el refugio estéril de un hotel en Los Mochis para poder existir, lejos del sol y del reclamo social que se quedó vibrando en la costa.
El mensaje cifrado del Embajador de EU
Pero lo que ocurrió en ese salón no fue una simple mudanza de sede; fue un ajuste de cuentas diplomático. El embajador Ronald Johnson lanzó una advertencia que retumbó más allá de las paredes del hotel. Al sentenciar que "la inversión es como el agua: fluye donde hay certeza y se aleja de la corrupción", Johnson no solo hablaba de leyes; lanzaba un dardo directo contra la cultura de la extorsión. Fue un discurso de "al que le quede el saco, que se lo ponga", exigiendo que el soborno sea delito y no costumbre. Sin embargo, su metáfora es incompleta: para la empresa, la certeza es un contrato blindado; para los pescadores de la Bahía de Ohuira, la certeza es que su hogar no se convierta en un cementerio industrial.
El espejo de un dilema
Sinaloa hoy no es solo un punto en el mapa de las inversiones; es el espejo de un dilema global que nos mira de frente. El caso Mexinol ha dejado de ser un proyecto técnico para convertirse en un síntoma: no se puede construir un futuro "verde" sobre un presente de indiferencia humana. Es una ironía dolorosa que un combustible limpio pretenda nacer de un conflicto tan tóxico. La lección es clara: la verdadera certeza jurídica no se agota en el sello de un notario ni en la retórica oficial; se siembra en la licencia social del territorio. Mientras el gobierno siga tratando a los pueblos originarios -en este caso a los yoremes-. como parte de la escenografía y no como protagonistas de su destino, las inversiones —como el agua que tanto preocupa al embajador— seguirán escapándose, irremediablemente, entre los dedos de la injusticia.
¡Para la historia inmediata!
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