La prepotencia en Metepec: cuando la autoridad es la amenaza..
Por Fred Alvarez Palafox..
Hoy nos asomamos a un suceso que nos obliga a reflexionar sobre los límites del poder y la fragilidad de la ley. Hablamos de los hechos ocurridos el pasado jueves en Metepec. Un caso donde la autoridad, paradójicamente, se convirtió en la amenaza.
Todo empezó por la mañana, en un club deportivo de San Salvador Tizatlalli. Un video de escasos segundos bastó para encender las redes. La imagen es cruda y directa: vemos al alcalde Fernando Flores Fernández —quien gobierna desde 2021 y acaba de ser reelecto por el PRI, PAN y PRD— forcejeando con una puerta de cristal para irrumpir en el recinto.
No iba solo; lo acompañaba un grupo de al menos cinco personas. Y aquí el contraste es alarmante: un hombre portando un arma larga, camina junto a otro que —vestido en shorts y sandalias— señala hacia el interior y grita: "¡Es ese!".
Lo que siguió, fue intimidación pura.
Las imágenes documentan agresiones físicas de esta comitiva hacia una persona en las instalaciones. Vemos empujones en la entrada. Vemos a una mujer siendo vulnerada por el simple hecho de intentar hacer su trabajo.
Y todo esto, ocurrió ante la mirada pasiva de los policías municipales. Elementos que en ese momento parecieron reducirse a una escolta de choque personal, olvidando su papel como garantes del orden público.
Horas después del impacto mediático, llegó el predecible control de daños. En un comunicado oficial, el alcalde argumentó que su presencia respondía a un "llamado de auxilio". Dijo que buscaba neutralizar un altercado y "restablecer la paz social".
Pero al contrastar el discurso con la crudeza del video, el argumento se cae a pedazos.
La paz social no se restaura tumbando puertas. No se defiende permitiendo agresiones a trabajadores, ni paseando fusiles de asalto frente a civiles desarmados en un espacio recreativo. El actuar que vimos no fue el de una autoridad mediadora; fue una reacción visceral de quien confunde el poder público con un feudo. De quien olvida que la fuerza del Estado es el último recurso de la ley, no el primer berrinche de quien la representa.
Afortunadamente, este hecho no se quedó en la anécdota de la disculpa pública. Falta la reparación del daño y la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México ya investiga el caso. A nivel federal, la propia presidenta Claudia Sheinbaum reprobó la actuación del edil y confirmó que Omar García Harfuch ya analiza los hechos.
La dignidad humana, la legalidad y la mesura son requisitos innegociables para cualquier servidor público. Lo presenciado en Metepec no fue un simple error de cálculo; fue la radiografía de una prepotencia que pone en riesgo a la ciudadanía. Y eso, no tiene cabida en un país que exige autoridades de altura.
Para la historia inmediata!
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