El Abril que habita en la maleta
Hoy no solo conmemoramos una fecha; abrazamos una herida abierta en Centroamérica. En abril de hace ocho años, Nicaragua despertó con la fuerza de adultos mayores y estudiantes que reclamaban dignidad. Pero la respuesta de la pareja presidencial —Ortega y Murillo— no fue la palabra, sino el plomo. La "Operación Limpieza" intentó barrer el azul y blanco de las aceras, olvidando que la identidad de un pueblo no se rinde ante los fusiles ni se disuelve con decretos.
La crítica es estadística: el régimen prohibió en este tiempo más de 16,500 procesiones religiosas y suprimió 400 organizaciones católicas, empujando la fe a la clandestinidad. Con más de 200 religiosos desterrados y las diócesis del norte sin pastores, el intento patético de prohibir hasta la entrada de Biblias confirma que han convertido al país en una celda donde creer es un desafío al poder.
Naciones Unidas es categórica: el régimen desmanteló el Estado de derecho, agudizando el dolor con una impunidad rampante para los ejecutores de la masacre. Esta persecución ha provocado el mayor éxodo de la historia de ese país, superando incluso la guerra civil de los años 80. La patria se fragmentó en mil pedazos que hoy caminan por San José, Costa Rica, Madrid, México o Londres. El exilio no es una mudanza; es cargar con el peso de un país entero dentro de una maleta y resistir a la apatía que la dictadura intenta exportar.
A ustedes, que este fin de semana llenan las calles del mundo bajo el lema #AbrilNoSeOlvida: su voz es el único eco que la censura no logra apagar. Son la prueba de que la insurrección cívica no murió, solo cruzó la frontera para salvar la esperanza. Los informes confirman crímenes de lesa humanidad, pero la historia nos recuerda que ningún muro de tiranía es eterno.
Porque abril dejó de ser un mes para convertirse en un espíritu que habita en ustedes. Nicaragua late en cada paso que dan, lejos de casa pero cerca de la historia. Ya no hace falta preguntarle a Joaquin Sabina quién nos robó el mes de abril, porque la dignidad no se puede hurtar: este abril les pertenece, vive intacto, vibrante y libre en la memoria de un pueblo que no se rinde.
¡Un abrazo fraterno a cada nicaragüense que hoy hace patria en el exilio!
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