16 nov 2009

Aguiar Retes el obispo de Calderón

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) en el marco de la LXXXVIII Asamblea Plenaria, eligieron a Mons. Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Tlanepantla para continuar con sus funciones durante otros tres años más como su presidente.
Consejo de Presidencia de la CEM:
Vicepresidente: Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez.
Secretario General: Mons. Víctor René Rodríguez Gómez, Obispo Auxiliar de Texcoco.
Tesorero General: Mons. Oscar Roberto Domínguez Couttolenc, Obispo de Tlapa.
1er Vocal: Mons. José Luis Chávez Botello, Arzobispo de Antequera-Oaxaca.
2do Vocal: Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, Obispo de Matamoros.
Presentación de los nuevos cargos que ocuparán a partir de este día los Obispos miembros de la CEM
Miembros del Consejo Permanente:
1. Mons. Maximino Martínez Miranda, Obispo de Ciudad Altamirano.
2. Mons. Sigifredo Noriega Barceló, Obispo de Ensenada.
3. Mons. Juan Frausto Pallares, Obispo Auxiliar de León.
4. Mons. Rafael Sandoval Sandoval, Obispo de Tarahumara.
5. Mons. Leopoldo González González, Obispo de Tapachula.
6. Mons. Mario Espinoza Contreras, Obispo de Mazatlán.
7. Mons. José Trinidad González Rodríguez, Obispo Auxiliar de Guadalajara.
8. Mons. Felipe Padilla Cardona, Obispo electo de Ciudad Obregón.
9. Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez, Obispo de Tula.
10. Mons. Carlos Briseño Arch, Obispo Auxiliar de México.
11. Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, Obispo de Matamoros.
12. Mons. José Luis Castro Medellín, Obispo de Tacámbaro.
13. Mons. José Luis Chávez Botello, Arzobispo de Antequera-Oaxaca.
14. Mons. Francisco Moreno Barrón, Obispo de Tlaxcala.
15. Mons. Lucas Martínez Lara, Obispo de Matehuala.
16. Mons. Francisco Ramírez Navarro, Obispo Auxiliar de Tlalnepantla.
17. Mons. Rutilo Muñoz Zamora, Obispo de Coatzacoalcos.
18. Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, Obispo Prelado de Cancún-Chetumal.
Vocales del Consejo de Presidencia:
· Mons. José Luis Chávez Botello, Arzobispo de Antequera-Oaxaca.
· Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, Obispo de Matamoros.
Presidentes de las ocho Comisiones Episcopales (CE):
1. C.E. para la Pastoral Profética: Mons. José de Jesús Martínez Zepeda, Obispo de Irapuato.
2. C.E. para la Pastoral Litúrgica: Mons. Víctor Sánchez Espinoza, Arzobispo de Puebla.
3. C.E. para la Pastoral Social: Mons. Gustavo Rodríguez Vega, Obispo de Nuevo Laredo.
4. C.E. para la Vocaciones y Ministerios: Mons. José Rafael Palma Capetillo, Obispo Auxiliar de Yucatán.
5. C.E. para la Familia, Juventud y Laicos: Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México.
6. C.E. para el Diálogo Interreligioso y Comunión: Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Monterrey.
7. C.E. para la Pastoral de la Comunicación: Mons. Teodoro Pino Miranda, Obispo de Huajuapan de León.
8. C.E. para la Pastoral para la Solidaridad Intraeclesial: Mons. José Ulises Macías Salcedo, Arzobispo de Hermosillo.
"Que el Señor de la Historia nos dé su paz y nos ilumine a todos los Pastores Católicos en este nuevo período de servicio para la Iglesia en México. Nos encomendamos a las oraciones de todos los fieles."
+ Víctor René Rodríguez Gómez.
Obispo Auxiliar de Texcoco
Secretario General de la CEM

El juicio a León Toral

Columna Juegos de Poder/Leo Zuckermann
Excélsior, 16 de noviembre de 2009;
El juicio de los asesinos de Obregón
Aprovecho el 99 aniversario del comienzo de la Revolución Mexicana para recordar uno de los juicios más memorables de nuestra historia: la de los asesinos del general revolucionario Álvaro Obregón. Se trató de uno de los últimos juicios públicos, orales y con jurados que se realizó en México.
Comenzó el 2 de noviembre de 1928. José de León Toral, joven católico perteneciente a la Liga de Defensa de Religión, y la madre Concepción Acevedo eran juzgados por el homicidio del presidente electo. Su suerte la decidirían nueve ciudadanos seleccionados al azar como jurados. Los debates fueron presididos por el juez Aznar Mendoza. Una gran multitud, incluidos los familiares de los acusados así como connotados obregonistas, se dieron cita a las audiencias.
Toral hizo una exposición detallada del crimen cometido. Confesó que tenía la idea de matar a Obregón desde 1922 o 1923 por los agravios del revolucionario contra la Iglesia católica: “Sólo pensaba que el que falta a la ley o mejor el que con la espada mata a espada muere”. El autor material del homicidio contó la influencia que tuvo la madre Conchita para convencerlo de matar a Obregón y también al entonces presidente Plutarco Elías Calles. El inculpado reveló que fue torturado por la Policía. El ambiente se crispó cuando relató los pormenores del asesinato que se llevó a cabo en el restaurante La Bombilla. Un grupo de diputados (siempre escandalosos) invadió el salón durante la audiencia y demandó la muerte de Toral y de la abadesa.
Los argumentos de la parte defensora estuvieron a cargo del abogado Demetrio Sodi quien más bien se defendió a sí mismo: “Yo desearía en estos momentos purificar mis labios con los carbones de Isaías, para que de ellos no saliera lo que no fuera verdad, porque la verdad es justicia […] A todos ustedes les consta que fui cruelmente insultado en las audiencias y que me hicieron los más duros vejámenes para mi dignidad de abogado y de hombre”. Afuera del tribunal se oían gritos de “Viva Obregón”, “Muera Sodi” y “Muera Toral”. Sodi continuó: “Lo que pasó en La Bombilla no es por cierto un crimen vulgar, sino una de aquellas tragedias esquilianas que nos presenta el arte griego. El general Obregón, al caer, sonrió como saludando a la muerte”. El abogado habló de la historia romana y del asesinato de Julio César. No negó la culpabilidad de Toral pero cuestionó que el asesinato se hubiese realizado con alevosía, ventaja y premeditación. Su arenga arrancó algunos aplausos.
Por la parte acusadora, los argumentos estuvieron a cargo del entonces procurador general de la República, Ezequiel Padilla: “Yo no puedo, señores jurados, esconder en estos momentos el tumulto que invade mi corazón y mis pensamientos. Mi voz se ahoga en mi pecho, como se ahoga la del pueblo en el pecho de todos los buenos mexicanos. Yo no sé, verdaderamente, cómo la defensa se ha empeñado en presentar este crimen distinto de lo que es: un crimen vulgar, un crimen por el que cayó un hombre, no un hombre, sino una montaña de generaciones, de generaciones humildes, cuya causa es presidida por el Cristo Redentor, no ese Cristo en cuyo nombre se ha perpetrado este crimen”. También afirmó: “Yo respeto a la mujer, al sexo débil, a las damas; pero no a las hipócritas [...] Yo miro a la señorita Concepción Acevedo como a un verdadero demonio; pero no aquel demonio de Sócrates, sino como a un verdadero lémur que busca el perjuicio y hace de su aplicación un precepto”. Esta pieza oratoria le valió vivas a Padilla y aplausos estruendosos.
El jurado deliberó y el 8 de noviembre, unos días después de que comenzó el juicio, José de León Toral fue sentenciado a la pena capital; la madre Concepción Acevedo a 20 años de prisión. Terminó así uno de los juicios más espectaculares de la historia de México. El 9 de febrero de 1929, en cumplimiento de su condena, Toral enfrentó un pelotón de fusilamiento en el polígono de tiro de la Penitenciaría de Lecumberri.

La ley de la selva

Columna Horizonte político/José A. Crespo
Excélsior, .16-Nov-2009
Delincuencia: línea dura
Así como la amplia postura a favor de la pena de muerte a secuestradores fue capitalizada electoralmente por el incongruente y oportunista Partido Verde (que de verde, sólo los dólares), la posición de Mauricio Fernández sobre recurrir a la autodefensa extralegal frente al crimen organizado, puede tener gran aceptación entre sectores desesperados, ante la ineficacia del gobierno al respecto, así como la penetración, ineptitud y corrupción en las policías. El propio Fernández, antes de la elección, decía que en Garza García había paz, no por la policía, sino porque los Beltrán Leyva vivían en ese municipio y se encargaban de mantener el orden. Una encuesta reciente de Mitofsky (nacional y en vivienda) arroja resultados interesantes, y por demás inquietantes, sobre este tema (XI/2009).
Viene, por un lado, una elevadísima aceptación de los retenes para revisión de vehículos como medida de seguridad: subió de 87% en 2007 a 97% este año. La racionalidad general de la medida puede entenderse: es más o menos la misma de los centros de revisión en los aeropuertos, que la mayoría de ciudadanos acepta pese a las molestias, en tanto eso incrementará la seguridad para todos. El problema con los retenes en el caso particular de México es que se presta a abusos, trampas y confusiones. Es en un retén, que uno en principio está dispuesta a respetar, donde fue secuestrado el joven Fernando Martí, por ejemplo. Es también en retenes militares donde ciudadanos de a pie o familias enteras han sido balaceados, detenidos, torturados o incluso desaparecidos, por ser simplemente sospechosos, a los ojos de los soldados, de ser narcotraficantes. Quienes aprueban dicha medida probablemente no estén al tanto de esos incidentes, que no son tan aislados como para ser plenamente aceptables. Y de cuya eficacia para detener a sicarios o secuestradores no tenemos indicios claros. Siendo parte de la minoría, me parece que mejor no debiera haber tales retenes, sino hacer otro tipo de trabajo de inteligencia más preciso, menos riesgoso para la ciudadanía en general.
En cambio, la medida de incrementar sueldos a la policía ha perdido respaldo: de 78% en 2007 a 74% hoy. Para mí, los salarios policiacos tendrían que ser gigantescos para no ser vulnerables a la corrupción del narco, y a lo mejor ni así. Eso no implica que los agentes de seguridad no deban tener salarios adecuados al riesgo de su labor, sino que eso no garantiza su eventual cooptación por los capos. En la misma lógica estaría incrementar el gasto en patrullas y armar a las agencias de seguridad; la aceptación es elevada, pero bajó de 79 a 73%, entre 2008 y 2009. De nuevo, los recursos del narco son muy superiores. En todo caso, hemos visto cómo el incremento para la seguridad durante este gobierno (de 60% en general, y de 140% para la Secretaría del ramo, es decir, de 13 mil a 33 mil millones de pesos), no ha servido para reducir la inseguridad y la violencia. En Ciudad Juárez, pese a la presencia de 11 mil efectivos militares en los últimos meses, dos de cada tres ciudadanos considera la situación “peor” o “mucho peor” respecto del año pasado. Solamente 2% dice que la situación mejoró tras la militarización (El Diario, de Ciudad Juárez, VI/09). Por eso están ahora solicitando la presencia de los “cascos azules”.
Pero la propuesta de incorporar militares a la policía es muy elevada: 80%, lo que refleja que el Ejército goza de mucha mayor confianza que las policías, que no parecen tener remedio (aunque respaldo la creación de una policía nacional para combatir la delincuencia, organizada o no). Y la idea, muy a la estadunidense, de que los ciudadanos posean armas para su defensa, ha crecido de 39 a 53%. Es natural. Nos sentimos cada vez más indefensos debido a un Estado crecientemente incapaz de cumplir con una de sus esenciales razones de ser: brindar seguridad. La pena de muerte goza de un elevadísimo 77% de aceptación, que se ha mantenido estable en estos tres años. Finalmente, la propuesta de que “los ciudadanos hagan justicia por propia mano” (que va en coincidencia con lo expresado por Mauricio Fernández, aunque él no lo comente en esos términos) creció de 26 a 45% en dos años. En la medida en que esa idea cobre fuerza (y sobre todo, empiece a aplicarse) avanzaremos hacia el estado de naturaleza hobbesiano: la ley de la selva.

Perdida de control

Columna Estrictamente Personal/ Raymundo Riva Palacio
Pérdida de control
Ejecentral.com , November 16, 2009
Hay malas noticias para México. El presidente Felipe Calderón está enojado y está siendo rebasado por su mal carácter. Está mostrando muy poca tolerancia a la frustración y reacciona de manera violenta con todos aquellos que no piensan como él y que no le dan respaldo incondicional. Tres episodios en las tres últimas semanas dibujan de cuerpo entero a un Presidente explosivo que está tensionando el tejido político nacional: quiso regañar al ex presidente Vicente Fox, peleó con su secretario de Gobernación, y se enfrentó con el sector privado, que genera más de 8 de cada 10 pesos de la riqueza nacional.
El incidente con Fox se dio a mediados de la semana pasada, después de que el ex presidente contradijo públicamente las políticas por Calderón en la lucha contra las drogas. Fox abogó en Madrid, donde acudió a un encuentro anual con ex presidentes y líderes mundiales, por que se legalizaran las drogas en México, como una forma de atacar el fenómeno, y pidió que el Ejército regresara a sus cuarteles y dejara de ser la primera línea de fuego contra los cárteles de narcotráfico.
Fox no se ha distinguido por su prudencia política, es cierto. Pero Calderón reaccionó duramente y despachó a San Francisco del Rincón, Guanajuato, al secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont para pedirle que se callara la boca y que no hiciera se tipo de declaraciones. Fox respondió, de acuerdo con personas que conocen de ese intercambio: “Está bien, haré como Mauricio (Fernández, el polémico presidente municipal de San Pedro Garza García), me portaré bien”. Fue una ironía que no resuelve ni garantiza nada, pero abrió un nuevo enfrentamiento.
El segundo episodio sucedió dos semanas antes, y el protagonista fue el mismo Gómez Mont. En una audiencia a puertas cerradas Calderón manoteó sobre la mesa al secretario de Gobernación porque su afirmación que ya había negociado con Manlio Fabio Beltrones el apoyo del PRI al aumento del IVA en el Senado, no resultó falsa. Pero Calderón encontró una respuesta que no había habido con otros miembros del gabinete. Gómez Mont, dijeron políticos que tuvieron detalles de ese episodio, le dijo al Presidente que no le permitía que le hablara en ese tono –Calderón se ha distinguido dentro del gabinete por maltratar con malas palabras a sus colaboradores-, y presentó su renuncia. Como viejos amigos y aliados, arreglaron el diferendo y Gómez Mont regresó al trabajo.
El tercer episodio, cuyos detalles generales han trascendido al público, tiene que ver con los empresarios. No es únicamente que esté molesto con ellos por no haber respaldado el incremento de impuestos. Tiene que ver con una postura cada vez más beligerante de los empresarios, que responde a que el Presidente se ha comprometido con ellos en una decisión, y sin avisarles, la modifica. Durante un reciente encuentro con hombres de negocios en Monterrey, el organizador, Miguel Alemán, un hombre prudente, le insistió a Calderón al terminar su discurso: como dijeron aquí los empresarios, usted cambia las reglas del juego en el camino. Eso, de lo que se habían quejado insistentemente los empresarios en el foro, no se vale.
La molestia de los empresarios se expresó con una vendetta política. Todos los grandes empresarios reunidos en Monterrey castigaron al Presidente y le harían un vacío cuando pronunciara su discurso, con la consigna de no asistir. Calderón llegó a un salón de unos 500 empresarios de segundo nivel para dar su discurso, y fue recibido sin aplausos salvo el de unos pocos. Cuando llegó al presídium, dijeron personas que estuvieron presentes, ya mostraba la molestia en la cara, con la quijada rígida y los ojos disparando fuego. Al terminar de hablar, tampoco le aplaudieron.
La crítica empresarial sobre la inconsistencia en las decisiones del Presidente y su esquizofrenia en los mensajes transmitidos, le abrió otro flanco. En tiempos de conciliar y no de enfrentar, rompió todos los conductos. Las cúpulas empresariales y los empresarios de segundo y tercer nivel, le perdieron confiabilidad en cuanto al cumplimiento de acuerdos. Le han ido perdido el respeto y en forma creciente se le han enfrentado de manera más agresiva. Los problemas de Calderón para tener una interlocución con ese sector se están elevando de manera peligrosa, y no hay antecedente de un choque abierto tan beligerante desde que los empresarios de Sonora y de Nuevo León, se enfrentaron con el entonces presidente Luis Echeverría.
Calderón está solo en esto. El hecho que Gerardo Ruiz Mateos se mantenga como secretario de Economía, pese a no tener comunicación constructiva con el sector empresarial, es considerado entre algunos importantes miembros de esa clase, como una afrenta permanente. Hay sectores empresariales que se están alejando del Ejecutivo, que se están acercando a Fox o a otros líderes de la oposición. Los problemas que está teniendo con Gómez Mont, como los que viene arrastrando con el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, complican aún más la reconstrucción de un andamiaje de diálogo.
Calderón está en uno de sus peores momentos políticos. Los mexicanos también. Hay un Presidente que está en la lógica del golpeador. Qué sucede hacia el interior de Los Pinos no se sabe, pese a que vuelan los rumores. Pero en público, Calderón parece un hombre desesperado, sin control político y sin el respeto hacia sus interlocutores. El hecho de que así puede mantenerse en la silla presidencial, no significa que pueda gobernar. Es importante que recuerde que es el Presidente de la República, y que se empape de la humildad que el cargo requiere. Necesita, porque si no lo hace el impacto negativo es nacional, serenarse, tranquilizarse y, sobretodo, que se pacifique. Faltan casi tres años paras que concluya su mandato, pero por esta vía, las cosas no pueden seguir. O sí, pero con una tensión que en cualquier momento, ante la inestabilidad, se desborde a cosas aún más graves.

Un futuro para México

Buen texto el del exrector de la UAS, Jorge Medina Viedas, invita a leer al Guero Castañeda y a Héctor Aguilar en Nexos . http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=29024
Un futuro para México
La propuesta de Castañeda y Aguilar Camín II/Jorge Medina Viedas
Milenio Diario, 11/15/2009;
El lugar que como país debemos ocupar en el mundo es tal vez la “decisión estratégica” que más resalta en la “narrativa” del texto Un futuro para México, de Jorge G. Castañeda y Héctor Aguilar Camín, un texto cuyo contenido ha merecido el interés de algunos círculos académicos y de la prensa nacional.
La idea de arrebatarse las máscaras para redefinir la relación de México con Estados Unidos es como la matriz del texto. Si se me permite, es casi toda la “enchilada”, asignando al ensayo la recurrente parábola del ex canciller cuando se refería a la relación bilateral con el gobierno estadunidense. Es lo mejor, lo más argumentado. Pero tal vez lo más controversial del ensayo, no tanto por los argumentos, sino por el matiz que termina dándosele a otros temas como el de la educación —que está presente— y la corrupción, que no lo está como un subtema.
Por principio emplazan de manera provocadora a que se defina a cuál hemisferio debemos pertenecer como nación: “…al universo de Zelaya y su sombrero, de Chávez y su boina, de Raúl y su senectud, de Brasil que no nos quiere en el vecindario, o al de América del Norte”. La eficacia de la metáfora sarcástica anterior sirve bien a su lógica pragmática de que “no hay mucho margen para decidir. México tiene su corazón en América Latina, pero tiene su cartera, su cabeza y la undécima parte de su población en América del Norte”; pero Castañeda y Aguilar reconocen también las dificultades y las implicaciones de una “integración ordenada” con Estados Unidos.
Sin embargo, de ahí deriva todo, y tal vez este es uno de los problemas del planteamiento en su conjunto de Castañeda y Aguilar Camín: la economía, la seguridad y por ende la política de México dependen del nivel que adquieran estas relaciones bilaterales. La política externa se torna prácticamente determinante de la política interna en sus aspectos fundamentales: la política económica, el comercio, la seguridad, etcétera.
El inconveniente de estas visiones-inducciones exageradamente globalizadoras, cosmopolitas, además del determinismo siempre resbaladizo de sus enfoques, es que las propuestas están mediadas por la impaciencia de quienes ven hacia el interior del país con una perspectiva de quien conoce y vive las ventajas de un país desarrollado, y soslaya la importancia de aspectos relacionados con la cultura social y política interna. No por ignorancia sino por conveniencia metodológica. Así, la brecha entre la impaciencia despectiva y las posiciones erráticas se vuelve insignificante. Digo que se minimiza lo local y por lo tanto se desdeñan realidades internas. Bastaría colocar en la escenario de la trama nacional el “estado del arte” de la educación del país, analizar las políticas del Estado mexicano en la materia, identificar a los actores que determinan las políticas del quehacer educativo y de la ciencia en México, y sumar a todo ello las necesidades planteadas ante la Cámara de Diputados por los diversos actores del sistema educativo en esta coyuntura, para darnos cuenta que la educación es uno de los más graves problemas del país, pero también una de las vías más eficaces para la solución de estos últimos.
Una de las debilidades visibles del ensayo-manifiesto de Jorge G. Castañeda y Héctor Aguilar Camín es el capítulo dedicado a la educación. Pasa como un complemento obligado del texto y no como uno de los temas capitales de nuestro tiempo. Se le asigna un papel básicamente instrumental en la economía y no de una economía cualquiera, sino aquella que refuerza las políticas inequitativas que han hecho de la educación una “catástrofe silenciosa”, como en efecto ha sostenido el educador Gilberto Guevara Niebla.
Ignorar o pasar de puntitas por uno de los más perniciosos lastres de la vida pública que representa concretamente el SNTE y su lideresa; insinuar la aplicación de políticas neoliberales como el voucher u omitir la necesidad de que el país requiere una política de Estado que haga hincapié en la inversión en la educación pública demerita o controvierte la propuesta de Aguilar y de Castañeda.
No es en México la corrupción un problema concentrado en las áreas de la policía ni en los órganos de procuración y aplicación de la ley. La impunidad y la desigualdad, la falta de competitividad y el estancamiento, el atraso cultural y tecnológico, tienen a su lado el fenómeno de la corrupción; éste, como un monstruo de mil caras, explicado por igual como práctica abominable que como “instrumento funcional del sistema”, etcétera, merece ser tratado y abordado como un tema prioritario en la agenda nacional, y debería formar parte de la propuesta que han puesto a consideración de todos Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda.
Continuemos.

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