El Laberinto de Tapalpa: El fin del mito y el peso de la realidad
La caída de Nemesio Oseguera Cervantes no fue el desenlace de una película de acción, sino el cierre de un laberinto trazado por la paciencia y el inevitable error humano. A menudo imaginamos a estos personajes protegidos por muros de tecnología y ejércitos impenetrables, pero al final, el "Hilo de Ariadna" que condujo a la milicia fue lo más elemental de nuestra especie: el vínculo personal. Una mujer, un hombre de confianza y el refugio silencioso de unas cabañas en el bosque fueron el principio del fin para el mito del CJNG.
La precisión contra la furia
Desde una perspectiva técnica, el informe del General Trevilla revela un Estado que parece haber aprendido de sus propios fracasos. La estrategia de los "Tres Frentes" —tierra, aire y escolta aérea— demuestra una sofisticación táctica que buscaba, por encima de todo, el factor sorpresa. El hecho de que las tropas aguardaran en estados vecinos para evitar filtraciones locales habla de una desconfianza institucional que, paradójicamente, se convirtió en la clave del éxito.
Sin embargo, la realidad en el terreno nos recuerda que ninguna operación es verdaderamente "quirúrgica". El impacto a un helicóptero federal y el ensañamiento en la zona boscosa de Tapalpa pintan un cuadro de desesperación criminal. La ironía más amarga se queda en ese vuelo final: un médico militar y un oficial de sanidad perdiendo la vida mientras intentaban estabilizar a quien, por años, fue su principal objetivo. En ese gesto de ética profesional frente a la tragedia, se resume la complejidad de esta guerra.
El costo de la "Paz Disuasiva"
No podemos llamar a esto una victoria absoluta cuando el precio se mide en vidas que hoy dejan un vacío irreparable en los cuarteles y en los hogares mexicanos. Las cifras presentadas por Omar García Harfuch son, en sí mismas, una crónica del dolor: setenta personas fueron detenidas en siete estados, pero la reacción post-operativo desató una tormenta de veintisiete agresiones directas contra la autoridad.
Solo en Jalisco, la violencia cobró la vida de veinticinco elementos de la Guardia Nacional, un custodio y un integrante de la fiscalía estatal. En medio de este fuego cruzado, la fatalidad alcanzó también a una mujer civil, mientras que el saldo de la delincuencia organizada sumó treinta bajas en territorio jalisciense y cuatro más en Michoacán, donde además quince efectivos resultaron lesionados tras trece agresiones documentadas.
Este reguero de violencia, que se tradujo en ochenta y cinco bloqueos en carreteras federales de estados como Tamaulipas, Veracruz, Zacatecas y Sinaloa, nos advierte que, aunque la cabeza ha caído, los "tentáculos" operativos siguen vivos. Personajes como Hugo "H", alias "el Tuli", y el aseguramiento de millones de pesos y dólares en El Grullo, son un recordatorio de que el músculo de esta organización no es solo de fuego, sino de una estructura financiera que sigue teniendo la capacidad de herir profundamente al país.
¿Un nuevo mapa o un nuevo vacío?
Hoy, Jalisco respira bajo la sombra de nueve mil quinientos efectivos. El despliegue es imponente, pero la pregunta queda en el aire para el analista y el ciudadano: ¿estamos ante el fin de una estructura o ante la antesala de una fragmentación más violenta?
La historia de "El Mencho" terminó entre pinos y el rugido de turbinas, pero la narrativa de seguridad de México entra ahora en una fase crítica. El Estado ha demostrado su fortaleza y su capacidad de golpe quirúrgico; sin embargo, la sociedad civil y las fuerzas del orden han pagado, una vez más, la cuota más alta por enviar ese mensaje de autoridad.
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