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Antonio Roqueñí Ornelas (1934-2006), in Memoriam


Mi amigo el Padre Roqueñí/Fred Alvarez
Publicado en La Otra Opinión, 29 de noviembre de 2013
http://www.laotraopinion.com.mx/
 ·“El principal mérito de Toño fue su valentía, su garra, para señalar los abusos, no sólo de la jerarquía mexicana, sino también de la curia vaticana; fue un verdadero ombudsman eclesiástico..” Fred Álvarez

 Mi amigo el abogado y sacerdote católico Antonio Roqueñí Ornelas, murió hace justamente siete años, la mañana del miércoles 29 de noviembre de 2006, tenía apenas 72 años. La causa un enfisema pulmonar.
¡Como se siente tu ausencia amigo!
La tarde de aquel frio miércoles recibí la lamentable noticia a través una llamada telefónica de un amigo común el periodista Ricardo Alemán.
-¿Estas seguro?-, le pregunte.
-Sí, infortunadamente -, me respondió: "lo acabo de escuchar en la radio con Joaquín López Dóriga. Y como reportero -que lo es-, me dijo: ¡mejor confírmalo!
No había necesidad, pero lo hice con su fiel secretaria del Montepío Luz Saviñón.
Esa noche en la funeraria del sur de la ciudad lo acompañe con sus familiares -muchas hermanos-, y poco amigos.  Lo vi en su catafalco ¡Muy él, muy propio!
Alguien –quizá su hermana Roció-, lo vistió de sacerdote con alzacuello y estola como si se preparara para su servicio religioso mañanero en donde vivió los dos últimos años de su vida.
Me permití leer un texto sobre él a un lado de su féretro.
Lo hice con mucha emoción y sentimiento.
Por cierto, una parte la publicó la revista Milenio, otra más se publicó en el numero 3 de la Revista Sociedad y Justicia del tribunal Electoral de Hidalgo, firmada por el magistrado Raúl Arroyo, a quien conocí esa noche en los funerales y me pidió una copia de mi borrador (Por cierto me bautizó como Libio E. Lazcano)
(http://www.trielectoralhidalgo.org.mx/publicacionVer.php?id=147)
¿Quién fue Antonio Roqueñí?
“Yo soy el padre Antonio Roqueñí Ornelas. (…) soy abogado y doctor en derecho civil y abogado y doctor en Derecho Canónico. He sido miembro del Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de México por más de 21 años. Fui ordenado sacerdote en 1963. Trabajé sobre todo con el Cardenal y Arzobispo emérito de la Ciudad de México Ernesto Corripio Ahumada.
Tres referencias: los tres últimos presidentes de la Conferencia del Episcopado Mexicano: Cardenal Antonio Adolfo Suárez Ribera; Mons. Sergio Obeso Ribera, y Mons. Luis Morales Reyes” le escribió en una misiva traducida al polaco en 2002, al hoy cardenal Stanislaw Dziwisz, entonces particular del Papa, Juan Pablo II, donde le informa de los délitos cometidos por Marcial Maciel Degollado.
Toño fue una rara avis en la iglesia católica.
Uno de esos hombres que no se dan fácilmente; buen hombre, excelente abogado y mejor sacerdot, y sobretodo amigo de sus amigos.

Con gran elocuencia, aguda inteligencia y sobretodo -hay que subrayarlo-, ¡uno de los hombres más valientes que ha dado la iglesia católica en México!
Preciso que Roqueñí fue un crítico de los abusos de la jerarquía católica, no de la Iglesia como institución, de la que era un leal súbdito.
¡Me consta!
“Hombre sabio y justo, humoroso y decidido, no pocas veces combatió abiertamente vicios que lastran a la Iglesia católica de la que jamás se apartó.”, así lo describió el periodistas Miguel Ángel Granados Chapa -su "paisano"- en la columna Plaza Publica, a los tres días de difunto.
Antes de su muerte, Roqueñí era capellán en un hospital y colaboraba con la Fundación y el Montepío Luz Savigñón, instituciones de asistencia privada (IAP).
Le gustaba mucho su trabajo, lo hacia con gusto. 
De repente me viene a la mente las frases del poeta libanes Gibrán Khalil Gibrán cuando nos dice: “...Cuando trabajáis, sois una flauta a través de cuyo corazón el murmullo de las horas se convierte en música.”
Era generoso para dar entrevistas y para explicarles a los reporteros de la  fuente religiosa lo que él sabia de la legislación, de la iglesia católica, de la Curia Vaticana y del derecho canónico.
Los amigos de “la fuente” lo buscaban para que les diera la nota y casi siempre se las daba.
Algunas veces era discreto, otras veces fue duro, sobretodo contra los altos jerarcas, criticó duramente al cardenal Joseph Ratzinger, a Norberto Rivera y a Onésimo Cepeda Silva.
¡Los conocía muy bien!
Tantos años de trabajar con el Cardenal Corripio Ahumada y el haber sido Presidente del Tribunal Eclesiástico de México y Apoderado Legal de la Arquidiócesis Primada de México, le daba autoridad moral.
Por cierto fue un gran crítico de políticos corruptos y próvido con sus amigos.
Esos y otros eran sus comentarios en Radio Red donde colaboraba ocasionalmente. En los últimos años lo hacía en el programa de Joaquín López Dóriga.
No le gustaba salir en la TV.
Debo decir, que yo “abuse” de su amistad y lo convencí de que me diera una entrevista, a propósito de la cuarta visita papal -en enero de 1999-; la entrevista se transmitió en el programa Realidades en canal 40, conducido entonces por Ciro Gómez Leyva.
Su gusto por la religión y la política
Toño era un hombre que desde adolescente en su “natal” Pachuca (nació en Tlalpan, DF, pero se decía hidalguense) la gustó la política y la religión.
Algo raro, mítico e incluso prohibido en aquel tiempo en México: "a mí el tema de las relaciones Iglesia Estado siempre me ha interesado desde chamaco y en los clubes a los que fuí invitado cuando se decía “se prohíbe hablar de religión y de política”, simple y sencillamente yo no accedía, porque eran los temas que a mí me gustaban: religión y política, y siempre he hablado de religión y de política", decía.
 “Cuando estudié derecho tuve la inquietud vocacional de ser sacerdote, desde ese momento concebí que mi quehacer sería la política y la religión y (se preguntaba) -¿cómo resolver esa esquizofrenia de mi Patria en donde por un lado estaba la política y por otro lado estaba la religión? 
(Pero yo) nunca vi la raya divisoria, porque creo que no existe, decía...
La raya divisoria -comentaba-, entre religión y política no existe porque el hombre, como lo dice Aristóteles es un Zoon politikón, por naturaleza es político”, dijo en una entrevista en abril de 1997.
Toño fue hijo del abogado Antonio Roqueñí López y de doña María Ornelas Miranda, fue el mayor de sus hermanos, una familia numerosa.
Nació en Tlalpan en la Ciudad de México  pero desde muy chico se fue a vivir a Pachuca, Hidalgo, debido a que su padre fue invitado a colaborar en la administración del gobernador Javier Rojo Gómez.
En ese lugar asistió a la Escuela Americana.
Dice el poeta Libanés Gibrán Jahalil Gibrán que "Las cosas que el niño ama quedan en su corazón hasta la vejez”, y Toño adoraba y añoraba el estado de Hidalgo, por algo sus restos están allá: en La villita" como se conoce la Basílica Menor de Nuestra Señora de Guadalupe en Pachuca de Soto, Hidalgo.
Años después, la familia Roqueñí retornó a la Ciudad de México, y el futuro abogado fue inscrito como alumno del Instituto Patria.
Tiempo después, su padre –don Antonio- regresó –de nuevo-, a Pachuca esta vez para colaborar en el gobierno de Vicente Aguirre Castillo  (1945 a 1951), para entonces el futuro sacerdote era ya un joven quinceañero.
Fue estudiante en el Instituto Científico y Literario, hoy flamante Universidad Autónoma del estado de Hidalgo, de donde obtuvo el grado de bachiller.
De ahí “brinco” en 1954 a estudiar leyes en la UNAM y formar parte de la generación fundadora de la recién inaugurada Ciudad Universitaria.
¡Se sentía orgulloso de ello, me lo decía una y otra vez!
Ahí en la UNAM se hizo amigos de muchas personas que después llegaría a ocupar altos cargos en la política y en el Poder Judicial. De los amigos entrañables que me presumía eran Manuel Bartlett Díaz- hoy senador del PT-; del ministro Mariano Azuela Guitrón; de Alejandro Sobarzo Loaiza, de Humberto Lugo Gil, de Miguel Estrada Sámano y de muchos más.
En los años cincuenta Toño por alguna razón que desconozco -nunca le pregunte y era discreto con el tema-, se vincula al Opus Dei como miembro numerario, justo cuando estudiaba en la UNAM; de ahí la vocación sacerdotal.
Pero en corto me dijo un día que a él le hubiera gustado ser jesuita. No se dio.
Por eso, al terminar sus estudios universitarios partió rumbo a Roma, donde obtuvo un doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Santo Tomas. 
Después,  en 1964 obtuvo el doctorado en Derecho por la Universidad de Navarra,  un año más tarde de su ordenación sacerdotal como sacerdote del Opus Dei, Prelatura Personal fundada por el hoy Santo José María Escrivá de Balaguer.
Años después Toño abandonó la Obra y se convirtió en sacerdote diocesano.
En eso fue muy discreto..
Eso si, en más de una ocasión yo provocaba charlas -desayunos- en el sur de la Ciudad, con los amigos de la oficina de Información de Opus Dei (entonces a cargo de Ignacio Ruiz de Velasco y del arquitecto Raúl Flores).
Toño tenía un enorme respeto por el santo Escrivá, a quién conoció y trato muchas veces.
A su regreso a México, la Obra lo envió a la ciudad de Monterrey, donde estuvo algún tiempo..
En los años setentas don Ernesto Corripio Ahumada (1919-2008), quien era entonces Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) lo invita a colaborar con él. Tiempo después se incorpora a la Arquidiócesis Primada de México como responsable de las relaciones con el gobierno; ¡el puesto ideal para él!
El viejo Corripio era un sabio.
Por eso le era fácil participar en organizaciones como el Grupo San Ángel, del que fue fundador.
Recuerdo que una vez lo invite a desayunar con el entonces diputado Jesús Martínez Álvarez (Convergencia) y resultaron ser "viejos amigos"; Jesús había sido delegado en Venustiano Carranza y Toño fue párroco en esa demarcación, por el rumbo de la Merced.
El tema de las charlas casi siempre eran oportunas y del mayor interés.
Presidente del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano
Su amplia experiencia jurídica –recordemos que era abogado- lo lleva a ser -de 1978 a 1997- miembro del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de México; tiempo después y casi por 20 años fue su presidente.
Con el inicio de las reformas constitucionales en materia religiosa fue nombrado también Apoderado legal de la Arquidiócesis Primada de México, ademas de  varias congregaciones femeninas, a las cuales no les cobraba un peso.
Recordemos que en ese tiempo don Ernesto Corripio -su jefe-, era no sólo el Primado de México sino el líder de la iglesia católica nacional, no es casual que haya dirigido la CEM dos veces. 
Don Ernesto, fue el primer cardenal mexicano nombrado por el papa Juan Pablo II, en su primer Consistorio; recibió la birreta roja y título de Immacolata al Tiburtino, el 30 de junio de 1979.
Mi amigo Roqueñí tuvo enorme capacidad de hacer muchas cosas en la arquidiócesis, incluso elabora un filme sobre la Virgen de Guadalupe. 
Una vez, a principio de los años ochentas, junto con su amigo judío y paisano –de Hidalgo- Luis Himelfard, lograron convencer al cardenal Corripio para llevar una copia de la imagen de la Virgen de Guadalupe a Israel.
Entonces, se armó un grupo numeroso de cristianos y judíos y viajaron a Israel, antes pasaron a Roma para que la bimagen fuera bendecida por Juan Pablo II.
Insisto, Antonio era el principal asesor en temas jurídicos del eminentísimo cardenal Corripio.
Así participó activamente en la organización de las primeras visitas de Juan Pablo II a México.
Curiosamente en esa visita papal también participó activamente Marcial Maciel Degollado a través de un sacerdote legionario cercano a la casa presidencial.
Su amigo Pigione.
Para preparar la visita del Papa -la primera en la historia-, la Santa Sede envió el 9 de febrero de 1978 como delegado apostólico a México al italiano Girolamo Prigione Pozzi.
Toño hizo relación y amistad con el italiano, incluso le presentó a varios de sus amigos, entre  ellos a Manuel Bartlet, quién estaba ya en la Secretaría de Gobernación, como director de Gobierno.
Once meses después, el 26 de enero de 1979, Juan Pablo II llegaba a México y era recibido por el presidente mexicano Jose López Portillo, sin una recepción oficial.
Roqueñí, Prigione y otras gentes rabajaron en la organización de la visita papal.
Las cosas cambiaron en México.
Con la llegada de Carlos Salinas de Gortari a Los Pinos se pudieron formalizar las relaciones del Estado con las Iglesia católica, y para fortuna, con todas las iglesias.
Después de  segunda visita papal -1991-, se sentaron las bases para una reforma constitucional en materia religiosa, y a Roqueñí le tocó jugar un papel clave, ya que fue nombrado representante del Arzobispado primado en las mesas de discusión.
Pero ocurrió algo. 
La relación estrecha e institucional con su “viejo amigo” Girolamo Pse resquebrajó. Y, es que el representante papal quería controlar a toda la iglesia católica, empero, Corripio se opuso firmemente y Toño estaba por delante: “Nosotros fuimos amigos hasta que él decidió tacharme de su lista, justamente en el momento de los registros. Es decir, mi relación con (Girolamo) Prigione fue muy estrecha precisamente porque se acostumbra en México que los obispos tengan una gran relación con el representante del papa; y como el Cardenal Corripio no empataba con Prigione, prefería arreglar los asuntos con un enviado, que en muchos de los casos era yo, no en todos.”, me dijo.
La disputa por el registro número UNO.
El alejamiento de Roqueñí con el enviado papal se inicia por la disputa por el registro número Uno, pero en el fondo era otra cosa.
¡Toño quería quitar al italiano del control de la Iglesia católica!
Además, tenía razón. La Arquidiócesis Primada de México había sida la primera en cumplir los requisitos y solicitar el registro correspondiente en Gobernación. De hecho ese asunto generó un conflicto interno, que incluso obligó a todos los obispos de la CEM a que se adhirieran a la solicitud del Nuncio. (Hay cartas de adhesión, incluso de la eparquía greco Melquita).
Pero el cardenal Corripio, y sobretodo Roqueñí no cedían; y se mantuvieron en esa posición, al grado de que se retrasó el registro de varias Iglesias.
Tuvo que intervenir el poderoso Secretario de Estado Cardenal Ángelo Sodano,. entonces papable..
Semanas después, concretamente el 25 de noviembre de 1992, don Ernesto Corripio dirigía una misiva –conservo una copia de la original-, enviada a don Fernando Gutiérrez Barrios, entonces secretario de Gobernación; que dice:
“Señor Secretario de Gobernación. Por medio de estas letras deseo manifestar mi adhesión a la solicitud presentada por el Sr. Arzobispo Jerónimo Prigione, Nuncio Apostólico en México, por Indicaciones de la Santa Sede, el 25 de noviembre del presente año.”
Firmado: Ernesto Card. Corripio Ahumada.
¡Por indicaciones de la Santa Sede así dice el texto histórico!
Prigione quería tener el registro número Uno y de ahí que se derivaran todas las diócesis, prelaturas, y congregaciones masculinas y femeninas.
Quería tener bajo su control a toda a la CEM, sin embargo no fue asi gracias a la habilidad y persistencia de Roqueñí.
Roqueñí tuvo la razón histórica, el registro número otorgado a la Nunciatura no tienen ninguna razón de ser y debe ser desaparecido, un tema que el gobierno no le ha querido entrar. Algún día lo harán.
La renuncia de Corripio:
El 29 de junio de 1994 Ernesto Corripio Ahumada presentó su renuncia al cargo de Primado como lo aconseja el derecho canónico, tres meses después le fue aceptada, sin embargo, la Santa Sede lo deja como administrador diocesano.
Trece meses después, el 25 de julio de 1995, don Ernesto le entrega la Arquidiócesis Norberto Rivera Carrera, entonces obispo de Tehuacán.
La llegada del nuncio Justo Mullor.
Dos años después, en abril de 1997, don Justo Mullor fue ¡ombrado nuncio en lugar de Prigione, por ese tiempo Toño dejaba el cargo de presidente en el Tribunal eclesiástico.
Don Justo curiosamente era viejo conocido del Dr. Roqueñí en sus años de estudiante en Roma. Incluso había sido su maestro, en aquel tiempo ocurrió algo raro, alguien generó  un conflicto en la nunciatura –un plantón de gente de Puebla- cuando todavía Mullor no presentaba cartas credenciale, y Roqueñí intervino con mucha inteligencia. Pudo ayudar a destrabar el conflicto con ayuda de sus amigos en el gobierno.
Por esos días, -el 21 de abril de ese año- se dio un encuentro privado en la Universidad Anáhuac, a la que sólo permitieron el acceso a tres reporteras: Alma Muñoz, Claudia Flores y Marugenia Jiménez, el padre Maciel le ofreció una comida de despedida a Prigione. En ese cónclave estaba Norberto Rivera y el superior general de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Hay una foto alusiva.
La defensa de la Victimas de Maciel
El asunto estaba candente pero se creía controlable.
En ese tiempo - febrero de 1997-, el periódico estadunidense The Hartford Courant hizo públicas las acusaciones de abusos sexuales a menores por parte del padre Maciel, y Roqueñí en su calidad de Juez eclesiástico atendió los reclamos de las víctimas.
Maciel una gente cercana al papa Juan Pablo II y al Club de Roma, nombre con que Toño bautizó a los obispos, Juan Sandoval Íñiguez, Norberto Rivera Carrera, Onésimo Cepeda y Emilio Berlie, quienes eran protegidos del ex secretario de Estado del Vaticano, Ángelo Sodano.
No era fácil entrarle, Toño sabía del poder del michoacano en los círculos papales y en la jerarquía católica, pe decidió jugársela. ¡Total, me dijo!, en corto.
El escándalo ya se había dado a conocer en la prensa de EU y se ventiló en nuestro país en varios medios impresos y electrónicos.
El periódico La Jornada publicó una serie de cuatro reportajes entre el 14 y el 17 de abril de 1997 y el Canal 40 transmitió un programa especial el 12 de mayo.
Por esos días me pidió que nos viéramos, le urgía charlar conmigo de algo importante.
Nos vimos en el lugar acostumbrado en La Condesa; cenamos nos bebíamos unos tragos -cual debe ser-, encendió un cigarrillo y dándole una fumada me platicó -como si fuera secreto de confesión- el asunto de Los Legionarios de Cristo..
Yo sabía cosas del tema, lo había leído en los medios.
Me platico de las víctimas, y de su visita a Roma donde iría a litigar el caso.
Toño tenía contactos en la Santa Sede., de  hecho conocía al cardenal Ratzinger ya que lo había visto años atrás para el caso de Samuel Ruiz García y probablemente hayan coincidido en mayo de 1996 cuando el poderoso cardenal estuvo de visita en la Ciudad de México.
Me dijo:  -Fred  Mañana vuelo para Roma.
-¿Y que vas hacer?- le pregunte, inquieto.
 “-Voy a ver el asunto de las víctimas del padre Maciel-, me respondió.
Le agradezco a Toño su confianza.
Al parecer venía de una reunión con don Justo Mullor, conocían del caso Norberto Rivera y las víctimas.
José Barba, ex legionario lo relata así: 
“Nos acercamos al padre Antonio Roqueñí, una de las máximas autoridades en derecho canónico y un hombre generoso y justo que supo escuchar los reclamos de este grupo de sesentones que están tratando no tan sólo de dar un testimonio y buscar justicia para lo que les ocurrió hace tantos años, sino de evitar que tales cosas sigan ocurriendo ante la indiferencia o la complicidad de las altas jerarquías eclesiásticas.Hablamos con Roqueñí, con Don Justo Mullor y finalmente decidimos ir a Roma “.
La charla con Toño esa noche fue larga, mas de lo acostumbrado.
Toño estaba inquieto, incluso lo sentí tenso, fumaba una y otra vez, sabía donde se había metido y lo que ello implicaba.
Era difícil su situación, su carrera por una mitra ya no le importaba; de hecho eso nunca le intereso. 
Una vez me comentó que ni siquiera fue a pagar los derechos a Roma por el Monseñorato que le otorgó el Cardenal Corripio.
Tenía el compromiso con las vítimas  y se la jugó.
¡Hizo bien, en la vida uno debe jugársela!
Pepe Barba quería mucho al padre Roqueñí, recuerdo que lo vi triste en su funeral, y hace unos meses charlamos del tema, el ex legionario reconoce y le agradece el papel que Toño jugó en su caso.
La salida del tribunal
Y en ese tiempo y debido a las circunstancias se vio obligado a presentar la renuncia al cargo de juez eclesiástico de la arquidiócesis de México.
La verdad no recuerdo en que mes de 1997 fue, creo que a principios., lo que si recuerdo que el golpe fue muy duro.
Y es que si algún trabajo disfrutó intensamente el Padre Roqueñí fue el de ser Juez eclesiástico.
¿Y como no? sí ¡Era un Ombudsman!

  • La defensa de Samuel Ruiz García
En 1993, por petición del cardenal Corripio, Roqueñí asesoró al obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García en un conflicto con Prigione, para variar.
El caso no llegó a tribunales, Toño lo ganó en la mesa y en los medios.
¡Fuera manos de Chiapas!
Otro asunto fue el de Chiapas y la insurrección del EZLN.
Quién no recuerda aquel enero de 1994 cuando acompañado del sacerdote Enrique González Torres SJ, fueron a decirle al nuncio que sacara las manos del conflicto en Chiapas, y que se fuera de México
En una larga entrevista -22 de abril de 1997- que nos dio a Carlos Martínez Assad y a Sara Sefchovich nos dio los pormenores dijo:
"Fuimos a invitarlo, Enrique González Torres y yo a que abandonara el país... eso fue en 94...Estaba metido hasta las cejas manejando el asunto de la relación con los obispos chiapanecos, en un problema donde era muy delicado que él metiera las manos, problema interno de la guerra y todo el asunto: ¡Señor, fuera manos de aquí!"
Y agregó: (Y previamente habíamos) "convocamos una rueda de prensa y dijimos vamos a hablar con Prigione y nadie se lo creyó. Le mandamos primero a 3 mensajeros: a José Luis Soberanes (ex presidente de la CNDH) a Miguel Olimón Nolasco y al rector de la Universidad Pontificia y a Raúl Duarte: “Háganos favor de decirle a Prigione lo que acabamos de acordar en esta mesa con periodistas, que vamos a decirle que saque las manos de Chiapas”, Y fueron y se lo dijeron, entonces cuando le pedimos la cita, pues claro que nos recibió, dijo aquí me los agarro.
Y entonces la conversación comenzó en tono jesuítico, con Enrique González Torres, muy despacito,” mire hemos visto su intervención en este punto y en este otro...”
“Sí, sí, si sí, ya me di cuenta que ustedes... “
¡Y empezó a regañarnos porque nos habíamos portado mal!
Entonces yo estaba de espectador y los dos platicando... Y en un cierto momento no lo dejaba hablar a Enrique (González Torres) .
Entonces yo pedí la palabra, le dije, “señor ¿me permite un segundo?
Primero: ¡no somos dos monjas que vengan aquí a pedirle el favor de que canonice a su fundadora!
Segundo: ¡no somos dos curas que vengan a pedirle a usted el favor de darnos una mitra episcopal, ninguno de los dos nos interesa ser obispo!
¡Venimos a decirle que usted debe irse de este país!
Entonces ya se aplacó.
No, no, no, se desencajó y lo vi pequeñito en su sillón, y entonces ya Enrique continuó, y le dijimos todo lo que teníamos que decirle.
(Entonces) Salió a despedirnos, fue muy cordial la despedida, pero el trancazo ya no se lo pudo quitar.
A renglón seguido organiza él una rueda de prensa como si el Cardenal Corripio nos desautorizara…y entonces van con nosotros y lo que no hicimos nosotros, pues lo hizo la gente…."
¡Eso generó un ruido mediático!
Era enero de 1994 el conflicto en Chiapas estaba todo lo que daba.
Ahí, Toño se convirtió sin pretenderlo en una figura nacional.
Por cierto, mi amiga Ángeles Fernández, entonces en el periódico El Heraldo fue a entrevistar a Corripio y esté le dijo a pregunta expresa: "¡No yo no los mande, ellos están grandecitos para saber lo que hacen!”
En efecto, Corripio -aunque en el fondo estaba de acuerdo-, fue ajeno a ello.
En ese entonces lo conocí e hicimos amistad que se convirtió en entrañable.
Por cierto Roqueñí vivía entonces austeramente en la Casa del Sacerdote, allá por los rumbos de la colonia Santa María La Ribera; después se fue a vivir a un modesto departamento que le prestó un amigo sacerdote en la Colonia Roma.
Los últimos dos años de su vida los dedico a ser capellán, primero de un hospital, después en un asilo de ancianos -donde se fue a vivir cuando cumplió 70 años-, también dedicaba parte de su tiempo a asesorar a varias congregaciones religiosas y trabajo felizmente en el Montepío Luz Saviñón. Ahí se lo llevó a trabajar su amigo y alumno Fernando Balzareti, cuando deja el Tribunal.
Su opinión sobre el Papa
Y cuando nombraron Papa a Joseph Ratzinger, el otrora prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y de la que Toño era un fuerte crítico, nos dijo a Jesús Rangel y a mi en una entrevista para Milenio Semanal: "Me parecen superficiales las observaciones que hacen los periódicos sobre el Papa. No han visto al Ratzinger profundo ni a Benedicto VXI...
-¿Y el intransigente Ratzinger?-, le preguntamos
A lo cual nos contestó categórico: ¡Ratzinger ya no existe! existe Benedicto XVI!; y agrego de inmediato ¡Mi lealtad total a él! Lo dijo cuál si fuera súbdito.
Toño estaba convencido de que Benedicto XVI haría justicia a las victimas y que bajaría de los altares a Marcial Maciel Degollado. (Véase Los pecados del padre Marcial Maciel Degollado /Fred Alvarez en Código Topo de Excélsior, 1 de junio de 2009;)
¡No se equivocó!
No le toco verlo. Murió antes, hace siete años.
Así era el padre Roqueñi,
Por cierto Toño un día me dijo como soñando ¿imagínate Fred que llegará un jesuita al papado?
No le toco verlo. Pero como si fuera un milagro, desde marzo de 2013 hay un jesuita dirigiendo la Iglesia Católica, se llama Francisco. Y esta haciendo muchos de los cambios que quería Toño.
Como es la vida.
Hay un libro pendiente se ser publicado.
Voy a investigar con Fernando Balzareti porque no se ha divulgado.

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