CRÍTICA: LIBROS - Narrativa
Hugo, Balzac, Dumas
JOSÉ MARÍA GUELBENZU
Babelia, El País, 15/11/2008;
Tres clásicos franceses han venido a juntarse en las librerías y no deja de ser curioso el nexo que los une: las tres son novelas de intriga que transcurren en el mundo de lo criminal. La primera de ellas es una de esas novelas redondas y totales que apunta, desde luego, mucho más lejos que a la mera intriga, pero que es, formalmente, un melodrama de tomo y lomo: Los miserables, de Victor Hugo. La reconocemos, sin la menor duda, como una de las grandes novelas del XIX de la que poco queda por decir, pero de la que siempre hay aspectos que recordar. El primero, la briosa escritura romántica de su autor, aún cerca del romanticismo nacionalista instaurado por Walter Scott, que pone en boca del narrador una fuerza expresiva abrasadora. El segundo, la posición omnisciente de ese mismo narrador, álter ego de Hugo, que no sólo ilustra a la perfección sobre el escenario histórico sino que interviene en él, ponderando y opinando con el arrojo de un convencido de asistir a un cambio social de primera magnitud. Habrá que esperar a Flaubert y su Educación sentimental para que lo histórico y lo personal se suelden en un todo, pero el esfuerzo de Hugo es de gigante. El tercer punto es la figura de Jean Valjean, que no es sino la del mártir en favor del prójimo, un trasunto de la figura de Jesús traído a la Francia posrevolucionaria hasta la Comuna de París. Y, cuarto, todo ello queda inscrito en una minuciosa descripción del escenario humano y social dentro de una lucha entre la inocencia y la malicia que tiene el empaque de la tragedia, pero que se desarrolla en el terreno del melodrama, un melodrama desde cuya altura se puede observar la insignificancia de los melodramas actuales, miserables culebrones.
La fe de Hugo hacia el costurón que la Revolución Francesa abrió en la historia del mundo sigue transmitiendo hoy el entusiasmo de antaño y sus personajes, bajo su apariencia de inmediatez, transmiten a su vez una complejidad cuyo misterio nace, precisamente, de la calidad expresiva de la escritura de Hugo.
Un asunto tenebroso es señalada por su prologuista como la primera novela policiaca de la historia. Yo sigo creyendo que el creador del género es Poe y que la primera es La piedra lunar, de Wilkie Collins. Pero Carlos Pujol también tiene su parte de razón aunque él mismo señale que es más novela que policiaca, lo que quiere decir que no es en la resolución de la intriga policial donde Balzac pone el acento. El libro relata un episodio ocurrido durante el paso de Napoleón de primer cónsul a emperador, y esto es lo verdaderamente importante porque donde Balzac ancla a sus personajes es en una novela política centrada en el enfrentamiento entre realistas y bonapartistas. De hecho, la mayoría de los personajes no tiene la enjundia de otros suyos que conocemos bien, pero el conjunto -dejando aparte un exceso de celo a la hora de relacionar a unos con otros, lo que carga el libro de información poco narrativa- ofrece un cuadro novelesco excelente.
Pujol, con su habitual perspicacia, atribuye a los tres verdaderamente importantes (Michu, Laurence, Corentin) la representación de los valores literarios en los que se cuece la novela: la fidelidad abnegada, el orgullo indómito y el poder en la sombra. Aquí sí que es donde Balzac se muestra con toda eficiencia y hace de la intriga de un caso real una pieza eminentemente narrativa.
Alejandro Dumas escribe la crónica -y utilizo esta palabra deliberadamente contra la palabra novela- de otro caso real: el juicio y condena de Marie Capelle, hija bastarda de rey, por el envenenamiento de su marido, M. Lafarge. Dumas conoció a Marie y, aunque no resuelve un caso que, como tal, poseía la intriga suficiente y los suficientes puntos débiles como para quedar envuelto en la duda tras la condena, es evidente que escribe a favor de Marie; no tanto por perseguir su posible inocencia cuanto por explicar los motivos que pudieron hacer de ella una asesina. En realidad, Dumas toma la posición de quien considera que todo reo, culpable de lo que sea, no deja de ser también una víctima; es decir: que todo reo procede de una serie de circunstancias que tienen mucho que ver con que haya llegado a consumar su delito. La crónica, pues, se convierte en la novelización de la vida de Marie Capelle, a la que Dumas sentó sobre sus rodillas cuando era una niña. Lo que cabe reprocharle es que se haya apoyado tanto en las memorias de la propia Marie. Dumas tuvo fama de utilizar negros, cosa creíble dada su voluminosa producción; pues bien, en este caso, el negro es la propia y desdichada Marie. Lo que sí que no pierde nunca el autor es su innata habilidad para atraer con una historia.
Ego sum qui sum; analista político, un soñador enamorado de la vida y aficionado a la poesía.
20 nov 2008
Detenido extitular e SIEDO
El ex titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), Noé Ramírez Mandujano, fue detenido por las autoridades
La primera versión surgió en un reporte de W Radio.
Boletín oficial PGR 940/08
EN EL MARCO DE LA “OPERACIÓN LIMPIEZA”, SE PRESENTA A DECLARAR NOE RAMIREZ MANDUJANO
Jueves, 20 de Noviembre de 2008 Boletín PGR 940/08
•El Fiscal de la Federación decreto su detención.
La Procuraduría General de la República informa que el día de ayer Noé Ramírez Mandujano se presentó voluntariamente a declarar ante el Fiscal de la Federación de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), en el marco de la “Operación Limpieza” y de la averiguación previa PGR/SIEDO/UEICDS/241/08, y el Representante Social consideró que existen los elementos jurídicos para decretar su detención, que le fue notificada este día.
Jueves, 20 de Noviembre de 2008 Boletín PGR 940/08
•El Fiscal de la Federación decreto su detención.
La Procuraduría General de la República informa que el día de ayer Noé Ramírez Mandujano se presentó voluntariamente a declarar ante el Fiscal de la Federación de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), en el marco de la “Operación Limpieza” y de la averiguación previa PGR/SIEDO/UEICDS/241/08, y el Representante Social consideró que existen los elementos jurídicos para decretar su detención, que le fue notificada este día.
El Ministerio Público de la Federación solicitará en las próximas horas la medida cautelar de arraigo, para continuar perfeccionando la indagatoria con los elementos de prueba previstos por la Ley, La investigación continúa desarrollándose y se siguen todas las líneas de trabajo que permitan identificar hechos probablemente constitutivos de delitos por parte de servidores públicos.
Los últimos Pigmeos

Los últimos pigmeos/LOLA HUETE MACHADO
Publicado en El País Semanal, 16/11/2008;
Nómadas, sin derechos, tierra o identidad: unos cientos de miles habitan en los grandes bosques de África. Las talas masivas les empujan a sobrevivir en asentamientos. Un viaje a Camerún tras su rastro.
Al citar a los pigmeos, muchos bantúes, la etnia mayoritaria de Camerún, dicen: "Mi baka". Y se refieren a ese hombre, mujer o niño que trabaja para ellos en la casa o en el campo. O en ambos. Criados o esclavos. A veces es un individuo; a veces, familias completas.
"Si aquí enferman y mueren de ese mal del corazón que dice, quizá deberían irse a otro lugar del bosque", le sugiere alguien a Romeo Ntinty, de 42 años, jefe bantú del village de Ajoameoojh (unos 400 habitantes), cerca de Lomié, al este del país. Él se queda sorprendido con la sugerencia. Y algunos de los Angoula, la familia a la que se refieren, se van congregando, en silencio, observando a los visitantes, periodistas y trabajadores de la ONG Plan Internacional (de sus delegaciones de Camerún y España; esta última organiza el viaje) llegados hasta su campamento para observar sus condiciones de vida, como población indígena y minoría étnica que son. "Los pigmeos no tienen derechos sobre la tierra ni documentos de identidad; muy pocos están escolarizados; sus condiciones de salud, higiene y alimentación son precarias, y dependen para subsistir de otras tribus...", había resumido antes, en Bertoua, Denis Tchounkeu, coordinador del programa Derechos y dignidad de los baka, en marcha en esta zona en la que la ONG se implica desde hace dos lustros (de hecho, los primeros niños que apadrinaron al llegar al país en 1986 fueron pigmeos).
Los Angoula y sus vecinos viven en chozas llamadas mongulus; en pequeños claros que son un respiro en esta selva tupida, opresiva, abrasadora, en la que todo es exceso: la luz, el calor, los tonos de verdes y los mosquitos. Hace años, para encontrar pigmeos (para ellos, este término es peyorativo; prefieren ser llamados baka o badgeli) era necesario internarse en el bosque hasta toparse con esas construcciones minúsculas recubiertas con hojas secas de palmera, donde viven casi agazapados a la espera de salir de caza. Nómadas en sociedad cohesionada -organizados en matrimonios monógamos y familias nucleares abiertas, los niños son libres y se buscan la vida solos, los jóvenes solteros disfrutan del sexo, hay divorcio y los ancianos son autoridad-, se establecen en un lugar, y no sólo es la búsqueda de sustento lo que les hace moverse, también la muerte: cuando alguien fallece, se trasladan y lo dejan en paz. Ahora, a los baka se les ve cada vez más en los bordes de la jungla, deambulando en esa tierra de nadie que son las pistas forestales...
Una larga caminata por una senda zigzagueante jalonada de arbustos y de especies gigantescas de árboles nos ha traído hasta aquí. Hasta un paraíso. Y eso que sólo se trata de las estribaciones de la selva húmeda, una de los grandes bosques de África Central; más exactamente, la zona del campamento BA1 del parque natural de Dja, Reserva de Biosfera de la Unesco y Patrimonio de la Humanidad. La mayor parte del territorio aquí continúa siendo virgen. Y ahí, en su interior, los baka son maestros.
"No", responde el jefe bantú, Ntinty, rotundo a la propuesta de traslado de la familia Angoula. "No pueden irse". ¿Por qué no? "Porque ellos trabajan para mí. Trabajan para mi familia desde hace décadas". ¿Quiere decir que es usted su propietario? "Sí, antes pertenecieron a mi padre, y ahora, a mí". Y para certificarlo, escribe los nombres de las familias de su propiedad en la libreta: los Wombo, los Ngopka, los Mbelanga.
"La esclavitud existe. Pero, aun cuando no sea así, el Estado mismo y los bantúes no nos reconocen como ciudadanos de derecho", había contado en Lomié el presidente de Asbak, Valere Akpakoua, una ONG integrada en la red RACOPY, que agrupa a otras locales con objetivo común: mejorar la vida de su pueblo. "Y hoy, al contrario de lo que sucedía antaño, las relaciones bantúes-pigmeos son de confrontación. Hay mucho conflicto sobre la tierra. La necesitamos para sobrevivir".
Que los Angoula son pigmeos salta a la vista. Al igual que lo son los individuos que surgen, ahora y luego, aquí y allá, de entre la vegetación, machete en mano y con un saco a la espalda de tela o paja trenzada, que sujetan con correas a la cabeza, para transportar frutos, cortezas, bayas, leña... Cuerpos adultos con talla de adolescentes y cráneos grandes, piel oscurísima, pelo negro y rizado, los ojos saltones, la nariz ancha y aplastada, los labios prominentes. Son descendientes de los primeros habitantes de Camerún, una de las etnias más antiguas de África. Se calcula que son unos 300.000 en una decena de países. Y con un futuro incierto. Como les sucede a la mayoría de pueblos indígenas, esos casi cinco mil grupos étnicos en el mundo (unos 300 millones de personas). "El derecho internacional ha reconocido ampliamente sus derechos territoriales, pero no existe lugar donde estén libres de persecución", apuntan en Survival Internacional.
El territorio de los baka es el bosque. Y, como cazadores virtuosos, se nutren de la caza del antílope, cerdo, mono...; de la pesca y la recolección. Curanderos reconocidos, saben utilizar la selva como farmacia gigantesca en sus raíces, cortezas, hojas. Amantes de la música y el canto (hay un grupo, Baka Gbine, que ha viajado a Europa, ver www.baka.co.uk), para ellos el bosque está repleto de sonidos y mensajes, tiene su propio espíritu, Edjengui, el dios generoso y personal que les proporciona cuanto necesitan.
En simbiosis han vivido durante siglos y nunca fue problema para nadie. Hasta que la explotación de la madera, el oro verde, ha comenzado a adquirir dimensiones colosales. El ingreso por las exportaciones del sector maderero en Camerún se ha multiplicado por 25 en una década. Y las selvas tropicales aquí se han convertido en botín para las empresas forestales, los cazadores furtivos, los madereros ilegales; para las arcas del Estado y para mucho intermediario. Para comprender el volumen del negocio, basta intentar entrar por carretera a la capital, Yaoundé, al caer la tarde. Allí está la escena: kilómetros y kilómetros antes de llegar, los camiones aparcados en las cunetas, cargados de cuatro o cinco ejemplares de árboles, a la espera de cruzar la ciudad. "Sólo se puede de noche, hasta las siete de la mañana; luego seguimos camino a Douala, al puerto, a Europa", cuenta François Tsabang, uno de los conductores.
La madera exótica está de moda en Europa. Italia y España son de los mejores clientes. El Estado es propietario de los bosques y existe una legislación clara sobre su explotación, pero "no se aplica", dicen en la Organización Internacional de la Madera Tropical (OIMT). La jungla está cedida a pedazos a compañías que talan al mismo ritmo que acaban con la flora y expulsan a la fauna (hombres incluidos). Nueve empresas extranjeras (datos de 2004) tenían 3,15 millones de hectáreas de concesiones (de una zona forestal permanente de 12,8 millones de hectáreas, ese mismo año; para la FAO eran 16 millones en 1989). Una segunda Amazonía.
El sudor cae a chorros sobre los rostros de todos en la reserva de Dja. Posa el patriarca Angoula con Ntinty para las fotografías, y entre ellos, aunque se les pida que se acerquen, queda siempre un hueco, un espacio físico, una distancia inmensa. Quizá la percepción de la posición que cada uno tiene de sí y del otro. "La autoestima. Individual y de grupo. Fuera del bosque no existe. Somos los últimos de los últimos", había afirmado en Abong-Mbang Heleine Aye Mondo. Ella es la fundadora de Caddap, una asociación cuyas siglas la definen: centro de acción para el desarrollo permanente de los pigmeos autóctonos. ¿No es ella misma una excepción, como mujer y como baka?: "No creas, entre nosotros la mujer es fiera y ocupa un rol muy poderoso: construye el mongulu, trae a los hijos, los educa y no hay ninguna decisión que el hombre no le consulte". Y puntualiza: "Yo misma no obtuve mi ciudadanía hasta 2003". Muestra un papel, el gran logro último: un certificado de nacimiento que permite obtener la tarjeta de identidad. "Muchos pigmeos no saben ni del uno ni de la otra; ni cómo conseguirlos. No controlan la lengua oficial, ni los mecanismos administrativos, ni dónde hacerlo. Sin papeles no existimos".
Unos 50.000 baka habitan este país que es como un tesoro (se calcula que en Congo son cuatro veces más). Abres la tapa de este arcón de 475.500 kilómetros cuadrados, poco menos que España, y allí se reúnen todos los paisajes y climas (sabana, al norte; tropical, en el resto), 240 etnias y otras tantas lenguas. Camerún lo tiene todo: el monte homónimo, de 4.100 metros de altura; 400 kilómetros de costa y unos 16 millones de hectáreas de bosques. "Hay casi el doble de zonas naturales y de especies protegidas que en Kenia, pero pocos lo saben", dice Esther Ekoye, la ingeniero agrícola de Plan que ha preparado nuestra ruta. "La pequeña África", la llaman, de tanto que posee este país con crisis económicas recurrentes: ocupa la posición 148 de 177 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU; el 22% de la población urbana y el 50% de la rural vive con menos de un dólar/día. Y entre las etnias que conforman sus 17 millones de habitantes, esa "tribu de enanos" que gritaban los exploradores del siglo XIX a los cuatro vientos siempre fue preciado objeto de literatura, asunto de atracción casi mitológico. Lo sigue siendo: los pigmeos son esos tectón de ficción del africanista Albert Sánchez Piñol en su novela Pandora en el Congo. O cinematográfico: el drama titulado Man to man, de 2005, cuenta la historia tan común de dos pigmeos trasladados en jaulas a Escocia para ayudar a buscar el eslabón perdido. U objeto de investigación, como el homo floresiensis, descubierto en la Isla de las Flores, que sería cual pigmeo de los pigmeos actuales (1,50 metros), pues sólo medía 1.10. Incluso su organización social prehistórica es alabada hasta el punto de ayudar a explicar hoy modelos de management: así lo hace en su Equipos de alto rendimiento: lecciones de los pigmeos, el profesor de Harvard Manfred F. R. Kets de Vries. "La sociedad pigmea es un buen ejemplo de lo que puede hacer la confianza a la hora de simplificar y agilizar los procesos de toma de decisiones, y ofrece varias lecciones útiles para crear equipos de trabajo eficaces".
Lo pigmeo en el imaginario colectivo. Al preguntar al director de Plan en Yaoundé, Amadou Bocoum, por los grupos más primitivos, aquellos que se escarifican la piel, danzan en ceremonias secretas o prohibidas o permanecen desnudos, él se sorprende. El tópico del antropólogo a la caza de culturas milenarias antropófagas sobrevuela la escena. "Ya no existen como tal. Todos tienen contacto con la civilización. Ésa es su realidad hoy y su drama. Nosotros debemos trabajar por la modernidad", concluye. Y, desde sus dos metros de altura, dice que él procede de Mali y que su tatarabuelo también fue nómada. Sonríe como diciendo: "Y en este mundo ¿quién no lo es?".
Si han de asentarse, que lo hagan bien, parece ser la filosofía de ésta y muchas organizaciones de ayuda a los pueblos indígenas. Otras, como Survival Internacional, también, pero ven en el propio proceso de asentamiento un mal ya vivido una y otra vez que provoca males mayores: muertes por enfermedades de contacto, obesidad por sedentarización y alimentación procesada, suicidios, adicciones... Su informe de agosto último lo dice todo: El progreso puede matar. "Los proyectos que desalojan a los indígenas de sus tierras e imponen el progreso causan una miseria incalculable. Esto no es sorprendente: el progreso -la convicción de que 'nosotros sabemos más'- comparte con el colonialismo el efecto de apropiación de tierras y recursos nativos. Los indígenas no sobreviven a esta situación. Por el contrario, cuando están en sus propias tierras y eligen su propio desarrollo, simplemente prosperan". Para ilustrarlo, una frase de un bosquimano: "Primero nos hacen indigentes, al quitarnos nuestras tierras, nuestra caza y nuestro modo de vida. Luego dicen que no somos nada porque somos indigentes".
Al avanzar por la selva, suena una música de insectos y pájaros siempre de fondo... Y de muchas cosas más que el visitante no identifica. Mejor. Dicen que aquí abundan los gorilas de llanura, que hay elefantes, leopardos, más de 300 especies de pájaros, camaleones, tortugas y ¡pitones y víboras...! Mejor no pensarlo y rememorar la anécdota que narra la única guía en castellano sólo de Camerún que encontramos en España. Su autor es Joan Riera, africanista y antropólogo apasionado del país: "En 2000, dos guardas forestales afirmaron haber visto a un gran reptil... Los baka hablan de que habita pantanos y ríos remotos de la jungla... Algunos de sus cazadores dibujan la silueta del gran lagarto de cuello largo en el barro fresco... Podría tratarse de uno o varios ejemplares de saurópodo, especie de dinosaurio semiacuático que mediría más de 10 metros y se habría extinguido hace millones de años". Lo llaman mokele mbembe, "el que para las aguas del río".
El día anterior nos detuvimos en dos asentamientos baka a pie de pista (en la mayoría de recorridos por el Este no hay carreteras asfaltadas; las mejores pistas están en las explotaciones forestales), el de Mayos y el de Menzoh. El primero está dirigido por un jefe baka, Lazard Ngongo, y una jefa de desarrollo, bantú, Georgette Natouma. Una excepción. Cuenta con medio millar de habitantes de las dos comunidades, que habitan en casas de barro; disponen de escuela mixta, pozo y letrinas comunes, además de un museo donde exponen objetos que los relacionan con su forma de vida tradicional. Monitores bantúes y baka, Colette Yie y Mathieu Sangou, muestran cada objeto con orgullo: armas de caza, cestos, el traje de madera para las ceremonias o ritos iniciáticos. El jefe Ngongo, bajo de talla, dientes afilados como es costumbre, gran bigote y ojos enormes, hierático, habla de las grandes dificultades para sobrevivir. Añade: "Plan ha construido nuestras casas y me ha dado el móvil. Se lo agradezco". El centro de salud más cercano está a 10 kilómetros. Y eso obliga a la curandera, Therese Lendo, de 50 años, a trabajar extra: "Los ataques epilépticos, las locuras de la cabeza y cosas de mujeres", dice, es lo que más trata. "En el bosque vivimos mejor", comentan algunos hombres, "pero hay restricciones de caza".
Plan asegura que esta comunidad y la de Bosquet y Bonando, que visitaremos luego, es donde más se aprecia lo conseguido: interacción, intercambio, participación, escolarización, formación técnica y agrícola... Por primera vez hay un consejero municipal que es baka, y en Bertoua, un grupo de ellos emiten un programa de radio que es como un grito, Baka, je suis. "Nutrición, educación y tierra". Ése, decían en Asbak, es el secreto para que su cultura sobreviva. "Y el cambio de mentalidad que llegará en la siguiente generación".
El asentamiento de Menzoh es bien distinto: niños malnutridos, jóvenes pululando desocupados, ancianos deteriorados y la mayoría de hombres adultos alcoholizados, la única actividad posible en este lugar de casas de barro barridas por el polvo rojizo que levanta el trasiego continuo de camiones. Un reguero que viene de los países vecinos. Como las lágrimas de ese bosque "que llora", que dicen ellos. Y sí, podría ser: basta ver los troncos gigantescos de sapelli, moabit, ayous, azobe e iroco cruzar en toda su longitud a cada rato... "Ése, cien años; ése, más; ése, otros tantos...". Quizá no sea llanto, pero sí la prueba evidente de que el mundo pigmeo se desvanece ante sus propios ojos. Y no se engañan. Para confirmarlo les bastaría consultar los informes de organizaciones como la OIMT, del IWGIA, del WWF o el WRM en Internet. Sirvan los de Greenpeace: "El bosque africano de los grandes simios se extendía antaño a lo largo de África, desde Senegal a Uganda. Ahora no. Cerca del 85% de este bosque primario se ha destruido y la industria maderera amenaza el resto. Desde la pasada Cumbre de la Tierra de Río, África tropical ha incrementado en un 25% su tasa de deforestación. Y una parte de esta región ha incrementado su producción de madera en más de la mitad desde mediados de los noventa".
Al marchar, la comunidad de Menzoh en pleno se reúne para una foto: caras tristísimas, deterioro físico apreciable. Nada que hacer, poco que comer y menos que desarrollar, sin formación para los nuevos tiempos. Sólo el círculo vicioso de las ayudas de las ONG, que ellas mismas intentan como pueden romper. Pierre Katabo, director de Plan en Bertoua, califica su tarea de emergency action: "Sus condiciones lo son, necesitan desarrollarse, es urgente darles capacidades para vivir por sí mismos".
Yendo más hacía el Este, camino de Yokadouma, donde se concentra un 40% de pigmeos, entre camiones averiados en mitad de las pistas y asentamientos, cruzamos poblados madereros que lucen como uno imagina debían ser los mineros en el Oeste americano: olor a madera mojada, luces tenues, mucho hombre y herramienta, la cantina y las prostitutas sentadas en los bungalós. Por supuesto, mejor no parar, ni traspasar verjas, ni acceder a las pistas reservadas, ni preguntar siquiera. "Es verdad que las madereras dan trabajo, pero los grandes beneficios no son para la comunidad, sino para los intermediarios", cuenta Victor Amougun, presidente de la ONG Cefaid. Añade que en Yokadouma, ciudad de frontera con la parafernalia propia de su condición (pobreza, delincuencia, misioneros, burdeles, mucha tienda, mucho tráfico y muchos recién llegado en busca de oportunidades), la situación para los baka es extrema. "En todos lados los consideran intrusos". Desde su asociación les acompañan y asesoran para que sepan defenderse con la burocracia y las leyes. Que denuncien abusos. "El gran problema es la ignorancia. Su sabiduría sobre el bosque es inmensa, pero nadie la reconoce". En Congo, dice, emplean a muchos como guías. "Aquí los han usado, a veces, para identificar especies de árboles buscados. Y luego los talan. O para cazar animales concretos, y luego los encarcelan por ilegales. Les engañan. Ellos ya no confían". Y sí: hay algunos que trabajan dentro de las explotaciones. "¿Qué otra cosa pueden hacer?".
Luego, Martin Sigawie, de la tribu bimo, nos acerca hasta Akambi, donde ayer nació el pequeño baka Banguy Heman, de padres documentados, con nombre y apellido. "Un corto trecho, primero; otro largo, después, y llegamos", dice Martin. Pero anda tan deprisa que es difícil seguirle. La hilera de personas detrás se deshilacha. De nuevo surge la imagen del gorila, la víbora o el mono al acecho. Pero mucho rato, mucho calor y mucha selva después, quienes aparecen son Madeleine Ayola, Madeleine a secas, Emiliane y su bebé, y Mary. Ninguna mayor de 14. No saben leer o escribir, nunca han visto una cámara digital, ni contemplado su propia imagen, o escuchado su voz. A la blanca extranjera visitante le enseñan sus casas, sus bebés, sus ropas... Se sientan luego a mirar. Y cantan. Sin remedio, hay que preguntarse qué será de ellas.
Y en el medio del claro, solos, rodeados de árboles inabarcables, cuenta Martin que el poder aquí pasa de padres a hijos, pero que el jefe bantú de Nyabonga, el poblado más cercano, afirma que si el bosque es de todos y los baka estaban ya antes en él, suyo es. Y eso es un paso. Aunque sea pigmeo.
Al citar a los pigmeos, muchos bantúes, la etnia mayoritaria de Camerún, dicen: "Mi baka". Y se refieren a ese hombre, mujer o niño que trabaja para ellos en la casa o en el campo. O en ambos. Criados o esclavos. A veces es un individuo; a veces, familias completas.
"Si aquí enferman y mueren de ese mal del corazón que dice, quizá deberían irse a otro lugar del bosque", le sugiere alguien a Romeo Ntinty, de 42 años, jefe bantú del village de Ajoameoojh (unos 400 habitantes), cerca de Lomié, al este del país. Él se queda sorprendido con la sugerencia. Y algunos de los Angoula, la familia a la que se refieren, se van congregando, en silencio, observando a los visitantes, periodistas y trabajadores de la ONG Plan Internacional (de sus delegaciones de Camerún y España; esta última organiza el viaje) llegados hasta su campamento para observar sus condiciones de vida, como población indígena y minoría étnica que son. "Los pigmeos no tienen derechos sobre la tierra ni documentos de identidad; muy pocos están escolarizados; sus condiciones de salud, higiene y alimentación son precarias, y dependen para subsistir de otras tribus...", había resumido antes, en Bertoua, Denis Tchounkeu, coordinador del programa Derechos y dignidad de los baka, en marcha en esta zona en la que la ONG se implica desde hace dos lustros (de hecho, los primeros niños que apadrinaron al llegar al país en 1986 fueron pigmeos).
Los Angoula y sus vecinos viven en chozas llamadas mongulus; en pequeños claros que son un respiro en esta selva tupida, opresiva, abrasadora, en la que todo es exceso: la luz, el calor, los tonos de verdes y los mosquitos. Hace años, para encontrar pigmeos (para ellos, este término es peyorativo; prefieren ser llamados baka o badgeli) era necesario internarse en el bosque hasta toparse con esas construcciones minúsculas recubiertas con hojas secas de palmera, donde viven casi agazapados a la espera de salir de caza. Nómadas en sociedad cohesionada -organizados en matrimonios monógamos y familias nucleares abiertas, los niños son libres y se buscan la vida solos, los jóvenes solteros disfrutan del sexo, hay divorcio y los ancianos son autoridad-, se establecen en un lugar, y no sólo es la búsqueda de sustento lo que les hace moverse, también la muerte: cuando alguien fallece, se trasladan y lo dejan en paz. Ahora, a los baka se les ve cada vez más en los bordes de la jungla, deambulando en esa tierra de nadie que son las pistas forestales...
Una larga caminata por una senda zigzagueante jalonada de arbustos y de especies gigantescas de árboles nos ha traído hasta aquí. Hasta un paraíso. Y eso que sólo se trata de las estribaciones de la selva húmeda, una de los grandes bosques de África Central; más exactamente, la zona del campamento BA1 del parque natural de Dja, Reserva de Biosfera de la Unesco y Patrimonio de la Humanidad. La mayor parte del territorio aquí continúa siendo virgen. Y ahí, en su interior, los baka son maestros.
"No", responde el jefe bantú, Ntinty, rotundo a la propuesta de traslado de la familia Angoula. "No pueden irse". ¿Por qué no? "Porque ellos trabajan para mí. Trabajan para mi familia desde hace décadas". ¿Quiere decir que es usted su propietario? "Sí, antes pertenecieron a mi padre, y ahora, a mí". Y para certificarlo, escribe los nombres de las familias de su propiedad en la libreta: los Wombo, los Ngopka, los Mbelanga.
"La esclavitud existe. Pero, aun cuando no sea así, el Estado mismo y los bantúes no nos reconocen como ciudadanos de derecho", había contado en Lomié el presidente de Asbak, Valere Akpakoua, una ONG integrada en la red RACOPY, que agrupa a otras locales con objetivo común: mejorar la vida de su pueblo. "Y hoy, al contrario de lo que sucedía antaño, las relaciones bantúes-pigmeos son de confrontación. Hay mucho conflicto sobre la tierra. La necesitamos para sobrevivir".
Que los Angoula son pigmeos salta a la vista. Al igual que lo son los individuos que surgen, ahora y luego, aquí y allá, de entre la vegetación, machete en mano y con un saco a la espalda de tela o paja trenzada, que sujetan con correas a la cabeza, para transportar frutos, cortezas, bayas, leña... Cuerpos adultos con talla de adolescentes y cráneos grandes, piel oscurísima, pelo negro y rizado, los ojos saltones, la nariz ancha y aplastada, los labios prominentes. Son descendientes de los primeros habitantes de Camerún, una de las etnias más antiguas de África. Se calcula que son unos 300.000 en una decena de países. Y con un futuro incierto. Como les sucede a la mayoría de pueblos indígenas, esos casi cinco mil grupos étnicos en el mundo (unos 300 millones de personas). "El derecho internacional ha reconocido ampliamente sus derechos territoriales, pero no existe lugar donde estén libres de persecución", apuntan en Survival Internacional.
El territorio de los baka es el bosque. Y, como cazadores virtuosos, se nutren de la caza del antílope, cerdo, mono...; de la pesca y la recolección. Curanderos reconocidos, saben utilizar la selva como farmacia gigantesca en sus raíces, cortezas, hojas. Amantes de la música y el canto (hay un grupo, Baka Gbine, que ha viajado a Europa, ver www.baka.co.uk), para ellos el bosque está repleto de sonidos y mensajes, tiene su propio espíritu, Edjengui, el dios generoso y personal que les proporciona cuanto necesitan.
En simbiosis han vivido durante siglos y nunca fue problema para nadie. Hasta que la explotación de la madera, el oro verde, ha comenzado a adquirir dimensiones colosales. El ingreso por las exportaciones del sector maderero en Camerún se ha multiplicado por 25 en una década. Y las selvas tropicales aquí se han convertido en botín para las empresas forestales, los cazadores furtivos, los madereros ilegales; para las arcas del Estado y para mucho intermediario. Para comprender el volumen del negocio, basta intentar entrar por carretera a la capital, Yaoundé, al caer la tarde. Allí está la escena: kilómetros y kilómetros antes de llegar, los camiones aparcados en las cunetas, cargados de cuatro o cinco ejemplares de árboles, a la espera de cruzar la ciudad. "Sólo se puede de noche, hasta las siete de la mañana; luego seguimos camino a Douala, al puerto, a Europa", cuenta François Tsabang, uno de los conductores.
La madera exótica está de moda en Europa. Italia y España son de los mejores clientes. El Estado es propietario de los bosques y existe una legislación clara sobre su explotación, pero "no se aplica", dicen en la Organización Internacional de la Madera Tropical (OIMT). La jungla está cedida a pedazos a compañías que talan al mismo ritmo que acaban con la flora y expulsan a la fauna (hombres incluidos). Nueve empresas extranjeras (datos de 2004) tenían 3,15 millones de hectáreas de concesiones (de una zona forestal permanente de 12,8 millones de hectáreas, ese mismo año; para la FAO eran 16 millones en 1989). Una segunda Amazonía.
El sudor cae a chorros sobre los rostros de todos en la reserva de Dja. Posa el patriarca Angoula con Ntinty para las fotografías, y entre ellos, aunque se les pida que se acerquen, queda siempre un hueco, un espacio físico, una distancia inmensa. Quizá la percepción de la posición que cada uno tiene de sí y del otro. "La autoestima. Individual y de grupo. Fuera del bosque no existe. Somos los últimos de los últimos", había afirmado en Abong-Mbang Heleine Aye Mondo. Ella es la fundadora de Caddap, una asociación cuyas siglas la definen: centro de acción para el desarrollo permanente de los pigmeos autóctonos. ¿No es ella misma una excepción, como mujer y como baka?: "No creas, entre nosotros la mujer es fiera y ocupa un rol muy poderoso: construye el mongulu, trae a los hijos, los educa y no hay ninguna decisión que el hombre no le consulte". Y puntualiza: "Yo misma no obtuve mi ciudadanía hasta 2003". Muestra un papel, el gran logro último: un certificado de nacimiento que permite obtener la tarjeta de identidad. "Muchos pigmeos no saben ni del uno ni de la otra; ni cómo conseguirlos. No controlan la lengua oficial, ni los mecanismos administrativos, ni dónde hacerlo. Sin papeles no existimos".
Unos 50.000 baka habitan este país que es como un tesoro (se calcula que en Congo son cuatro veces más). Abres la tapa de este arcón de 475.500 kilómetros cuadrados, poco menos que España, y allí se reúnen todos los paisajes y climas (sabana, al norte; tropical, en el resto), 240 etnias y otras tantas lenguas. Camerún lo tiene todo: el monte homónimo, de 4.100 metros de altura; 400 kilómetros de costa y unos 16 millones de hectáreas de bosques. "Hay casi el doble de zonas naturales y de especies protegidas que en Kenia, pero pocos lo saben", dice Esther Ekoye, la ingeniero agrícola de Plan que ha preparado nuestra ruta. "La pequeña África", la llaman, de tanto que posee este país con crisis económicas recurrentes: ocupa la posición 148 de 177 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU; el 22% de la población urbana y el 50% de la rural vive con menos de un dólar/día. Y entre las etnias que conforman sus 17 millones de habitantes, esa "tribu de enanos" que gritaban los exploradores del siglo XIX a los cuatro vientos siempre fue preciado objeto de literatura, asunto de atracción casi mitológico. Lo sigue siendo: los pigmeos son esos tectón de ficción del africanista Albert Sánchez Piñol en su novela Pandora en el Congo. O cinematográfico: el drama titulado Man to man, de 2005, cuenta la historia tan común de dos pigmeos trasladados en jaulas a Escocia para ayudar a buscar el eslabón perdido. U objeto de investigación, como el homo floresiensis, descubierto en la Isla de las Flores, que sería cual pigmeo de los pigmeos actuales (1,50 metros), pues sólo medía 1.10. Incluso su organización social prehistórica es alabada hasta el punto de ayudar a explicar hoy modelos de management: así lo hace en su Equipos de alto rendimiento: lecciones de los pigmeos, el profesor de Harvard Manfred F. R. Kets de Vries. "La sociedad pigmea es un buen ejemplo de lo que puede hacer la confianza a la hora de simplificar y agilizar los procesos de toma de decisiones, y ofrece varias lecciones útiles para crear equipos de trabajo eficaces".
Lo pigmeo en el imaginario colectivo. Al preguntar al director de Plan en Yaoundé, Amadou Bocoum, por los grupos más primitivos, aquellos que se escarifican la piel, danzan en ceremonias secretas o prohibidas o permanecen desnudos, él se sorprende. El tópico del antropólogo a la caza de culturas milenarias antropófagas sobrevuela la escena. "Ya no existen como tal. Todos tienen contacto con la civilización. Ésa es su realidad hoy y su drama. Nosotros debemos trabajar por la modernidad", concluye. Y, desde sus dos metros de altura, dice que él procede de Mali y que su tatarabuelo también fue nómada. Sonríe como diciendo: "Y en este mundo ¿quién no lo es?".
Si han de asentarse, que lo hagan bien, parece ser la filosofía de ésta y muchas organizaciones de ayuda a los pueblos indígenas. Otras, como Survival Internacional, también, pero ven en el propio proceso de asentamiento un mal ya vivido una y otra vez que provoca males mayores: muertes por enfermedades de contacto, obesidad por sedentarización y alimentación procesada, suicidios, adicciones... Su informe de agosto último lo dice todo: El progreso puede matar. "Los proyectos que desalojan a los indígenas de sus tierras e imponen el progreso causan una miseria incalculable. Esto no es sorprendente: el progreso -la convicción de que 'nosotros sabemos más'- comparte con el colonialismo el efecto de apropiación de tierras y recursos nativos. Los indígenas no sobreviven a esta situación. Por el contrario, cuando están en sus propias tierras y eligen su propio desarrollo, simplemente prosperan". Para ilustrarlo, una frase de un bosquimano: "Primero nos hacen indigentes, al quitarnos nuestras tierras, nuestra caza y nuestro modo de vida. Luego dicen que no somos nada porque somos indigentes".
Al avanzar por la selva, suena una música de insectos y pájaros siempre de fondo... Y de muchas cosas más que el visitante no identifica. Mejor. Dicen que aquí abundan los gorilas de llanura, que hay elefantes, leopardos, más de 300 especies de pájaros, camaleones, tortugas y ¡pitones y víboras...! Mejor no pensarlo y rememorar la anécdota que narra la única guía en castellano sólo de Camerún que encontramos en España. Su autor es Joan Riera, africanista y antropólogo apasionado del país: "En 2000, dos guardas forestales afirmaron haber visto a un gran reptil... Los baka hablan de que habita pantanos y ríos remotos de la jungla... Algunos de sus cazadores dibujan la silueta del gran lagarto de cuello largo en el barro fresco... Podría tratarse de uno o varios ejemplares de saurópodo, especie de dinosaurio semiacuático que mediría más de 10 metros y se habría extinguido hace millones de años". Lo llaman mokele mbembe, "el que para las aguas del río".
El día anterior nos detuvimos en dos asentamientos baka a pie de pista (en la mayoría de recorridos por el Este no hay carreteras asfaltadas; las mejores pistas están en las explotaciones forestales), el de Mayos y el de Menzoh. El primero está dirigido por un jefe baka, Lazard Ngongo, y una jefa de desarrollo, bantú, Georgette Natouma. Una excepción. Cuenta con medio millar de habitantes de las dos comunidades, que habitan en casas de barro; disponen de escuela mixta, pozo y letrinas comunes, además de un museo donde exponen objetos que los relacionan con su forma de vida tradicional. Monitores bantúes y baka, Colette Yie y Mathieu Sangou, muestran cada objeto con orgullo: armas de caza, cestos, el traje de madera para las ceremonias o ritos iniciáticos. El jefe Ngongo, bajo de talla, dientes afilados como es costumbre, gran bigote y ojos enormes, hierático, habla de las grandes dificultades para sobrevivir. Añade: "Plan ha construido nuestras casas y me ha dado el móvil. Se lo agradezco". El centro de salud más cercano está a 10 kilómetros. Y eso obliga a la curandera, Therese Lendo, de 50 años, a trabajar extra: "Los ataques epilépticos, las locuras de la cabeza y cosas de mujeres", dice, es lo que más trata. "En el bosque vivimos mejor", comentan algunos hombres, "pero hay restricciones de caza".
Plan asegura que esta comunidad y la de Bosquet y Bonando, que visitaremos luego, es donde más se aprecia lo conseguido: interacción, intercambio, participación, escolarización, formación técnica y agrícola... Por primera vez hay un consejero municipal que es baka, y en Bertoua, un grupo de ellos emiten un programa de radio que es como un grito, Baka, je suis. "Nutrición, educación y tierra". Ése, decían en Asbak, es el secreto para que su cultura sobreviva. "Y el cambio de mentalidad que llegará en la siguiente generación".
El asentamiento de Menzoh es bien distinto: niños malnutridos, jóvenes pululando desocupados, ancianos deteriorados y la mayoría de hombres adultos alcoholizados, la única actividad posible en este lugar de casas de barro barridas por el polvo rojizo que levanta el trasiego continuo de camiones. Un reguero que viene de los países vecinos. Como las lágrimas de ese bosque "que llora", que dicen ellos. Y sí, podría ser: basta ver los troncos gigantescos de sapelli, moabit, ayous, azobe e iroco cruzar en toda su longitud a cada rato... "Ése, cien años; ése, más; ése, otros tantos...". Quizá no sea llanto, pero sí la prueba evidente de que el mundo pigmeo se desvanece ante sus propios ojos. Y no se engañan. Para confirmarlo les bastaría consultar los informes de organizaciones como la OIMT, del IWGIA, del WWF o el WRM en Internet. Sirvan los de Greenpeace: "El bosque africano de los grandes simios se extendía antaño a lo largo de África, desde Senegal a Uganda. Ahora no. Cerca del 85% de este bosque primario se ha destruido y la industria maderera amenaza el resto. Desde la pasada Cumbre de la Tierra de Río, África tropical ha incrementado en un 25% su tasa de deforestación. Y una parte de esta región ha incrementado su producción de madera en más de la mitad desde mediados de los noventa".
Al marchar, la comunidad de Menzoh en pleno se reúne para una foto: caras tristísimas, deterioro físico apreciable. Nada que hacer, poco que comer y menos que desarrollar, sin formación para los nuevos tiempos. Sólo el círculo vicioso de las ayudas de las ONG, que ellas mismas intentan como pueden romper. Pierre Katabo, director de Plan en Bertoua, califica su tarea de emergency action: "Sus condiciones lo son, necesitan desarrollarse, es urgente darles capacidades para vivir por sí mismos".
Yendo más hacía el Este, camino de Yokadouma, donde se concentra un 40% de pigmeos, entre camiones averiados en mitad de las pistas y asentamientos, cruzamos poblados madereros que lucen como uno imagina debían ser los mineros en el Oeste americano: olor a madera mojada, luces tenues, mucho hombre y herramienta, la cantina y las prostitutas sentadas en los bungalós. Por supuesto, mejor no parar, ni traspasar verjas, ni acceder a las pistas reservadas, ni preguntar siquiera. "Es verdad que las madereras dan trabajo, pero los grandes beneficios no son para la comunidad, sino para los intermediarios", cuenta Victor Amougun, presidente de la ONG Cefaid. Añade que en Yokadouma, ciudad de frontera con la parafernalia propia de su condición (pobreza, delincuencia, misioneros, burdeles, mucha tienda, mucho tráfico y muchos recién llegado en busca de oportunidades), la situación para los baka es extrema. "En todos lados los consideran intrusos". Desde su asociación les acompañan y asesoran para que sepan defenderse con la burocracia y las leyes. Que denuncien abusos. "El gran problema es la ignorancia. Su sabiduría sobre el bosque es inmensa, pero nadie la reconoce". En Congo, dice, emplean a muchos como guías. "Aquí los han usado, a veces, para identificar especies de árboles buscados. Y luego los talan. O para cazar animales concretos, y luego los encarcelan por ilegales. Les engañan. Ellos ya no confían". Y sí: hay algunos que trabajan dentro de las explotaciones. "¿Qué otra cosa pueden hacer?".
Luego, Martin Sigawie, de la tribu bimo, nos acerca hasta Akambi, donde ayer nació el pequeño baka Banguy Heman, de padres documentados, con nombre y apellido. "Un corto trecho, primero; otro largo, después, y llegamos", dice Martin. Pero anda tan deprisa que es difícil seguirle. La hilera de personas detrás se deshilacha. De nuevo surge la imagen del gorila, la víbora o el mono al acecho. Pero mucho rato, mucho calor y mucha selva después, quienes aparecen son Madeleine Ayola, Madeleine a secas, Emiliane y su bebé, y Mary. Ninguna mayor de 14. No saben leer o escribir, nunca han visto una cámara digital, ni contemplado su propia imagen, o escuchado su voz. A la blanca extranjera visitante le enseñan sus casas, sus bebés, sus ropas... Se sientan luego a mirar. Y cantan. Sin remedio, hay que preguntarse qué será de ellas.
Y en el medio del claro, solos, rodeados de árboles inabarcables, cuenta Martin que el poder aquí pasa de padres a hijos, pero que el jefe bantú de Nyabonga, el poblado más cercano, afirma que si el bosque es de todos y los baka estaban ya antes en él, suyo es. Y eso es un paso. Aunque sea pigmeo.
Espiando a The Beatles
Espiando a los Beatles/DIEGO A. MANRIQUE
EL País, Semanal (www.elpais.com) 16/11/2008
Fueron mucho más que un fenómeno sociocultural. Para las autoridades británicas, el cuarteto supuso también un filón exportador de música, moda y estilo de vida. Pero había que atarlos en corto. La policía les espió y controló, como demuestran los papeles secretos que acaban de salir a la luz. Un tesoro oculto durante años.
Los National Archives, alojados en Kew Gardens, a cuarenta minutos del centro de Londres, son una de las joyas de la Corona británica. Literalmente: sus contenidos tienen crown copyright. Pero también están abiertos a sabuesos curiosos como el italiano Mario J. Cereghino, coautor de libros de investigación como el reciente Che Guevara: top secret. Se le ocurrió indagar lo que allí había sobre los Beatles y ha encontrado un pequeño tesoro.
Para las autoridades británicas de la década de los sesenta, los Beatles fueron mucho más que un fenómeno sociocultural: supusieron un alivio para la balanza de pagos. Abrieron un insospechado apartado exportador, que abarcaba desde la música pop hasta la moda y el turismo relacionados con el swinging London.
Los vientos políticos soplaban a su favor y traían aromas proletarios: el Gobierno conservador, humillado por el escándalo Profumo, fue reemplazado en 1964 por un Gabinete laborista, con Harold Wilson -miembro del Parlamento por Liverpool- como primer ministro. Treinta años antes de que Tony Blair se arrimara al brit pop, el astuto Wilson se subió rápidamente al carro de los Beatles. Buscó oportunidades para fotografiarse a su lado y se encargó de que, en 1965, Isabel II les nombrara MBE (miembros de la Orden del Imperio Británico). Tal honor se administraba con tacañería: no se extendió a su manager, Brian Epstein, posiblemente a causa de su reconocida homosexualidad. Aun así, la distinción causó una polémica muy british: varios veteranos de la II Guerra Mundial devolvieron sus medallas al palacio de Buckingham, alegando que se sentían insultados al encontrarse en compañía de unos "melenudos chillones".
Los Beatles también proporcionaron quebraderos de cabeza a los burócratas del Foreign Office. A principios de 1964, un parlamentario preguntó por un feo incidente que tuvo por escenario la Embajada británica en Estados Unidos. Tras un concierto en el Washington Coliseum, los músicos recibieron una invitación para conocer la embajada, donde se celebraba aquella noche un baile de caridad. La noticia se difundió y muchos fans se apuntaron al evento. Cuando los Beatles aparecieron en el salón de baile, fueron avasallados por docenas de personas. Alguien sacó unas tijeras y cortó un mechón de la melena de Ringo Starr, que luego confesó sentirse aterrado ante un acoso tan inesperado.
Según el Daily Express, la hija de un diplomático era quien manejaba la tijera. Los responsables de Asuntos Exteriores removieron el cielo con la tierra hasta lograr determinar que la culpable era una estadounidense de 18 años; localizaron igualmente una carta del representante, Brian Epstein, en la que agradecía al embajador David Ormsby-Gore la hospitalidad demostrada durante su visita a la capital de EE UU.
Convertidos en respetables miembros de la Orden del Imperio Británico, las giras de los Beatles generaron informes reservados sobre sus andanzas por otros países. El correspondiente a la visita a Japón en 1966 tiene siete folios extremadamente detallados, donde se hacen cálculos sobre los costes del despliegue policial (30.000 libras) y se reconoce que despertaron oposición tanto en los periódicos comunistas como en sectores nacionalistas; estos últimos lamentaron que actuaran en el Budokan, un recinto reservado hasta entonces a las artes marciales japonesas. El autor del informe, el encargado de negocios de la embajada, consideraba que fue un gran éxito comercial y sugería que la industria textil británica aprovechara la pasión por la estética mod y la moda Carnaby Street. Sólo se criticaba a los Beatles por la brevedad de sus conciertos: "Tocaron media hora mientras [el pianista Arthur] Rubinstein, que por las mismas fechas se presentaba en Tokio, ofreció un recital completo". Pero, se aseguraba, los miembros del cuarteto defendieron gallardamente el pabellón imperial: se mostraron "simpáticos, ingeniosos y dotados de talento".
Un dossier del Tesoro británico también revela que podían ser unos ingenuos. En el verano de 1967, sus abogados solicitaron 120,000 libras esterlinas en divisas para la compra de Aegos, una isla griega de 320,000 metros cuadrados, más unos islotes cercanos. Esa cantidad incluía la renovación de cinco casas de pescadores, donde se supone que vivirían idílicamente los Beatles y sus acompañantes, junto a la playa y los olivares.
La petición desató gran debate en el departamento. Se reconocía la aportación de los Beatles a la economía británica (estimada en unos 27 millones de libras) y su necesidad de tranquilidad para crear, pero el principal problema residía en que en el Banco de Inglaterra sólo quedaban 30.000 libras del fondo destinado a la compra de propiedades en el extranjero. Eran tiempos de control extremo sobre el movimiento de capitales.
Lo extraordinario es que nadie se planteó las dimensiones políticas del hecho de que los Beatles se instalaran, aunque fuera para temporadas breves, en Grecia. Pocos meses antes, un cónclave de coroneles había dado un golpe militar e instalado una dictadura particularmente idiota y cruel. En el círculo de los Beatles se había colado Alexis Mardas, un ingeniero electrónico que era hijo precisamente de un oficial de inteligencia comprometido con la junta golpista.
Todavía faltaba más de un año para que los Beatles (o John Lennon, para ser más exactos) se politizaran. Además, el régimen de los coroneles no resultaba particularmente aberrante para el Gobierno británico, que -desde la II Guerra Mundial- armó y alentó a los sectores anticomunistas de la sociedad griega, tolerando incluso las actividades de escuadrones de la muerte en Chipre.
El citado Mardas había fascinado a los músicos con varios artilugios de su creación y se ganó el apodo de Magic Alex. Fue nombrado responsable (y accionista) de Apple Electronics, una división de la empresa grupal, que debía comercializar sus inventos. Pero Magic Alex fue incapaz de sacar adelante sus ocurrencias y se estrelló cuando prometió a los Beatles un recinto para grabar con 78 pistas (en Abbey Road se trabajaba entonces con mesas de cuatro pistas); no logró un estudio funcional.
El proyecto de refugiarse en Grecia naufragó en el otoño de 1967. Tenía demasiado de fantasía a lo Guillermo Brown -¡cuatro músicos trabajando aislados, al sol del Egeo!- y finalmente se desechó cuando surgieron gastos extras y complicaciones legales por la parte griega. El último certificado del Banco de Inglaterra ratifica que no se usaron las divisas (56.000 dólares) destinadas a la adquisición de la isla.
Un inciso: Alexis Mardas protagonizó algunas otras aventuras infames en la biografía de los Beatles, como intentar seducir a Cynthia Lennon para allanar el camino al divorcio de John. En los setenta, tras renunciar a su puesto en Apple, Alexis se reinventó como experto en seguridad. Desarrolló un blindaje para coches supuestamente infalible y se alió con Constantino, el depuesto rey de Grecia, para vender sus sistemas de protección a diferentes monarquías (aparentemente, el príncipe Juan Carlos envió un automóvil a Inglaterra para que fuera blindado, lo que no pudo hacerse). El negocio se frustró cuando el sultán de Omán y el rey Hussein de Jordania comprobaron que, sometidos a fuego graneado, los vehículos "mágicos" podían explosionar.
Algunos de los documentos recuperados por Mario J. Cereghino incluyen recortes de prensa: funcionaba un servicio que escudriñaba los periódicos en busca de noticias de posible interés para los diferentes departamentos gubernamentales. Conviene saber que, en 1968, los Beatles dejaron de poseer su implícita inmunidad. Coincidió con la radicalización de Lennon, conmocionado por el Mayo francés y otras revueltas políticas. El 18 de octubre, la policía encontró marihuana en su piso y, en compañía de Yoko Ono, fue detenido. Lennon consumía drogas, pero aseguraba que, en aquella ocasión, todo fue un montaje; el responsable, el muy temido detective Pilcher, terminaría más tarde en la cárcel. El asunto se cerró con una multa de 150 libras, pero crearía peliagudos problemas a Lennon en los setenta, cuando la Administración de Nixon quiso expulsarle de Estados Unidos.
Era un aviso. Uno de los documentos recuperados por Cereghino es obra de la Policía Metropolitana, que respondía a la denuncia de George William Colmes, un contable de 64 años que declaraba ser aficionado a visitar exposiciones de pintura y escultura. El 17 de enero de 1970, de camino a su oficina, pasó delante de la London Arts Gallery, en el número 22 de New Bond Street. Se anunciaba Bag one, una muestra de litografías de John Lennon. Lo que vio allí le escandalizó y corrió a contárselo a un sargento de la comisaría más cercana:
"Los primeros dibujos parecían infantiles. Pero los otros me horrorizaron. Eran caricaturas exageradas y distorsionadas que reproducían relaciones sexuales de naturaleza repulsiva y desagradable. Sinceramente, me indignó y me enfermó que una mujer fuese retratada en semejantes posturas. Me sentí contaminado por el mero hecho de ver esos dibujos. El pensar que un hombre pudiera usar así a su esposa, ni siquiera se trataba de una modelo desconocida, convierte la institución del matrimonio en una farsa. Si pienso que mi madre, mi mujer o mi cuñada podrían ser reducidas a algo semejante por Lennon o los que organizaron la exposición, me pregunto adónde ha ido a parar la decencia".
Aparentemente, no fue el único visitante indignado (según una interpelación parlamentaria, podrían estar teledirigidos para facilitar la intervención policial). Al día siguiente, una delegación de Scotland Yard visitó la exposición con intenciones poco amistosas: se decretó su clausura y se confiscaron ocho litografías de contenido sexual. En la denuncia por obscenidad a los propietarios de la galería se especifica que "las litografías ilustran la relación de Lennon con Yoko Ono, su matrimonio y su consecuente actividad sexual. Se observan los siguientes actos: 1. Yoko Ono hace una felación a John; al dorso está la leyenda: 'El instrumento de John en la boca de Yoko'. 2. John le hace un cunnilingus a Yoko. 3. John tiene relaciones sexuales con Yoko; al dorso leemos: 'John posee a Yoko por detrás'. 4. Alguien ejecuta un cunnilingus a Yoko mientras otra figura le besa el seno. 5. Las otras cuatro ilustran a Yoko en poses desmañadas que enfatizan su vagina".
La fiscalía insistió en que el nombre de Lennon atraía a un público joven a la galería y que el artista buscaba un beneficio económico como un vulgar pornógrafo: cada litografía se vendía a cuarenta libras. De paso, también mencionaba su condena de 1968 por posesión de cannabis. Sin embargo, el juez tenía muy presente el follón provocado por el proceso a El amante de lady Chatterley y el caso fue rechazado.
Lo que todavía no ha salido a la luz pública es el seguimiento de John Lennon por el servicio secreto británico, el MI5. Nunca se ha confesado oficialmente tal vigilancia, pero el FBI estadounidense ha reconocido poseer copias de esos informes, que se niega a revelar por proceder de "un Gobierno extranjero". Un espía inglés arrepentido, David Shayler, tuvo oportunidad de hojear los legajos de Lennon y ha contado que allí se detallaba que había financiado diversas causas izquierdistas, incluyendo el Workers' Revolutionary Party, grupo trotskista que contaba con Vanessa Redgrave en sus filas. También pagó multas a manifestantes que protestaban contra el apartheid surafricano y subvencionó a Michael X, un autoproclamado líder del black power que terminaría ahorcado en Trinidad, por el asesinato de una mujer blanca. Lo que despertó la mayor hostilidad fue su identificación con los católicos de Irlanda del Norte; se ha sabido que Lennon estuvo dispuesto a dar un concierto a favor de las familias de prisioneros del IRA.
El último documento hallado en los National Archives es el más frío, pero, con sus ristras de cifras, transmite una cierta melancolía. Llegó al Tribunal Supremo y se sumó a la demanda de Paul McCartney contra sus tres compañeros, materializada el último día de 1970. Con fecha 20 de abril de 1972, la empresa de auditoría Arthur Young McClelland Moores presentaba las cuentas de The Beatles and Co. correspondientes a los años 1970 y 1971. Parafraseando a Lennon, era la confirmación de que "el sueño había acabado".
Fueron mucho más que un fenómeno sociocultural. Para las autoridades británicas, el cuarteto supuso también un filón exportador de música, moda y estilo de vida. Pero había que atarlos en corto. La policía les espió y controló, como demuestran los papeles secretos que acaban de salir a la luz. Un tesoro oculto durante años.
Los National Archives, alojados en Kew Gardens, a cuarenta minutos del centro de Londres, son una de las joyas de la Corona británica. Literalmente: sus contenidos tienen crown copyright. Pero también están abiertos a sabuesos curiosos como el italiano Mario J. Cereghino, coautor de libros de investigación como el reciente Che Guevara: top secret. Se le ocurrió indagar lo que allí había sobre los Beatles y ha encontrado un pequeño tesoro.
Para las autoridades británicas de la década de los sesenta, los Beatles fueron mucho más que un fenómeno sociocultural: supusieron un alivio para la balanza de pagos. Abrieron un insospechado apartado exportador, que abarcaba desde la música pop hasta la moda y el turismo relacionados con el swinging London.
Los vientos políticos soplaban a su favor y traían aromas proletarios: el Gobierno conservador, humillado por el escándalo Profumo, fue reemplazado en 1964 por un Gabinete laborista, con Harold Wilson -miembro del Parlamento por Liverpool- como primer ministro. Treinta años antes de que Tony Blair se arrimara al brit pop, el astuto Wilson se subió rápidamente al carro de los Beatles. Buscó oportunidades para fotografiarse a su lado y se encargó de que, en 1965, Isabel II les nombrara MBE (miembros de la Orden del Imperio Británico). Tal honor se administraba con tacañería: no se extendió a su manager, Brian Epstein, posiblemente a causa de su reconocida homosexualidad. Aun así, la distinción causó una polémica muy british: varios veteranos de la II Guerra Mundial devolvieron sus medallas al palacio de Buckingham, alegando que se sentían insultados al encontrarse en compañía de unos "melenudos chillones".
Los Beatles también proporcionaron quebraderos de cabeza a los burócratas del Foreign Office. A principios de 1964, un parlamentario preguntó por un feo incidente que tuvo por escenario la Embajada británica en Estados Unidos. Tras un concierto en el Washington Coliseum, los músicos recibieron una invitación para conocer la embajada, donde se celebraba aquella noche un baile de caridad. La noticia se difundió y muchos fans se apuntaron al evento. Cuando los Beatles aparecieron en el salón de baile, fueron avasallados por docenas de personas. Alguien sacó unas tijeras y cortó un mechón de la melena de Ringo Starr, que luego confesó sentirse aterrado ante un acoso tan inesperado.
Según el Daily Express, la hija de un diplomático era quien manejaba la tijera. Los responsables de Asuntos Exteriores removieron el cielo con la tierra hasta lograr determinar que la culpable era una estadounidense de 18 años; localizaron igualmente una carta del representante, Brian Epstein, en la que agradecía al embajador David Ormsby-Gore la hospitalidad demostrada durante su visita a la capital de EE UU.
Convertidos en respetables miembros de la Orden del Imperio Británico, las giras de los Beatles generaron informes reservados sobre sus andanzas por otros países. El correspondiente a la visita a Japón en 1966 tiene siete folios extremadamente detallados, donde se hacen cálculos sobre los costes del despliegue policial (30.000 libras) y se reconoce que despertaron oposición tanto en los periódicos comunistas como en sectores nacionalistas; estos últimos lamentaron que actuaran en el Budokan, un recinto reservado hasta entonces a las artes marciales japonesas. El autor del informe, el encargado de negocios de la embajada, consideraba que fue un gran éxito comercial y sugería que la industria textil británica aprovechara la pasión por la estética mod y la moda Carnaby Street. Sólo se criticaba a los Beatles por la brevedad de sus conciertos: "Tocaron media hora mientras [el pianista Arthur] Rubinstein, que por las mismas fechas se presentaba en Tokio, ofreció un recital completo". Pero, se aseguraba, los miembros del cuarteto defendieron gallardamente el pabellón imperial: se mostraron "simpáticos, ingeniosos y dotados de talento".
Un dossier del Tesoro británico también revela que podían ser unos ingenuos. En el verano de 1967, sus abogados solicitaron 120,000 libras esterlinas en divisas para la compra de Aegos, una isla griega de 320,000 metros cuadrados, más unos islotes cercanos. Esa cantidad incluía la renovación de cinco casas de pescadores, donde se supone que vivirían idílicamente los Beatles y sus acompañantes, junto a la playa y los olivares.
La petición desató gran debate en el departamento. Se reconocía la aportación de los Beatles a la economía británica (estimada en unos 27 millones de libras) y su necesidad de tranquilidad para crear, pero el principal problema residía en que en el Banco de Inglaterra sólo quedaban 30.000 libras del fondo destinado a la compra de propiedades en el extranjero. Eran tiempos de control extremo sobre el movimiento de capitales.
Lo extraordinario es que nadie se planteó las dimensiones políticas del hecho de que los Beatles se instalaran, aunque fuera para temporadas breves, en Grecia. Pocos meses antes, un cónclave de coroneles había dado un golpe militar e instalado una dictadura particularmente idiota y cruel. En el círculo de los Beatles se había colado Alexis Mardas, un ingeniero electrónico que era hijo precisamente de un oficial de inteligencia comprometido con la junta golpista.
Todavía faltaba más de un año para que los Beatles (o John Lennon, para ser más exactos) se politizaran. Además, el régimen de los coroneles no resultaba particularmente aberrante para el Gobierno británico, que -desde la II Guerra Mundial- armó y alentó a los sectores anticomunistas de la sociedad griega, tolerando incluso las actividades de escuadrones de la muerte en Chipre.
El citado Mardas había fascinado a los músicos con varios artilugios de su creación y se ganó el apodo de Magic Alex. Fue nombrado responsable (y accionista) de Apple Electronics, una división de la empresa grupal, que debía comercializar sus inventos. Pero Magic Alex fue incapaz de sacar adelante sus ocurrencias y se estrelló cuando prometió a los Beatles un recinto para grabar con 78 pistas (en Abbey Road se trabajaba entonces con mesas de cuatro pistas); no logró un estudio funcional.
El proyecto de refugiarse en Grecia naufragó en el otoño de 1967. Tenía demasiado de fantasía a lo Guillermo Brown -¡cuatro músicos trabajando aislados, al sol del Egeo!- y finalmente se desechó cuando surgieron gastos extras y complicaciones legales por la parte griega. El último certificado del Banco de Inglaterra ratifica que no se usaron las divisas (56.000 dólares) destinadas a la adquisición de la isla.
Un inciso: Alexis Mardas protagonizó algunas otras aventuras infames en la biografía de los Beatles, como intentar seducir a Cynthia Lennon para allanar el camino al divorcio de John. En los setenta, tras renunciar a su puesto en Apple, Alexis se reinventó como experto en seguridad. Desarrolló un blindaje para coches supuestamente infalible y se alió con Constantino, el depuesto rey de Grecia, para vender sus sistemas de protección a diferentes monarquías (aparentemente, el príncipe Juan Carlos envió un automóvil a Inglaterra para que fuera blindado, lo que no pudo hacerse). El negocio se frustró cuando el sultán de Omán y el rey Hussein de Jordania comprobaron que, sometidos a fuego graneado, los vehículos "mágicos" podían explosionar.
Algunos de los documentos recuperados por Mario J. Cereghino incluyen recortes de prensa: funcionaba un servicio que escudriñaba los periódicos en busca de noticias de posible interés para los diferentes departamentos gubernamentales. Conviene saber que, en 1968, los Beatles dejaron de poseer su implícita inmunidad. Coincidió con la radicalización de Lennon, conmocionado por el Mayo francés y otras revueltas políticas. El 18 de octubre, la policía encontró marihuana en su piso y, en compañía de Yoko Ono, fue detenido. Lennon consumía drogas, pero aseguraba que, en aquella ocasión, todo fue un montaje; el responsable, el muy temido detective Pilcher, terminaría más tarde en la cárcel. El asunto se cerró con una multa de 150 libras, pero crearía peliagudos problemas a Lennon en los setenta, cuando la Administración de Nixon quiso expulsarle de Estados Unidos.
Era un aviso. Uno de los documentos recuperados por Cereghino es obra de la Policía Metropolitana, que respondía a la denuncia de George William Colmes, un contable de 64 años que declaraba ser aficionado a visitar exposiciones de pintura y escultura. El 17 de enero de 1970, de camino a su oficina, pasó delante de la London Arts Gallery, en el número 22 de New Bond Street. Se anunciaba Bag one, una muestra de litografías de John Lennon. Lo que vio allí le escandalizó y corrió a contárselo a un sargento de la comisaría más cercana:
"Los primeros dibujos parecían infantiles. Pero los otros me horrorizaron. Eran caricaturas exageradas y distorsionadas que reproducían relaciones sexuales de naturaleza repulsiva y desagradable. Sinceramente, me indignó y me enfermó que una mujer fuese retratada en semejantes posturas. Me sentí contaminado por el mero hecho de ver esos dibujos. El pensar que un hombre pudiera usar así a su esposa, ni siquiera se trataba de una modelo desconocida, convierte la institución del matrimonio en una farsa. Si pienso que mi madre, mi mujer o mi cuñada podrían ser reducidas a algo semejante por Lennon o los que organizaron la exposición, me pregunto adónde ha ido a parar la decencia".
Aparentemente, no fue el único visitante indignado (según una interpelación parlamentaria, podrían estar teledirigidos para facilitar la intervención policial). Al día siguiente, una delegación de Scotland Yard visitó la exposición con intenciones poco amistosas: se decretó su clausura y se confiscaron ocho litografías de contenido sexual. En la denuncia por obscenidad a los propietarios de la galería se especifica que "las litografías ilustran la relación de Lennon con Yoko Ono, su matrimonio y su consecuente actividad sexual. Se observan los siguientes actos: 1. Yoko Ono hace una felación a John; al dorso está la leyenda: 'El instrumento de John en la boca de Yoko'. 2. John le hace un cunnilingus a Yoko. 3. John tiene relaciones sexuales con Yoko; al dorso leemos: 'John posee a Yoko por detrás'. 4. Alguien ejecuta un cunnilingus a Yoko mientras otra figura le besa el seno. 5. Las otras cuatro ilustran a Yoko en poses desmañadas que enfatizan su vagina".
La fiscalía insistió en que el nombre de Lennon atraía a un público joven a la galería y que el artista buscaba un beneficio económico como un vulgar pornógrafo: cada litografía se vendía a cuarenta libras. De paso, también mencionaba su condena de 1968 por posesión de cannabis. Sin embargo, el juez tenía muy presente el follón provocado por el proceso a El amante de lady Chatterley y el caso fue rechazado.
Lo que todavía no ha salido a la luz pública es el seguimiento de John Lennon por el servicio secreto británico, el MI5. Nunca se ha confesado oficialmente tal vigilancia, pero el FBI estadounidense ha reconocido poseer copias de esos informes, que se niega a revelar por proceder de "un Gobierno extranjero". Un espía inglés arrepentido, David Shayler, tuvo oportunidad de hojear los legajos de Lennon y ha contado que allí se detallaba que había financiado diversas causas izquierdistas, incluyendo el Workers' Revolutionary Party, grupo trotskista que contaba con Vanessa Redgrave en sus filas. También pagó multas a manifestantes que protestaban contra el apartheid surafricano y subvencionó a Michael X, un autoproclamado líder del black power que terminaría ahorcado en Trinidad, por el asesinato de una mujer blanca. Lo que despertó la mayor hostilidad fue su identificación con los católicos de Irlanda del Norte; se ha sabido que Lennon estuvo dispuesto a dar un concierto a favor de las familias de prisioneros del IRA.
El último documento hallado en los National Archives es el más frío, pero, con sus ristras de cifras, transmite una cierta melancolía. Llegó al Tribunal Supremo y se sumó a la demanda de Paul McCartney contra sus tres compañeros, materializada el último día de 1970. Con fecha 20 de abril de 1972, la empresa de auditoría Arthur Young McClelland Moores presentaba las cuentas de The Beatles and Co. correspondientes a los años 1970 y 1971. Parafraseando a Lennon, era la confirmación de que "el sueño había acabado".
Historiadores del futuro
Los historiadores del futuro/PRUDENCIO GARCÍA
Publicado en El País (www.elpais.com), 21/11/2008;
Afirman los adversarios del esclarecimiento: "Serán los futuros historiadores los que escribirán la Historia". Cierto. Pero ¿contando con qué testimonios, con qué evidencias, con qué estadísticas, con qué documentación? No olvidemos que la tarea de los historiadores científicos se ve -y se verá siempre- amenazada y entorpecida por el negacionismo y la ocultación de aquellos que ponen todo su empeño en negar y ocultar importantes espacios de la realidad histórica. Aquí está la clave de la cuestión.
Cuando se constituyó en Argentina la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep), también conocida como Comisión Sábato (1984), así como cuando se estableció en Chile la denominada Comisión de Verdad y Reconciliación o Comisión Rettig (1990), al igual que cuando se creó para El Salvador la Comisión de la Verdad de la ONU (1992), y años después al constituir la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) de la ONU sobre Guatemala (1997), según pudimos comprobar in situ por nuestro trabajo, en cada uno de estos países, tales investigaciones tuvieron invariablemente los siguientes puntos en común:
Todas ellas fueron posteriores a terribles conflictos internos de considerable dramatismo, crueldad y duración. Todas ellas tuvieron un notable efecto clarificador al servicio de la verdad histórica, en cuanto a autorías, responsabilidades, causas, efectos, y un resultado siempre insuficiente (desde escaso hasta prácticamente nulo, según los casos) en cuanto a la aplicación de la justicia. En todos los casos citados, un poderoso sector de la sociedad rechazaba la creación de estos órganos de investigación, mientras otro sector social los reclamaba como imprescindibles. El sector que rechazaba toda investigación era siempre el mismo: precisamente el que protagonizó, o se benefició, de un golpe militar o de unos gobiernos militares fuertemente represores que incurrieron en terribles violaciones de derechos humanos. En todos estos casos tuvimos que escuchar esta proclamación recurrente: el argumento, inicialmente citado, de que la historia deberá ser escrita por los historiadores del futuro y no por actuales comisiones de investigación. Además, y primero en importancia por sus ínfulas pretendidamente morales, aparecía el argumento máximo, que siempre era el siguiente: "Esa investigación volvería a sembrar la división y a despertar los viejos odios. Lo que necesita la sociedad es olvidar y cerrar las heridas pasadas".
Si hubieran prevalecido estos criterios paralizantes, aquellas sociedades recién mencionadas -y otras en situaciones similares- seguirían taradas por el venenoso efecto de la mentira y la falsificación histórica, negando interesadamente y ocultando definitivamente la mayor parte de los crímenes cometidos. La Armada argentina seguiría negando oficialmente que sus instalaciones de la ESMA fueron usadas para secuestrar, torturar y asesinar a miles de ciudadanos; el Ejército chileno seguiría refutando descaradamente sus atrocidades de Villa Grimaldi, Tejas Verdes y tantos otros antros clandestinos, y su Armada seguiría sin admitir las bárbaras torturas perpetradas a bordo de su buque escuela Esmeralda y de otras instalaciones navales. El Ejército salvadoreño seguiría negando las atrocidades de la UCA y de El Mozote, y manteniendo su delirante versión sobre el asesinato del arzobispo, monseñor Romero. Y los militares guatemaltecos seguirían negando su brutal genocidio contra las comunidades mayas del Quiché, Petén y otros escenarios de aquel horror.
Pero tales falsedades ya no podrán prevalecer en los futuros libros de historia. Y este logro no será debido a quienes, con argumentos supuestamente pacificadores, quisieron correr un tupido velo sobre los crímenes, sino a las incontestables evidencias registradas por las respectivas comisiones de investigación, y plasmadas para la posteridad en sus respectivos informes. De no ser por ese esfuerzo investigador, los futuros libros de historia hubieran quedado tarados y falseados para siempre por la mentira y la ocultación.
Hablemos ahora de España. De nuestra Historia, de nuestra memoria, de nuestra verdad. El último auto del juez Baltasar Garzón encomienda la investigación de los asesinatos y desapariciones producidos por la represión franquista a los 62 juzgados en cuyo ámbito jurisdiccional existen fosas comunes. Con independencia de que este desenlace procesal pueda repercutir en mayor o menor grado en la eficacia y factibilidad de tales investigaciones, y de que su efectividad será obviamente menor de la que hubiera aportado un esfuerzo unitario y centralizado, enérgicamente apoyado (y no frontalmente rechazado) por la fiscalía, aun así, lo que ya es seguro es la contundencia testimonial de las listas, trabajosamente elaboradas y entregadas al juez por una serie de asociaciones empeñadas en ese rescate de la memoria que nunca pudo hacerse con anterioridad.
Las víctimas detalladas en las distintas relaciones nominales -130.137 en una de ellas, elevadas a 143.353 en otra posterior, y finalmente 114.340 en otra, al parecer más trabajada que las anteriores-, más otros datos que puedan ser constatados en el futuro (pues los recopiladores señalan que subsisten gran número de casos no incluidos aún), constituyen informaciones que, una vez depuradas, debidamente cruzadas, contrastadas y suprimidas las posibles repeticiones, acabarán proporcionando a los historiadores futuros un caudal de sólidas evidencias cuantitativas de irrefutable valor. Pero también de valiosas precisiones cualitativas sobre la clase y procedencia social de los que fueron encarcelados y asesinados: maestros, alcaldes, concejales, dirigentes y militantes sindicales, activistas agrarios, simples braceros sin tierra, ciudadanos republicanos de cualquier área profesional, militares contrarios al golpe y sentenciados en juicios sumarísimos sin ninguna garantía procesal.
Estos datos, que jamás se hubieran recopilado y entregado oficialmente sin un requerimiento judicial de tan amplio alcance como lo fue el dictado en su momento por el juez Garzón, están llamados a convertirse, para los balances históricos del futuro, en una aplastante y documentada refutación de quienes, años atrás, decían y escribían que las víctimas mortales represaliadas por el franquismo después de la guerra podían situarse en torno a las 8.000. Afirmaciones y cifras que hubieran quedado ahí, falseando inevitable y brutalmente el balance registrado en los libros del futuro si nadie se hubiera ocupado de afrontar esta ineludible, aunque siempre penosa, labor de clarificación.
En España durante 40 años se airearon, multiplicaron, difundieron y escribieron todos los argumentos posibles e imposibles a favor de los vencedores de la Guerra Civil, incluidas las barbaridades -algunas absolutamente ciertas- cometidas por el bando republicano. Datos y argumentos que han estado y siguen estando ahí, superabundantes, a disposición de los historiadores. Pero al mismo tiempo se impidió toda acumulación de datos, argumentos y evidencias por parte de los vencidos. ¿De dónde obtendrían, entonces, los futuros historiadores los datos, argumentos y evidencias documentales aportados por la España derrotada en 1939, si gran parte de tales datos y evidencias hubieran permanecido ocultos para siempre sin emerger a la luz?
A estas alturas, ningún obstáculo debería impedir que se abran plenamente a la investigación todos los archivos referentes a las causas, denuncias, procesos, asesinatos individuales y colectivos, así como sobre las numerosas fosas comunes, sin olvidar aquellas mortíferas cárceles de 1939-1946 donde miles de españoles se consumieron hasta morir de hambre, frío, tuberculosis, y también, en cifras terribles (pero todavía vergonzosamente indeterminadas), de tantos miles de hombres y mujeres que cayeron ante los infatigables pelotones de ejecución.
Cuando se constituyó en Argentina la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep), también conocida como Comisión Sábato (1984), así como cuando se estableció en Chile la denominada Comisión de Verdad y Reconciliación o Comisión Rettig (1990), al igual que cuando se creó para El Salvador la Comisión de la Verdad de la ONU (1992), y años después al constituir la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) de la ONU sobre Guatemala (1997), según pudimos comprobar in situ por nuestro trabajo, en cada uno de estos países, tales investigaciones tuvieron invariablemente los siguientes puntos en común:
Todas ellas fueron posteriores a terribles conflictos internos de considerable dramatismo, crueldad y duración. Todas ellas tuvieron un notable efecto clarificador al servicio de la verdad histórica, en cuanto a autorías, responsabilidades, causas, efectos, y un resultado siempre insuficiente (desde escaso hasta prácticamente nulo, según los casos) en cuanto a la aplicación de la justicia. En todos los casos citados, un poderoso sector de la sociedad rechazaba la creación de estos órganos de investigación, mientras otro sector social los reclamaba como imprescindibles. El sector que rechazaba toda investigación era siempre el mismo: precisamente el que protagonizó, o se benefició, de un golpe militar o de unos gobiernos militares fuertemente represores que incurrieron en terribles violaciones de derechos humanos. En todos estos casos tuvimos que escuchar esta proclamación recurrente: el argumento, inicialmente citado, de que la historia deberá ser escrita por los historiadores del futuro y no por actuales comisiones de investigación. Además, y primero en importancia por sus ínfulas pretendidamente morales, aparecía el argumento máximo, que siempre era el siguiente: "Esa investigación volvería a sembrar la división y a despertar los viejos odios. Lo que necesita la sociedad es olvidar y cerrar las heridas pasadas".
Si hubieran prevalecido estos criterios paralizantes, aquellas sociedades recién mencionadas -y otras en situaciones similares- seguirían taradas por el venenoso efecto de la mentira y la falsificación histórica, negando interesadamente y ocultando definitivamente la mayor parte de los crímenes cometidos. La Armada argentina seguiría negando oficialmente que sus instalaciones de la ESMA fueron usadas para secuestrar, torturar y asesinar a miles de ciudadanos; el Ejército chileno seguiría refutando descaradamente sus atrocidades de Villa Grimaldi, Tejas Verdes y tantos otros antros clandestinos, y su Armada seguiría sin admitir las bárbaras torturas perpetradas a bordo de su buque escuela Esmeralda y de otras instalaciones navales. El Ejército salvadoreño seguiría negando las atrocidades de la UCA y de El Mozote, y manteniendo su delirante versión sobre el asesinato del arzobispo, monseñor Romero. Y los militares guatemaltecos seguirían negando su brutal genocidio contra las comunidades mayas del Quiché, Petén y otros escenarios de aquel horror.
Pero tales falsedades ya no podrán prevalecer en los futuros libros de historia. Y este logro no será debido a quienes, con argumentos supuestamente pacificadores, quisieron correr un tupido velo sobre los crímenes, sino a las incontestables evidencias registradas por las respectivas comisiones de investigación, y plasmadas para la posteridad en sus respectivos informes. De no ser por ese esfuerzo investigador, los futuros libros de historia hubieran quedado tarados y falseados para siempre por la mentira y la ocultación.
Hablemos ahora de España. De nuestra Historia, de nuestra memoria, de nuestra verdad. El último auto del juez Baltasar Garzón encomienda la investigación de los asesinatos y desapariciones producidos por la represión franquista a los 62 juzgados en cuyo ámbito jurisdiccional existen fosas comunes. Con independencia de que este desenlace procesal pueda repercutir en mayor o menor grado en la eficacia y factibilidad de tales investigaciones, y de que su efectividad será obviamente menor de la que hubiera aportado un esfuerzo unitario y centralizado, enérgicamente apoyado (y no frontalmente rechazado) por la fiscalía, aun así, lo que ya es seguro es la contundencia testimonial de las listas, trabajosamente elaboradas y entregadas al juez por una serie de asociaciones empeñadas en ese rescate de la memoria que nunca pudo hacerse con anterioridad.
Las víctimas detalladas en las distintas relaciones nominales -130.137 en una de ellas, elevadas a 143.353 en otra posterior, y finalmente 114.340 en otra, al parecer más trabajada que las anteriores-, más otros datos que puedan ser constatados en el futuro (pues los recopiladores señalan que subsisten gran número de casos no incluidos aún), constituyen informaciones que, una vez depuradas, debidamente cruzadas, contrastadas y suprimidas las posibles repeticiones, acabarán proporcionando a los historiadores futuros un caudal de sólidas evidencias cuantitativas de irrefutable valor. Pero también de valiosas precisiones cualitativas sobre la clase y procedencia social de los que fueron encarcelados y asesinados: maestros, alcaldes, concejales, dirigentes y militantes sindicales, activistas agrarios, simples braceros sin tierra, ciudadanos republicanos de cualquier área profesional, militares contrarios al golpe y sentenciados en juicios sumarísimos sin ninguna garantía procesal.
Estos datos, que jamás se hubieran recopilado y entregado oficialmente sin un requerimiento judicial de tan amplio alcance como lo fue el dictado en su momento por el juez Garzón, están llamados a convertirse, para los balances históricos del futuro, en una aplastante y documentada refutación de quienes, años atrás, decían y escribían que las víctimas mortales represaliadas por el franquismo después de la guerra podían situarse en torno a las 8.000. Afirmaciones y cifras que hubieran quedado ahí, falseando inevitable y brutalmente el balance registrado en los libros del futuro si nadie se hubiera ocupado de afrontar esta ineludible, aunque siempre penosa, labor de clarificación.
En España durante 40 años se airearon, multiplicaron, difundieron y escribieron todos los argumentos posibles e imposibles a favor de los vencedores de la Guerra Civil, incluidas las barbaridades -algunas absolutamente ciertas- cometidas por el bando republicano. Datos y argumentos que han estado y siguen estando ahí, superabundantes, a disposición de los historiadores. Pero al mismo tiempo se impidió toda acumulación de datos, argumentos y evidencias por parte de los vencidos. ¿De dónde obtendrían, entonces, los futuros historiadores los datos, argumentos y evidencias documentales aportados por la España derrotada en 1939, si gran parte de tales datos y evidencias hubieran permanecido ocultos para siempre sin emerger a la luz?
A estas alturas, ningún obstáculo debería impedir que se abran plenamente a la investigación todos los archivos referentes a las causas, denuncias, procesos, asesinatos individuales y colectivos, así como sobre las numerosas fosas comunes, sin olvidar aquellas mortíferas cárceles de 1939-1946 donde miles de españoles se consumieron hasta morir de hambre, frío, tuberculosis, y también, en cifras terribles (pero todavía vergonzosamente indeterminadas), de tantos miles de hombres y mujeres que cayeron ante los infatigables pelotones de ejecución.
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