JASMINE BUGARÍN
Bugarín: la paradoja de la doble nacionalidad y el laberinto del origen
Jasmine Bugarín enfrenta cuestionamientos sobre su nacionalidad y elegibilidad para buscar la gubernatura de Nayarit en 2027, en medio del debate constitucional y político por su nacimiento en EU. | Fred Álvarez.
Opinión, La Silla Rota, 30/9/2026 · 22:08 hs
“The answer is blowin' in the wind”: Bob Dylan
El 27 de octubre de 1986, bajo las luces de los pasillos del Hospital East Los Angeles Doctors, en California, nació una niña con raíces aferradas a una tierra situada a más de dos mil kilómetros al sur. Hija de un campesino y una ama de casa que dejaron atrás la sierra de La Yesca, Nayarit, Jasmine María Bugarín Rodríguez heredó por sangre el linaje mexicano y, por los inescrutables azares de la migración, un acta de nacimiento estadounidense.
Hoy, casi cuatro décadas después, aquel primer llanto al norte de la frontera se ha convertido en el epicentro de la mayor ironía política de la temporada.
Hace unos días, el lunes 28 de septiembre, un anuncio sacudió el tablero nayarita. Apelando a los criterios de paridad de género, la Comisión Nacional de Elecciones de Morena ungió a la senadora con licencia Jasmine Bugarín como Coordinadora Estatal de los Comités de Defensa, la antesala ineludible hacia la candidatura por la gubernatura. Su nombramiento, no obstante, aterrizó envuelto en una profunda contradicción de tiempos y formas: fue designada justo cuando el oficialismo en el Senado afilaba una reforma creada estrictamente para cerrarle el paso a aspirantes con doble nacionalidad que busquen competir por cargos de esta envergadura.
Dos días después, este miércoles 30 de septiembre, la paradoja cruzó las imponentes puertas de Palacio Nacional. La conferencia matutina transcurría con su cadencia habitual hasta que el caso Nayarit irrumpió de golpe en el Salón Tesorería. Desde el atril, la presidenta Claudia Sheinbaum escuchó el cuestionamiento sobre el estatus binacional de Bugarín. En un momento de inusual y refrescante espontaneidad, la mandataria hizo una pausa. Lejos de atrincherarse en una respuesta prefabricada, giró hacia su equipo buscando certezas jurídicas en tiempo real:
—"Habría que revisar la Constitución de Nayarit, qué es lo que dice de nacimiento... Chéquenle la Constitución de Nayarit, por favor", pidió ante los micrófonos.
Tras confirmar que la ley estatal exige ser ciudadano mexicano por nacimiento, Sheinbaum dejó claro que esa pelota no se jugaría en su cancha; de hecho, leyó en voz alta el artículo 62 de la constitución local, que establece nítidamente este requisito. Con tono tajante, deslindó al Ejecutivo del enredo partidista: "Que lo aclare Morena, ¿no? Yo no tengo por qué andar aclarando. O sea, ellos, y que lo aclare también Jazmine".
Acto seguido, aprovechó la inercia para arropar la reciente reforma sobre nacionalidad exclusiva, otorgándole un peso de soberanía irrenunciable: "En tiempos de injerencias es muy importante que los mexicanos tengan claridad de que sus representantes populares más importantes sólo tienen una nacionalidad", etcétera..
Sin embargo, hay que hacer una precisión fundamental: el artículo transitorio de la reforma recién aprobada establece que entrará en vigor a partir del proceso electoral de 2028. En términos estrictamente temporales, la barrera no aplicaría para la elección de Nayarit en 2027. El nudo real del asunto, entonces, no es la doble nacionalidad en sí, sino el lugar exacto donde se nace.
Frente a la tormenta mediática que ya se asomaba, Bugarín había intentado calmar las aguas con una promesa audaz: entregar públicamente su pasaporte estadounidense.
"Ella se comprometió a que lo que hubiera que hacer adicional para completar todo el trámite para tener solo la nacionalidad mexicana, lo haría", señaló Ariadna Montiel, dirigente de Morena hace dos días.. En sintonía, la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, Citlalli Hernández, reveló la defensa íntima de la legisladora pevemista. Argumentó que nadie elige dónde nacer, pero sí dónde gobernar: "Sus hermanos son jornaleros en Estados Unidos, como muchas familias migrantes, muchas veces se registran en Estados Unidos, pero yo sí elijo dónde representar", relató Hernández, añadiendo que el movimiento busca perfiles que actúen por convicción, más allá de si la reforma los obliga legalmente o no.
En los archivos de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) reposa un certificado expedido en 2018 que confirma una decisión de fondo tomada por Bugarín desde 2015: la renuncia irrevocable a su nacionalidad estadounidense. No fue un mero trámite, sino el paso ineludible y de enorme rigor que la Ley de Nacionalidad exige a quienes buscan ocupar una silla en el servicio público.
La ley no deja espacio para lealtades divididas. Su artículo 16 obliga a presentar el certificado de nacionalidad mexicana para ejercer un cargo, pero es el artículo 17 el que exige un pacto de lealtad absoluta: la renuncia expresa a cualquier sumisión o fidelidad a un Estado extranjero, y la protesta inquebrantable de adhesión a las leyes mexicanas. Con los documentos en regla, Bugarín palomeó ese requisito federal.
Sin embargo, con la trinchera federal cubierta, el debate aterriza en el choque frontal entre la geografía de su nacimiento y la terquedad de la ley local. El artículo 62 de la Constitución nayarita exige, letra por letra: "Ser ciudadano mexicano por nacimiento, hijo de padres mexicanos, nativo del Estado o con vecindad efectiva…".
Es justo ahí donde la biografía choca de frente con la burocracia. Por un lado, la fría tinta del Registro Nacional de Población (Renapo) la clasifica sin matices como "nacida en el extranjero". Pero la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos —la ley suprema que somete a cualquier ordenamiento local— le otorga la razón absoluta. Su artículo 30, en el apartado A, fracción II, establece que son mexicanos por nacimiento: "los que nazcan en el extranjero, hijos de padres mexicanos".
Jurídicamente, esa etiqueta del Renapo no es más que una coordenada administrativa; un apunte geográfico que no le arrebata ni un milímetro de su estatus constitucional de mexicana por nacimiento.
Consciente del ruido político, la propia Bugarín -qué se asume como abogada, esposa, madre y orgullosamente nayarita-, tomó el control de la narrativa al filo del mediodía. A las 12:30 horas, a través de su cuenta de X, lanzó un mensaje diseñado para atajar la tormenta y fijar su postura:
Con la publicación de su texto aclaratorio, la candidata dejó sobre la mesa sus cartas legales, buscando dejar claro que, al menos en el papel, su mexicanidad no está a debate.
Pero, varios medios han puesto el dedo en la llaga: ni el comunicado publicado hoy en su red social ni el certificado de 2018 especifican si Bugarín cuenta con el "Certificado de Pérdida de Nacionalidad" (Certificate of Loss of Nationality) emitido por el Departamento de Estado estadounidense. En el aire flota la interrogante técnica de si Washington la dejó de considerar, legalmente, su ciudadana o si el trámite quedó a medias.
Sin embargo, hay que poner el foco donde realmente importa. En la arena jurídica inmediata, el problema no es la doble ciudadanía en sí misma, ya que las restricciones de la nueva reforma constitucional entrarían en vigor hasta después de 2027.
Más allá de la resolución jurídica, que parece tener una salida clara, la lectura política de este episodio es reveladora.
Evidentemente, por lo que vimos este miércoles en Palacio Nacional, Bugarín no era la aspirante gestada en los inmaculados despachos presidenciales, lo que sugiere un margen de autonomía —o de crudo pragmatismo negociado— por parte de las cúpulas de Morena y el Partido Verde. No hay que olvidar la aritmética detrás del ascenso: quien realmente ganó la encuesta interna, dominando los atributos evaluados por la militancia, fue el morenista Héctor Santana. Pese a los fríos números, la inflexible regla de paridad de género inclinó la balanza y le entregó la estafeta a la senadora con licencia.
Al final, la resolución definitiva estará en manos de la autoridad electoral, que deberá destrabar esta encrucijada donde la sangre, la ley y la geografía intentan conciliarse de manera forzada.
Legalmente, no se asoma un problema insalvable para ella. Pero políticamente, el futuro de la candidatura de Jasmine Bugarín, haciendo eco al poeta de Minnesota, sigue flotando en el viento.
Mi video comentario en la red…
https://www.youtube.com/watch?v=OxAjUSyzhxU&t=14s
¡Para la historia inmediata!
Fred Álvarez
@fredalvarez
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