No
aprendemos en cabeza ajena/Enrique
Krauze
El
País, 23 de noviembre de 2016..
¿Cómo
se curan los pueblos del hechizo de un demagogo? ¿Cómo salen de la hipnosis? La
única vía, por desgracia, es la experiencia. “Nadie aprende en cabeza ajena”,
dice el sabio refrán, que penosamente confirma la historia de los hombres y los
pueblos.
Trump
declaró, famosamente, que si asesinara a una persona en la Quinta Avenida,
nadie se lo reclamaría. Es verdad. Los medios exhibieron sus probables delitos,
su cínica evasión de impuestos, sus múltiples bancarrotas, sus copiosas e
inagotables mentiras, sus desdén absoluto por los datos objetivos y los hechos
comprobados, su desprecio por la dignidad de las mujeres, su burla de los
minusválidos, su odio racial a los mexicanos y su intolerancia radical a los
musulmanes, su crudo nativismo, sus amenazas contra la libertad de expresión,
su mofa de las instituciones, su inconmensurable y peligrosísima ignorancia del
mundo. Fue inútil. Todo se le resbaló. Todo se le perdonó.



