León XIV en Francia/Jean Meyer
EL UNIVERSAL | 04-10-26 |
Robert Prévost, antes de ser el Papa, había venido varias veces a Francia, en su calidad de Superior de los agustinos, de la misma manera que ha viajado a México, Malinalco y Chalma. En 2008, Benedicto XVI había visitado París, pero el Papa Francisco había rechazado todas las invitaciones oficiales; cuando fue a Estrasburgo, subrayó la dimensión europea de su viaje, cuando fue a Marsella dijo que no visitaba Francia sino una ciudad multinacional, y fue a Córcega para celebrar la religiosidad popular del Mediterráneo. Explicó que sólo visitaba Estados pequeños: “El día que Francia se considere como tal, la visitaré”, y se fue a Mongolia. España recibió el mismo (mal)trato. Así que hacía 18 años que París no había visto un Soberano Pontífice. Ahora bien, se trató de una “visita apostólica”, es decir eminentemente religiosa, no política como hubiera querido el presidente Macron. Lo asombroso fue el entusiasmo del pueblo francés para festejar a León y participar a los eventos religiosos. Uno se había quedado con las burdas representaciones que se burlaban de la religión a la hora de los Juegos Olímpicos y de repente descubre una participación tan masiva y alegre que se habla de “Papamanía”… 300 mil personas para saludarlo en los Campos Elíseos, 80 mil jóvenes que llenan el gran estadio de Francia, 700 mil que asisten a la misa celebrada en la plaza de la Concordia, misa que merece un comentario.
La misa celebrada por el Papa, en ese punto, es la segunda misa en la historia. En 1793, el rey Luis XVI, condenado a muerte, fue guillotinado en ese lugar, en la Plaza de la Concordia. La primera misa la ordenó el zar Alejandro I, el vencedor de Napoleón; el Réquiem fue celebrado en 1814 según la hermosa liturgia ortodoxa, como lo narra Chateaubriand en sus Memorias de Ultratumba. La segunda misa, curiosamente, no ha provocado ninguna reacción negativa en una república muy intransigente en cuestiones de “laicidad”. Es más, asistieron tanto Melanchon, el líder de la Francia Insumisa, como la señora Le Pen del “Rassemblement National”, y toda la clase política. Un solo ausente: el presidente Macron que delegó a su esposa. ¿Molesto porque el Papa no aceptó invitación oficial como jefe de Estado? Lo había recibido en el día anterior en el Eliseo, antes de que fuera León XIV a la UNESCO a hablar en francés, luego a Notre Dame para las vísperas y finalmente al Estadio de Francia para entusiasmar a 80 mil jóvenes e invitarlos al “combate de la fe que no emplea las armas de la violencia, del desprecio o de la opresión… Nuestra única arma es la del amor que se entrega. La prensa lo consagró como “Rockstar”…
Anteriormente había visitado un hogar-refugio de inmigrantes y declarado que debemos “vivir juntos en la dignidad y la paz”. Después de dos días intensos en París, se fue a Lourdes para encontrarse con enfermos y lesionados y decirles que “no son una carga, ustedes son el corazón vivo de la humanidad”. En su diálogo de dos horas, con siete víctimas de sacerdotes predadores sexuales, reconoció “el carácter sistémico” de las violencias sexuales, esa “plaga, herida que sigue abierta”. Llamó las Iglesias a “buscar la verdad, la justicia, la reparación, a pedir perdón”.
El lunes 28 voló a Metz, ciudad lorena, para un encuentro interreligioso y firmar con los representantes del protestantismo, de la ortodoxia, del islam, del judaísmo y del budismo, una “Declaración” que llama al diálogo, a la fraternidad, reconciliación y paz. En una alusión a la guerra de Ucrania subrayó: “Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia es una profanación de su nombre”. Celebró la Europa de la paz y del perdón, la que logró el milagro de la reconciliación franco-alemana pocos años después de la terrible Segunda Guerra Mundial; las religiones pueden y deben contribuir a la paz con su capacidad a pedir perdón. Falta espacio para cubrir todas las facetas de esa intensa visita apostólica y subrayar, más allá de las diferencias en la forma, la continuidad en el fondo con el pontificado de Francisco.
Historiador en el CIDE
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