El testamento del Varón del Tango
Por Fred Alvarez Palafox
Hay despedidas que no son un adiós, sino una autopsia emocional. En 1964, el "Varón del Tango", Julio Sosa, publicó su libro Dos horas antes del alba. Poco sabía que ese título sería una premonición: el 26 de noviembre de ese mismo año, con apenas 38 años, su voz y su corcel de acero se detendrían para siempre en una calle de Buenos Aires. Pero antes, nos dejó grabado a fuego "El Renunciamiento", un poema que es, en realidad, el triunfo del realismo sobre el deseo.
Sosa nos regala una imagen demoledora: el vano intento de atar con la delgada hebra de un cabello el corcel desbocado de los celos. Es la desproporción humana en su estado puro; la voluntad intentando domesticar tormentas que nos superan. Aquí no hay heroísmo, sino lo que él llama una "noble cobardía"
.Es la honestidad brutal de quien se reconoce "ocaso" frente a la "aurora" del otro. Ella ofrece valles y luz; él, un corazón cansado de mentiras. Por eso renuncia: para que ella no pierda en el cambio. Es el amor como alimento de un alma que ya vio demasiado y que hoy camina ciega ante paisajes nuevos.¿Qué dice, al final, el poema? Dice que la mayor generosidad es la ausencia. Sosa se despide con un beso de niño y un sollozo de viejo, aceptando que, como el árbol seco, hay que saber renunciar al sol para no estorbar la primavera.
Hay un poema similiar es del venezolano Andrés Eloy Blanco Blanco nos dice que la renuncia no nace del desamor, sino del golpe de realidad: el río solo tiene el reflejo, la verdad sigue estando fuera de nuestro alcance.
A diferencia del tono melancólico de Sosa, Blanco introduce una imagen mucho más cruda y terrenal: "como el perro que apaga sus amorosos bríos cuando hay un perro grande que le enseña los dientes".
Aquí la renuncia no es solo "noble", es pragmática. Es el reconocimiento de las fuerzas externas, de los "perros grandes" (el destino, las circunstancias, el poder) que imponen su ley sobre el deseo individual.
Blanco juega con una paradoja política y emocional: "una proximidad de lejanía". Describe esas cosas que tenemos cerca de los ojos pero lejos de la vida. Es la descripción del exilio (Blanco murió en el exilio, en México, por cierto), de estar frente a lo que se ama pero saber que ya no nos pertenece.
¿Cuál es la diferencia crítica?
Mientras que el texto de Sosa es un lamento biográfico (el viejo que renuncia), el de Andrés Eloy Blanco es un lamento existencial. Blanco no renuncia porque sea viejo o esté cansado, renuncia porque ha comprendido la mecánica del mundo: la estrella siempre estará arriba, aunque el río nos engañe.
¿Que dice el poema de Sosa??
"He renunciado a ti.
Fue una locura.
Vano intento de atar con la delgada hebra de un cabello
al inmenso caudal de mi ternura
el corcel desbocado de mis celos...
He renunciado a ti.
Con un renunciamiento que este invierno llena
de palabras quebradas, frases muertas.
Que llenaron mis labios de promesas.
Que no pude cumplir
pues tuve miedo de que no comprendieras
que este amor de pecado y de pureza
con que mi alma cansada se alimenta
cegando mi razón y mis sentidos
nos perdiera...
Sólo pude ofrecerte un viejo corazón
cansado de mentiras
y una fe moribunda mil veces malherida...
Tú me ofreces la luz
valles, nubes, montañas
cielo límpido azul
paisaje nuevo que no puedo gustar
pues ya estoy ciego...
Tú me ofreces la aurora y yo el ocaso
y no quiere mi noble cobardía
que pierdas en el cambio...
He renunciado a ti
como renuncia el famélico mendigo
al vino generoso y al caviar
con gesto resignado
como llora el niño pobre su tristeza
frente al juguete caro...
Así renuncio a ti.
Con un beso de niño y un sollozo de viejo.
Como al agua y al sol vivificantes
renuncia el árbol seco…
Se puede escuchar el poema con música de tango en la voz original de Julio Sosa.
#
"He renunciado a ti. No era posible.
"He renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.
Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
Hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...
He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
como el que ve partir grandes navíos
con rumbos hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos bríos
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.
He renunciado a ti, como renuncia
el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos extáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales
en los escaparates de las confiterías...
He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, cuántas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!
Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
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