26 dic 2007

La Iglesia anglicana

La Iglesia anglicana cede terreno ante el auge musulmán y de los católicos
Reportaje WALTER OPPENHEIMER - .Londres - para El País, 26/12/2007
Si Enrique VIII levantara la cabeza quizá se revolviera en su tumba. Coincidiendo con el ingreso oficial de Tony Blair en la Iglesia católica, las últimas estadísticas señalan que hay más católicos que anglicanos asistiendo a los servicios dominicales en el Reino Unido. Aunque algunos lo presentan como una novedad histórica, otras estadísticas reflejan que casi siempre ha sido así porque la misa dominical es obligatoria para los católicos, pero no para los protestantes, que suelen ir a la Iglesia entre semana mucho más a menudo que los católicos.
El aparente auge del catolicismo en el Reino Unido, sin embargo, parece destinado a ser flor de un día. No es que los británicos -con excepciones tan distinguidas como el ex primer ministro- hayan empezado a convertirse en masa al catolicismo, es que en los últimos años han entrado en el país decenas de miles, quizá centenares de miles, de inmigrantes de Europa del Este y la gran mayoría son polacos, un país en el que el 85% de la población es católica.
Pero, por encima de todo, las estadísticas reflejan un brutal declive de la religión en el Reino Unido en el último medio siglo, siguiendo la tendencia a la secularización de Europa occidental. Y si hay una religión con probabilidades de crecer en el futuro entre los británicos es más bien la musulmana: el año pasado, 6.387 recién nacidos recibieron el nombre de Mohamed o alguna de sus diversas variantes, convirtiéndose en el segundo nombre más popular entre los nuevos británicos, sólo superado por Jack (6.772 bebés).
Según un estudio de Christian Research publicado por The Daily Telegraph, 861.800 católicos atendieron cada semana la misa dominical frente a tan sólo 852.000 anglicanos. La noticia, que ha coincidido con la conversión de Blair, ha causado conmoción y ha reavivado el debate sobre el todavía influyente papel de la religión anglicana en la política británica. La Iglesia de Inglaterra sigue siendo "la Iglesia establecida" del país y el primer ministro tiene el derecho a nombrar al arzobispo de Canterbury de entre una terna de candidatos que le presenta la Iglesia.
Aunque nada impide legalmente que un católico sea primer ministro -en realidad el último fue Tomás Moro, ejecutado por Enrique VIII por negarse a reconocerle como jefe de la Iglesia de Inglaterra-, la ley sí exige que el monarca sea anglicano.
La realidad es que las dos iglesias están en absoluto declive y que el desgaste de la católica -maquillado ahora por la llegada de los polacos- es incluso más rápido. Según los datos publicados por Christian Research, la asistencia de católicos a la misa dominical era en 1989 el doble que en la actualidad: 1,7 millones frente a los actuales 860.000, mientras que entre los anglicanos ha caído un tercio al pasar de 1,26 millones a 850.000. Aunque la mitad de los británicos dicen no creer en Dios, dos tercios de ellos se declaran cristianos, según el último censo nacional, realizado en 2001. Aunque en ese censo no se especifica el reparto entre las distintas acepciones cristianas, los cinco censos realizados entre 1975 y 1995 revelan una llamativa estabilidad en el número de británicos que se declaran anglicanos (27,2 millones en 1975 y 26,7 millones en 1995) y los que se declaran católicos (5,5 millones en 1975 y 5,6 millones en 1995).
Mientras tanto, el número de británicos que se declaran musulmanes ha pasado de 400.000 en 1975 a 1,5 millones en el censo de 2001.
Estas cifras revelan que, aunque la preeminencia de los anglicanos sobre los católicos sigue siendo de 5 a 1, estos tienden a cumplir más con la liturgia. Ambas iglesias parecen también muy distanciadas en asuntos de gran impacto social: la Iglesia anglicana tiene posiciones mucho más progresistas sobre la homosexualidad, el aborto, la planificación familiar o el papel de la mujer en la Iglesia, temas que siguen siendo tabú para la jerarquía de la Iglesia católica.

Religión y vida ¿para qué?

  • ¿Para qué?/Federico Reyes Heroles
Publicado en Reforma, 26/12/2007;
Aunque se le creyera en retirada, Dios permanece entre las creencias humanas. Lejos de cualquier religión en particular, cabe la reflexión. ¿Los dioses ordenan nuestra vida?
"La razón me dice que Dios existe, pero también me dice que nunca podré saber lo que es". Voltaire
No tengo ninguna filiación religiosa. Ello no me cauteriza frente al tema. Basta con mirar al firmamento o ver a un bebé nacer o leer sobre el DNA para caer en el asombro. Ese asombro es la puerta de entrada a los grandes misterios: la creación, la vida, la muerte y nosotros ahí con nuestra loca cabeza. Sólo un muerto, muerto del alma, podría quedarse inmune. Victor Hugo definía a Dios como lo evidente invisible. Pero las creencias y los usos que las religiones han hecho de ellas son un asunto serio. Hay quien piensa, y no sin razón, que las religiones lo envenenan todo (C. Hitchens, God is not Great). Buena parte de la violencia entre los seres humanos ha brotado de la pasión religiosa.
¿Pero entonces, qué hacer? Cruzarse de brazos y aceptar esa terrible fatalidad: la búsqueda de respuestas a los misterios conduce al dogma, al fanatismo, a la degradación. Sería aceptar nuestra impotencia para encauzar las grandes dudas y sus siempre tentativas soluciones. Se trata de una de las discusiones filosóficas más apasionantes y en las últimas décadas ha sido muy rica. Dios ha muerto, declaró Nietzsche (UNAM, ver la excelente introducción de Paulina Rivero Weber), con lo cual tambaleó los referentes no sólo filosóficos sino éticos. ¿Quién mató a Dios? En su loco afán por conocer, por establecer verdades independientes, el hombre destruyó los absolutos, Dios incluido. Pero si Dios no existe, razonaría Dostoievski, entonces todo está permitido. Sin ese absoluto, se argumentó, el hombre deambula en la oscuridad. Quién va a ser el guía, quién dará el rumbo. Para algunos ese absoluto se ha trasladado al valor inmanente de la vida. El rumbo no venía del exterior, de una fuerza superior, sino de adentro. Estaba dado por la propia Creación en la vida misma.
La tensión básica estaba sentada. En la búsqueda de verdades el ser humano sólo podía cancelar los dogmas, los absolutos y seguir su propia forma de leer el mundo. Con el avance de la ciencia en el siglo XX surgieron nuevos dilemas y posturas. Quizá una de las más conocidas por su claridad fue la de Bertrand Russell. El gran filósofo y científico inglés fue radical: la ciencia es incompatible con cualquier tipo de religiosidad. Dogma y ciencia están reñidos a muerte. La apuesta de los años sesenta fue ésa: el avance del pensamiento científico terminará desplazando a los dogmas religiosos. Pero en pleno inicio del siglo XXI las cifras no apuntalan tal dicho.
De los 6 mil 500 millones de seres humanos que habitamos el planeta, el 82 por ciento se declara religioso. Según los datos de Naciones Unidas, un 16 por ciento se declara sin religión y sólo un 3.7 por ciento, ateo. La diferencia no es menor: sólo los ateos niegan la existencia de Dios. De aquellos sin religión no sabemos si aceptan o no la existencia de Dios pero sin acudir a un dogma en específico. Pareciera que, en todo caso, lo que pudo haberse incrementado en el siglo XX fueron los ateos. Pero, es curioso, ese cambio tuvo que haber ocurrido en la primera mitad del siglo XX, cuando la gran explosión científica se dio en la segunda mitad. ¿Cuál fue el efecto de las guerras? No lo sabemos bien a bien. Lo que queda claro es que los satélites, el microchip o los celulares conviven perfectamente con las tradiciones religiosas. De hecho las nuevas religiones aprovechan las tecnologías para conseguir adeptos. Dios no está, como lo pensó Nietzsche, en retirada. De acuerdo con la Encuesta Mundial de Valores, un 86 por ciento de los habitantes del planeta cree en Dios. Además la percepción de Dios está distribuida tanto en países islámicos como Marruecos, Paquistán o Egipto con porcentajes del 100 por ciento, como países católicos, en niveles de 80 por ciento. No hay exclusiva. Pero quizá la mayor sorpresa radique en que el desarrollo tampoco está reñido con esa creencia. El 96 por ciento de los estadounidenses cree en Dios, en Finlandia es el 83 por ciento. Sólo en Vietnam el porcentaje se desploma a menos del 20 por ciento. ¿Por qué? Las sorpresas continúan: las comunidades científicas, obsesionadas con las nuevas verdades o paradigmas, no son islas de no creyentes, por el contrario. Se ha comprobado que en Estados Unidos la gran mayoría de esos científicos son creyentes. Pareciera entonces que la indagación de los misterios no debilita la religiosidad sino que incluso la alimenta. Es fantástico revisar los testimonios de muchos científicos como Francis Collins o Francis Compton Crick, premios nobel vinculados a la indagación sobre el DNA, dando sus testimonios sobre cómo los grandes misterios, la ciencia y Dios, pueden navegar en la misma barca.
El dilema de Nietzsche ya no está allí. Lo que sí continúa vigente es la idea de que son esas figuras, los dioses en plural, los que actúan como grandes ordenadores de la vida. La industrialización, la urbanización, han acentuado un fenómeno de soledad, de búsqueda de un sentido en la vida. Una vez resueltas las necesidades básicas viene la pregunta, ¿para qué la vida? Víctor Frankl, el gran sicoterapeuta, estableció hace décadas esa neurosis provocada por la carencia de un sentido en la vida. Muchas sociedades ricas son víctimas del padecimiento. Las depresiones y los suicidios se multiplican. Hay nuevos flagelos del alma. Francia, España, Estados Unidos, los países escandinavos, todos registran esa nueva pesadilla que es la soledad. Se la ha denominado la era del vacío.
En estos días en que una parte del mundo celebra el natalicio de Jesús, vale la pena la reflexión sobre el fin último de las creencias. ¿Violencia o sentido en la vida, dogma guerrero o paz interior? ¿Religión y vida, para qué?

25 dic 2007

Ser cristianos en tierra Santa

Nochebuena en Belen,
En la iglesia de Santa Catalina -junto a la basílica de la Natividad- presidió la Eucaristía el patriarca de Jerusalén, Su Beatitud Michel Sabbah; concelebró el nuncio apostólico, monseñor Antonio Franco. Estuvo presente, como se previó, el presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abas, invitado a la Misa y a la cena de la comunidad franciscana junto a las autoridades religiosas y civiles.
Esta es la Homilía de Navidad pronunciada por el patriarca Sabbah
Queridos Hermanos y Hermanas¡Feliz y santa fiesta de Navidad!
Señor Presidente:
1. Rogamos por Usted en esta santa Noche, por vuestra difícil labor, por la seguridad, por la unidad del pueblo y por la paz. Que Dios le de luz, sabiduría y fortaleza. Para los gobernantes de este país y para todos los gobernantes de Oriente Medio, rogamos que Dios les conceda a todos el poder realizar la paz y la estabilidad aquí y en toda la región.
2. Hermanos y Hermanas:
La gracia Dios ha aparecido. El Verbo Eterno de Dios se ha hecho hombre. San Juan nos dice en términos claros, aunque supere la capacidad de comprender de muchos: "En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios" (Jn 1,1) y "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14). He aquí hermanos y hermanas el sentido de la Navidad, he aquí lo que celebramos, y aquello por lo que nos regocijamos. El profeta Isaías predijo: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una grande luz... un hijo nos ha nacido, un niño se nos ha dado. Ha recibido el señorío sobre sus hombros, y será su nombre: «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte», «Padre Sempiterno», «Príncipe de la Paz»." (Is 9,1.5.). San León Magno, comentando este misterio, dice: "La naturaleza humana y la naturaleza divina se unen en una sola Persona, el Creador del tiempo nació en el tiempo y aquel por quien fueron hechas todas las cosas empezó a contarse entre las criaturas". (San León, Magno, Cartas, 31, 2-3; Oficio de Lectura, 17 de diciembre, 2da Lectura).
Jesús empezó a contarse entre las criaturas, aquí en Belén, para colmarnos de su gracia y para salvarnos del mal que tenemos que combatir cada día .San Juan nos dice, "de su plenitud hemos recibido gracia sobre gracia" (Jn 1,16). Luego San Juan agrega: "A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, venido del seno del Padre, Él lo ha contado". Esta palabra nos dice que en la Navidad, el Hijo único que sólo el Padre conoce, nacido aquí en Belén, nacido para llevar la vida a los hombres, nos ha hecho capaces, ¡a nosotros también! de conocer a Dios, y de entrar desde aquí abajo a la vida eterna. Una vida que será por medio de nosotros luz en cada esfuerzo de construcción humana o de lucha por la paz. Todos los desafíos, todas nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, tenemos el poder de transformarlos en vida eterna -una vida con Dios, con su luz, su poder y su bondad-.Navidad nos ha renovado "en el Espíritu Santo que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador" (Tito 3,6) a fin de heredar en la esperanza, la vida eterna. Con el poder de esta gracia, con la Navidad cada día en nosotros, trabajamos con ahínco en nuestra sociedad para llevar allí la paz de la Navidad. La vida aquí abajo, con toda su pobreza, todas sus debilidades, pero también con el poder de la gracia, tiene que ser en nosotros el comienzo de la vida eterna.
3. Con esta fe en Dios, con la gracia de la Navidad, meditamos el misterio de nuestra tierra que no llega a ver a Dios, y así, naturalmente, no llega aquí a encontrar la paz. Con la Navidad, con la bondad de Dios puesta por Él en cada persona humana, es necesario, ante todo, creer que somos capaces de la paz. Para ello, hay una mejora a realizar. Hace falta mirar al otro con la mirada de Dios, a fin de poseer la justicia para uno y para los otros.
Luego, hace falta comprender la vocación universal de esta tierra. Hace falta ver la voluntad de Dios sobre esta tierra; en las Escrituras; en la evolución de la historia de la cual, el mismo Dios es el Señor. Él nos ha reunido a todos aquí con el correr de los siglos, judíos, cristianos, musulmanes y drusos, constituyendo hoy dos pueblos, palestino e israelí. Comprender y aceptar la vocación universal, es acoger el plan de Dios para esta tierra y es llegar a ser capaz de establecer aquí la paz. Ningún exclusivismo que desecha al otro o que lo reduce a un estado de ocupación o de sumisión cualquiera puede armonizarse con la vocación de esta tierra. Tierra de Dios, no puede ser para unos una tierra de vida y para otros una tierra de muerte, de exclusión, de ocupación o de prisiones políticas. Todos aquellos que Dios, el Señor de la historia, ha reunido aquí tienen que encontrar en esta tierra vida, dignidad y seguridad.
Cada uno sabe cómo se hace la paz. Cada cual conoce aquello que le es debido a cada uno de los dos pueblos que habitan este país. No es el más débil quien debe someterse y seguir despojándose, sino los más fuertes que tienen todo en su mano son quienes deben desasirse y dar al más débil lo suyo propio, lo debido. Todas las cuestiones difíciles, con la voluntad firme de todos para hacer la paz, pueden encontrar entonces su solución.
4. Con todos los jefes religiosos de esta tierra, hemos recorrido el inicio del camino. Hemos querido preguntarnos a nosotros mismos, como creyentes delante de Dios, ¿Que es lo justo delante de Dios para cada uno de nosotros? Nuestro camino aún es largo, y difícil; pues se trata de librarse del sistema político, de sus visiones exclusivas, de sus miedos, a fin de llegar a ser capaces de decir y de llevar algo nuevo y bueno a todos.
La historia humana está llena de guerras, pero también está llena de Dios. Y Dios es amor. Él no es la tiranía de ciertos creyentes que se dicen creyentes, mientras que no cumplen la voluntad de Dios, sino la suya propia, musulmanes o judíos o cristianos. La violencia no puede ser solicitada desde ninguna religión. El extremismo, en toda religión, es la voluntad de apropiarse, de excluir, y de someter a los otros, no a una fe en Dios, sino a comportamientos humanos y hostiles contra los otros. Los jefes religiosos tienen un rol para educar a los creyentes, confirmarlos sobre las sendas de la justicia, del derecho, del perdón con la reclamación de los derechos, y de la colaboración con todos los hombres y las mujeres de buena voluntad.
5. Hermanos y Hermanas, podéis preguntaros cuál es nuestro papel como cristianos en la paz a construir y en el futuro de esta tierra. El Papa Benedicto XVI, en su última encíclica sobre la Esperanza, dice que la característica del "cristiano es el hecho que ellos tienen una esperanza y tener una esperanza es tener un futuro".
Eso se aplica a nosotros, cristianos de la Tierra Santa, como de todo Oriente Medio. Todo el mundo está preocupado por nuestra presencia cristiana aquí: tanto Israel como la Autoridad Palestina. El rey Abdala II de Jordania desde hace años ha llamado la atención sobre la gravedad del éxodo de los cristianos árabes. Numerosas voces musulmanas se levantan, por todas partes, para llamar la atención sobre el vacío que crearía el éxodo de los cristianos en el mundo árabe musulmán. El mundo cristiano por su parte también está preocupado por nuestra supervivencia o nuestra desaparición.
A vosotros, hermanos y hermanas, a cada uno de vosotros cristianos de esta tierra, tentados a emigrar, objeto de preocupación de todos, os digo ante todo aquello que Jesús nos dice: "no tengáis miedo". El cristiano no tiene derecho a tener miedo, ni a huir de las dificultades. Eso quiere decir compartir las preocupaciones de todos, construir la paz con todos y aceptar los sacrificios, la prisión, quizás la vida o las dificultades de la vida cotidiana, de la ocupación, del muro que separa, de la falta de libertad de movimiento: todo ello es el lote de todos, y todos juntos por nuestros sacrificios y nuestra generosidad, construiremos la paz para todos.
A aquellos tentados o movidos por las dificultades a dejar el país, les decimos: aquí tenéis un sitio y más que un sitio, tenéis una vocación: aquella de ser cristianos aquí, en la Tierra de Jesús, y no en otro lugar en el mundo. Aceptad vuestra vocación, aunque sea difícil. Nuestra presencia aquí permanecerá como un testimonio de la vocación universal de esta tierra, Tierra de Dios, y tierra para las tres religiones y los dos pueblos que la habitan. Escuchad la voz de vuestra vocación y escuchad la voz de todos aquellos que os quieren aquí presentes.
Porque no es solamente un conflicto en el que vivimos, sino una historia en la que Dios es el dueño. Una historia que Dios hace y que nos invita a hacerla con Él. Él es el Señor de toda la historia de la humanidad, desde sus principios lejanos, desde el tiempo de la historia sagrada hasta hoy. Es Él, el que era, que es y que será. Ninguna persona y ningún tiempo pueden evitarlo. Él es el Inevitable con quien y delante de quien vivimos, actuamos y existimos (cf. Hechos 17,28). Llenos de esperanza, libres del miedo, continuamos realizando nuestro camino.
6. Hermanos y Hermanas, Os deseo una santa fiesta de Navidad. Rogamos en esta noche santa, aquí en Belén, por todos vosotros, en Palestina, Israel, Jordania y Chipre. Rogamos por aquellos que sufren, por los enfermos y por los prisioneros para que puedan gozar por fin de su libertad y dignidad. Rogamos por todos nuestros gobernantes, para que perciban la justicia, que regresen por los senderos de la paz, y que tengan el valor de darla a sus pueblos. A todo el mundo cristiano, desde Belén, os decimos: ¡Feliz y santa fiesta de Navidad! Amén.
+ Michel Sabbah, Patriarca
[Traducción distribuida por el Patriarcado Latino de Jerusalén]
Agencia Zenit

24 dic 2007

¡Feliz navidad!


El nacimiento de Jesús es sin duda la fiesta más celebrada en el mundo cristiano.
Se celebra desde principios del siglo IV como cristianización de la fiesta pagana del natalicio del Sol.
Es imposible demostrar que la celebración del nacimiento de Jesús se dio la noche del 24 de diciembre. Para ser preciso, en ninguna parte de textos bíblicos aparece la fecha. Pero los motivos de la Navidad, proceden de los evangelios apócrifos del siglo II, -que por cierto la Iglesia Católica nunca admitió- y de los relatos de la infancia de Jesús, recogidos en los evangelios de Mateo y Lucas.
Y es éste último, el que más se aproxima a nuestro concepto de historiador. Desde el mismo prologo revela una gran preocupación por referir con detalle "la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas". Y aún cuando él, no había vivido personalmente los acontecimientos, trata de proclamarlos tal y como: "nos las enseñaron los que desde el principio las vieron".
Claro que Lucas se preocupó por narrar de manera inteligente y ordenada lo que sabía acerca de Jesús, sin embargo, en sentido estricto, nunca pretendió escribir una biografía, sino simplemente: ¡un evangelio!
Por lo que, poco importa si los relatos bíblicos son fiel reflejo de la realidad histórica, lo importante es el significado que nos trasmiten.
Dice Lucas en una narración -¡que, subrayó, no es histórica propiamente dicha!-, empero, si ofrece datos confiables de que el nacimiento de Jesús data del año 4 antes de Cristo. (versión Reina Valera 1995).
Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César que todo mundo fuera empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
También José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David, para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.
Aconteció que estando ellos allí se le cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
Había pastores en la misma región, que vivían en los campos y cuidaban sus rebaños durante la noche.
Y se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor los rodeo de resplandor y tuvieron gran temor: Pero el ángel los dijo: No teman; porque yo os doy nuevas de gran gozo que será para todo el pueblo: porque os ha nacido hoy, en la Ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.
Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
Repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan y decían:
Gloria a Dios en las alturas
y en la tierra paz,
Buena voluntad para con los hombres...
Hoy, como se celebra el nacimiento de Jesús, deseo que sea tiempo de nacer no de morir, tiempo de curar no de matar, tiempo de edificar no de destruir, tiempo de reír no de llorar, tiempo de amar no de aborrecer, tiempo de paz no de guerra.... (Eclesiastés)
¡Feliz Navidad, y sinceramente buen año 2008!
PD: Por cierto, algunos medios nos dicen que esta noche será la navidad más tranquila en Belém desde el año 2000. Y es que, tras la intifada de septiembre de ese año, Belém se convirtió en víctima de la lucha entre israelíes y palestinos.

El Jesús histórico

El Jesús histórico y la Navidad mitológica/Borja Vivanco Díaz
Publicado en EL CORREO DIGITAL, 24/12/2007;
En los últimos 20 ó 25 años, la publicación de estudios históricos sobre la figura de Jesús de Nazareth y las primeras comunidades cristianas se ha multiplicado. Un amplio y heterogéneo grupo de historiadores, biblistas y teólogos han sido sus autores. Muchas de estas investigaciones, desde la crítica histórica, han identificado y desmontado sin complejos los elementos ‘míticos’ del Nuevo Testamento y de la tradición cristiana. No me estoy refiriendo, desde luego, a trabajos pseudocientíficos y sensacionalistas, a veces en formato de novela, al estilo de ‘El Código Da Vinci’.
En ocasiones, algunos de los descubrimientos o de las conclusiones de las investigaciones históricas serias sobre Jesús de Nazareth -al que han desnudado de teología- han suscitado controversias y también han sido objeto hasta de denuncias, por parte sobre todo de sectores eclesiales inmovilistas, que todavía insisten en contemplar las narraciones bíblicas desde una dimensión estrictamente literal o cuasi historicista. Sin embargo, el conjunto de textos centrados en la búsqueda del ‘Jesús histórico’ están proporcionando a los ojos y a la mente del hombre y la mujer de hoy -racionalistas por esencia, educación o vocación- , una visión más real y así también más atractiva o aceptada del cristianismo.
La investigación del ‘Jesús histórico’ se remonta a los siglos XVIII y XIX, al hilo de las corrientes racionalistas. Hoy en día, nos encontramos en la conocida como ‘tercera búsqueda del Jesús histórico’, en la que se han introducido, con decisión, disciplinas tan variadas como la sociología o la arqueología.
El trabajo de investigación ‘Jesús de Nazaret’, publicado este pasado verano por el Papa Benedicto XVI, más como teólogo reputado que como pontífice, comprende una de las últimas obras editadas en las coordenadas del ‘Jesús histórico’. Aunque el carácter intelectual y la calidad de la obra han sido unánimemente reconocidos, sí se han vertido críticas asociadas a no tener en cuenta aportaciones innovadoras y bien conocidas de otros autores de prestigio en su retrato de quién fue Jesús de Nazareth y cómo era el contexto en el que vivió. Benedicto XVI mostraba, asimismo, en el prólogo de su libro, su preocupación por la «grieta» abierta, en muchos de estos estudios, entre el Jesús histórico y el Cristo de la Fe, pues este último es el que fundamenta el dogma de la Iglesia católica: «¿Qué puede significar la fe en Jesús el Cristo, en Jesús Hijo del Dios vivo, si resulta que el hombre Jesús era tan diferente de como lo presentan los evangelios y como ( ) lo anuncia la Iglesia?», se llega a preguntar.
Pero la Navidad es uno de los aspectos más míticos y con menos carácter histórico del Nuevo Testamento. En primer lugar, hemos de anotar que los pasajes que rodean el nacimiento, la infancia o la adolescencia de Jesús de Nazareth ocupan un lugar muy reducido en los evangelios. De hecho, sólo los evangelios de Lucas y Mateo se interesan por ellos. El grueso de los evangelios gira en torno a la ‘vida pública’ de Jesús de Nazareth que a lo sumo duró tres años; desde su bautizo en las aguas del río Jordán hasta su crucifixión.
La anunciación del ángel, el nacimiento en la ciudad Belén y en un pesebre, la visita de los pastores y los magos, la estrella de Oriente, la matanza de inocentes o la huida a Egipto son aceptados, por gran número de exégetas de hoy como narraciones no históricas. Cada uno de estos relatos, eso sí, pretende transmitir -casi siempre entre líneas-, un contenido teológico de gran envergadura y que no siempre es sencillo interpretar. De hecho, ante la falta de datos sobre los primeros años de vida de Jesús de Nazareth, los evangelistas tuvieron, digamos, más ‘vía libre’ para redactar en función de las inquietudes teológicas de las comunidades cristianas a las que pertenecían.
Pero el cristianismo primitivo no quedó conforme con los pocos capítulos que el Nuevo Testamento dedicó a la primera parte de la vida de Jesús de Nazareth. A partir del siglo II, algunos evangelios ‘apócrifos’, que la Iglesia católica nunca admitió en su canon, se centraron en relatos navideños. Por ejemplo, el nombre de los magos de Oriente, el que sean tres y elevarlos a la categoría de reyes no viene recogido en el Nuevo Testamento, sino en literatura cristiana muy posterior.
Lo más admitido, hoy en día, es que los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) se redactaron entre la segunda y la tercera generación cristiana. El evangelio más antiguo, el de Marcos, se data no antes de 35 o 40 años después de los hechos pascuales. La hipótesis de que algún papiro descubierto en el Mar Muerto y fechado años antes -concretamente el catalogado como 7Q5 por el jesuita español José O’Callaghan- perteneciese a un fragmento del evangelio de Marcos, tiene muy poca aceptación en la actualidad; a desgracia de quienes siguen defendiendo la lectura literal del Nuevo Testamento, apoyada por la creencia de haber sido escrito por testigos oculares. El cuarto evangelio, que la tradición ha atribuido a Juan, es común datarlo entre 60 y 90 años más tarde de la muerte de Jesús de Nazareth. Precisamente Benedicto XVI, en su libro ‘Jesús de Nazaret’, desenmaraña, con gran sutileza, las circunstancias en las que este último evangelio fue elaborado.
Lo importante no consiste en reconocer si los relatos bíblicos fueron o no fiel reflejo de la realidad histórica, sino qué significado nos quieren seguir transmitiendo. Esta era también la pretensión de los evangelistas. En mi opinión, es tan válido entender, por ejemplo, la virginidad de María desde una óptica historicista y biológica como hacerlo, más bien, desde un sentido literario o metafórico. Lo más trascendental consistiría, en cualquier caso, en interpretar en la virginidad de María la filiación divina de Jesús de Nazareth; lo cual sí es un pilar fundamental de la fe cristiana.
El futuro del cristianismo en nuestro mundo laico y racionalista implica seguir trabajando por dar a conocer a Jesús de Nazareth y a su entorno, tal y como eran realmente, alejados de todo mito. Si no es así, la misión evangelizadora seguirá teniendo escaso éxito en el presente. Rechazar la cultura racionalista, como la Iglesia católica lo ha hecho durante casi tres siglos y como en ocasiones lo sigue haciendo ahora mismo, tiende a condenar cualquier intento de catequización al fracaso. Por lo tanto desmitificar, por ejemplo, el origen y el nacimiento de Jesús de Nazareth es un primer y necesario punto de partida para que la Navidad recobre su significado cristiano para las gentes del siglo XXI.

Belén quiere renacer; editorial.
Periódico El Tiempo, 24 de Diciembre de 2007. Redactor de EL TIEMPO.
A nuestros lectores, una Navidad tranquila y en paz y unas fiestas de aguinaldo muy felices.
Cuenta el evangelio de San Lucas que "por aquel tiempo" el emperador César Augusto dispuso un censo general de los territorios dominados por el imperio romano. La orden provocó revuelo en todos ellos, pues obligaba a las cabezas de familia a regresar y empadronarse en la patria de sus mayores. Palestina era entonces parte de las colonias romanas y José, el carpintero, y María, su mujer, tuvieron que abandonar Nazaret, donde vivían, y dirigirse a Belén, la ciudad que había conocido tiempos mejores con el rey David. Pero Belén estaba saturada de gentes que habían hecho el camino de regreso con el mismo propósito, y el carpintero y su mujer, que estaba a punto de dar a luz, solo encontraron posada en un modesto pesebre en las afueras de la villa.
Allí nació, en la madrugada del 25 de diciembre, el hijo de Dios.
Han transcurrido desde entonces algo más de dos mil años y Belén ha pasado por toda suerte de vicisitudes. El poblado, que surgió como campamento de guerra de los filisteos, se convirtió, tras la muerte de Cristo, en santuario religioso. Por esta razón, el emperador Adriano ordenó destruirlo en el año 132, y Belén permaneció olvidada y en ruinas hasta el siglo IV, cuando el primer emperador cristiano, Constantino I, le confirió todos los honores como tierra natal de Jesús y elevó allí una basílica. Esta iglesia, reformada y reparada dos siglos más tarde por Justiniano, se convirtió en la actual iglesia de la Natividad, que abarca la gruta donde se dice que nació Jesucristo. El mismo Justiniano dispuso levantar una muralla alrededor de Belén, que la protegió durante los siglos siguientes.
Que fueron, y siguen siendo, siglos de guerras y confrontaciones. Los persas se tomaron la región en el 614 y los árabes, en el 636. En 1099, la primera Cruzada recuperó la importancia de Belén, hasta cuando los cruzados fueron obligados a abandonar la ciudad en 1187. Desde 1571, el imperio otomano se hizo fuerte en la región y fue sustituido por los británicos al terminar la Primera Guerra Mundial. Al retirarse estos de Palestina, Belén se convirtió en ciudad jordana y en 1967 fue invadida por Israel. Hoy está en poder de la Autoridad Palestina, pero ha sufrido en sus propias carnes -es decir, en la industria del turismo religioso- los conflictos recientes. Tras la intifada de septiembre del 2000, Belén se convirtió en víctima de la lucha entre israelíes y palestinos. El acceso a la ciudad y la salida de ella se hicieron casi imposibles, pues el ejército israelí tiene sitiada la zona y Belén terminó sobreviviendo precariamente dentro de esta nueva y más estricta muralla militar.
Las Navidades concurridas, tranquilas y fervorosas pasaron a ser asunto del pasado. Belén, sin embargo, quiere renacer. Las recientes conversaciones de paz de Anápolis han abierto una nueva esperanza a la ciudad y sus habitantes. Los ministerios de turismo de Israel y Palestina intentan ampliar el primer paso que se dio en el 2004 para crear unas "vías de peregrinación" que permitan a los visitantes circular entre Nazaret, Jerusalén y Belén. La medida ha permitido que este último reciba de nuevo decenas de buses de turistas al día. Y aunque ninguno de los visitantes pernocta, como lo hicieron María y José, su llegada ha vuelto a llevar algún dinero a las menguadas arcas de los artesanos de rosarios, pesebres, tallas y otros recuerdos.
Hace 2007 años se cumplió la profecía según la cual "Tú, Belén, en ningún modo eres la menor entre las ciudades de Judá, pues de ti saldrá el pastor del pueblo de Israel". Confiamos en que este diciembre sea el comienzo de una vida nueva para Belén y que para sus habitantes y los del planeta entero brille esta noche la estrella de paz que desde hace siglos anhelamos todos.

¿Por qué renunció la jueza Vieyra?

¿Por qué renunció la jueza Vieyra? La jueza Mariana Vieyra Valdés renunció a su cargo como jueza Tercero de Distrito en Materia Penal de Tol...