26 jul 2009

Tiempo al tiempo

Darle tiempo al tiempo/XAVIER GUIX
El País Semanal, 26/07/2009;
Las vacaciones son una buena oportunidad para regalarnos tiempo y también para reflexionar sobre su sentido en nuestra vida.
Decía José Luis Borges que el tiempo es la materia de la que hemos sido creados. Dios sabe en qué dimensiones existimos cuando habitamos en el paraíso, pero al materializarnos, al venir a este mundo, entramos forzosamente en dos grandes dimensiones que no abandonaremos hasta nuestra finitud material: el tiempo y el espacio.
No todos los tiempos son iguales. Al menos existen tres grandes mitos por los que transitamos los humanos, según sean nuestra cultura, estilos de vida y estaciones del año. Como cuenta el filósofo Jesús de la Pienda, existe el tiempo “lineal”, muy propio de nuestras latitudes occidentales, o sea, la idea de que todo empieza y todo acaba, es como una línea sin principio ni fin en la que se sitúan todas las cosas que tienen duración. Los calendarios, por ejemplo, son lineales. Un día nacimos y otro moriremos. No hay más.
Vivir en tiempos diferentes
“Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar” (Calderón de la Barca)
El segundo mito es el tiempo circular, muy propio de las culturas orientales. Se basa en la creencia de que el tiempo del universo entero, con todas sus criaturas, gira en un círculo, una rueda cósmica, de creaciones y destrucciones sin fin, volviendo una y otra vez a sus orígenes. El tiempo cíclico es el de las reencarnaciones propiamente dichas del alma humana, sometidas a la ley del karma, o sea, el principio de la causalidad universal o de la consecuencia de la conducta humana. Nada empieza y acaba, sino que todo está en movimiento continuo, en una danza inacabable donde lo que no se resuelve hoy tal vez se aclare en otra vida.
El tercer y último mito es el del tiempo simultáneo. Es el que domina la mente de los pueblos negroafricanos de cultura bantú. El tiempo lo constituyen los acontecimientos. Sus calendarios son histórico-biográficos y se confeccionan según lo que le ocurre a la tribu, al clan o a la familia. El día no se divide en horas, sino en momentos marcados principalmente por el Sol, la Luna, y en función del cuidado del ganado. El reloj-máquina no existe, ni, por tanto, la enfermedad del estrés ni tantas otras que la vida occidental acarrea.
Cuando llegan las deseadas vacaciones, la mayoría solemos instalarnos en el tiempo simultáneo. Mandan las necesidades del momento y nada más. Se come cuando hay hambre, y no cuando es su hora. Se vuelve de la playa cuando los niños están cansados, y no porque toca. Se hace de menos o de más según las necesidades del momento. Es un vivir muy cercano al ritmo de la naturaleza o al ritmo de los acontecimientos.
Recuerdo a un amigo que en un viaje por esas tierras bantúes tuvo que hacer un traslado en autobús. Al preguntar por la hora de salida le dijeron: “Cuando el bus esté lleno”. Eran las 12 del mediodía y, efectivamente, el autobús no salió hasta las seis de la tarde, o sea, cuando por fin se llenó. Esto en nuestra cultura es impensable. Por lo visto, aquí pecamos por el otro extremo, ya ponemos mala cara cuando pasa un minuto de la hora de salida de cualquier transporte.
Un tiempo con sentido
“El hombre que confía en el tiempo como medio para conseguir su felicidad, vive en la ignorancia y, por tanto, en el conflicto” (Jiddu Krishnamurti)
La mayoría de nosotros llena su cotidianidad de los tres tiempos. Por un lado, tenemos una perspectiva de vida personal y laboral más o menos planificada. Nos sometemos a un presente continuo, pero con la mirada puesta casi siempre en el mañana, en el futuro próximo. Vivimos linealmente. Pero a su vez celebramos onomásticas, aniversarios, fiestas populares, celebraciones de todo tipo que se repiten año tras año. Son siempre lo mismo, son un eterno retorno, como diría Mircea Eliade. Y también nuestra existencia es simultánea cuando lo dejamos todo para asistir a un acto familiar o para atender infortunios, o para gozar de un instante amoroso que quisiéramos infinito.
Ahora que llegan las vacaciones podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿para qué voy a utilizar el tiempo? Obsérvese que pregunto ¿para qué?, y no ¿en qué? Somos muy dados a llenar el tiempo, a querer amortizarlo, a pretender manipularlo a nuestro favor, estirándolo para que encaje todo lo que queremos vivir. Entonces somos esclavos del tiempo, dependemos de su paso inexorable y de su cronometría perfecta.
¿Qué ocurriría si simplemente nos regaláramos tiempo? Eso es, regalarse el no hacer nada. Es como darle tiempo al tiempo, como dejar que las cosas ocurran, sin intervenir, sin voluntades, sin forzar nada, sin obligarse a nada, sin expectativas de nada. Dicho de otro modo: si aprovecháramos el tiempo para vaciar, en lugar de seguir llenando, ¿no sería hermoso sentirse que uno es tiempo y no que corre tras él?
Ser tiempo presente
“El tiempo es el horizonte dentro del cual toda realidad adquiere sentido” (M. Heidegger)
Cabe observar que no hacer nada no es lo mismo que ‘hacer el vago’. No hacer nada tampoco significa apalancarse ante un televisor o dormitar días enteros, aunque a algunos les haría mucha falta. No hacer nada no significa estar desactivado, sino todo lo contrario. Vivimos en el tiempo cuando estamos conectados con nosotros mismos, sin actividades ni distracciones que nos descentren. Estoy conmigo y estoy con los demás abiertamente, atentamente, pero sin esfuerzo. Como diría un taoísta: no hacer nada, pero sin dejar nada por hacer.
Todo lo contrario les ocurre a esas personas que van a pasar las vacaciones cambiando unas obligaciones por otras. A aquellas que en nombre de las vacaciones van a agotarse aún más. A aquellas que no se darán tregua alguna y seguirán viviendo contando las horas, proyectando lo que harán los próximos 60 minutos. No se trata de cambiar unas rutinas por otras, sino de dejar de ser quien somos cada día, para no ser nada ni nadie. Ser sólo eso, tiempo presente vivido con toda intensidad, sin expectativas ni obligaciones.
Creo que no nos damos cuenta de que somos tiempo, de que no lo podemos separar de nosotros. Cada vez que decimos que no tenemos tiempo es tanto como decir que no existimos. A ver qué va a ocurrir ahora, que se supone que vamos a tener, al menos, unos cuantos días para recuperar nuestra naturaleza temporal. Aprovéchelos para reflexionar sobre su relación con el tiempo, cómo desea vivirlo, como se relaciona con él. Es muy duro creer que todo lo que somos se rige por unas simples manecillas del reloj.
Tengo la sensación que estructuramos demasiado la vida. En lugar de permitirnos abrazarla, parece que preferimos construir compartimentos estanco. Que nuestras vidas transitan entre marcos referenciales, llevando al extremo aquello de un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo. La vida no funciona así, y por eso creo que andamos a contracorriente. La vida se expresa de forma discontinua; no atiende a horarios, no es homogénea, ni equilibrada. La vida, ni corre demasiado ni se entretiene. Simplemente, fluye.
P Mitos, ser y sentido
1. Libros:
‘Los mitos del gran tiempo y el sentido de la vida’, de Jesús Avelino de la Pienda. Biblioteca Nueva, 2006.
‘El ser y el tiempo’, de Martin Heidegger. Fondo de Cultura Económica.
2. PelÍculas:
‘Atrapado en el tiempo’, de Harold Ramis. Columbia Pictures.
‘12 Monos’, de Terry Gilliam.
Universal Pictures.

After 5 de julio

Partidos por tres/CARLOS FUENTES
Publicado en El País, 26/07/2009;
Las elecciones del pasado 5 de julio configuran un nuevo espacio político en México. La paradoja es que, siendo el nuevo, es el viejo, y esto por varias razones.
Bajo sus distintos títulos (PNR, PRM, PRI), el partido oficial -el Partido de la Revolución Mexicana- gobernó durante siete décadas. Trajo muchos bienes -educación, comunicaciones, reforma agraria, industrialización, política exterior- y también muchos males -cultura autoritaria, ausencia de democracia, corporativismo y, sobre todo, corrupción-.
Que ésta -la corrupción- no era monopolio del PRI lo demostró la oposición, de derecha y de izquierda, apenas accedió al poder. Los casos son notorios, la lección contundente: la corrupción es el vicio mejor repartido en México. No paso por alto los beneficios que la democracia (incipiente) le trajo al país. Sí me parece que la democracia también acabó con la sistemática fe en que el PRI era sinónimo de corrupción.
El triunfo del PRI el 5 de julio merece, por todo lo anterior, ser analizado con cierto grado de desconfianza. Porque, ¿cuál PRI ganó la elección? ¿El PRI socialdemócrata, el PRI corporativista, el PRI reaccionario, el PRI personalista, el PRI...? La enumeración podría seguir. A base de ser, según la frase británica, "all things for all men", el PRI carece, al cabo, de una fisonomía clara. ¿Ha sido ésta la clave de su largo y anciano poder? ¿Puede semejante careta persistir en un país, al menos, tripartidista?
Porque hay un PRI modernizante abierto a las corrientes socialdemócratas que hoy caracterizan a los partidos español (Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero), al chileno (Ricardo Lagos, Michelle Bachelet) y aun a los rivales brasileños (Fernando Henrique Cardoso, Lula da Silva).
Pero también hay el PRI corporativista, empeñado en mantener monopolios y privilegios sectoriales, públicos. Así como un PRI empresarial paralelo, aferrado, a su vez, a prácticas ajenas a la diversificación y la competencia. Y hay, en fin, un PRI que quiere el poder por el poder, la continuidad de privilegios y el culto de las apariencias: el PRI como anuncio publicitario. Que hay más PRIS que estos, lo demuestran las diversas cabezas del Congreso y los gobiernos estatales. ¿Hidra o dragón, paloma o águila? El PRI -mitología, zoología y aviario- está de vuelta.
Hay quienes consideran que Ernesto Zedillo fue un Maquiavelo pérfido al darle el paso al primer gobierno del PAN. A la luz del poder, el partido de la derecha pasó de la beatitud de la oposición a la responsabilidad de la gobernanza. Confirmó con Fox que la ineptitud y la bribonería no eran de la propiedad exclusiva del PRI. Y con Calderón, que la restauración de la moral oficial no siempre coincide con la restauración de la eficiencia oficial. Quizás, con un gabinete mediocre, el presidente puede verse (y hasta sentirse) más fuerte. La fórmula no es válida. Dos de los más fuertes jefes de Estado, Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán, se rodearon de colaboradores de gran capacidad y personalidad. ¿Se sentirá obligado, a la luz de los hechos, Calderón a renovar y reforzar su gabinete? Beatriz Paredes -el mejor PRI- se niega a un co-gobierno. Pero hay muchos mexicanos -políticos, profesionistas, académicos- que podrían conformar un mejor gabinete y una presidencia más moderada y más modulada.
El hecho es que Felipe Calderón, a los tres años de asumir la presidencia, no tiene más remedio -como Ernesto Zedillo en la fase final de su mandato- que abrirse a formas de compartir el poder con la oposición. No hay en ello menoscabo alguno: el poder se ejerce a partir de una realidad cambiante.
¿Podrá la izquierda entender el cambio? El mero 12,5% del voto el 5 de julio confirma el grave descenso de sus fortalezas. Dividida, pulverizada, presa de bizantinas discusiones internas, la izquierda mexicana confirma su anacronismo, sobre todo a la luz de la experiencia socialdemócrata que arriba he mencionado. Algunas figuras -Marcelo Ebrard, Amalia García, el propio Jesús Ortega- parecen entender esto. Pero aún a ellos les falta hacer una proposición propia, realista: la elección del 2006 quedó atrás, Calderón va de salida y la izquierda no puede ser la eterna Verónica de nuestro Valle de Lágrimas político.
Pero pensar en una próxima renovación de la izquierda es ilusorio: la fragmentación es grande, la unidad minúscula, la anacronía evidente. Y, sin embargo, el país requiere, ante el cuadro descrito, una izquierda responsable, moderna, propositiva, y no sólo rabiosa, demagógica o desmayada.
Digo "moderna" y pienso en la formación partidista de un centro-izquierda socialdemócrata y de un centro-derecha demócratacristiano. Ésta es la regla lógica y sería el partidismo para el siglo XXI. Deja que los extremos se manifiesten en los extremos, pero que las posiciones centrales las ocupen la seriedad política, sujeta a la ley y a la alternancia.
Las elecciones del 5 de julio demuestran lo lejos que México se encuentra todavía de esta regla de convivencia. El tripartidismo es confuso y estéril
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La gripe hoy

La gripe: ayer y hoy/ Por Horacio López, Profesor titular de infectología de la Facultad de Medicina de la UBA
Revista La Nación (de Buenos Aires), domingo 26.07.2009
A través de los años se sucedieron diferentes tipos de influenza causantes de numerosas muertes en el mundo
Realidades y desafíos
Los importantes logros de la medicina y la salud pública ocurridos desde la pandemia de 1918 hasta ahora nos sitúan en una mejor posición que entonces.
Uno de los más importantes fue el desarrollo de la vacuna antigripal estacional, que permite producir vacunas específicas contra cada virus pandémico en un corto período, inmunizar a la población y reducir el impacto.
Otros avances importantes fueron el descubrimiento de los antibióticos -útiles para las complicaciones de la gripe- y de los antivirales contra el virus de la influenza.
En la pandemia del 18 no existía la penicilina, que fue comercializada en 1944. Actualmente, no sólo disponemos de una amplia gama de antibióticos, sino también de antivirales específicos contra el virus.
También existen otros medicamentos y equipos médicos -por ejemplo, respiradores para la asistencia respiratoria mecánica- en casos de neumonía severa o insuficiencia respiratoria, la complicación más frecuente de la gripe, tanto de la A H1N1 como de la estacional.
Desde la salud pública, hay mejores sistemas de monitoreo. Un ejemplo es la red de vigilancia de gripe y de emergencia internacional coordinada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que detectó rápidamente el virus A H1N1 cuando comenzó a circular en México y Estados Unidos. Esta alerta anticipada brindó una oportunidad sin precedentes para prepararse con miras a la pandemia e implementar las medidas para paliar sus efectos.
En cuanto a la comunicación, hoy es muy diferente de la de hace 90 años. Las cartas y los telegramas de entonces fueron desplazados por Internet, que facilita que la información llegue en tiempo real.
Sin embargo, a pesar de los avances, aparecieron nuevos riesgos.
Al ser una sociedad globalizada, no sólo compartimos cada día más información, tecnología, servicios y productos: también se facilita la rápida transferencia de los agentes infecciosos.
Los viajes aéreos movilizan más de 2000 millones de pasajeros por año y favorecen la rápida propagación de virus como los del tipo influenza. Así, en pocas semanas, el H1N1 se diseminó por el mundo.
Otro problema es el crecimiento demográfico. La mayor densidad de muchas ciudades aumenta el riesgo de exposición al virus. Además, gran parte de la población mundial vive en situación marginal (hacinamiento, falta de saneamiento ambiental y de acceso a la información) y esto la hace más vulnerable.
No es posible predecir el comportamiento futuro de este virus, ni en la sustentabilidad en el tiempo de su capacidad infectiva ni en la posibilidad que tenga de mutar o respecto del aumento o disminución de su virulencia. Tampoco puede anticiparse cuáles serán los grupos de edad y las características de los huéspedes afectados en los próximos meses, durante el invierno del hemisferio norte.
Asimismo, las noticias -que viajan en tiempo real- permiten que el pánico se propague con la misma rapidez que el virus. Esto genera situaciones de confusión, discriminación y confrontación que alarman innecesariamente a la población. Una buena forma de evitar o disminuir esas situaciones es cuidar la manera en que se transmite la información, ya que eso determina en buena parte la percepción de la sociedad sobre el problema.
Después de casi 100 años de la pandemia de gripe de 1918, varias batallas se han ganado en lo que hace al conocimiento del virus, a los modernos y potentes medicamentos, al desarrollo tecnológico y a los avances en la comunicación, entre otros. Queda pendiente aprender las lecciones que nos dejará la pandemia de gripe A, los aciertos y los errores que habrá en su manejo, además del costo humano y las consecuencias económicas que inevitablemente ocurrirán.

Oscar Arias, el mediador

ÓSCAR ARIAS Presidente de Costa Rica y mediador en la crisis hondureña
Entrevista
"La presencia de Zelaya en la frontera no ayuda a la reconciliación"
ÁLVARO MURILLO - San José -
El País, 26/07/2009;
El presidente de Costa Rica, Óscar Arias Sánchez (Heredia, 1940), recibió a su homólogo hondureño, Manuel Zelaya, en la mañana del 28 de junio, horas después del golpe de Estado en Tegucigalpa. Su protagonismo en la crisis hondureña pareció claro ya entonces. Arias, premio Nobel para la Paz en 1987, terminó siendo mediador entre el presidente depuesto y el interino, Roberto Micheletti. Tras varias rondas de negociaciones infructuosas, conserva la esperanza de que su propuesta sirva para acabar con la crisis, aunque no vislumbró durante las conversaciones "grietas" en las dos delegaciones. Arias cree que "todo dependerá de la presión de la comunidad internacional sobre el gobierno de facto". Sobre la marcha de Zelaya hacia la frontera, el Nobel para la Paz es claro: "No es el camino para la reconciliación".
Pregunta. -¿De verdad sigue esperando respuesta de los grupos de Roberto Micheletti y Manuel Zelaya a la propuesta que usted puso sobre la mesa de diálogo este miércoles?
Respuesta. Sí. Pienso que el Acuerdo de San José es el mejor camino que tienen los hermanos hondureños para salir de este conflicto que los tiene divididos. Realmente espero que el pueblo hondureño considere que la reconciliación es un valor supremo y está por encima de cualquier otro valor en este momento, porque la alternativa es la confrontación que puede conducir al derramamiento de sangre que nadie quiere ni se merece.
P. -¿Sigue recibiendo el mismo respaldo de la comunidad internacional?
R. -He estado en contacto con muchos presidentes de América Latina y con Washington. He recibido voces de aliento de mucha gente, incluido Su Alteza el rey don Juan Carlos, pero mi último contacto con el presidente Zelaya fue el martes, y este viernes recibí una carta del canciller Carlos López (designado por Micheletti) en la cual manifiesta que ha trasladado el Acuerdo de San José para consulta ante los diferentes poderes del Estado Hondureño.
P. -¿Ha notado si cada bando tiene fricciones internas?
R. Yo no he encontrado grietas en los delegados de los dos sectores, pero, al final, la última palabra la tiene Zelaya por un lado y Micheletti por el otro.
P. -¿No ha percibido avances que luego han dado marcha atrás y paralizan el diálogo?
R. No. Yo sigo confiado en que el Acuerdo de San José es el mejor camino para hallar una solución a este conflicto, por muchas razones, porque recoge ideas y sugerencias de muchos hondureños de ambos sectores y de muchos gobiernos. También porque es un acuerdo balanceado. A ambas partes otorga derechos, pero también responsabilidades.
P. Con lo que ha visto hasta ahora, ¿cuándo empezó realmente este conflicto?
R. No tengo suficientes conocimientos para determinarlo, pero escuchando a los delegados de Roberto Micheletti, su principal queja es que reiteradamente se le advirtió a Zelaya que no debería realizar la consulta ni abrir la cuarta urna porque estaba violando la Constitución.
P. -¿Y cuál cree que es el obstáculo de fondo para la solución de esta crisis, más allá de la ocupación de la presidencia?
R. -Nunca me ha cabido la menor duda. Fui el primero en lamentarse del golpe de Estado y en exigir el restablecimiento de Zelaya. Cualquier acuerdo pasa por restituir a Zelaya como presidente de todos los hondureños.
P. ¿Ve intereses externos en juego en este conflicto?
R. No, lo que pienso es que Honduras es una sociedad muy polarizada. Y bueno, hay muchos que lamentan la decisión de Zelaya de integrarse al ALBA y la influencia que este grupo tiene sobre él. Esa sigue siendo una preocupación todavía hoy, pero eso ni nada justifica el golpe de Estado, que significa un retroceso en los esfuerzos de los centroamericanos por construir las instituciones centroamericanas después de las guerras de los años ochenta.
P. Hay muchas señales de que es este un nuevo pulso entre Washington y Caracas...
R. No, lo que veo es que en la Administración de Obama hay un cambio genuino de Estados Unidos en su política hacia América Latina. Este es el no permitir nuevos golpes de Estado aunque puedan tener diferencias con las políticas con un gobierno en particular.
P. ¿Es posible una mayor presión de Estados Unidos?
R. Sí puede, pero también la Unión Europea puede. Ahora, ambos cortaron la cooperación hacia Honduras, pero eso no es suficiente. Considero que, como ya lo dijo Insulza, en la mesa de negociación en estos momentos sólo está el Acuerdo de San José y la alternativa es la aprobación de dicho acuerdo o una mayor confrontación.
P. ¿Cuánto pesó Washington en su designación como mediador?
R. Cuando se me preguntaba, desde hace muchos meses atrás, que si estaba dispuesto a mediar en este conflicto siempre dije que sí, porque ningún centroamericano hubiese rechazado tender un puente a las partes en conflicto en Honduras, pero siempre dije que debían aceptarlo ambas partes. Zelaya lo había aceptado desde antes de la reunión con la señora Hillary Clinton.
P. ¿Cómo ha recibido las críticas [de Hugo Chávez y Fidel Castro] a su papel de mediador y las acusaciones sobre su cercanía con Estados
Unidos?
R. Son poco originales, porque cuando presenté el plan de Paz en 1987 también decían que era una propuesta para satisfacer al Gobierno de Ronald Reagan. Muy pronto la comunidad internacional entera se dio cuenta de que el principal adversario de mi plan de paz fue precisamente Washington.
P. ¿No afectan estas críticas el proceso de mediación?
R. No. Son datos que no me tocan. He hecho una propuesta balanceada, moderada, que puede acercar a las partes. Si hay voluntad, habrá una negociación exitosa. De otra manera, el decir que Zelaya debe regresar de manera incondicional no es viable.
P. Cada día que pasa parece afianzar al señor Micheletti...
R. No lo creo. Además, todo dependerá de la presión de la comunidad internacional sobre el gobierno de facto. Debe ejercerse sobre los civiles, pero también sobre los militares, haciéndoles ver que cometieron un error. La única manera de rectificar es revirtiendo el golpe de Estado.
P. ¿Qué pensó al ver a Zelaya este viernes pisando la frontera con Honduras, en las circunstancias en que lo hizo?
R. Ese no es el camino para la reconciliación en ese país.
Nobel de la Paz
- 1986. Óscar Arias gana las elecciones presidenciales en Costa Rica. Gobernó hasta 1990.
- 1987. Arias es galardonado con el Premio Nobel de la Paz por su impulso al proceso de paz en Centroamérica. En 1988 también logra el Premio Príncipe de Asturias para la Cooperación Internacional.
- 2006. Obtiene un segundo mandato como presidente de Costa Rica, derrotando al candidato del centro-derecha, Ottón Solís.

José María Bergoglio

¡Buen reportaje de Any Ventura!
Describe muy bien al cardenal de Bs As.
Bergoglio: el Cardenal que no le teme al poder: reportaje
Por Any Ventura
Revista La Nación (de Buenos Aires), domingo 26.07.2009;
Pudo ser papa. Sin embargo, en su fuero más íntimo deseó que no lo votaran.
Aquel 19 de abril de 2005, el día en que Joseph Ratzinger fue elegido para suceder a Juan Pablo II, el nombre de José Mario Bergoglio circulaba con peso entre quienes se animaban a hacer pronósticos sobre el resultado final de la elección del cónclave. Ratzinger fue escogido tras cuatro votaciones, con 84 votos de los 115 cardenales presentes, y su contrincante no fue el cardenal aperturista Carlo Maria Martini, como se decía, sino el arzobispo de Buenos Aires. Llegó a recibir, en el tercer escrutinio, 40 votos. Martini sólo alcanzó 9 sufragios en la primera votación. El más votado, tras Ratzinger, fue finalmente Bergoglio. El arzobispo de Buenos Aires, el argentino nacido en el barrio de Flores, en 1936, se quedó con 26 votos en la cuarta ronda, según la revista italiana Limes.
"Nunca quiso que lo trasladaran a Roma; siempre quiso quedarse en su país", afirma Andrea Tornielli, vaticanista de Il Giornale. El padre Guillermo Marcó, responsable para la Pastoral Universitaria del Arzobispado de Buenos Aires, recuerda su encuentro con Bergoglio aquel día en el Vaticano, cuando finalizó el cónclave. "El siempre dice: «Rezá por mí». Yo le comenté: «Nunca recé tanto por vos como en estos días». El me contestó: «Te agradezco; nunca necesité tanto una oración como el martes a la mañana». No aclaró de qué se trataba. Los cardenales tienen vedado hablar sobre la elección.
El hombre que necesita oraciones es el mismo que no le teme al poder político. En los últimos años, las declaraciones públicas de Bergoglio sobre los grandes temas sociales incomodaron a los gobiernos de turno, trazaron diagnósticos sobre la niñez y la pobreza, marcaron alertas sobre el futuro del país. Habló de "los que caben en el sistema y los que sobran, por culpa de las contradicciones". Dijo que en la calle hay "niños esclavos" y que la pugna política es "la gran enfermedad de los argentinos".
No es que a Bergoglio no le guste el poder. Es más: lo disfruta en su cargo. Lo que no le interesa particularmente es sentarse con los poderosos.
Las fuentes más cercanas al cardenal dicen que la relación con los Kirchner no es mala: es pésima. Jamás lo recibió a Néstor Kirchner durante su presidencia. Los miembros más encumbrados del Gobierno pidieron reiteradas audiencias, pero no querían acercarse hasta el Arzobispado. El cardenal aclaraba que si él quería hablar con el presidente iba a la Casa de Gobierno, y que si el presidente quería hablar con él tenía que ir al Arzobispado. "Los Kirchner querían que apareciera Bergoglio yendo a la Rosada. Jamás se prestó a eso en cuatro años de gestión y las relaciones fueron frías y duras. Claro que, cuando se encuentran, hay cordialidad porque son educados", afirma uno de sus colaboradores.
Según Fortunato Mallimaci, sociólogo de la UBA, investigador del Conicet y especialista en temas religiosos "lo que dislocó la relación con los Kirchner fue la fuerte presencia de los organismos de derechos humanos. La clave es que en la sociedad argentina se piensan juntos lo político y lo religioso. No es sólo dedicarse a orar. Entonces, se crea una democracia muy tutelada, y cuando el Gobierno tiene que tomar decisiones sobre educación sexual, métodos anticonceptivos, cantidad de hijos o prevención del sida, tiene que consultar a la Iglesia. En muchas sociedades, la profunda crisis de representatividad de los partidos políticos que no son capaces de dar respuesta a la gente hace que los grupos religiosos ocupen un lugar que nadie hubiese imaginado hace años".
El tema de los derechos humanos siempre fue controvertido en relación con Bergoglio. "A Alicia Oliveira (actual defensora del Pueblo) la salvó de ser desaparecida por la dictadura. Y cuando se entrevistó con Videla fue a pedirle por los curas", dice el padre Marcó.
Diana Rocco, metodista, profesora de Historia de la UBA y especialista en historia antigua de la Iglesia, agrega: "Bergoglio, por ejemplo, tiene buena relación con la Iglesia Metodista, por ser defensor de los derechos humanos, desde siempre".
Hablar de los pobres
Son las 15.30 de un lunes. Pasaron apenas dos horas desde que dejamos una carta en el Arzobispado pidiéndole una entrevista. Suena el teléfono.
-Habla el padre Bergoglio -dice el hombre, del otro lado de la línea-. Le agradezco su interés, pero salir en una revista sería un acto de vanidad.
José Mario Bergoglio, uno de los 183 cardenales de la Iglesia Católica, está despierto desde las 4 de la mañana. Tiene una libretita pequeña, que guarda en el bolsillo, donde anota el orden de sus audiencias. Quienes lo conocen bien no recuerdan que haya dejado alguna llamada sin responder.
"Mi papá siempre decía que cuando vayas subiendo vayas saludando a todos, que son los mismos que te vas a encontrar cuando empieces a bajar", le dijo al padre Guillermo Marcó, el día en que Juan Pablo II lo proclamó cardenal, en 2001.
Algunos integrantes de la Compañía de Jesús recuerdan con cierto resquemor su paso por esa orden religiosa en tiempos de violencia política en la Argentina, cuando Bergoglio, que había sido ordenado sacerdote en 1969 y llegó a ser provincial desde 1973 hasta 1979, ejerció su autoridad con dureza. Durante los años 70, la Iglesia Católica vivió una gran crisis interna de la cual la Compañía de Jesús no estuvo exenta.
"Esa crisis interna se desató después del Concilio Vaticano II, y luego de la reunión de todos los obispos de América latina, en el año 1968, en Medellín, donde se ratificó la idea de dejar el Estado y los regímenes de seguridad e ir hacia los pobres. Bergoglio no estaba de acuerdo con esta postura. Catolizarse y militarizarse forman parte de la idea de la mayoría de los miembros del Ejército y de la Iglesia Católica. Bergoglio estaba en contra de los sacerdotes que hacían trabajo en las villas por parecerle demasiado politizados", explica Mallimaci.
Sectores cercanos a Bergoglio relativizan ese pensamiento. Dicen que, en realidad, Bergoglio quería que los sacerdotes hicieran trabajo de sacerdotes y no de punteros políticos. E insisten en que en la Compañía de Jesús existía una obediencia férrea: la orden emanaba de Roma, y la de Bergoglio no era una decisión personal.
Eran tiempos del padre Mujica. La crítica más fuerte que le hacía Bergoglio al mítico cura villero es que éste había viajado junto al general Juan Domingo Perón cuando el ex presidente volvía de Puerta de Hierro. Eran tiempos en los que se hablaba de recurrir a la violencia para lograr un mundo más justo. Pensamientos, para Bergoglio, incompatibles con el Evangelio. La decisión de retirar a los curas de las villas de emergencia se relacionaba con aquella particular situación histórica. Hoy, sin embargo, muchos de los sacerdotes que trabajan en las villas de emergencia reivindican a ese mismo hombre, sin dejar de defender también al padre Mujica.
Curas como Pepe Di Paola, del Equipo de Sacerdotes para la Pastoral de las Villas de Emergencia, que este año presentó un duro documento sobre la droga en zonas marginales, tiene una relación excelente con Bergoglio.
Las posturas en torno de este tema son dispares. "Los jóvenes sacerdotes de las villas sacaron el documento sin preguntarle a Bergoglio. Si hay algo evidente en la Iglesia Católica es la crisis de autoridad", dice Mallimaci.
Según confiesan en privado algunos curas villeros, antes de cada conferencia de prensa, en los días en que el tema acaparó la atención de la sociedad, acordaron con el cardenal qué se diría y en qué tono.
"Los sacerdotes enviaron primero el documento por correo electrónico a todo el clero y al día siguiente hicieron una conferencia de prensa. Es una forma de recuperar la mística de una Iglesia embarrada", dice el padre Alejandro Russo, secretario de la Vicaría de la Pastoral de la Arquidiócesis de Buenos Aires.
"Lo que no aguantan los que se llenan la boca hablando de los pobres es que el arzobispado de Buenos Aires nunca dejó de tener presencia en las villas. Y siempre los curas villeros estuvieron integrados a la vida diocesana", asevera.
De castigado a premiado
Es muy austero en su forma de ser. Elige alimentos frugales y sanos, y toma un vaso de vino de vez en cuando.
Le gustan la fruta, el pollo sin piel y las ensaladas. Salvo excepciones, como aquella vez en que comentó con humor: "¡Qué bueno!, voy a un convento de monjas a comer bagna cauda".
Por rutina, y salvo que tenga algún encuentro planeado, Bergoglio almuerza y cena solo. No acepta ir a comer afuera, no come en ningún lado que no sea la Curia. No se queda a comer en las parroquias. No va a comer a una casa de familia.
Tiene buen sentido del humor, es simpático, tiene chispa e ingenio. Es rapidísimo, le gustan las contestaciones rápidas y se divierte cuando dice algo gracioso y alguien le contesta. En realidad, siempre busca ser claro, pero suave, aun cuando tiene que corregir a alguien. Conoce a muchísima gente y tiene amigos. Son amistades muy francas y de todos los sectores, no solamente de la Iglesia.
Pero es difícil debatir con Bergoglio, que fue siempre un hombre de carácter. Se puede desplegar el repertorio de argumentos más grande del planeta, pero si él ya tiene una idea tomada discutirá con el clero completo, y luego hará lo que le parece, esté donde esté.
Después de ser provincial de los jesuitas en la Argentina, lo destinaron a Córdoba para que fuera, simplemente, confesor en una iglesia. En esta misión estaba, según explican allegados, la idea profunda de volver al ejercicio comunitario, de no dejar lugar a la vanidad o a la búsqueda del poder humano, sobre todo porque lo que importa es la orden, la congregación, la Iglesia, y no las personas.
El padre Alejandro Russo señala que haber destinado a Córdoba a Bergoglio "provenía de la idea de dejar que el nuevo provincial tuviera más lugar para desarrollarse".
Otras versiones dicen, en cambio, que Bergoglio fue castigado. Que la congregación lo castigó por haber entregado la Universidad del Salvador a los laicos. Era una universidad que estaba "ideologizada", que había tomado una posición tercermundista, o de izquierda. Cuentan que tan castigado estaba entonces que le abrían la correspondencia, y que permanecía prácticamente confinado.
A muchos les sorprendió que Bergoglio se convirtiera en el arzobispo de Buenos Aires. Cuando, en 1992, el cardenal Antonio Quarracino lo nombró obispo auxiliar en la Arquidiócesis era poco conocido.
Según Mallimaci, "se hablaba del obispo de Paraná, monseñor Karlik, presidente de la Conferencia Episcopal, como heredero de Quarracino. Pero Karlik aparecía como demasiado espiritual, demasiado despegado de los partidos políticos y de todo lo que tuviera que ver con el Estado".
La elección de Bergoglio como arzobispo, en 1998, fue revolucionaria. Hasta entonces era necesario que el arzobispo de Buenos Aires hubiera pasado por el cargo en alguna otra ciudad del país. No se respetó "el escalafón", dicen algunos. Fue una decisión oportuna del cardenal Quarracino, dicen otros. El entonces cardenal ya estaba enfermo y mayor, y nombró a Bergoglio arzobispo coadjutor con derecho a sucesión.
Los otros
¿Cuál es el carisma, la atracción que hace tan interesante a Jorge Mario Bergoglio? En primer lugar, su gran espiritualidad; es un hombre de oración profunda que puede encarnar en lo humano lo divino.
Tiene esa dimensión "eclesiológica", según afirman los sacerdotes que más lo conocen, para explicar en Bergoglio la unión entre lo celestial y lo terreno. Una visión de la Iglesia que se nota en la Pastoral. El cardenal tiene una doctrina teológica clarísima, de la mejor ortodoxia, pero por otro lado transmite el dinamismo que trae la frescura de la petición del pueblo de Dios. Sabe hacer una simbiosis de lo que la gente necesita y de lo que la Iglesia propone.
Suele haber, no obstante, cortocircuitos con los sacerdotes. Hay curas que le cuestionan que nunca haya sido párroco y que, por lo tanto, no termine de entender la realidad profunda en la que vive un cura que está en la barricada. Aunque le dedica mucho tiempo a escuchar a jóvenes religiosos, Bergoglio no siempre puede cumplir con las promesas que les hace. Le cuesta delegar el poder.
Tiene claro dónde quiere llegar. Los que lo conocen bien dicen que el poder no lo pone nervioso.
También recuerdan gestos conmovedores suyos, como aquella vez en que recibió una carta de una familia boliviana que estaba sin vivienda, movió cielo y tierra para conseguirles un lugar hasta que finalmente sacó plata de su bolsillo para que se instalaran en una casa. Andrea Sánchez Ruiz, profesora de Teología en la UCA, cuenta: "Es una persona muy cálida y accesible. Es amable, pero tiene en claro que dice lo que quiere decir, y no más. En general, no habla de su vida personal".
Los obispos auxiliares están acostumbrados a su concepto de "funcionalidad", como dicen los que lo rodean. Cuando elige a alguien para una función, le da participación y mantiene con esa persona un trato permanente pero no le da demasiada libertad.
La maestra
Desde su ventana es testigo de todos los acontecimientos políticos del país que tienen como escenario la Plaza de Mayo. Bergoglio vive, solo, en el segundo piso del edificio de la Curia, al lado de la Catedral. Se trata de un departamento de cuatrocientos metros cuadrados, una casa magnífica con muebles antiguos y cuadros del siglo XVIII. Cada día, de 4 a 7 de la mañana, el cardenal dedica tres horas a meditar. A las 7 ya recibe gente, tiene reuniones. A las doce y media le sirven un almuerzo rápido. Descansa unos cincuenta minutos y a la una y cuarto ya está en el despacho para empezar el trabajo de la tarde, cuando siguen las audiencias y las reuniones. Las audiencias son agotadoras; sale una persona, entra otra, y él atiende y atiende...
Muchos libros de espiritualidad y de teología se encuentran en una gran biblioteca, enfrente de su habitación. Ahí tiene también un aparato de DVD y una máquina de escribir eléctrica, ya que no maneja la computadora. Otilia y Elisa, que son sus secretarias, le imprimen todos los e-mails y se los entregan.
Bergoglio camina por el pasillo cuando reza el rosario. Le gusta el fútbol y es simpatizante de San Lorenzo. De vez en cuando, el arzobispo deja la Curia, toma el subte y se dirige a otros barrios de la ciudad. Sube a un ómnibus y se presenta en una u otra villa a bendecir nuevos comedores populares, a administrar el bautismo, a celebrar la fiesta del santo. A veces, muy pocas, se queda a comer con ellos las sopas que cocinan en enormes ollas. Después va a alguna parroquia a dar una misa por las fiestas patronales, o a un acto especial. Y se acuesta muy temprano.
Hasta 2006 se ocupaba prolijamente de escribirle a Estela Quiroga, su maestra de primer grado en la Escuela N° 8, Distrito Escolar N° 11, de Flores. Ambos mantenían una correspondencia sistemática. El le contaba cada cosa que conseguía, cada logro. Y la invitó especialmente cuando se ordenó sacerdote. Ella lo quería como a un hijo. Falleció de una neumonía a los 96 años, el 16 de abril de 2006. Era la maestra del sacerdote Jorge Mario Bergoglio, nacido en la ciudad de Buenos
Aires el 17 de diciembre de 1936, hijo de un empleado ferroviario y un ama de casa.
El bajo perfil
Aquí, en la Argentina, cuando lo llaman por teléfono un día feriado por la mañana, se oye de lejos la radio con música clásica o de tango. Descansa con música clásica a su lado. No se va de vacaciones; no va a ningún lado, salvo cuando viaja a Roma, por trabajo.
Le gusta caminar por la capital italiana y tomar ristretto en las cafeterías, apoyado en el mostrador.
Suele pasar largos períodos, en enero o en febrero, en que no atiende a nadie por diez días; en esos lapsos escucha música y lee a los clásicos. No sale de la Curia. En realidad, la lectura es una actividad a la que le dedica mucho tiempo, desde Jorge Luis Borges hasta Leopoldo Marechal, pasando por los clásicos de la literatura universal. Pero, sin duda, el autor de Adán Buenosayres y de El banquete de Severo Arcángel es su preferido.
Tiene una precisión en el lenguaje que le viene de su maestría en Literatura. Suele adoptar una palabra como motivación y la emplea en forma constante y reiterada. En estos momentos, esa palabra es "paradigmático".
Según su círculo íntimo, suele ir a confesarse a la iglesia de El Salvador, y lo han visto en la fila del confesionario de un jesuita anciano.
Es frecuente verlo con un sobretodo negro, para no hacer ostentación de la llamativa vestimenta de los purpurados. Cuando el Papa lo proclamó cardenal, no compró una vestimenta nueva, sino que ordenó arreglar la que usaba su antecesor, Quarracino.
Hay tiendas eclesiásticas en Roma, como Euroclero, que es más económica, o Gamarelli y Barbiconi, que son más caras. En la Argentina, las Pías Discípulas son las únicas que tienen ornamentos litúrgicos y ropa. A Bergoglio le gustan los ornamentos litúrgicos de buena calidad. Los compra en Roma, generalmente. Y el altar de plata maciza de la Catedral se lo encargó a Pallarols.
No le gusta hacer "circo". Es enemigo de que hagan "lobby" a su alrededor. No celebra en la Catedral cada Jueves Santo la misa de la cena del señor y el lavatorio de pies, sino que va a distintos hogares, al Centro de la Droga o al Hospital Garrahan.
Le gusta estar entre la gente. En Corpus Christi quiere que se haga la marcha alrededor de la Plaza de Mayo. Quiere que el Santísimo Sacramento salga y se mezcle con la gente, y que la gente lo arrastre.
A Bergoglio ni siquiera le gusta que le digan cardenal. Quiere que lo llamen, simplemente, Padre.
Por Any Ventura
revista@lanacion.com.ar
Historia de vida
Nació en el barrio de Flores, el 17 de diciembre de 1936, en una típica familia de clase media baja.
Tiene cinco hermanos, tres mujeres y dos varones.
Antes de comenzar su vida religiosa se diplomó como técnico químico.
Concurrió al seminario de Villa Devoto, regido por los padres jesuitas, y a los 21 años ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús, más precisamente el 11 de marzo de 1958.
Estudió Humanidades en Chile.
Ejerció como profesor de Literatura y de Psicología en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe. En 1966 dictó esas materias en el Colegio del Salvador de Buenos Aires.
Se ordenó sacerdote el 13 de diciembre de 1969, pocos días antes de cumplir 33 años. En 1971 hizo la tercera probación en Alcalá de Henares (España) y el 22 de abril de 1973, su profesión perpetua. Fue nombrado rector del Colegio Máximo y el 31 de julio de 1973 fue elegido provincial, cargo que ejerció durante seis años.
Es el arzobispo de Buenos Aires, y uno de los 183 cardenales de la Iglesia Católica.
Textuales
Bergoglio, y su postura frente a temas sociales
"La política es una actividad noble. Hay que revalorizarla, ejerciéndola con vocación y una dedicación que exige testimonio, martirio, o sea, morir por el bien común."
"Los pibes no piden que levantemos un muro para que tengan un lImite, sino que los ayudemos a crecer en libertad."
"Con los chicos y chicas no se experimenta, no juguemos a la ruleta rusa con los jóvenes." (sobre la tragedia de Cromagnon)

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