18 jul 2005

Nuevos delitos post 7-J

Mientras el primer ministro Tony Blair retomaba este fin de semana la sintonía del "choque entre las fuerzas del bien y del mal", un grupo de diputados del ala izquierda de su propio partido (El Laborista) estableció un vínculo directo entre las bombas de Londres y la guerra de Irak, coincidiendo con la muerte de tres soldados británicos en ese país.

Es inevitable que la historia se politice. Legisladores con la insignia de la vieja guardia laborista solicitaron la retirada de las tropas de Irak: "no me cabe duda -señaló la ex ministra Clare Short- de que el 7-J está conectado con el conflicto iraquí. Afirmar lo contrario es intelectualmente insostenible". "Mientras sigamos siendo una potencia ocupante -dijo el diputado John McDonell-, los terroristas tendrán más razones para lavar el cerebro a los jóvenes y reclutar adeptos. Tenemos que retirarnos inmediatamente" (de Irak), concluyó.

Y aunque, los tres principales partidos políticos británicos -laborista, conservador y liberal demócrata- permanecen unidos en su respuesta a los sucesos del 7-J, y a las nuevas medidas antiterroristas, el consenso, sin embargo, se ha roto dentro de los Laboristas, donde un importante sector nunca ha podido digerir la guerra de Irak.

Y la verdad es que el gobierno británico desearía acelerar lo más posible la salida de su ejército, por razones tanto políticas como económicas -les cuesta la enorme suma de 750 millones de euros anuales-, y este fin de semana circuló un nuevo borrador del Ministerio de Defensa con planes para reducir a 3,000 soldados (hoy son 8,500) la presencia militar británica antes de la primavera del 2006, dejando que las propias fuerzas de seguridad iraquíes se hagan cargo de catorce de las dieciocho provincias.

Pero, la sensibilidad post-7-J ha obligado a desmentir esas intenciones.

Por otro lado, el día de hoy, dos importantes institutos de investigaciones dan a conocer un estudio que confirma que la alianza con EE UU genera para Gran Bretaña el riesgo de sufrir atentados terroristas, lo que le da la razón a los disidentes laboristas.
El Instituto Real de Asuntos Internacionales y el Consejo de Investigaciones Económicas y Sociales dijeron que la situación en Irak había "favorecido la propaganda, el reclutamiento y la recolección de fondos de la red Al-Qaeda" y creado un terreno ideal para el entrenamiento de terroristas.

Por lo pronto, El Gobierno puso ayer sobre la mesa los detalles de las nuevas medidas antiterroristas que ya estaban previstas para el otoño.

Entre los nuevos delitos que plantea Tony Blair, se incluye convertir en delito las referencias indirectas al terrorismo, sean hechas en público o privado; la incitación al terrorismo y la preparación personal o entrenamiento para cometer actos terroristas.

Además de la "apología"del terror, el hecho de calificar de "mártires" a quienes ponen bombas, e incluso bajar de internet las instrucciones para fabricar explosivos. El gobierno pretende asimismo prohibir la entrada en el país a los Imanes que sean calificados como "no deseables" por los EE UU o los socios de la Unión Europea.

Pese al consenso en torno a estas iniciativas, David Davies, vocero del Partido Conservador, ha explicado que su partido debe aún decidir si apoya que puedan presentarse como pruebas judiciales las conversaciones telefónicas grabadas. Para Mark Oaten, portavoz de los Liberal Demócratas, las dudas surgen en la definición de "incitación" al terrorismo, ya que se puede incurrir en la violación de las libertades civiles.
Y además las críticas a los servicios de inteligencia no se han hecho esperar, tras revelarse que el posible cerebro de los atentados -un individuo vinculado a Al Qaeda- entró por vía marítima en Inglaterra un par de semanas antes procedente de Bélgica u Holanda, pero el MI5 decidió que no constituía "peligro suficiente" para someterlo a vigilancia permanente.

El MI5, es el servicio de espionaje interior del Reino Unido.

Ochenta agentes de la Rama G permanecen en contacto permanente vía satélite con la CIA, El Mossad y espías repartidos por todo Oriente Medio, para seguir la pista aAl Qaeda. El sistema, sin embargo, falló el 7-J.

La excusa de los orgullosos servicios de inteligencia británicos, que se consideran los mejores del mundo, es que carecen de recursos suficientes para vigilar a todos los posibles terroristas. Pero su reputación no ha resultado favorecida por la noticia de que el nombre de Mohamed Sidique Khan, uno de los suicidas de Leeds, saltó entre exclamaciones en sus pantallas en conexión con un frustrado proyecto de atentado en Londres en el 2004.

Una investigación preliminar del MI5 determinó el año pasado que la peligrosidad de Khan, un maestro de treinta años que ayudaba a integrar en la sociedad inglesa a niños emigrantes recién llegados, era de bajo voltaje a pesar de sus viajes a Pakistán y contactos con grupos radicales, y no justificaba que sus movimientos o amistades fuesen objeto de observación. El pasado 7 de julio puso una bomba en un metro de Londres cerca de la estación de Edgware Road, matándose a sí mismo y otros seis pasajeros.

Ttal vez sea excesivo hablar de un cúmulo de errores y lleno de pistas falsas, pero diversas revelaciones han empezado a crear en Gran Bretaña la impresión de que se podían haber tomado medidas preventivas más eficaces, y que la CIA, el Mossad, el MI5 y el ISI pakistaní no se coordinaron correctamente.

El MI5 de defiende y alega que carece de recursos humanos suficientes para patrullar puertos, aeropuertos e instalaciones de máxima seguridad, así como para vigilar a un mayor número de terroristas potenciales que aparecen marginalmente en sus radares pero no son objetos de atención prioritaria.

Por lo pronto, el balance de víctimas mortales por los atentados suicidas perpetrados el 7 de julio (7-J) en tres vagones de metro y en un autobús de Londres ha aumentado hasta 56, según ha informado hoy la Policía británica.

14 jul 2005

7-J

Ha causado una enorme conmoción en el Reino Unido y en todo Europa el hecho de que los cuatro presuntos terroristas que se suicidaron en los atentados del pasado siete de julio (7-J) fueran jóvenes británicos de origen paquistaní.

Y es que es la primera vez en suelo europeo que se ejecuta un atentado mediante el suicidio del terrorista.
Los cuatro terroristas de Londres identificados hasta ahora -la policía busca a una quinta persona- son de origen pakistaní de segunda o tercera generación. Todos se educaron en Londres y formaban parte de la muy integrada comunidad musulmana -1,6 millones en el Reino Unido- que desde hace decenas de años convive tranquila y respetuosamente con el resto de sus compatriotas.

La policía ha divulgado la identidad de tres de ellos: Hasib Hussain (18 años), Shehzad Tanweer (22) y Mohamed Sadique Khan (30), los investigadores buscaban ayer a un quinta persona, que habría dado cobijo y quizás instruido a los suicidas en los días previos a los atentados.
Lo más graves en la opinión pública es la confirmación de que hayan sido ciudadanos británicos los autores de los atentados. No es el otro, que viene de fuera, sino que se trata de los propios hijos que conviven a diario en el metro, en las escuelas, en el trabajo, en los grandes almacenes y en los estadios y que, en cualquier momento, pueden causar una masacre "en nombre de Dios".

Al margen de la alarma, la pregunta que se hacen los ciudadanos británicos, es cómo se ha podido inocular el germen del odio en unos jóvenes que, más allá de las mejores o peores condiciones de vida, han bebido (y convivido) en las fuentes de una cultura en términos generales plural, respetuosa, permisiva y tolerante.
¡Por lo pronto, el Reino Unido vive en estado de choque!

El primer ministro, Tony Blair, prometió en la Cámara de los Comunes un paquete de medidas para combatir a quienes fomentan el terrorismo y el odio religioso, y para defender a la comunidad de musulmanes británicos de cualquier acoso.

Gran Bretaña se enfrenta a algo más que al sarampión del terror suicida, que ha aparecido por primera vez en Europa occidental; se enfrenta al peligro de que los atentados de Londres deriven en un ajuste de cuentas contra su amplia comunidad musulmana. Los líderes musulmanes no han cesado de condenar los atentados nada más producirse y a negarles cualquier vinculación con una práctica religiosa que presentan como un compendio de valores pacíficos. "Los que han hecho esto no son mártires, son asesinos. Esto no les va a llevar al paraíso", proclaman.

Pero la policía ha contabilizado 300 ataques racistas desde el 7-J, según el diario The Guardian. El más dramático ocurrió el domingo en Nottingham, cuando Kamal Raza Butt, paquistaní de 48 años que estaba en Reino Unido visitando a unos amigos, murió apaleado por varios jóvenes al grito de "talibán". La policía de Nottinghamshire calificó el crimen de "racialmente motivado", pero lo desvinculó de los hechos de Londres, indignando a los grupos musulmanes de la zona. "No fueron insultos racistas, fueron palabras antimusulmanas", denunció Azad Ali, presidente del Fórum Musulmán por la Seguridad.

El ministro del Interior admitió ayer que se quedó "conmocionado" al saber que los atentados de Londres fueron cometidos por suicidas británicos y calificó de "hipótesis central" la posibilidad de que formaran parte de una red más amplia que se dispone a golpear de nuevo.

Anunció que el Gobierno intentará pactar con la oposición la revisión de la legislación antiterrorista prevista para otoño. Pero advirtió de que frente al fanatismo no basta ni con legislar ni con luchar contra la pobreza: "Hay que asegurarse de que la comunidad musulmana toda, apoyada por toda la sociedad, se enfrenta a esta suerte de creencia".

ellos, no/Fernando Savater

Tomada del madrileño El PAÍS 14-07-2005

En cuanto vuelve a producirse otra matanza terrorista, suena de nuevo la acostumbrada y retórica cantinela: ¿libertad o seguridad? Como si fueran incompatibles, incluso contradictorias. Los que más nos alarman previniéndonos contra el posible recorte de libertades democráticas suelen ser precisamente los mismos que, en épocas de bonanza, no escatiman su escepticismo respecto a ellas: cuando todo marcha bien son meramente formales, aparentes, carentes de garantías. Pero, tras las bombas, se vuelven preciosas: el Leviatán estatal aprovechará la menor ocasión para arrebatárnoslas... Lo cierto es que la dialéctica entre libertad y seguridad proviene de mucho antes que el terrorismo contemporáneo. En realidad, ha solido llamarse "progreso social" al recorte de ciertas libertades particulares a fin de conseguir mayor seguridad de bienes para la mayoría. La enseñanza general obligatoria, por ejemplo, o la no menos obligatoria cotización para la Seguridad Social, la velocidad máxima permitida en las carreteras, los impuestos y qué sé yo cuántas cosas más que limitan la libertad de elección de bastantes en nombre de lo que se supone mejor para todos, ante la indignación de neoliberales y de libertarios de derechas. Según el planteamiento digamos "progresista", la seguridad así conseguida permite un uso más eficaz y auténtico de la libertad a quienes de otro modo verían la suya coartada por la incertidumbre o la necesidad.

Soy lo suficientemente viejo como para recordar las épocas anteriores a la oleada de secuestros aéreos que inició las actuales medidas de seguridad en los aeropuertos: en aquellos días felices se subía uno al avión sin muchos más trámites que al autobús... Y en mis primeros viajes a Londres se fumaba tranquilamente en todos los transportes públicos, incluido el metro, hasta que un incendio fortuito en una estación acabó fulminantemente con tan placentera (para unos) y mortífera (para otros) licencia. Es decir: los proyectos sociales igualitarios imponen ciertas coacciones y los abusos o riesgos de la sociedad de masas restringen algunas privanzas, pero resulta bastante exagerado clamar que cada vez vivimos más esclavizados. La seguridad es un ingrediente fundamental de las libertades públicas, lo mismo que sin éstas nadie está realmente seguro frente a las autoridades o entre los demás. Lo importante es que si desaparecen privilegios o se imponen ciertas incomodidades, sea de modo proporcionado y sin afectar nunca a las garantías fundamentales sobre las que se asienta la democracia (como creo que ha ocurrido en Guantánamo, por ejemplo). Y no olvidemos que algunos de nuestros clásicos -sobre todo los que vivieron períodos de inestabilidad y enfrentamientos civiles- van incluso más allá en la recomendación de amplitud al interpretar las leyes. Por ejemplo, Montaigne: "De verdad, cuando se llega a unas situaciones tan apremiantes que no cabe aguantar más, acaso sería más razonable bajar la cabeza para prestarse un poco a recibir el golpe, en vez de llevar la obstinación hasta sus últimas consecuencias y mostrarse inflexible, porque si no se suelta nada, se da pie a que la violencia todo lo pisotee: cuando las leyes no pueden lo que quieren, más valdría obligarlas a querer todo lo que pueden" (Ensayos, I, XXIII).
Hasta ahora, la amenaza comprobada del terrorismo internacional no ha supuesto en las democracias europeas mutilaciones insoportables de libertades fundamentales, aunque es casi seguro que aumentará restricciones y fastidios de nuestra existencia colectiva en el próximo futuro. Pero debería quedar claro en momentos como los que vivimos que los que ponen en jaque nuestra seguridad y nuestra libertad son los terroristas y no las autoridades que pretenden impedir sus fechorías. Tanto lo ocurrido en Madrid como en Londres indica claramente que ha sido una consideración generosa hasta la negligencia de las libertades de expresión y reunión de ciertos grupúsculos lo que ha facilitado los crímenes que ahora deploramos. En España, las medidas de Garzón y otros contra radicales islamistas fueron denunciadas antes del 11-M como abusos autoritarios destinados a agradar a Bush; en Inglaterra, desde hace más de diez años se permite que líderes radicales lleven a cabo actividades de proselitismo y exhorten al exterminio de los adversarios. Por ello no se entiende muy bien el diagnóstico de Gema Martín Muñoz tras los atentados de Londres: "Ha habido un exceso de celo policial que ha llevado al hostigamiento de las comunidades musulmanas y a interpretar en clave de control policial todo lo que se relaciona con el Islam, fomentando el racismo y perniciosos sentimientos de humillación" (en Al Qaeda y la lucha antiterrorista, EL PAÍS). No parece que tal cosa sea cierta ni en España, ni en Inglaterra, ni en Holanda, por citar tres lugares que han sufrido violencia terrorista recientemente y a distinta escala. No es el celo policial lo que provoca los atentados, sino su ausencia lo que permite fraguarlos.
En su primer discurso tras los crímenes de Londres, flanqueado por todos los líderes del G-8, Blair pronunció una frase cuya aparente redundancia me resultó especialmente expresiva: "Nosotros ganaremos; y ellos, no". Algunos habituales de este tipo de alharacas han reprochado al premier británico reincidir en el enfrentamiento entre civilizaciones, monopolizar etnocéntricamente valores universales, etc. Pero a mi juicio dijo algo a la vez obvio, sensato e importante. El "ellos" que utilizó no se refería a los miembros de una etnia o a los fieles de una religión, sino a los terroristas islamistas. Pero lo que quiso subrayar es que "nosotros", es decir, los ciudadanos de sociedades democráticas, debemos ganar, y que para ello los terroristas no pueden ser ignorados o considerados un fenómeno antropológico, sino que han de ser derrotados. Por supuesto, el terrorismo islamista tendrá sus causas, como todos los aconteceres de este mundo. Algunos pensadores nos han brindado las más profundas: el capitalismo salvaje, la arrogancia de Occidente, la injusticia universal, etc. Me extraña que nadie haya mencionado el Pecado Original, que también tuvo mucho vicio. Por cierto, el nazismo y el estalinismo tampoco carecieron de causas, quizá a fin de cuentas compartieran alguna con el terrorismo actual. En cualquier caso, lo urgente ahora es defendernos de sus ataques y proteger los mejores logros de nuestras sociedades frente a ellos. Algunos recomiendan que hagamos examen de conciencia, ejercicio siempre beneficioso; pero, en las trágicas circunstancias actuales, se diría que quienes más urgentemente deben practicarlo son los miembros de comunidades islámicas que desean vivir compartiendo esos valores democráticos que por fin deben ser reco-nocidos como universales y no eurocéntricos. Son ellos los más interesados en preguntarse por qué parece que su mayor aportación contemporánea a la modernidad política es Al Qaeda y cómo modificar la mala fama que tal parentesco puede propiciarles. Sin duda, nuestros países pueden y deben modificar muchos aspectos de su política exterior, luchar contra la miseria y la ignorancia en cualquier parte de nuestro globalizado horizonte, etc. Pero no precisamente para convencer a fanáticos ávidos de poder y venganza, a los que nunca faltarán justificaciones mientras les sobren armas, sino por razones políticamente más nobles.
Porque es precisamente con la política democrática con lo que quiere acabar el terrorismo. Lo ha señalado Michael Ignatieff en su interesante y polémico ensayo El mal menor: "El terrorismo es una forma de política cuya meta es la muerte de la propia política". Y es tal exterminio el que debemos evitar, desde la cordura de nuestras convicciones pero también desde la firmeza en mantenerlas. Lo más importante intelectualmente hoy no es tanto comprender los motivos de los terroristas, sino los nuestros para resistirles sin emplear sus propias armas. Tengamos claro por qué es imprescindible que en todo el mundo se abran paso los valores democráticos, y ellos, no.

¿Y el derecho a la intimidad?

Los atentados de Londres.
Los ministros de Interior y Justicia de la Unión Europea se manifestaron a favor de retener los datos de las comunicaciones telefónicas y electrónicas para perseguir a los terroristas, tras mantener ayer una reunión extraordinaria en Bruselas.
Los ministros pretenden alumbrar una norma que fije al menos en un año el tiempo durante el cual las operadoras de telefonía y los servidores de Internet deberán almacenar los datos de todas las comunicaciones. No se trata de guardar el contenido de las comunicaciones, como ha aclarado el ministro francés Nicolas Sarkozy y su homólogo español José Antonio Alonso, sino los datos de tránsito; los que suelen aparecer en las facturas y que han sido tan importantes en el esclarecimiento de atentados como los de Madrid en marzo de 2004.

La propuesta también ha levantado críticas de aquellos que dicen que será muy costoso para los compañías almacenar todo ese flujo de datos. A este respecto, el diputado italiano Lilli Gruber, señaló: "Si se establece un control de tus llamadas telefónicas, mensajes de texto y correos electrónicos, estaremos ante un Estado policial", informa la BBC.

Pero será hasta el mes de octubre, según el compromiso alcanzado ayer, cuando se fijarán todos los detalles de la nueva norma, que por cierto, provoca cierto temor en Parlamento Europeo y en la Comisión, que temen que el proyecto termine por vulnerar el derecho a la intimidad de miles de europeos.

Además, los ministros reunidos en Bruselas han acordado un nuevo impulso a la cooperación judicial, policial y de inteligencia. El intercambio de datos sobre robo de explosivos, proteger las infraestructuras críticas y establecer elementos comunes en los documentos de identidad son medidas que se consideran urgentes. Y además, se han propuesto vigilar las mezquitas para evitar que se predique en ellas el integrismo, el odio y la violencia.

Por lo pronto Francia ha decidido suspender temporalmente la libre circulación de personas y mercancías que prevé el acuerdo de Schengen, de aplicación en todo el territorio comunitario excepto Reino Unido e Irlanda, y ha reestablecido los controles en sus fronteras como respuesta a los atentados de Londres.

El ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, ha justificado esta medida diciendo : "Existe una cláusula en Schengen que prevé que se pueda reforzar el control. No es ninguna originalidad. Si no se hace cuando existen cincuenta muertos, cuándo lo vamos hacer"(¡?)

Y bueno, el terrorismo se coloca por encima de las libertades civiles.
Ayer, el Departamento del Interior de EE UU, anunció que pondrá en marcha un mayor control en el transporte aéreo para los extranjeros que ingresen a su territorio, de ahora en adelante, los extranjeros que entren por primera vez a ese país deberán ''dejar 10 huellas digitales'', según Michael Chertoff.

Actualmente, a consecuencia de los atentados del 11 de septiembre del 2001, los visitantes extranjeros que ingresan por avión a territorio estadounidense deben dejar dos huellas digitales y tomarse una foto.

Las nuevas medidas fueron anunciadas ayer, una semana después de los atentados en el sistema de transporte de Londres, el denominada 7-J.

En el transporte aéreo, Chertoff sugirió mejorar el control de la identidad de los pasajeros utilizando ''un elemento de identificación más preciso'' que el nombre de la persona, ''como la fecha de nacimiento'', a fin de evitar errores.

Chertoff precisó también que después de los atentados en Londres se prepara para ataques terroristas biológicos, radiológicos y químicos contra el sistema de transporte público. Pero, señaló, 'tenemos una red de biocaptores, pero aceleraremos el desarrollo y el despliegue de una nueva generación de tecnologías que detectará más rápidamente los ataques biológicos, radiológicos y químicos''.

Chertoff comunicó también la reestructura de su departamento, anunció la creación de una oficina nacional de detección de la amenaza nuclear y de una subsecretaría encargada de la lucha contra el ciberterrorismo, así como la creación de los cargos de responsable del servicio de análisis de la información sobre terrorismo y de responsable médico de un servicio de lucha contra el bioterrorismo.

El FBI y los departamentos de Justicia y de Seguridad Interior emitieron este mes un documento, junto a la Comisión Federal de Comunicaciones, donde piden se les otorgue autorización para intervenir las comunicaciones de Internet en los vuelos

11 jul 2005

Una reflexión sobre los atentados de 7-J londinense

El golpe fue en pleno corazón de Londres ylevantó una ola de profundo dolor y estupor mundial.

Los atentados se prepararon, según admitió el primer ministro Tony Blair, para hacerlos coincidir con la cumbre anual del G-8 en Escocia; la masacre se ejecutó un día después de que Londres fuera elegida sede de los Juegos del 2012, aunque es imposible que esta circunstancia estuviera en la intención inicial de los terroristas.

El hecho de que el terrorismo haya escogido Londres no debe sorprender. Scotland Yard consideraba poco menos que inevitable un atentado de estas características e Interpol había indicado en abril que el Reino Unido era un objetivo principal de Al Qaeda y sus redes, por su apoyo a la guerra de Iraq.

De hecho, en marzo y agosto del 2004 fueron desarticuladas importantes redes terroristas en Gran Bretaña, donde viven 1,6 millones de musulmanes. Se ha hablado, incluso, de la existencia de unas nebulosas redes de islamistas radicadas en la capital inglesa que han sido calificadas por los expertos como Londondistan
Un grupo integrista que se dice miembro de la red de Al Qaeda reivindicó estas acciones y amenazó con atentados semejantes en otros países europeos como Italia y Dinamarca.

El terrorismo de origen islamico se ha situado, desde el 11-S, en la primera línea de preocupaciones del mundo. Las formas de establecerse, así como las de reclutar a sus adeptos y de preparar técnica y financieramente sus atentados, lo han convertido en un enemigo casi invisible y, por tanto, de muy difícil detección. Instalados en suburbios de la grandes ciudades europeas, hacen vida normal de terroristas durmientes entre sus hermanos de etnia o de religión, de forma austera, en espera que se les ordene la ejecución del atentado. Una vez cometido éste, vuelven a hacer la vida de antes, como un inmigrante más, irreconocible por sus propios vecinos.
La lucha contra este tipo de terrorismo no es fácil. No puede ser tratado como otros grupos terroristas, como es el caso de ETA o del IRA. Requiere un esfuerzo de los servicios de información e inteligencia, y una inversión en medios y personas, conocedoras tanto de la especial idiosincrasia y cultura de quienes son captados para enrolarse en estos grupos. Requiere también una efectiva coordinación de la policía internacional, pero, sobre todo, requiere que los gobiernos actúen al unísono, con toda la firmeza, pero también con toda la eficacia para no dar palos de ciego.

Para algunos especialistas, como Loretta Napoleoni, economista experta en terrorismo internacional y autora del libro los atentados tienen una clara vertiente económica por los simbolos en juego, el lugar elegido y el momento en que se realizan; "golpean al Reino Unido, que es presidente de turno del G-8 justo el día en que empieza la conferencia. Ponen las bombas en las estaciones de metro que representan el principal acceso al corazón financiero de Londres. La hora también coincide con la que los hombres de negocios van a trabajar. Se trata de un ataque dirigido al órgano vital de Gran Bretaña y por extensión a las economías occidentales, como sucedió, aunque a otra escala, el 11-S".

Stephen Ulph, presidente de la Jamestown Foundation Journal, mostró, en un artículo titulado Londondistan, su profunda sorpresa ante el hecho de que movimientos islámicos radicales e incluso violentos tuvieran sede en Londres. " Usted podría decir que, para los exponentes del Islam radical, Londres se ha convertido en la ciudad más importante de Occidente...Muchas de las fatwas (edictos religiosos) de Bin Laden fueron inicialmente publicados en Londres. De hecho, el Reino Unido parece en general diferir de los otros Estados europeos en el grado en que ha llegado a ser un centro espiritual y de comunicaciones del movimiento de la Yihad".

En tanto, el experto Ramtanu Maitra señala que Londres "se ha convertido en la Cueva de Aladino, lleno de bote en bote de disidentes islámicos". No se trata sólamente, advierte, de una muestra de liberalismo y tolerancia por parte del Reino Unido. "Gran Bretaña, explica, ha dejado de ser una potencia política y económica. En orden a mantener un estatus de casi igualdad, Gran Bretaña tiene dos importantes ingredientes que ofrecer a EE.UU; primero, su capacidad para manejar Oriente Medio, Norte de África, Asia central y partes del subcontinente indio a través de la utilización de la gente que vive en la Cueva de Aladino de Londres; y segunda, su control de los movimientos internacionales de divisas a través de la City".

Por ello mismo, y dada la proximidad de los grupos radicales de la Yihad con el ancho mundo financiero, el golpe del 7-J ha podido tener incluso resultados económicos inmediatos. "No hay que descartar que los terroristas se hayan enriquecido con este atentado. En la última semana, por ejemplo, ha habido mucha especulación con el oro. Puede haber alguna relación, aunque es difícil de demostrar", afirma Loretta Napoleoni.

A la vista de la reacción al alza de los mercados bursátiles europeos el viernes 8, empujados por Wall Street, parecería en cualquier caso que la intentona sangrienta del terrorismo islámico hubiera fracasado.

Y es que los riesgos de atentados terroristas son una parte integrante de las grandes economías del mundo que saben resistir mejor a los ataques brutales, dijo la casa de corretaje americana Ryan Beck.

Abby Cohen de Goldman Sachs, comentaba el jueves en una nota que los mercados tienden a sobrerreaccionar en caso de atentado.

En una nota de Merrill Lynch, K. Bostjanic señala que "acontecimientos como éste incrementan claramente la aversión al riesgo de inversión. Si es temporal o de larga duración creemos que dependerá de la situación que se abra y de si estos desarrollos se extienden a otras ciudades, con Al Qaeda aparentemente amenazando también a Dinamarca e Italia", afirma.

El diario Financial Times, comparte estas inquietudes. Es verdad que el exceso de liquidez ha absorbido el impacto del ataque al punto que la plaza de Londres, la que hubiera tenido que resultar más afectada, acabó la semana con las mayores ganancias de Europa.

Pero es pronto para cantar victoria. "Los mercados están más vulnerables que nunca. Los desequilibrios mundiales han crecido y todo depende demasiado en los consumidores anglosajones. La eurozona está estancada, el precio del crudo está en niveles récord, el crecimiento de China ha despertado el proteccionismo y los líderes globales son incapaces de iniciar una acción de forma conjunta". Por ello, concluye el diario, "en el caso de otro ataque más devastador, los mercados podrían demostrar ser más débiles de lo previsto".

¿Existe esta posibilidad? Según Loretta Napoleoni, "el ataque de Londres demuestra que las fuentes de financiamiento de los grupos terroristas no se han interrumpido. Aunque también hay que tener en cuenta que este tipo de atentados es relativamente barato y ha sido financiado seguramente por el grupo que lo ha perpetrado. No es necesario el apoyo económico de Al Qaeda, puede proceder de fondos ilegales, gestionados a través de mezquitas, además de las contribuciones de algunos que simpatizan con su causa".

En caso de nuevas acciones terroristas, que nadie puede descartar, la situación podría evolucionar de forma muy rápida. Los economistas de Goldman Sachs creen que "una actividad terrorista adicional tendría consecuencias peores que el 11-S, ante la repercusión que tendría en el consumo y la inversión".

Por lo pronto, el ministro británico del Interior, Charles Clarke, ha revelado que planea nuevas medidas de seguridad como mayor control ciudadano, más chequeos fronterizos y el acceso de la Policía a llamadas telefónicas y correos electrónicos. Algunas de las medidas que planea, las que requieren el acuerdo internacional, serán planteadas en la reunión de ministros de Interior y Justicia de la Unión Europea el próximo miércoles 13 en Bruselas.

Clarke ha explicado que los atentados del pasado jueves en Londres ponen en evidencia la necesidad de reforzar las medidas de seguridad hasta nuevos límites. Una de esas medidas, que Clarke considera crucial, es que las fuerzas de seguridad tengan acceso a registros de llamadas, mensajes de texto por teléfono móvil y correos electrónicos. El ministro ha aclarado que no se refiere al “contenido” de esas llamadas o correos, sino a “los registros de telecomunicaciones, sean por teléfono o correo electrónico, que revelan qué llamada se hizo desde que número a qué otro número y a qué hora”, datos que “son de mucha utilidad para los servicios de seguridad". Igualmente, ha abogado por que las empresas de telecomunicaciones estén obligadas a colaborar con la Policía y a conservar esos datos por algún tiempo.
La introducción de esa medida, que Clarke planteará el miércoles a sus colegas europeos, sería un paso inédito en el Reino Unido, un país en que los derechos a la intimidad y la libertad individual se consideran preciados tesoros.

Deteneos en el nombre de Dios:

Además, ayer el Papa Benedicto XVI, manifestó su "profundo dolor" por los atentados de Londres, se dirigió directamente a sus autores para exigir: "¡Deteneos, en nombre de Dios!".

Además, en un artículo de portada, L'Osservatore Romano reconoce que "dolor y angustia son los sentimientos que en estas dramática horas unen a los pueblos", pues "el terrorismo se ha convertido en flagelo internacional que no tiene en cuenta a la raza, la religión o el origen social".

Se quiere "aterrorizar" antes incluso que "matar", afirma el periódico, desenmascarando el "designio criminal que sólo puede ser alejado trastocando su lógica, que es la lógica del miedo". Por este motivo, considera, "no ceder al chantaje de la violencia" es "la mejor respuesta a los terroristas", concluye.

El profesor Edward N. Luttwak, experto en terrorismo del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Washington, comenta en un artículo publicado hoy lunes en el periódico español La Vanguardia, que "Al Qaeda ya no existe como organización...(ya que a) sus jefes supervivientes, desde Bin Laden para abajo...,cuanto les queda es el nombre de marca, una marca que conserva su atractivo ante los ojos de los musulmanes furiosos de todas partes del mundo debido en gran medida al inexcusable fracaso a la hora de capturar o matar a Ossama Bin Laden (lo cual es resultado de la incompetencia de la CIA, una incompetencia reconocida ya de modo oficial en tres informes separados del Gobierno de Estados Unidos)."

Y pregunta ¿cómo es posible que unos simples aficionados consigan realizar atentados de categoría mundial?

Señala que: (i) El primer nivel de competencia en los actos terroristas es lograr la detonación de artefactos explosivos. De acuerdo con este parámetro, el grupo musulmán que llevó a cabo el atentado era sólo semicompetente: se sabe que algunas bombas no estallaron, pero no se sabe cuántas bombas sin estallar hay todavía por descubrir.

(ii) El segundo nivel de competencia es la coordinación de múltiples explosiones. Una única explosión no es determinante; podría ser un accidente o un simple acto criminal... Sin embargo, cuatro bombas son sin lugar a dudas terrorismo. Según este parámetro, el grupo musulmán tuvo bastante éxito.

(iii) El tercer nivel de competencia es la selección de los objetivos adecuados. En este terreno, el grupo musulmán no actuó con demasiada brillantez.

Afirma a diferencia de otros analistas y del mismo Tony Blair que "Las bombas que explotaron no golpearon objetivos emblemáticos del Londres oficial en el eje que va desde Westminster hasta Whitehall, ni del Londres turístico en el eje entre el Oxford Circus y Picadilly, ni del Londres financiero en la City."

Empero, "con todo, lo sucedido fue suficiente para crear el caos y trastocar una importante capital mundial; en gran medida, porque las autoridades reaccionaron cerrando toda la red de transporte público, algo que no se hizo nunca cuando Londres fue objeto de los intensos bombardeos de la fuerza aérea alemana. No hay solución inmediata a la desafección musulmana, ni tampoco es posible interceptar a la diminuta minoría de terroristas antes de que hagan estallar sus bombas. Sin embargo, podemos y debemos aprender a infrarreaccionar, a reducir los incentivos de nuevos atentados.

Para Michael Wieviorka, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, "En el momento en que el terrorismo golpea y las bombas explotan, la emoción y el desasosiego son máximos, y resulta difícil hablar con algo de distancia y reflexión. El pensamiento, el conocimiento y la capacidad de análisis se encuentran entonces situadas en las peores condiciones para que sean de ayuda en la comprensión del fenómeno. En caliente se verifica, mucho más que en cualquier otro instante, la validez de un dicho que todos deberían tener presente antes de atender a los expertos, los responsables políticos, los comentaristas y todos los movilizados por el acontecimiento en el espacio público: en materia de terrorismo, quienes saben no hablan, quienes hablan no saben."

Wieviorka coincide que la elección de la fecha elegida era la adecuada. Sin embargo, señala que "tardaremos mucho en saber si los cálculos de los terroristas han sido tan maquiavélicos y complejos o si, más bien, se han aprovechado de la conjunción, muy favorable para ellos, de lo que era un calendario previsible (la cumbre del G-8) y la decisión tomada en Singapur la víspera de los atentados (los Juegos Olímpicos). La prensa, en este tipo de situaciones, tiene tendencia a exagerar la inteligencia estratégica de los terroristas."

"En Londres, en contra de lo que se dijo en Madrid a propósito de ETA, nadie ha imaginado que el IRA pueda estar implicado en los atentados, y la duda no es admisible. Estos atentados no tendrán la misma repercusión en la política internacional ni en los equilibrios políticos internos británicos que los de Madrid, que tuvieron como doble consecuencia una reorientación con respecto a la guerra de Iraq y el viraje del país a la izquierda. Es probable que Tony Blair apriete los dientes y mantenga el rumbo. Sin embargo, lo que está claro es que se ha pasado una página. Como pensaban desde hace algunos meses los mejores especialistas británicos, Londres -que ya era objeto de fuertes presiones estadounidenses y francesas en ese sentido- ya no es ni volverá a ser ese espacio original donde reinaba para el islamismo, incluso el muy radical, una extraña libertad para reunirse y para comunicar, mediatizar, hacia todo el mundo. Londres tenía la originalidad de estar en Europa plenamente comprometida con Estados Unidos en la guerra contra el terror ante George W. Bush ymostrarse abierta, muy tolerante, con las corrientes islamistas, incluidas las extremistas. Los atentados de ayer, a los cuales se preparaba Tony Blair desde hacía varios meses, acaban de poner fin a esta particularidad."

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