El dilema del "montaje" y la ley a modo..
Por: Fred Alvarez..
El aire en la capital se tensó cuando la Presidenta señaló directamente a Ricardo Salinas Pliego. Fue un gesto audaz, pero carente de sustento; una acusación hecha al paso —con una "responsabilidad" que ella misma se atribuye— que hoy retumba, pero que sigue sin mostrar una sola prueba.
Ver la realidad política de nuestro país, hoy, se siente como estar en primera fila frente a un ilusionista. La C. Presidenta nos asegura, con una seguridad que desconcierta, que la violencia que estalla en nuestras calles —los bloqueos, la tensión, los artefactos explosivos— no es más que un "montaje". Lo curioso, o más bien lo preocupante, es que admite no tener pruebas. Y lanza la sentencia justo cuando el mundo tiene los ojos puestos en nosotros por el Mundial.
Su narrativa es un guion conocido: insiste en un complot para victimizarse. La acusación llega tras una entrevista con Adela Micha, donde el empresario soltó la consigna de "ser rudos" en la manifestación; una frase que el gobierno tomó como combustible, transformando un dicho en un señalamiento de conspiración política.
Pero, más allá del ruido mediático, lo que realmente genera incertidumbre no es el discurso, sino la inconsistencia, me explico..
Pensemos en lo ocurrido en la caseta de Tlalpan: se interceptan 17 autobuses, se hallan 59 artefactos. No estamos hablando de un juego de niños, es una amenaza real a la seguridad de miles. Y aquí es donde el relato se desmorona: se decomisa el peligro, sí, ¿pero dónde están los responsables? ¿Cómo es posible que, con un arsenal en mano, no haya una sola persona rindiendo cuentas ante la justicia?
Ese es el verdadero dilema: la selectividad. Cuando el gobierno elige a quién aplicar la ley y a quién concederle la impunidad, deja de ser el árbitro que garantiza nuestra paz para convertirse en un administrador de la conveniencia.
Nos han querido vender una falsa dicotomía: o represión bruta, o caos total. Eso es una falacia. Existe una tercera vía, la única viable en una democracia: la aplicación de la ley con firmeza, sin abusos, pero sin titubeos. Neutralizar una conducta delictiva no es represión; es la obligación mínima de cualquier gobierno.
Mientras se siga evitando responder por qué a unos grupos se les permite paralizar la capital, mientras a otros se les etiqueta de "montajistas" sin evidencia, la seguridad dejará de ser un derecho para convertirse en un privilegio selectivo. Los ciudadanos, mientras tanto, seguimos en medio, tratando de distinguir si el caos es una provocación externa o la simple consecuencia de una ley que se aplica solo cuando el guion político lo requiere.
La historia no se puede tapar con una cortina de humo, por más brillante que sea el evento que estemos por inaugurar.
PD: Veremos la reacción de Salinas..
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