24 jul 2026

La tragedia de los pescadores bajo el asedio del Comando Sur

 La tragedia de los pescadores bajo el asedio estadounidense

El mar se tragó a ocho hombres en febrero pasado. Partieron desde Punta Pérula, en Jalisco, con la promesa de la pesca, pero nunca regresaron. Su desaparición, que en otro tiempo habría sido un luto íntimo para sus familias, hoy tiene una explicación mucho más brutal: el fuego de los misiles de Estados Unidos.

De acuerdo con una investigación publicada el pasado 20 de julio por el diario Los Angeles Times, los ataques aéreos estadounidenses contra supuestas "narcolanchas" en mar abierto han matado a por lo menos 13 ciudadanos mexicanos desde que iniciaron los bombardeos en septiembre. El reportaje, firmado por la corresponsal en México Kate Linthicum bajo el revelador título "U.S. airstrikes at sea are killing Mexican citizens" (Los ataques aéreos de EU en el mar están matando a ciudadanos mexicanos), destapa una realidad que golpea directamente nuestras costas.

Hasta ahora, las bajas conocidas por estos operativos recaían en ciudadanos venezolanos, colombianos y ecuatorianos; hoy, la sangre es mexicana.

Flores al mar: el luto en Nayarit

En pueblos como La Cruz de Huanacaxtle, en la zona de Bahía de Banderas, Nayarit, el temor se respira en los muelles. Las fechas en que los pescadores zarpan y se desvanecen sin dejar rastro coinciden, con escalofriante precisión, con los impactos de misiles reportados por Washington.

Los ataques del Comando Sur dejaron ocho mexicanos muertos, detonando protestas, misas y homenajes públicos en la costa nayarita. Familias de La Cruz de Huanacaxtle confirmaron que siete de los fallecidos eran vecinos del poblado (el octavo era originario de Cabo Corrientes, Jalisco). Organizaron una ceremonia religiosa seguida de una procesión hacia la marina, donde arrojaron flores al mar en señal de duelo. (como lo registro el periódico Reforma: Acusan a Pentágono de matar a 8 mexicanos en el Pacífico. 22 febrero 2026)

"Hoy amanecimos con una tristeza en nuestro pueblo, 7 familias de luto, 7 amigos, infinidad de anécdotas; hoy, con el respeto que siempre les he tenido, pido a Dios una pronta resignación para cada una de las familias y a Carlos, Coitel, Adrián, Bamban, Diego, Abel y Moreño siempre los recordaré como buenos amigos", escribió Carlos Camarena, originario de esa localidad. ( 

Febrero sangriento y la justificación militar

Aquel 17 de febrero, la historia se escribió con sangre en dos frentes. El general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de EU, indicó que realizaron ataques letales contra tres embarcaciones operadas por "organizaciones terroristas designadas", en las que fueron abatidos "11 narcoterroristas" (ocho de ellos en el Océano Pacífico y tres en el Caribe), sin precisar nacionalidades.

Tres días después, el 20 de febrero, se activó un despliegue estratégico de las fuerzas federales en Tapalpa, Jalisco. A las primeras horas del domingo 22 de febrero, se desató el enfrentamiento armado definitivo: Nemesio Oseguera Cervantes resultó gravemente herido y fue detenido, falleciendo ese mismo día mientras era trasladado vía aérea hacia la Ciudad de México.

La necesidad y el secreto a voces

La dinámica en estos pueblos pesqueros está dictada, muchas veces, por la necesidad económica. Habitantes de La Cruz de Huanacaxtle reconocieron al Times que es de conocimiento público que algunos pescadores buscan un ingreso extra transportando gasolina a mar abierto. Su labor: reabastecer a las lanchas rápidas que suben cocaína desde Sudamérica.

Fueron los propios narcotraficantes que contrataron a los ocho desaparecidos quienes confirmaron a los familiares la crudeza de su destino: los botes habían sido bombardeados por el ejército estadounidense.

“Sabían los riesgos que corrían”, reflexionó el padre Rigoberto Cruz, sacerdote católico local. En sus palabras hay una amarga resignación al afirmar que los familiares “entienden por qué pasó todo esto”.

Un manto de opacidad oficial

A pesar de la letalidad de estos operativos bajo la administración de Trump, el nivel de secretismo es absoluto. Estados Unidos ha ejecutado 64 ataques hasta la fecha sin revelar las coordenadas exactas; limitándose a señalar que ocurren en aguas internacionales del Océano Pacífico o del mar Caribe. El destino de las personas que han sobrevivido —si es que fueron rescatadas y dónde se encuentran— es un misterio del que Washington no rinde cuentas.

De este lado de la frontera, el silencio ofrece poco consuelo. Las autoridades en México no alzaron la voz sobre los abatidos o sobre las dos embarcaciones en las que navegaban.

Moisés López Pedroza, portavoz de la Armada de México, detalló a Los Angeles Times que solo podía confirmar un dato: no se han producido ataques dentro de la Zona Económica Exclusiva, que se extiende a 200 millas náuticas de la costa. Más allá de esa línea invisible, los mexicanos navegan a su propia suerte, atrapados entre el narcotráfico, el silencio de su gobierno y los bombardeos extranjeros.

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