28 oct 2026

Cuidado coin las Fake news..; con las imagenes falsas..

Hay una línea muy delgada entre la dura confrontación política y la perversión absoluta del debate público, una frontera que en los últimos días se ha cruzado con alarmante facilidad en el panorama nacional.

El choque entre el periodista Héctor de Mauleón y la cúpula oficialista de Morena es el síntoma de una crisis mayor. El columnista se ha negado tajantemente a ofrecer la disculpa pública exigida por Ariadna Montiel, manteniéndose firme en su revelación: la existencia de un reporte de inteligencia federal que presuntamente vincula a la funcionaria con líderes criminales, en concreto con Aureliano "El Guano" Guzmán. Frente a esto, la respuesta del Gabinete de Seguridad fue inusualmente rápida para negar la existencia de dicho documento.

Pero más allá del conflicto personal y las exigencias de retractación, la postura del periodista pone sobre la mesa un señalamiento sistémico gravísimo: la subordinación del aparato de seguridad del Estado, que bajo un manto de opacidad estaría operando políticamente como una herramienta de control de daños partidista. Esta disputa ilustra con nitidez la profunda tensión estructural que hoy define la relación entre el poder político y la prensa en México.

Sin embargo, en medio de esta tormenta institucional ha surgido un nuevo elemento que enturbia aún más las aguas y que debe ponernos en alerta máxima: el uso malintencionado de marcas periodísticas para legitimar noticias falsas.

Este miércoles,  el diario El Universal se vio obligado a deslindarse categóricamente de una serie de fotografías que circulan en plataformas como X y Meta. Se trata de imágenes borrosas y de pésima calidad que, valiéndose de una marca de agua falsa del periódico, pretendían involucrar a Ariadna Montiel. El medio fue contundente: aclaró que no generó ese material, denunció la suplantación de identidad utilizada para disfrazar un rumor de redes como nota periodística, y anunció acciones legales.

Este episodio deja una lectura gravísima. En tiempos de alta tensión política, la guerra sucia digital ha escalado a niveles de verdadera perversión. Ya no basta con el ataque anónimo; ahora se roba sin pudor el logotipo y el prestigio de medios formales para golpear, confundir y sembrar dudas en la ciudadanía.

Hoy, el "secuestro" de la credibilidad periodística no solo contamina la verdad, sino que nos obliga a encender las alarmas. ¡Cuidado con lo que consumimos y damos por cierto! Frente a la manipulación y la desinformación sistémica, nuestro mayor blindaje tiene que ser el rigor, la verificación y la exigencia de un debate público que no se construya sobre mentiras prefabricadas.


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