29 mar 2010

Iglesia en pecado

PLAZA PÚBLICA / Una iglesia en pecado mortal
Miguel Ángel Granados Chapa
Reforma, 29 marzo 2010.- El miércoles pasado se cumplieron 30 años del asesinato de monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador: fue muerto en su catedral, en plena misa, hartos los militares de que los instara a dejar de reprimir a su pueblo. Al día siguiente de esa efeméride, que pasó inadvertida en la Iglesia mexicana, otros señores obispos se reunieron para pasarla muy bien, pues viven su ministerio de un modo totalmente distinto al de San Romero como se ha llamado a este mártir de la paz y la justicia. El cardenal Norberto Rivera Carrera fue uno de los principales invitados a la rumbosa fiesta que para celebrar su cumpleaños organiza el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda Silva.
Como suele ocurrir, el jolgorio atrajo presencias que deslumbran a quienes se dejan deslumbrar. El invitado civil más importante era Enrique Peña Nieto, como hace cinco años lo era su tío, el gobernador Arturo Montiel, que luego de su refulgencia de ese año se eclipsó camino a la Presidencia, como deseamos que ocurra a su sucesor. El anfitrión que se agasaja a sí mismo no tiene empacho en convertir el seminario de su diócesis -enclavado en San Juan Ixhuatepec, una antigua comarca rural depredada por peligrosas instalaciones industriales- en la mundana sede de una comilona para sus amigotes, crema y nata de los negocios y la política.
Asombra la insensibilidad o la inverecundia de los prelados fiesteros, que se divirtieron como si la tierra no crujiera bajo sus pies. Ya no digamos por la violencia criminal que estalla en el norte del país pero que se expresa también con perfiles de alta peligrosidad en el valle de México. Si sólo les importara lo que ocurre en su entorno puramente eclesiástico, en vez de brindar con tequila por el cumpleaños número 73 del señor obispo, él mismo y el cardenal su amigo y los otros clérigos convidados -incluido el nuncio papal- deberían refugiarse en el silencio de sus templos, orando por la salvación de la Iglesia toda, una iglesia que como escribiera el periodista francés Henri Fesquet, durante décadas corresponsal de Le Monde en el Vaticano, se halla en pecado mortal.
Unos días antes del festín de Cepeda Silva el papa Benedicto XVI había tenido que enfrentar, así fuera tibiamente, el horroroso caso de la iglesia irlandesa, infectada por un aplastante cúmulo de infracciones al amor evangélico cometidas en forma de abuso sexual a menores, perpetrado por sacerdotes que gozaron, y disfrutan todavía porque la comunicación papal del 21 de marzo fue insuficiente, del solapamiento, de la complicidad de sus superiores. El propio obispo de Roma ha sido involucrado en encubrimientos de ese género durante su tiempo al frente de la diócesis de Munich y cuando encabezó la Congregación para la doctrina de la fe, el más importante de los dicasterios de la curia vaticana. Se le imputa, entre otras faltas, haber desoído la denuncia de víctimas del padre Lawrence Morphy, señalado por abusar en Milwaukee de unos 200 menores sordos durante 20 años, de 1950 a 1970. El caso fue expuesto por The New York Times el miércoles 24, que al día siguiente mereció la facilona, consabida respuesta de L'Osservatore Romano de que se quiere linchar al papa alemán.
Una reacción así, convenenciera y elusiva, sirvió durante mucho tiempo para soslayar imputaciones de pederastia al fundador de la Legión de Cristo y su movimiento de laicos Regnum Christi, Marcial Maciel. A pesar del desdén hacia las denuncias contra el legionario mayor, la evidencia fue pesando tanto que si bien no se le siguió proceso canónico a causa de su edad y condición, se le conminó a dejar la dirección del vasto conglomerado de empresas, instituciones y movimientos y a sólo ejercer en privado su ministerio.
Como no cesaran las revelaciones sobre la múltiple vida de Maciel, el papa Ratzinger se vio en el caso de ordenar hace un año una visita apostólica que ya concluyó en su fase operativa y dará lugar a, por lo menos, comunicaciones como la dirigida a la Iglesia de Irlanda o a una profunda revisión de la estructura y funcionamiento de la Legión de Cristo, que podría llegar a su desarticulación. Para impedirla, en prevención de que se pretendiera llegar a ese extremo como único modo de expiar las culpas del fundador (y, aunque no se reconozca así, la de quienes lo encubrieron dentro y fuera de esa congregación), el director general de los legionarios, Álvaro Corcuera, escribió a los suyos una carta y distribuyó un comunicado público a manera de cura en salud. Ambos documentos están fechados el 25 de marzo, día de la Anunciación y día también del cumpleaños del fiestero Cepeda Silva.
Corcuera y la plana mayor de la Legión resolvieron no penetrar en las oscuras profundidades del comportamiento de su fundador ni asumieron las consecuencias del mismo. Reniegan de él, en cierto modo, para poner su obra a salvo, pero lo exoneran también al atribuir su conducta a las misteriosas maneras de Dios que escribe derecho en renglones torcidos. Como si las personas no estuvieran dotadas de libre albedrío y por lo tanto de responsabilidad de sus actos proclaman resignadamente que las cosas son como son. Y se proponen el relanzamiento de su misión. Reconocen parcialmente algunos hechos, como la doble vida conyugal de Maciel, pero ni siquiera se asoman a la acusación de sus hijos víctimas de abuso sexual paterno. Y piden perdón a los denunciantes desoídos pero no a las víctimas de los desmanes de Maciel, a quienes sólo expresan "dolor y pesar".
Cajón de Sastre
¡Ahí viene Xóchitl!, reza el lema de precampaña de Xóchitl Gálvez Ruiz, aspirante a representar a la alianza Hidalgo nos une en el proceso para renovar el poder ejecutivo en Hidalgo. El lema es acompañado por otra expresión propia de la ex comisionada para el desarrollo de los pueblos indígenas: "Un Hidalgo más chingón". Y frente a la falsa pudibundez de quienes le reprochan ser "mal hablada", en su propaganda contesta, con razón, que "la pobreza sí es una grosería". En Ixmiquilpan el sábado (en el balneario de Dios Padre) y en Pachuca ayer dio muestra clara de que, además de ser un factor para que se coaligaran los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, del Trabajo y Convergencia, es capaz de generar una fuerza que resista y venza el potente aparato con que el poder priista pretende ganar seis años más de impunidad.
miguelangel@granadoschapa.com
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Arman gresca en Catedral
Reclaman feligreses a activistas su protesta contra el Cardenal Rivera
Nota de Susana Moraga
REform,a 29 marzo 2010.- La Semana Santa en la Catedral Metropolitana inició en medio de una gresca a golpes entre la opositora Julia Klug y dos fieles por los casos de pederastia y el presunto encubrimiento del Cardenal Norberto Rivera Carrera a los abusos cometidos por los presbíteros Marcial Maciel y el aún prófugo Nicolás Aguilar.
Como cada domingo, Klug extendió una manta frente al recinto religioso con consignas contra el Arzobispo y en las que incluyó reclamos al Papa Benedicto XVI por las acusaciones que enfrenta por abusos sexuales perpetrados por sacerdotes de Estados Unidos y Alemania.
"Benedicto XVI y Norberto Rivera encubridores de violadores y dicen ¡no somos los únicos!, ¿estos representan a Dios?", decía la manta.
Antes de iniciar la ceremonia religiosa, el Cardenal Rivera salió a la explanada para bendecir los ramos. En lo que el prelado lanzaba agua bendita a las palmas, Klug, parada sobre una jardinera afuera de la Catedral gritaba: "Pederasta, encubridor".
Los gritos y reclamos distrajeron sólo a algunos creyentes.
"La Semana Santa será incompleta si no se vive en la fe y en la esperanza de la resurrección", dijo el jerarca durante la homilía y ante los feligreses que habían casi llenado la Catedral.
Al término de la misa, una mujer -quien omitió su nombre- vestida de blanco y con palmas en la mano, encaró a Klug en defensa del prelado.
"Violencia, violencia es lo que tú haces", le gritó cuando Klug reclamaba que el Cardenal Rivera era tan pederasta como Nicolás Aguilar y Maciel por haberlo protegido.
En su reacción, Klug abofeteó a la mujer, quien, sorprendida dio unos pasos hacia atrás y por unos momentos se retiró del lugar.
Ante el hecho, una señora más, quien se identificó bajo el apellido Guerrero, propinó a Julia un punta pie por la espalda.
Mientras feligreses salían del templo y policías federales y capitalinos apuraban el paso para contener la gresca, la hija de Klug, Paola Martínez, persiguió a Guerrero. Bajo la banqueta y durante unos minutos, las dos mujeres se dieron golpes y jalones de pelo una a la otra hasta que elementos policíacos las separaron.
Los agentes subieron a Guerrero a una patrulla de la Policía Federal, y Martínez fue sentada por elementos femeninos en la guarnición de la banqueta.
Aunque en un inicio Guerrero dijo que presentaría cargos contra Klug y su hija, después de dialogar con los elementos de seguridad se retiró del lugar sin querer explicar su reacción.
"La cacheteé porque viene y me insulta cuando lo único que hacemos es usar nuestra libertad de expresión para denunciar a estos jerarcas pederastas", señaló Klug.
"Nosotros respetamos a la gente, pero que no vengan a provocarnos. No nos vamos a mover de aquí", advirtió.

Civiles o sicarios

Civiles o sicarios, da igual...
Luciano Campos Garza
Revista mexicana Proceso # 1743, 28 de marzo de 2010
MONTERREY, NL.- Organizaciones defensoras de los derechos humanos, el rector del Tec de Monterrey y familiares de las personas muertas en el fuego cruzado entre elementos de las Fuerzas Armadas y la delincuencia organizada exigen que los responsables de estos asesinatos sean llevados ante la justicia.
En Nuevo León hay por lo menos cinco de esos casos documentados. Ante los reproches por los daños “colaterales” en los enfrentamientos, el comandante de la cuarta región militar, general Guillermo Moreno Serrano, declaró al periódico El Norte que el Ejército no ha cometido homicidios: “Seríamos una horda de salvajes. Por eso tenemos disciplina, entrenamiento, adiestramiento, leyes y un código militar. No somos asesinos”.
En cuanto al gobernador, durante su campaña el priista Rodrigo Medina exclamaba en un spot de televisión: “¡Por Nuevo León daré mi vida!”. Ahora, no sabe para dónde voltear.
En Anáhuac, municipio ubicado en el extremo norte de Nuevo León, el miércoles 3 se enfrentaron a balazos miembros de la delincuencia organizada y el Ejército. La Secretaría de la Defensa Nacional señala que “hubo ocho delincuentes muertos”.
Se explica que durante el enfrentamiento un auto de los agresores chocó con un vehículo militar, momento que aprovecharon los delincuentes para sacar a cuatro de sus muertos, subirlos a otra camioneta y darse a la fuga. “En el lugar de los hechos perdió la vida un elemento de tropa y uno más resultó herido, mismo que durante su traslado para su atención médica lamentablemente murió”.
No se aclaró oficialmente la identidad de los civiles muertos. Sin embargo, en fotografías que tiene la organización Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A.C. (CADHAC), se aprecia a varios de éstos tirados y con armas de fuego en las manos. Sin embargo, entre ellos han sido reconocidos los esposos Juan Carlos Peña Chavarría y Rocío Romely Elías Garza, ambos de 29 años.
Sus familiares presentaron el jueves 11, ante la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León, una denuncia en contra de miembros del Ejército Mexicano y “quienes resulten responsables” de los asesinatos (averiguación previa 580/10).
A las 12:20 horas del miércoles 3 –refieren en su demanda–, escucharon detonaciones que se prolongaron durante 10 minutos. Fueron a la casa de la pareja y preguntaron por ella, pero fue hasta las 19:30 cuando se enteraron en la televisión de una balacera entre sicarios y militares. Se dijo que en el lugar murió una delincuente conocida como La Gata.

Poco después llegó el alcalde Santos Javier Garza García para notificarle a un hermano de Rocío: “Es muy duro, pero les tocó. Hubo dos bajas aquí, y son tu hermana y tu cuñado”. Dejaron huérfanas a dos niñas.
En la denuncia se especifica que el mismo familiar acudió al otro día por el coche de la pareja victimada, un Chevrolet Lumina 96. Al preguntarle a un soldado, éste dijo “de manera burlona que cómo iba a recuperar el coche de una sicaria. Enseguida otro soldado me dijo que él había visto el cuerpo de mi hermana con un chaleco antibalas y una pistola escuadra en la mano”. En la ampliación de la declaración, fechada el 21 de marzo, el deudo refiere que en ese momento el mismo militar le dijo: “A los sicarios, en lugar de darles auxilio, hay que matarlos como perros”.
En entrevista, el hermano de Rocío Elías señala que unos testigos le comentaron que los esposos habían salido a comer y subieron al coche, que estaba estacionado en la calle: “Salieron de la recepción (de Delphi) y al minuto empezó la balacera. Iban por el carro y la balacera los agarró dentro del carro. Ya al último se asustaron y mi hermana se bajó corriendo.
“Traía la bata de la fábrica. Lo que sé es que se bajó mi cuñado y lo hirieron en el tórax. Estaba tirado pidiendo auxilio, una ambulancia. Mi hermana también estaba gritando. Hay testimonios de quienes escuchaban los gritos de ella y que vieron cuando los militares los mataron. Ya había acabado la balacera.
“Ya había militares heridos y uno muerto. Un testigo dice que mi cuñado estaba tirado boca abajo y que llegó un militar por atrás y le dijo: ‘Cómo ambulancia, hijo de tu pinche madre’, y le dio el tiro de gracia por atrás, en la nuca. Ya estaba todo calmado. Ya no había sicarios.
“Mi hermana seguía pidiendo auxilio. Quería huir, salvarse y los militares la balacearon toda, desde la espalda hasta la cabeza. La desfiguraron por detrás. Antes le habían dado balazos a mi hermana en la pierna, y como quiera podía pararse... y ya fue cuando le dieron”. Una señora que fue testigo directo le reclamó al militar por qué los había matado si estaban desarmados, con las manos arriba y pidiendo auxilio.

Finalmente, el entrevistado dice que en el funeral efectuado en Anáhuac, el viernes 5, “pude observar los rostros desfigurados de mi hermana y mi cuñado, percatándome que cada uno tenía al menos tres orificios en la cabeza”.
La empresa Delphi, planta Anáhuac, expidió dos cartas fechadas el miércoles 17, donde hace constar que Rocío Romely y Juan Carlos eran sus empleados. Ella tenía el número de nómina 142251, con 13 años de antigüedad, y ocupaba el puesto de operadora universal. Se especifica que era “una persona seria, responsable y un alto enfoque de dedicación a su trabajo”.
En cuanto a él, su número de nómina era el 201814, con 12 años de antigüedad, y su puesto era de técnico de Kaizen/Métodos. “Se caracterizó –dice la carta firmada por el gerente de recursos humanos de Delphi– por ser una persona seria, responsable, emprendedora y con gran interés por sobresalir, y con alto enfoque hacia su trabajo”.
Otro testimonio, recabado por el CADHAC, confirma esta versión. Dice el declarante identificado como “Autoridad”: “Fue un crimen. Lo que yo sé es que ellos salieron hacia las 12:15 de la empresa, atraviesan la calle, caminan no más de 30 metros, cuando, a como quedó el carro, ellos quieren salir, yo creo que ellos vieron el refuego y lo que hicieron fue darle pa’trás, reversearse, pero el carro se quedó a medias”.

Otro declarante, cuya versión se identifica como “Testimonio 2”, señala: “Me parece muy injusta la agresión que recibieron por parte de los soldados, aunque varios van a atestiguar diferente, pero yo sé que Rocío, Chío, les gritó auxilio, pidió auxilio, levantó las manos y el soldado le disparó”. Coincide en que hubo disparos a la cabeza sin justificación alguna.
Las actas de defunción, fechadas el 8 de marzo, señalan otras causas de muerte. La de Juan Carlos, la número 2195, certificada por el médico David Carlos Amaya Vega, establece que se trató de “shock hipobolémico secundario a trayectoria de proyectil de arma de fuego en tórax y abdomen”. El documento correspondiente a Rocío (número 2195) prácticamente dice lo mismo: “shock hipobolémico secundario a trayectoria de proyectiles a tórax y abdomen”.
El hermano de Rocío dice que los cadáveres les fueron entregados desnudos en el hospital Universitario. Su padre tuvo que someterse a una muestra de sangre para comparar su ADN con el de la fallecida para reclamar el cuerpo, ya que el rostro era irreconocible.
Hasta el jueves 25, los familiares no habían recuperado las pertenencias de los fallecidos. No saben quién se quedó con sus identificaciones oficiales.
Indignación en el Tec
El 19 de marzo, dos estudiantes del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) fallecieron cuando militares se enfrentaron de madrugada a un grupo de presuntos sicarios sobre la avenida Garza Sada. En el cruce de ésta con Luis Elizondo, por una puerta lateral, cayeron abatidos Francisco Javier Arredondo Verdugo y Jorge Antonio Mercado Alonso.

Las actas de defunción, expedidas por el médico Ismael Valencia y fechadas el 22 de marzo, señalan que los dos jóvenes perecieron por “lesiones intercraneales secundarias a trayectoria de proyectil de arma de fuego”.
Durante el funeral de Jorge, el 22 de marzo en Saltillo, su madre, la señora Rosa Elvia Alonso, declaró al corresponsal Arturo Rodríguez: “Para el funeral tuvieron que ponerle mucho maquillaje y ni así quedó igual. Tenía el rostro muy exquisito pero, por como quedó, pensamos que fue objeto de tortura”.
Entrevistado el miércoles 24, Rafael Rangel Sostmann, rector del Tec, dijo que su trabajo no es el de ser “rector investigador”, aunque tiene dudas sobre las versiones oficiales de los hechos. Por lo menos, dice, los estudiantes fueron alcanzados por granadas.
“Al Ejército hay que decirle: responsabilízate de lo que hiciste. No quiero decir: fuera el Ejército o la procuraduría. Tú, Ejército, comprométete a tener reglas de cómo intervenir, y tenemos qué ponérselas, acotarlo, porque van a segur sucediendo (hechos como éstos).”
“Hay que pedir esclarecimiento (…) Tenemos qué preguntar por qué les quitaron la identidad, por qué no reportaron inmediatamente que eran estudiantes, por qué afirmaron definitivamente que no eran estudiantes y nosotros, tontamente y equivocadamente, les creímos. Ese fue un gran error.”
Señala que ya preguntó por las pertenencias de los jóvenes a la procuraduría del estado y al Ejército, pero nadie le respondió. El lunes 22, se reunió también con el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, quien se comprometió a resolver los homicidios.
“Yo lo que tengo miedo es que le quieran dar carpetazo a esto, como generalmente ocurre, y ahora me estoy dando cuenta de que un ciudadano común y corriente en la calle lo borran y dicen que era un gatillero”, dice Rangel Sostmann.
Con todo, no ha contemplado la posibilidad de actuar jurídicamente contra el Ejército: “¿Bajo qué ley? Ellos se rigen bajo la ley de armas y explosivos, échele un ojo a ver si los puedo demandar. Se me hace que no. ¿Por el homicidio? Cómo voy a demostrar eso. ¿Dónde está la procuraduría? ¿Me voy a meter a averiguar si fue homicidio? ¿Me corresponde a mí? Cuando se determine si hubo negligencia, entonces actuamos, pero ahorita, ¡no tengo nada!
“¿Qué le voy a reclamar al Ejército? Me gustaría primero entender quién lo limita o si hay alguien que lo haga, con qué autoridad. Porque si al Ejército no lo limita nadie, los paramilitares son válidos. (…) Es que obedecen al presidente (los militares), sí, pero, ¿dentro de qué marco?”.
No tiene muchas esperanzas: “A mis dos estudiantes les quitaste la identidad, no los reportaste, los pusiste como gatilleros y ya, cerraste el caso. Es lo que van a tratar de hacer. Sí, mi amigo, a cerrar el caso”.
El asesinato de los estudiantes del Tec ocurrió a la una de la mañana. La noche de ese mismo viernes 19, en el exclusivo sector de San Jerónimo hubo otra balacera. Sandra de la Garza Morales falleció en el fuego cruzado entre militares y presuntos secuestradores.

Ella iba en la camioneta que manejaba su marido, Julio César Peña Rodríguez, quien al percatarse del tiroteo quiso huir por el Periférico, pero varios disparos poncharon las llantas del vehículo. La señora recibió un balazo en la cabeza. Ella era egresada de la Udem y dejó a dos hijos, uno de año y medio y otro de 10.
El domingo 21 ocurrió otro incidente en el que participaron las fuerzas federales. En el municipio de Santa Catarina, agentes de la Policía Municipal detuvieron en la colonia La Fama a dos narcomenudistas, identificados como José Humberto Márquez Compeán y Marcelo Adrián Lucio Barajas.
Cuando los trasladaban a los separos, un grupo de pistoleros intentó rescatar a los detenidos. En la refriega murieron dos agentes municipales y resultaron heridos el director de Tránsito, Antonio Marroquín Martínez, y un escolta. Lucio Barajas también fue alcanzado por las balas. Asimismo fue herida una pareja.
Los dos detenidos y el director de Tránsito lesionados fueron transportados en helicóptero de la Marina al hospital Universitario. Los medios de difusión impresos y electrónicos captaron a los dos detenidos cuando subían a la nave, pero al día siguiente, lunes 22, José Humberto apareció muerto en San Nicolás, en lo que parece ser una ejecución extrajudicial. De Lucio primero no se sabía nada; posteriormente apareció en casa de unos familiares, y la Comisión Estatal de Derechos Humanos comunicó que estaba en buen estado de salud pero temía por su vida.

La Marina aclaró de inmediato que su trabajo fue únicamente trasladar a los sospechosos, y ya en el hospital se los entregó al jefe de la Policía Municipal. El procurador Alejandro Garza y Garza afirma que ya se investigan los hechos, mientras que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) abrió una investigación al respecto.
“Que se haga justicia”
La presidenta del CADHAC, Consuelo Morales Elizondo, deplora la “complicidad” de la procuraduría nuevoleonesa frente a los abusos del Ejército. Desde el gobierno de Vicente Fox, dice, la ONU advirtió del peligro de encargar a militares la seguridad pública de México.
Ahora “el semáforo ya está en rojo por los homicidios que vemos de los militares. En el aparente enfrentamiento de presuntos sicarios y el Ejército en la Anáhuac (…), la información que tenemos es que todos los sicarios que estaban enfrente de los soldados se rindieron e incluso la pareja que acababa de salir de su trabajo trató de explicar que no tenía nada que ver” en la balacera.
En respuesta, los mataron. Y “aunque el Ejército dice que eran sicarios, esto contradice lo que señala toda la comunidad de la Anáhuac, que los ve como gente que trabajaba y estudiaba”. Para el Ejército “todos los ciudadanos a los que matan son sicarios, sin presunción de inocencia ni derecho a juicio justo. Ellos vienen a matar”.

La complicidad para encubrir los crímenes, acusa, es de los tres niveles de gobierno: “Vemos un total sometimiento de parte de las autoridades gubernamentales estatales y municipales a las autoridades castrenses”. Parece confirmarlo el desplegado que el gobernador publicó en los periódicos locales el lunes 22: “Para los generales, jefes y oficiales de tropa, nuestro respeto y mayor consideración a su dedicación y esfuerzo”.
En ese desplegado Rodrigo Medina también convocó a una marcha por la paz, para el domingo 28 por la mañana en el parque Fundidora. Esa iniciativa, insiste Morales Elizondo, “nos da mucho que pensar, primero porque el gobernador divide a la sociedad en buenos y malos, y también porque se quitan los derechos constitucionales de derecho a audiencia y presunción de inocencia antes de decidir si somos delincuentes o no. Y no es justo que el gobernador convoque a una manifestación cuando él es una parte importante de la violencia que se ha generado”.
En un desplegado anterior, del domingo 21, Medina de la Cruz y supuestamente más de un centenar de instituciones y personas manifestaron su “desprecio al crimen organizado”. No suscribieron ese texto el Tec de Monterrey ni la Udem. En cuanto a la CNDH, no tuvo conocimiento de que había sido incluida en el desplegado y exigió que el gobierno de Nuevo León lo aclarara. El jueves 25 se publicó un cuarto de página con las disculpas oficiales.
Este mismo jueves, diputados locales del PAN desplegaron una serie de mantas en puentes peatonales de la zona metropolitana, en las que solicitan al gobernador: “No marches, Rodrigo, mejor márchate. En Nuevo León queremos vivir en paz”.
El viernes 26, el periódico El Norte dio a conocer que “fuentes militares” anticiparon que habría una “narcocampaña” para desprestigiar a las Fuerzas Armadas ante “la sociedad civil” por la muerte de inocentes como los estudiantes del Tec de Monterrey...

Vargas Llosa

Omiten referencias a México en la muestra sobre Vargas Llosa
Miguel Ángel Flores
Revista mexicana Proceso # 1743, 28 de marzo de 2010;
Cuando el escritor Mario Vargas Llosa se lanzó a la candidatura por la presidencia del Perú, Proceso le inquirió el porqué se había involucrado en la política militante. Y respondió:
“Nunca estuvo en mis planes, nunca me pasó por la cabeza.”
Eso sucedía en 1988.
Como la mayor parte de los intelectuales latinoamericanos, Vargas Llosa había sido hasta entonces lo que se conocía como un intelectual comprometido, un intelectual que utilizaba su destreza en el manejo del lenguaje y su cultura para defender las causas del pueblo. Miembro del Partido Comunista en su primera juventud, el narrador también se entusiasmó con el triunfo de Fidel Castro y la Revolución Cubana. Pero luego vino el “caso Padilla” y, para Vargas Llosa, Castro se volvió un hombre enfermo de poder que no admitía la crítica. El asunto del juicio al que fue sometido el poeta Heberto Padilla lo marcó como un hombre de pasión política.
Política y literatura son los dos polos sobre los que ha girado la vida de Vargas Llosa. “Mi vida como novela” podría llamarse su biografía, accidentada en muchos aspectos y que está colmada de grandes satisfacciones en el ámbito de la actividad intelectual. Vargas Llosa, el hombre que tenía un proyecto de vida y que lo cumplió a pesar de las adversidades y las desventajas de haber nacido en un país que carecía de lectores y de industria editorial. Ahora, en los salones del Palacio de Iturbide, patrocinada por la oficina cultural del Banco Nacional de México y organizada por la Pontificia Universidad Católica del Perú, se exhibe desde el 18 de marzo y hasta el 19 de abril una exposición que documenta la vida del intelectual peruano-hispano: Mario Vargas Llosa, la libertad y la vida.
A lo largo de la muestra se presentan las etapas de la vida del autor de La ciudad y los perros. Están las fotos de los comienzos, de bebé en la ciudad natal, Arequipa, y de niño en Cochabamba; luego vendrían los años de Piura, y la instalación en Lima. La aparición del padre que había abandonado a la madre cuando Mario era un recién nacido, y el paso por la academia militar Leoncio Prado. Están presentes todos los hechos de su vida que le inspiraron los temas de sus novelas. Aparece la tía Julia, mayor que él (y quien por cierto acaba de fallecer en Bolivia), su primera esposa, la cual le causaría un gran disgusto cuando se atrevió a publicar un libro de memorias para contradecir la novela La tía Julia y el escribidor.
Uno de los atractivos de la exposición es una foto que data de los años del boom latinoamericano de literatura, tomada en Barcelona, rodeado de amigos, donde sobresale Gabriel García Márquez, con quien a mediados de los setenta rompería para siempre.
Y es que el curador de la exposición, Alonso Cueto, decidió incluir los aspectos polémicos del escritor, bajo el criterio de que la falsificación es inaceptable. Por ello, no tuvo empacho tampoco en exhibir los primeros ejercicios de versificación del joven Mario, alguno titulado Tiempos aquellos:

Tiempos aquellos/ de la juventud./ Tiempos Aquellos/ en que se jugaba/ con un amor propio/ de la juventud.

A Vargas Llosa lo divierte mencionar aquel dicho de que todos los escritores comienzan siendo poetas. Pronto, él se dio cuenta de que la literatura no le había llamado por ese camino.
En la atractiva exhibición se reproducen algunas entrevistas con el escritor. En una con su coetáneo José Miguel Oviedo (al que no se da crédito), se refiere a una revista mexicana que alteraba su sistema hormonal: Vea, por contener fotos sicalípticas para la época. En otra, una charla filmada, el escritor habla de cómo se gestó su novela Conversación en la Catedral, y una proyección para un canal de televisión peruano recoge el famoso discurso que Vargas Llosa pronunciara en la plaza San Martín de Lima en 1987 (comienzo de su carrera hacia la candidatura) en el cual se manifestó contra la estatización de la banca que había decretado el presidente Alan García.
En ese discurso, Vargas Llosa mencionó al Partido Revolucionario Institucional. Desgañitándose casi, dijo que no quería para Perú el mismo destino de México. Cinco años antes, el gobierno del PRI, en la persona de López Portillo, había nacionalizado la banca. Para Vargas Llosa ya México era “la dictadura perfecta” (como lo diría con esas palabras en un programa de televisión del Encuentro de la Libertad organizado por Octavio Paz un par de años después), el país de la corrupción y la simulación. Pero en el famoso discurso (de cerca de una hora y 10 minutos), no aparece ahora la mención, las referencias a México han sido suprimidas.
Durante la mencionada entrevista de Proceso (septiembre de 1988), Vargas Llosa había hecho hincapié en el desagrado que le producía la situación política de México:
“He atacado al sistema mexicano, como usted sabe, en las plazas públicas del Perú, porque representa, a mi juicio, formas antidemocráticas de organización de la sociedad que yo no quisiera para mi país. Y cuando Alan García quiso estatizar los bancos, lo que quiso es introducirnos aquí un sistema semejante al del PRI, y yo salí a protestar porque tampoco quiero al PRI para el Perú.” l

Vocación perversa la de Maciel

Vocación perversa
Rodrigo Vera
Revista mexicana Proceso # 1743, 28 de marzo de 2010
Pese a la revuelta cristera y al “absolutismo religioso” en el que transcurrió su niñez, Marcial Maciel fue un niño perverso que con los años, bajo la protección de la jerarquía eclesiástica, se convertiría en el “pederasta impune más connotado del mundo católico”, quien hizo del sexo el “artefacto multifuncional” que le serviría para “recaudar dinero y lograr el poder”, escribe Alejandro Espinosa Alcalá, sobrino del fundador de Los Legionarios de Cristo y autor del libro El ilusionista Marcial Maciel. Biografía no autorizada.
La profesión sacerdotal fue la única vía que encontró Marcial Maciel para mantener impunes sus perversiones sexuales, que empezaron a manifestarse desde que era un mozalbete y aún vivía en su natal Cotija, Michoacán, donde le decían “la niña bonita” por sus finos rasgos y sus escarceos sexuales con compañeros de juego, animales y rudos campesinos de la región.

Dirigir en Juárez

Dirigir en Juárez
Miguel Sabido
Revista mexicana Proceso # 1743, 28 de marzo de 2010;
Se sienta junto a mí en el avión y ya desde antes de salir no deja de observar con los ojos redondos a un muchacho que está en el otro extremo de la fila.
–¿Usted cree que ese muchacho es un narco, señor? –me dice en un suspiro entrecortado. Trato de sonreír para tranquilizarla. La verdad es que no se cómo se puede saber si alguien es narco o no.
–Yo vine al de efe porque estoy viendo si me puedo venir a vivir con mi hermana en Puebla… porque la verdad en Juárez… –se detiene verdaderamente angustiada: es una mujer de 69 años, quizá. Asustada. Muy asustada.
La azafata me ofrece periódicos de Ciudad Juárez. Tomo uno. Se llama HOY. En la sección de Patrullaje leo en la cabeza:
“Cae menor homicida… había atacado a balazos a dos hombres en la colonia Revolución Mexicana… uno de ellos falleció… el sicario tiene 16 años.”
Y abajo:
“Ejecutan a un minusválido… la tarde de ayer un paralítico fue asesinado en su silla de ruedas… fue victimado de cinco balazos en el Valle de Juárez en plena plaza municipal. Por su incapacidad pedía limosna en la vía pública.”
Y abajo:
“Linchan a uno en la colonia México 68.”
Y abajo:
“Capturan a extorsionadores… tres presuntos integrantes del cártel de Juárez que se dedicaban a cobrar cuotas de ‘derecho de piso’ a vendedores de autopartes fueron detenidos.”
Y abajo:
“Un lavacarros de 23 años fue asesinado en la colonia Independencia II con cinco impactos de bala.”
Y abajo:
“Entran tres hombres a casa particular y balacean a dos mujeres solas. Una de ellas tenía una niña de tres años en brazos. Las dos muertas. La niña moribunda.”
En la misma página. Sin un solo adjetivo. Datos.
…
Antes de salir de México, tres amigos me dijeron:
–¿Estás loco? ¿A qué vas a Ciudad Juárez cuando todo el mundo está huyendo?
–Voy a dar un taller de actuación tonal con Raúl Valles, el director del notable grupo chihuahuense Necrotono. Daremos uno en Juárez, otro en Chihuahua, con la esperanza de encontrar seis u ocho actores adecuados para la puesta del espectáculo de Raúl, Santuario. Será para el Festival Cultural de Chihuahua y, posiblemente, vaya al Cervantino. Me gusta trabajar con directores jóvenes. Él tiene 28 años, así que juntos completamos un siglo.
Nadie se ríe de mi chiste.
Al llegar pido que me lleven a la famosa zona del “centro”, a la bajada del Puente Internacional. Allí donde está el Noa Noa que Juan Gabriel describió como el paraíso perdido.
Los muchachos del Instituto de Cultura me miran nerviosamente.
…
Cuando veo las ruinas –y estamos en pleno mediodía con el sol resplandeciente de Juárez cayendo implacable– se me cierra la garganta: los enormes cabaretes y los escandalosos burdeles al pie del puente internacional que recibían cada viernes y sábado al incesante torrente de estadunidenses que entraban a México –por supuesto sin visa– gritando rítmicamente ¿where is the grass?, ¿where the grass?; la multitud de prostitutas de 12 a 70 años que se les colgaban de las t shirts; las “vestidas” norteñas grandotas y escandalosas, retándolos; sus padrotes vigilándolas severamente; los vendedores de mariguana que abiertamente la cambiaban por dólares en plena calle; los estridentes cabaretes, el Noa Noa, los clubes gays con sus banderas de arco iris; las adolescentes rubias que se arrancaban el brasier al entrar en los bares… todo está bombardeado. ¿Cómo? Sí: bombardeado con bazucas, como en la Franja de Gaza: Los pedazos de pared semiderruida y cacariza por los impactos de los cuernos de chivo dejan ver los “murales” fosforescentes que intentaban ser obscenos y que ahora resultan absurdos y patéticos.
En medio de mi estupor, oigo la voz de Carlos: “Maestro Sabido, por favor… vámonos… vámonos. Estar aquí puede ser peligroso”.
Veo el sol restallante de Juárez sobre las ruinas bombardeadas.
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En las paredes han colocado cuidadosamente las láminas del cuerpo humano con el que doy mi taller de actuación tonal: la del sistema óseo que sostiene la obra milagrosa del cuerpo del actor, que es el único instrumento real de que dispone para comunicarse con el prójimo, el próximo que es el público; la de los huesos del cráneo, donde la maravilla de la voz adquiere sonoridades sobrehumanas; la del sistema nervioso; la de los tres cerebros que nos conducen por la vida.
La sala de ensayos es grande y luminosa, y el Centro Cultural Paso del Norte deslumbrantemente bello y moderno.
Yo empiezo: hablo del cuerpo humano, de los resonadores de la cabeza, de la importancia de la espina dorsal, de la infinita delicadeza de nuestro cuerpo. Cuando voy a decirles: “consideren su cuerpo como un templo y respétenlo; el respeto al cuerpo humano es la gran lección de Stanislavsky y Grotowsky y Barba y Távora…”, me asalta el recuerdo: “Balean a un paralítico que pide limosna”, “…la niña está moribunda”.
Los veo sentados en el suelo, mientras voy de lámina en lámina: Alejandra, Irma, Ileana, Abraham, Sandra –con su estilizadísimo rostro que me recuerda a Greta Garbo–, Valta, Carlos Alberto… todos absortos, hojeando con reverencia los libros que les llevo. Doy por terminada mi intervención de manera abrupta. Salgo a tomar aire en la soberbia fachada del teatro Víctor Hugo Rascón Banda. Discretamente se acerca uno de ellos.
–Maestro… ¿Por qué no se mete mejor a la librería? Afuera está haciendo mucho aire frío.
–¿También aquí ha habido balaceras?
Se me queda viendo con unos ojos infinitamente tristes.
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Raúl inicia su taller. Es estupendo. Partió de las concepciones de Grotowsky, pero en la actualidad ha desarrollado una técnica propia, minuciosa e infinitamente sabia. Nos complementamos muy bien. Yo hablo abstractamente de los nodos de energía dentro del cuerpo del actor y él pone sus ejercicios que, de repente, hacen que los actores la descubran dentro de cada uno de ellos.
Son más de dos horas en las que corren por el salón, se detienen, van liberando su energía mientras Raúl los conduce suavemente.
Al terminar siento el impulso de aplaudir. Aplaudir a su juventud, a su entusiasmo, a su entrega.
Uno de ellos (omito el nombre intencionalmente) trae una camiseta que me llama la atención desde el primer momento. Dice “Amar a Juárez”, tiene una V de la victoria y un corazón.

Sigo la camiseta todo el tiempo. Le tomo una foto. Les tomo muchas fotos. Quiero documentar todo el proceso. Necrotono es uno de los fenómenos más interesantes en la historia del teatro mexicano, y Raúl, amén de un magnífico director, un maestro riguroso y sin concesiones.
Al terminar siento el impulso de aplaudir. Todos lo sienten.
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En el comedor del hotel, Raúl y yo nos ponemos de acuerdo a la hora de la cena: él hará la estructura del espectáculo partiendo de los actores. (Ese es mi procedimiento favorito, y gracias a él mis obras han logrado actuaciones memorables como las de María Douglas en María egipciaca, Alma Muriel en Falsa crónica de Juana la loca, Jacqueline Andere en Carlota emperatriz.) Yo haré el diseño del ámbito escénico y dirigiré a un segundo grupo de actores, “Los enemigos”. Discutimos acerca de la utilidad y utilización de los enormes teatros del norte de la República: en Monterrey, 2 mil localidades; en Reynosa, mil 600; en Laredo, mil 800; en Tampico, mil 400; en Juárez, mil 600; en Chihuahua, en Camargo, en Delicias, en Culiacán, en Torreón, en Saltillo, en Matamoros. Teatros gigantescos, ciclópeos.

De repente, y sin motivo aparente, me pregunta: “¿Por qué no figura usted en las antologías del teatro mexicano del siglo XX?”. Es verdad: ni Armando Partida ni Fernando de Ita ni ninguno de los antólogos ha incluido jamás a Juana la loca o María Egipciaca o Carlota o La pastorela del ermitaño en sus antologías, y todas ganaron premios y se han puesto en La mamma, en Nueva York y en Cuba y Los Ángeles y España. Y el público las mantuvo en escena sin subsidios durante cientos de representaciones.
Me empiezo a reír: “La verdad, no sé. Supongo que allá está muy fuerte la grilla cultural y yo nunca he sabido jugarla”.
Contesta suavemente:
“Allá la grilla. Acá la guerra.”
El tono cambia. Nos envuelve un pesadísimo silencio.
La guerra: ¿Entre quién y quién?
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Mi cuarto está en el sexto piso. Aprieto el botón del lobby; la puerta se empieza a cerrar cuando, de repente, la amenazadora culata de un cuerno de chivo la detiene. Se vuelve a abrir. Tres mujeres con un tono de violencia y salvajismo aterrador entran con las ametralladoras en las manos. Pregunto alarmado: “Perdón… ¿pasa algo en el hotel?”.
La menos hosca va a contestar cuando la primera, viéndome con una mirada fría de serpiente, casi escupe: “Nada. ¡Y tú, cállate, pendeja!”.
Leo en la espalda de los oscuros uniformes “Policía Federal”.
En el lobby hay una típica reunión de vendedoras de belleza. Su agudo parloteo va disminuyendo según las tres policías atraviesan el grupo. Al terminar de cruzar, solamente hay un silencio enorme.
…
Mientras algunos se cambian, les pregunto por primera vez:
“¿Qué está pasando?”.
Se miran unos a otros. Dan las muy diferentes versiones: las bandas quieren distribuidores de menudeo. Primero enganchan chavitos de 12 años, les meten cosas, les enseñan a asesinar –por eso graban los asesinatos de las mujeres, para probar que lo hicieron y que son muy hombres–, y luego ya los usan como quieren; si no, no les dan la droga. Y ellos se siguen matando gente por su lado.
“¿Supo usted de una fiesta donde mataron a 17 batos, no? Pues agarraron a uno de los sicarios, que tiene 17 años, y le preguntaron por qué lo habían hecho. ‘Es que teníamos que amonestar a uno de los que estaban ahí porque no había pagado la cuota’. ‘¿Y los otros?’.
“‘Bueno… pues ya estábamos ahí… de una vez, ¿no?’”
Una de las muchachas mira por la ventana. Susurra: “El diablo está suelto”.
…
Antes de empezar el segundo día del taller les expreso: “Quiero decirles que estoy muy orgulloso y me siento muy honrado de haber venido a trabajar con ustedes. En las circunstancias en las que está la ciudad, que un grupo de jóvenes quiera seguir evolucionando como actores y actrices, lograr un espectáculo digno, seguir trabajando arduamente sin saber todavía si formarán parte de la obra o no, es muy admirable. Los felicito”.
Se miran tímidos y sonriendo.
Al terminar me despido con un abrazo a cada uno. Uno de ellos, el de la camiseta (omito el nombre a propósito), me la entrega lavada y planchada.
–¿Quiere que le regale mi camiseta de que yo amo a Juárez?
–No, gracias –respondo–, quiero que la uses todos los días…
De repente sus ojos adolescentes se llenan de furia.
–Yo nací aquí, maestro. ¿Por qué esos cabrones me van a robar mi ciudad? ¿Por qué me la van a robar?

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