6 ago 2026

"No pago para que me peguen": El retorno del viejo régimen a Palacio…

"No pago para que me peguen": El retorno del viejo régimen a Palacio…

Por Fred Alvarez Palafox

Adios al chayote?

Ayer, mientras intentaba digerir los ecos del atril presidencial , la mañanera operó como un confesionario público para las filias y fobias del poder. En un tono frontal, la Presidenta Sheinbaum intentó dictar el acta de defunción del "chayote", asegurando que hoy los recursos de comunicación social se reparten bajo la estricta y matemática fórmula de las audiencias. Sin embargo, en un mismo aliento, la narrativa oficial tropezó de bruces con su propia realidad: ReformaEl Universal y TV Azteca están explícitamente fuera de la pauta.

¿Por qué? Por simple y llana decisión presidencial.

Esta exclusión, anunciada sin pudor, desnuda la gran paradoja del discurso. Si la verdadera métrica fuera la audiencia, resulta técnica y lógicamente imposible justificar el veto a tres de los medios con mayor penetración e historia en el país. El mensaje para la televisora del Ajusco llevó el consabido dardo fiscal, pero el desdén hacia los diarios impresos confirma lo evidente: la moneda de cambio ya no es el impacto mediático, sino la docilidad editorial.

El orgullo de los vetados y el nuevo oficialismo

Desde la tribuna, el poder agarró parejo, como si de una piñata se tratara. Es fascinante, y a la vez preocupante, observar cómo se construyen estos espejismos: se revivieron debates de hace años para lanzar dardos contra nombres consolidados como Sarmiento, Ciro, Denise y López-Dóriga. El contraste irónico llegó minutos después, cuando el clima se volvió primaveral para acoger el cómodo diálogo "circular" con Vicente Serrano, el reportero de casa.

Ahí justificó la existencia de su "Mañanera del pueblo" como un escudo preventivo ante lo que llamó una "andanada de mentiras". Su argumento es que, sin este púlpito y sin los medios alternativos que le ofrecen "otra verdad", reinaría el monólogo. Al final, más que un ejercicio de derecho de réplica, dejó claro que este espacio es su herramienta perfecta: un canal blindado y seguro para hablarle a su base leal, sin el roce incómodo de los intermediarios y sus cuestionamientos.

Pero en las salas de redacción, lejos de Palacio, este veto no se lee como un castigo; se ha transmutado en una medalla al mérito periodístico. Como bien apunta Guadalupe Loaeza en Reforma,, hay un orgullo innegable en saber que las columnas donde uno escribe no están subsidiadas por la complacencia. El periodismo independiente se nutre del contraste y del dato duro; es un latido básico de la vida pública que jamás ha necesitado del aplauso dictado desde el Estado para respirar.

El fantasma de López Portillo

Hay que asomarse a la historia de nuestra prensa —siempre tan terca como memoriosa— para sentir el eco de aquellos días de Salvador Novo y Carlos Denegri, una época en la que el silencio se tasaba en oro y el chantaje operaba como una maquinaria perfectamente aceitada. Hoy, el escenario intenta disfrazarse, pero desde la tribuna se encoge el debate a un lamento contra los críticos, bajo la reduccionista mirada de que cualquier rechazo al gobierno nace del dolor de una supuesta orfandad financiera.

Lo más grave de este episodio no es el arrebato retórico frente a interlocutores a modo, sino la flagrante violación a los lineamientos publicados en enero de 2021 por el propio gobierno de la Cuarta Transformación, los cuales exigían criterios "objetivos, imparciales y transparentes". Como advierte Sergio Sarmiento, los recursos públicos no son patrimonio de quien habita en Palacio. Su fin constitucional es informar a la ciudadanía, no premiar la lisonja ni asfixiar a la disidencia.

Al final de la jornada, la escena nos devolvió de un plumazo a 1982. Detrás de la justificación de Sheinbaum resonó, casi intacto, el histórico exabrupto de José López Portillo frente al boicot a la revista Proceso"Te pago para que me pegues. ¡Pues no faltaba más!" (como bien nos recordaría Monsiváis).

El viejo régimen no se ha ido. El "chayote" no murió, simplemente cambió de manos. Hoy fluye con descarada generosidad hacia los aplaudidores de internet, hacia youtuberos de ocasión y hacia diarios que funcionan como vulgares apéndices gubernamentales.

La censura contemporánea ya no necesita clausurar tu imprenta con candados; le basta con intentar asfixiarte en nombre de una falsa austeridad, exigiendo lealtad ciega. Y frente a eso, el escrutinio al poder sigue siendo nuestro ejercicio democrático más vital.

Para la historia inmediata…




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