Revista Proceso # 1873, 23 de septiembre de 2012
La detención de 18 mexicanos en Nicaragua el pasado 20 de agosto metió en un embrollo a la empresa de Emilio Azcárraga Jean, pues los capturados, que transportaban más de 9 millones de dólares, viajaban en seis camionetas registradas a nombre de Televisa. A partir de ese momento el consorcio –al que se unió la misma procuradora General de la República– se dedicó a negar cualquier relación con aquellas personas y con los vehículos. Pero los desmentidos desaforados en el Canal 2, las explicaciones insuficientes, no impiden advertir el enorme poder del logotipo que ostentaban las unidades decomisadas ni disipan el tufo de sospecha y la sombra de dudas sobre lo ocurrido en ese país centroamericano.
El logotipo de Televisa abre las ventanillas de los módulos de control vehicular de la Ciudad de México para realizar gestiones de manera expedita; permite cruzar sin mayor trámite aduanas y puestos fronterizos de México y de los países de Centroamérica y obliga a las procuradurías generales de la República (PGR) y de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) a realizar investigaciones que deslinden a la empresa de cualquier enredo judicial.
El logotipo de Televisa –apócrifo o no– abre las puertas del poder.


