La bahía de Ohuira: entre el cemento y la resistencia..
Por Fred Alvarez...
@fredalvarez
Las cinco de la mañana en Topolobampo no trajeron el habitual silencio del mar previo al amanecer. Este sábado, durante siete largas horas, el reloj de la industrialización simplemente se detuvo. Integrantes del colectivo Aquí No, hombro a hombro con las comunidades indígenas, cerraron el paso pacíficamente a la planta de amoniaco de Gas y Petroquímica de Occidente.
Fue un alto total, sin estridencias, sin un solo choque con los trabajadores. Una estampa nítida de que la resistencia en la región respira y sigue en pie.
¿Qué encendió de nuevo la protesta?
La reciente llegada de una colosal estructura metálica, destinada a cimentar los megaproyectos de fertilizantes y de Mexinol. Para los defensores del territorio, la bahía de Ohuira no es una simple coordenada en el mapa lista para la inversión extranjera; es un santuario de biodiversidad y el hogar histórico de la cultura Mayo-Yoreme.
Como bien articula la activista Claudia Quintero, aquí el trasfondo es la determinación cruda de un pueblo por proteger su casa frente al avance del consorcio suizo-alemán Proman.
A la distancia, desde los pasillos de la capital, el gobierno optó por la mesura diplomática. Yeraldine Bonilla, gobernadora interina de Sinaloa, intenta tender puentes hacia el diálogo, anclando su confianza en dos pilares: el espaldarazo de algunos gobernadores tradicionales del norte y el eco de aquella consulta indígena celebrada en 2022.
Sin embargo, la crónica a pie de carretera revela una profunda grieta entre el discurso oficial y la realidad. Hablemos claro del espejismo del consenso: si aquella consulta federal hubiera resuelto genuinamente las inquietudes de fondo, las bases comunitarias no estarían hoy tomando instalaciones ni organizando marchas dominicales. Ese respaldo de ciertas figuras de autoridad choca de frente con el descontento de las familias y ambientalistas.
Y sobre la oferta de diálogo institucional, hay que tener cuidado. Invitar a los manifestantes al Palacio de Gobierno para que escuchen una "explicación técnica" corre el riesgo de sonar paternalista. Asume, erróneamente, que la protesta nace de no entender los planos del proyecto, y no de un temor genuino y fundamentado por la alteración irreversible de su entorno natural y su tejido social. Las inversiones industriales o las obras públicas paralelas —como pavimentar calles o meter drenaje— no pueden utilizarse como moneda de cambio para desestimar el impacto ecológico a largo plazo en el ecosistema marino.
La marcha ciudadana programada para mañana domingo es un recordatorio ineludible de que este conflicto está lejos de cerrarse.
Estaré muy pendiente del desarrollo de la marcha..
La verdadera resolución en Ohuira no se logrará imponiendo el desarrollo industrial por decreto, sino reconociendo y respetando la soberanía y supervivencia del territorio indígena.
Para la historia inmediata.
Imagen de Rio Doce
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