Para Morena, AMLO sigue siendo el rey
El asalto a la razón/ Carlos Marín
Milenio, / 08.06.2026
Si algo faltaba para confirmar que sus devotos creen que Andrés Manuel López Obrador sigue mandando, Morena replicó en su cuenta de X el virtual golpe bajo que aquel propinó a su sucesora con el bodrio “Por el bien de todos que regrese el otro Trump”.
Y sigue venerándolo como jefe del Ejecutivo:
“Compartimos el importante pronunciamiento desde Palenque, donde el Presidente (así, con mayúscula) @lopezobrador_ abordó la situación geopolítica actual entre México y Estados Unidos”, dice, y registra que AMLO “reitera el apoyo incondicional a la Presidenta @Claudiashein frente a campañas que buscan debilitar el proyecto de nación”.
¿A quién de los dos quiso respaldar cuando se requiere una sola voz autorizada frente a un sujeto tan impredecible como Trump?
Morena celebra la intromisión de quien ya no tiene responsabilidad constitucional, pero no termina de digerir que decidió irse hasta casa de La Chingada (como él mismo ––tan ocurrente, ¿verdad?–– le recordó a Trump en la misiva de marras).
La baladronada del ex sólo metió ruido en donde se requería claridad y cuando Sheinbaum venía construyendo su propia interlocución.
¿Por qué su partido no reaccionó como una organización que la respalda solo a ella, sino como una secta cuya referencia principal sigue siendo su iluminado pastor?
En cualquier democracia madura ––y por influyentes que sean o crean ellos que son––, los expresidentes pasan a retiro efectivo, pero aquí ocurre lo contrario: cada reaparición pública, cada mensaje, cada ocurrencia de AMLO son celebrados por sus porras como si provinieran de una autoridad superior a la de Claudia Sheinbaum.
Por eso es dudoso que el propósito de la carta fuera de respaldo a la doctora. Más bien apestó a un recordatorio de jerarquías, una manera de subrayar que el movimiento tiene un líder único y que desde su falso “retiro” es el que impone la agenda.
El problema no es anecdótico.
Lo preocupante es la normalización de una doble jefatura política.
Ningún gobierno puede proyectar certidumbre hacia dentro ni credibilidad hacia fuera si subsiste la sospecha de que las decisiones estratégicas dependen de una instancia extraconstitucional.
Cuando López Obrador interviene en los asuntos presidenciales erosiona la autoridad de la mandataria y alimenta la percepción de que el poder verdadero se fue a La Chingada.
El aplauso de Morena revela una incapacidad alarmante para distinguir entre lealtad partidista y respeto al testereado “orden republicano”.
Si insiste en rendir pleitesía al refugiado en Palenque, reforzará la idea de que la Presidencia es una simple oficina subordinada a la voluntad del jefe de jefes…
Adendum. Sheinbaum afirmó el sábado, en Veracruz, que contra su mentor se desató “una campaña tremenda, como si fuera el peor de los males que le haya pasado a México”.
Pues si no de todos, sí de muchos; uno de los más graves fue haberle restituido a la CNTE el poder de tener contra la pared a su “segundo piso…”.
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