26 abr 2026

Los errores que la oposición venezolana no debe cometer

 Los errores que la oposición venezolana no debe cometer/ Carlos Malamud, es investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático de Historia de América en la UNED. Su último libro es Golpe militar y dictadura en Argentina (1976-1983) (Catarata, 2026)

El País, Actualizado Sábado, 25 abril 2026 

La reciente gira europea de María Corina Machado generó grandes expectativas, como mostró el baño de masas el 18 de abril en la Puerta del Sol, pero también dio lugar a una gran polémica. Antes de entrar en materia sería bueno sentar algunas premisas sobre la realidad venezolana y su gobierno, heredero directo del surgido tras las elecciones fraudulentas del 28 de julio de 2024. El robo, con nocturnidad y alevosía, impidió la llegada al poder de la oposición liderada por Machado y representada por Edmundo González Urrutia.

Si en tiempos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro el país vivía bajo una auténtica dictadura, que hipotecó su futuro con fines políticos e ideológicos, la situación aún persiste pese a algunos efectos colaterales de la Operación Resolución Absoluta. Sin embargo, el programa de estabilización económica de la Administración Trump todavía no ha propiciado nada parecido a un cambio de régimen, ni siquiera el inicio de una transición de la dictadura a la democracia. Cuanto más, se intuye el pasaje de una dictadura a otra dictadura con, eso sí, incluyendo una transición económica.

El escenario más deseable pasa por convocar elecciones libres, igualitarias y sin restricciones, una justa y legítima reivindicación opositora. Y si bien los comicios, de celebrarse, abrirían las puertas de la presidencia a Machado, ésta posteriormente debería recorrer un camino plagado de peligros y graves dificultades. Ahora bien, en esta larga marcha de la oposición venezolana hay diversos errores a evitar y el primero es no poner todos los huevos en la misma cesta o no jugarse el cuantioso y muy valioso capital político acumulado a una sola carta.

La afirmación varias veces repetida por Machado de que Trump «ha puesto en riesgo la vida de ciudadanos de su país por la libertad de Venezuela» no se condice con el escaso o nulo interés MAGA por la democracia y la vigencia de las libertades. Más allá de la retórica, el relato no convence a casi nadie, salvo a los recalcitrantes asistentes a las reuniones de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) o a los núcleos más extremos de las oposiciones cubana y venezolana. Mientras tanto, en su lucha por la democracia y por regresar a Venezuela Machado ha debido tragarse demasiados sapos, comenzando por el flagrante desplante que soportó en la conferencia de prensa de Mar-a-Lago del 3 de enero y siguiendo por la entrega a Trump, más litúrgica que real pero repleta de simbolismo, del premio Nobel de la Paz.

Se diga lo que se diga, mientras España es una democracia consolidada y se puede permitir ciertas «licencias» de estilo en sus disputas políticas cotidianas, Venezuela se debate en cómo dejar atrás la dictadura y cómo transitar hacia la democracia. Para abandonar la primera no basta con buenas intenciones. Ni siquiera con el teórico compromiso de Trump y sus buenas palabras, hasta ahora no refrendado en hechos concretos más allá de su vocación petrolera. Hace falta mucho más, comenzando por temple, astucia y clarividencia. Es necesario transformar a la innegable líder política que es Machado en una estadista irreprochable, sobre todo si se tiene en cuenta que en esta coyuntura cualquier convocatoria electoral no es el final de nada sino solo el comienzo de casi todo.

Hoy es momento de sumar y no de restar o de dividir innecesariamente a aquella parte de la sociedad venezolana que no comparte al 100% las propuestas de Vente Venezuela, el partido de Machado, pese a ser la agrupación opositora mayoritaria. Creer, como Javier Milei, que en Argentina todos sus votantes son libertarios y seguidores de la Escuela Austríaca y que lo apoyaron por sus ideas y no para evitar el retorno del kirchnerismo al poder es un serio error que los venezolanos deberían evitar, y más en un momento tan decisivo como el actual.

También hay que sumar en el frente exterior, algo reconocido por la propia Machado cuando reclamó un amplio apoyo internacional para una urgente convocatoria electoral. Por eso, no sería descartable que en algún momento de la futura transición la oposición venezolana requiriera el apoyo y la cooperación del Vaticano, de la Unión Europea e incluso de España. De ahí el acierto de su reciente gira europea, incluyendo los encuentros con Emmanuel Macron en el Eliseo, y con los primeros ministros de Países Bajos, Rob Jetten, y de Italia, Giorgia Meloni.

Y si bien la gira incluyó a España, ésta se saldó sin una visita al presidente de Gobierno Pedro Sánchez al estimar que «no era conveniente». Una dificultad de esa inconveniencia es que Machado impidió un posible encuentro con el rey Felipe VI que le hubiera dado una mayor proyección española y europea. Es verdad que su decisión pudo ser influida por el recuerdo de la no felicitación del gobierno español tras la concesión del Nobel de la Paz o por el respaldo del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero a Maduro primero y más recientemente a Delcy Rodríguez, aunque el riesgo de esta sobreactuación debería ser evitado.

En la agitada y agria política madrileña, Venezuela se ha convertido, al igual que Cuba en su día, en un tema de debate hispano -español. Pero, en defensa de sus intereses, los venezolanos deberían saber elevarse por encima de la melé y hablar o negociar con todos. El enemigo real de su democracia sigue siendo el chavismo, hoy encarnado en el rodrigato (el régimen liderado por los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez), tutelado por Estados Unidos y no otros percibidos como tales.

El nuevo gobierno que surja de las urnas deberá lidiar con diversos problemas y con múltiples enemigos agazapados que intentarán, a la primera de cambio o con algo más de paciencia, hacer descarrilar a la transición. De ahí la necesidad de contar incluso con el apoyo de aquellos gobiernos latinoamericanos, como los de Brasil y México, que en algún momento le dieron la espalda para garantizar el tránsito a una democracia más exitosa. Es el momento de dejar atrás los prejuicios ideológicos y apostar por la Política con mayúscula.

La búsqueda de respuestas adecuadas es más necesaria que nunca y más en un país como España donde se encuentra lo más activo y potente de la oposición venezolana en el exterior, no solo por el elevado número de exiliados e inmigrantes sino también porque aquí ha encontrado refugio y solidaridad buena parte de la dirigencia política obligada a salir del país, como Edmundo González, Antonio Ledezma o Leopoldo López padre e hijo, sin olvidar a figuras destacadas de la sociedad civil, caso de Rocío San Miguel.


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