20 oct 2026

El precio de doblar las manos: la justicia mexicana exhibida en el mundo

El precio de doblar las manos: la justicia mexicana exhibida en el mundo 

¡Vergüenza les debería dar! 

Por Fred Alvarez Palafox

Hay noticias que no admiten matices. La que acaba de llegar es una de ellas: un golpe devastador y profundamente vergonzoso para la cúpula oficialista del sistema de justicia en nuestro país. Con un aplastante 80% de los votos a favor, la Unión Internacional de Magistrados (UIM) —esa respetada organización global fundada en 1953 que agrupa a asociaciones de jueces de 92 países— acaba de expulsar de sus filas a la Comisión Nacional de Tribunales Superiores de Justicia de México (Conatrib)

.¿El motivo? Su dócil, obsequioso y complaciente respaldo a la reforma judicial mexicana. Un acto de genuflexión que, a los ojos de la comunidad global de jueces, constituye una flagrante traición a los estándares internacionales sobre la independencia judicial.

Para calibrar la gravedad del asunto, vale la pena recordar qué es (o qué debería ser) la Conatrib. Se trata del órgano que congrega a los 32 poderes judiciales de la República Mexicana, creado hace más de 30 años con el loable propósito de "mejorar la impartición de justicia". La ironía es dolorosa: la fracción I de sus propios estatutos le obliga a consolidar la justicia basándose en los "principios de independencia, imparcialidad, objetividad, excelencia y profesionalismo". Exactamente todo aquello que la UIM acaba de dictaminar que perdieron.

El principal rostro de este ridículo internacional tiene nombre y apellido: el magistrado Rafael Guerra Álvarez, quien preside la Conatrib y funge como titular del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. Guerra acudió a la asamblea anual a intentar defender lo indefendible. Argumentó, con la tibieza de quien sabe en el fondo que ha claudicado, que "prefería dialogar antes que enfrentarse".

Pero el veredicto del pleno no dejó margen de duda: 53 votos para echarlos y apenas 13 a favor de que se quedaran. Como bien documentó la periodista Elena San José en El País, el pobre papel de la delegación mexicana fue retratado de cuerpo entero por el juez argentino Marcello Gallo, secretario general del grupo iberoamericano de la UIM: “No se es un poquitito independiente y un poquitito, no. Se es, o no se es”. Y la Conatrib demostró al mundo que esa independencia la entregó hace mucho tiempo.

Quienes lideran este organismo apostaron por el aplauso efímero del oficialismo, doblaron las manos y hoy el mundo les pasa una factura histórica. La reforma judicial que avalaron con tanto entusiasmo no es un ejercicio democrático; es, en palabras de la propia UIM, una "destitución encubierta". Borrar de un plumazo a la mitad de los juzgadores de carrera para ir a las urnas encendió las alarmas de la justicia global desde el primer día.

Guerra Álvarez, sin embargo, prefirió rendirse a la narrativa de la "transformación". Un acto, hasta cierto punto, previsible en un magistrado que acumula su tercer y cuestionado mandato, siempre cobijado por la sombra del poder en turno. Hablamos del mismo personaje al que ni siquiera le alcanzó el promedio de 8.0 para ser candidato a la Suprema Corte. Cambió su deber como contrapeso por la comodidad de la sumisión política, avalando así un proyecto que pasó por encima de la autonomía judicial y vulneró el pacto federal.

El fallo de la UIM no es una anécdota menor ni un simple trámite burocrático; es una sanción sin precedentes que evidencia la miseria del oportunismo. Mientras la Conatrib es echada por la puerta de atrás, se allana el camino para que la JUFED —la organización que agrupa a los jueces de carrera que sí han dado la batalla— ocupe el lugar que verdaderamente representa a la resistencia judicial mexicana.

Las advertencias se hicieron desde el verano. La UIM los conminó a reconsiderar, pero la Conatrib de Guerra Álvarez prefirió mirar hacia otro lado. Hoy quedan exhibidos a nivel global como un actor que remató su autonomía al mejor postor político. Entregar la dignidad siempre tiene un precio, y hoy, a los ojos del mundo entero, se han convertido en los parias de la justicia.

¡Queda, pues, para la historia inmediata!


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