RICARDO SALINAS PLIEGO
Los extremos se juntan: la tragedia de una democracia a conveniencia
La narrativa oficial echó mano de un guion conocido: el complot, la mecha se encendió tras una entrevista con la periodista Adela Micha, donde Ricardo Salinas planteó la necesidad de abandonar la tibieza. | Fred Álvarez
La Silla Rota, 10/6/2026 · 21:00 hs
- “¿Considera que está detrás de estos bloqueos y manifestaciones?”, le preguntan a la presidenta.
- “No tengo pruebas, pero digo que… es decir, los extremos se juntan". Mañanera del martes 9 de junio.
La frase anterior flotó en el aire del Salón de la Tesorería. La presidenta apuntó hacia Ricardo Salinas Pliego con un gesto audaz, pero carente de sustento. Fue una acusación lanzada al vuelo que hoy retumba en la plaza pública, huérfana de evidencias. Asistir a la realidad política de nuestro país, justo cuando el foco global nos ilumina por la inauguración del Mundial 2026, es como sentarse frente a un ilusionista.
Con una seguridad desconcertante, se asegura desde el atril que la violencia en las calles —como los recientes bloqueos y los explosivos decomisados en la caseta de Tlalpan— es apenas un "montaje". Lo verdaderamente grave es la confesión explícita de la falta de pruebas, dictando sentencia desde la máxima tribuna del país.
El origen del fuego
La narrativa oficial echó mano de un guion conocido: el complot como herramienta de victimización. La mecha se encendió tras una entrevista con la periodista Adela Micha, donde el dueño de la televisora planteó la necesidad de abandonar la tibieza.
“Pero va a tener que ser otra cosa más ruda. Por ejemplo, a lo mejor es necesario hacer una huelga en cierto momento... hacer presencia física y bloquear los accesos”, lanzó, desestimando las marchas de blanco por considerarlas inútiles.
Esas declaraciones fueron el combustible perfecto. En la atmósfera de Palacio Nacional, una simple opinión transmutó en un señalamiento formal de posible conspiración política. La respuesta oficial resonó contundente, aunque, paradójicamente, desprovista del rigor de las pruebas: "¿Cómo es —lo digo de manera muy responsable— que este empresario que utiliza su televisora contra el Gobierno [...] llama a la violencia?". Y remató con una sentencia que pretendía ser lapidaria: "Él mismo dice que es de ultraderecha".
Sin embargo, el verdadero salto argumental llegó al final, cuando el discurso intentó tejer una línea invisible entre la cúpula empresarial y el asfalto. Para cerrar la pinza de su teoría, la presidenta trajo a colación el operativo de Tlalpan: "Al mismo tiempo, las personas que están aquí en el Centro de la Ciudad, y que ayer algunos vehículos venían [...] la Policía de la Ciudad de México hizo muy buen trabajo [...] y encuentra que hay artefactos explosivos en un vehículo".
Y agregó: "quieren dar una idea de que ‘hay caos’, de que ‘hay problemas, justo en un evento internacional que hemos venido preparando desde hace mucho tiempo”.
Fue ahí, en esa amalgama de eventos inconexos, donde la narrativa oficial encontró su clímax. En la lógica del atril, el magnate de la televisión y los manifestantes radicales formaban parte de un mismo engranaje. La conclusión se dejó caer por su propio peso: entonces, los extremos se juntan.
Mmm.
Al caer la noche, ajeno a la tormenta palaciega, Salinas cerraba la jornada en X, celebrando los 91 años de su madre mientras acusaba al "NarcoRégimen" de usarlo como chivo expiatorio.
Mi comentario en la red:
https://www.youtube.com/watch?v=qG5zdve_LFQ&t=26s
Los fantasmas del pasado
Hoy, el pecado capital parece monopolizado por esa etiqueta de "ultraderecha". Como bien relata el profesor Pablo Cabañas en El Independiente, el Estado mexicano ha perpetuado una estructura retórica diseñada para deslegitimar el conflicto social.
Lo que en el 68 Gustavo Díaz Ordaz estigmatizó como un teatro de "agitadores profesionales" o la "conjura comunista", hoy simplemente se rebautiza como "provocadores". Es un eco que arde en las cicatrices de nuestra memoria. La historia nos exige cuestionar: ¿qué sentido tiene etiquetar desde el poder? El verdadero peligro asoma cuando el Estado usa estos adjetivos como escudos para borrar al ciudadano e inventarse enemigos a la medida.
El asfalto y la impunidad
Pero más allá del ruido mediático, lo que genuinamente hiela la sangre es la inacción institucional. Lo ocurrido en la caseta de Tlalpan el pasado lunes 8 de junio no fue un simple control de rutina; fue el espejo nítido de una ley servida a la carta.
Interceptar 17 autobuses y hallar 59 artefactos explosivos artesanales —cilindros de PVC, pólvora sellada y sistemas de detonación retardada— es una amenaza real a la seguridad pública donde el relato oficial del "montaje" se desmorona. El gobierno se colgó la medalla de la contención pacífica, pero nos dejó un vacío atronador: ni un solo detenido. Se decomisa el peligro, sí, pero con un arsenal incautado resulta incomprensible que nadie rinda cuentas ante la justicia.
Este es el verdadero dilema: la selectividad. Cuando el gobierno elige a quién aplicar la ley y a quién concederle impunidad, deja de ser el árbitro de la paz para convertirse en un administrador de conveniencias. ¿Por qué este celo preventivo no se vio semanas atrás cuando la CNTE paralizó y vandalizó la capital?
¿Y qué dice la inteligencia de las fuerzas armadas? ¿o vamos a esperar a que Washington nos diga?
Rostros en la sombra
Detrás de este engranaje de violencia laten rostros, no fantasmas. La propia inteligencia gubernamental apunta hacia figuras como Jesús García Estrada, alias "El Coquillo", y Juan Miguel Hernández Carbajal, "El Padrino", señalados por atizar la radicalización entre los normalistas de Ayotzinapa. Mientras tanto, la FGR sigue la ruta del dinero hacia Guerrero, una pista que ha rozado a figuras políticas como el senador priista Manuel Añorve. La respuesta no se hizo esperar: Añorve rechazó tajantemente financiar las movilizaciones de la CNTE y devolvió el golpe, calificando a la disidencia magisterial como el "Frankenstein de Morena", un músculo utilizado a conveniencia para ganar las elecciones de 2018 y 2024. En un cierre de filas automático, la cúpula de su partido lo respaldó. "Quieren ensuciar su nombre porque ha sido un opositor firme, porque ha levantado la voz cuando otros guardan silencio y porque no se ha prestado a simulaciones", sentenció Alejandro 'Alito' Moreno.
Como documentan los colegas Raymundo Riva Palacio y Jorge Fernández Menéndez, detrás de este escenario hay titiriteros históricos. Riva Palacio nos advierte sobre las sombras del EPR y el ERPI moviendo los hilos, y sobre el peligroso avance de un control social silencioso escudado en la seguridad mundialista. Fernández Menéndez, por su parte, nos aterriza en la normalidad del caos: instituciones que llevan décadas secuestradas, ya no por aquel idealismo romántico, sino por el control criminal y la violencia interna.
No nos engañemos buscando "manos negras" en la oscuridad. La verdadera tragedia es que estos grupos operan a plena luz del día, amparados por la mirada pasiva de un gobierno que reparte cheques en blanco de impunidad disfrazados de lucha social. Basta ya de vendernos la falsa dicotomía entre la represión brutal y la tolerancia absoluta al caos. En una democracia, aplicar la ley con firmeza y sin titubeos no es represión; es la obligación mínima del Estado.
Mientras no se explique por qué a unos se les permite asfixiar la capital y a otros se les tacha de "montajistas" sin pruebas, la seguridad seguirá siendo un privilegio selectivo. Y en medio de todo quedamos los ciudadanos, esperando —como reza la trova de Silvio— que "ojalá pase algo" antes de que sea demasiado tarde. Porque la crudeza de nuestra historia no se borra con cortinas de humo, por más deslumbrante que prometa ser la fiesta del Mundial que estamos a punto de inaugurar.
¡Para la historia inmediata!.
PD1. Este jueves, el ritmo de este país se detendrá en seco para rendirse ante el dios Futbol. Con el silbatazo inicial del Mundial en el Estadio Azteca, el asfalto quedará desierto y nuestras abismales diferencias humanas se esfumarán frente a la pantalla luminosa. No importará la ideología política ni los ceros en la cuenta bancaria; millones profesaremos de pronto la misma religión, comulgando en ese binarismo salvaje donde ganar o perder se convierte en la única redención posible para el alma colectiva.
Sin embargo, en medio de esta pasión popular, la silla de la presidenta brillará por su estridente y calculada ausencia. El pánico quizá a que el coloso de Santa Úrsula la reciba con el mismo repudio ensordecedor que despidió a Miguel de la Madrid Hurtado en el 86, terminó pesando más que su proclamada cercanía al pueblo; una huida escénica que marcará de golpe nuestra historia inmediata.
https://www.youtube.com/watch?v=dzMNxU6PMbU&t=2s
PD2. "La vida es un Cabaret", decía el filme de Fosse con Minnelli, y en la calle Álvaro Obregón esa frase suena hoy a presagio. Reducir la emblemática Casa del Poeta López Velarde a un cabaret público es arriesgar el desahucio de nuestra memoria literaria. Me sumo a la indignación de Ernesto Lumbreras, Myriam Moscona, Rubén y María Rivera; un reclamo que no nace de la necedad ante el cambio, sino del temor legítimo a perder nuestro patrimonio inmaterial. La poesía sobrevive en los márgenes del mercado y exige los refugios de autonomía que esta casa supo salvaguardar.
https://www.youtube.com/watch?v=SCxGHDlR1d0
PD3.- Ocurrió hace 55 años
El reloj marcaba las 17 horas de un jueves que prometía juventud y cambio, pero que terminó teñido de una herencia dolorosa. Aquel 10 de junio de 1971, las calles de San Cosme no solo atestiguaron el paso de una marcha estudiantil; se convirtieron en el escenario de una de las páginas más oscuras de nuestra historia contemporánea: la Matanza del Jueves de Corpus, perpetrada por el grupo paramilitar conocido como "Los Halcones".
El tiempo pasa -sabía virtud-, pero la memoria resiste.. Hoy, más de medio siglo después, la herida sigue abierta y el compromiso con la verdad sigue intacto. ¡10 de junio, no se olvida!
Fred Álvarez
@fredalvarez
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