8 jul 2026

El testigo mudo y el fin de un engaño

El testigo mudo y el fin de un engaño

(A propósito de la columna de Raymundo Riva Palacio)

Aquel jueves 25 de julio es una de esas fechas que le marcan el tiempo al tiempo en la relación bilateral. La historia de este gran engaño ha cobrado vida a través de un objeto que parece inverosímil: un viejo avión Beechcraft de 50 años que hoy descansa, como un frío trofeo, en un museo de Nuevo México.

Esta aeronave no es una simple pieza de exhibición; es el testigo mudo que, al salir a la luz pública, desató la profunda —y justificada— indignación de la presidenta Sheinbaum. Para confirmarlo, bastaba observar los rostros, el tono y las formas en la mañanera de ayer desde Palacio Nacional.

Durante casi dos años, nos contaron que la captura de Ismael Zambada había sido producto de una traición familiar, un ajuste de cuentas entre clanes. Sin embargo, la súbita aparición de este avión estrelló una cruda realidad en los pasillos del poder: la caída del capo no fue un drama sinaloense, sino una operación encubierta estadounidense, ejecutada con precisión quirúrgica por un comando armado del FBI en nuestro propio suelo.

A Washington ya no le importan las consecuencias ni las formas diplomáticas; al exhibir la aeronave, admiten sin rubor que pisotearon la soberanía y que decidieron mantener al gobierno mexicano en la más absoluta ignorancia.

En el centro de este teatro de sombras asoma la figura del exembajador Ken Salazar, convertido hoy en el hilo más delgado que terminó por romperse. Como bien apunta Raymundo Riva Palacio, Salazar es ahora un "fusible quemado", un hombre aislado que intenta recortar sus pérdidas a través de un libro. Mintió, sí, pero lo hizo simplemente porque su propio gobierno —el FBI y Seguridad Nacional— lo mantuvo a oscuras. Temían que su estrecha afinidad con Andrés Manuel López Obrador arruinara la misión.

El contraste es brutal y casi trágico: de ser tratado como un activo valioso de la '4T', con el privilegio inaudito de tener una oficina propia y línea encriptada en Palacio Nacional, pasó a ser visto como un traidor en México y un estorbo desechable en su patria. Ayer, él fue el villano favorito; se le dedicó la mañanera entera, y lo menos que se le llamó fue mentiroso.

La crónica de aquel 25 de julio de 2024 —con sus citas mortales en el rancho La Higuerita, la eliminación silenciosa de escoltas y aquel vuelo clandestino con una escala fantasma en Hermosillo— ha dejado de ser una simple sospecha periodística para convertirse en una admisión oficial de Estados Unidos.

Riva Palacio cita en una columna de agosto de 2024 a los periodistas Juan Alberto Cedillo y Ioan Grillo,, que en efecto dieron a conocer información en su momento al igual que.Alan Feuer, corresponsal para asuntos criminales del The New York Times,.

Con este golpe sobre la mesa, Washington no solo confiesa su intromisión, sino que arrincona a la actual administración en una crisis existencial profunda. Todo esto desnuda lo que, ante la implacable presión externa, parece transformarse en un andamiaje de encubrimiento institucional para proteger al exgobernador Rubén Rocha Moya. Y la prueba más contundente, el cerrojo final de este blindaje, la dio ayer la Secretaría de Relaciones Exteriores al clasificar la información por cinco años.

La conclusión es tan dolorosa como evidente: el gobierno, simplemente, no quiere que se sepa la verdad.

Recomiendo leer a Ray…..

PD: Resulta inevitable guardar profundas reservas frente a lo que afirma Raymundo Riva Palacio sobre los hechos en Hermosillo, sobre todo cuando la narrativa que se nos vendió en la mañanera del 26 de julio es un relato aritméticamente imposible. Nos dibujaron la escena de un modesto Cessna monomotor despegando con un solitario piloto norteamericano a los mandos, pero la magia del aire multiplicó a los tripulantes: de este lado de la frontera despegó uno, pero allá aterrizaron tres. Entre la historia oficial empaquetada desde el atril y los análisis que intentan armar un rompecabezas sin piezas, nos quedamos con una crónica inconclusa donde la verdad, al igual que esos pasajeros fantasma, sigue volando en las sombras.

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El fin de un engaño/Raymundo Riva Palacio

El Financiero, julio 08, 2026 |

La presidenta Claudia Sheinbaum estaba ayer profundamente indignada. Y no era para menos. La semana pasada, un reportaje de Luis Chaparro en el portal Pie de Nota mostró un avión donado por el FBI al museo War Eagles del aeropuerto internacional del Condado de Doña Ana, en la frontera con Chihuahua. Ese museo nunca había estado en el imaginario mexicano, hasta convertirse en el punto de quiebre más importante de la relación entre México y Estados Unidos que se recuerde en décadas. El avión, un Beechcraft King Air construido hace 50 años, es en el que viajaron Ismael El Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López el 25 de julio de 2024, una fecha que será histórica, más allá porque fuera el día en que los capturaron.

La difusión del reportaje cambia formalmente la historia de cómo fue detenido Zambada por las autoridades estadounidenses, que dijeron que había sido resultado de una trampa tendida por Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán y ahijado de El Mayo. La exhibición del avión fue un mensaje directo a la presidenta en estos tiempos de turbulencia por el diferendo sobre la extradición del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, para exhibir explícitamente que la captura fue una operación encubierta y que decidieron nunca decirle nada a los mexicanos, hasta la semana pasada, cuando parte de la verdad se la estrellaron en la cara al gobierno.

El expresidente Andrés Manuel López Obrador y Sheinbaum pidieron durante todo este tiempo información a Washington sobre la captura. Quién sabe qué esperaban como respuesta, pero probablemente jamás consideraron que llegaría con el reconocimiento de que violaron la soberanía mexicana, y que hoy en día, en las condiciones en las que se encuentra la relación bilateral, no les importan las consecuencias, quizás, porque saben que la reacción será limitada, como lo fue. Hasta ayer, más allá de la molestia, fue una acusación acotada: el exembajador Ken Salazar le mintió al gobierno mexicano sobre los pormenores de la captura.

Salazar es un fusible quemado y desechable para su gobierno. El exembajador está consciente de ello y recién escribió un libro en donde intenta recortar sus pérdidas ante la tormenta política que, debe haberlo sabido o intuido, vendría sobre él. Salazar dijo lo único que le informó el Departamento de Estado, pero no sabía nada del operativo, porque el FBI, que lo diseñó, y la Oficina de Investigaciones Internacionales del Departamento de Seguridad Nacional, que la ejecutó, no le informaron lo que vendría por la creencia de que lo filtraría a López Obrador y eso boicoteara la captura.

Lo que suceda con la imagen de Salazar nada importa ni a demócratas, que son quienes lo aislaron, y menos aún a los republicanos. En varios sectores del gobierno estadounidense y el Capitolio estaban convencidos de que los únicos intereses que defendía eran los mexicanos. El trato que le dio Sheinbaum ayer, más que de indignación por los engaños de un diplomático, es el enojo contra un traidor, porque López Obrador le daba tratamiento de activo de la ‘4T’. En Palacio Nacional, de acuerdo con un funcionario que conoce los detalles, le habían dado una pequeña oficina para que en sus múltiples visitas tuviera un lugar donde hacer llamadas a través de un equipo encriptado. Salazar mintió porque Washington no le dio información; es el perfecto chivo expiatorio.

Detalles de la operación contra Zambada fueron aportados por varios periodistas, que algunas veces coincidían y en otras discrepaban. No obstante, había información que se ha venido corroborando a la que el gobierno mexicano nunca tuvo acceso oficial. En este espacio se publicó en agosto de 2024 (se puede leer en la liga https://shorturl.at/yGtAf) que Zambada llegó al rancho La Higuerita, en la zona metropolitana de Culiacán, a un encuentro convocado por Guzmán López para resolver un diferendo entre Rocha Moya y Héctor Melesio Cuén, líder del Partido Sinaloense.

“De acuerdo con las piezas del rompecabezas que han trascendido, Cuén fue citado a una hora distinta a la de los demás, y nunca llegó al encuentro porque fue asesinado el mismo día de la captura, el 25 de julio, en La Presita, a 22 kilómetros de La Higuerita”, se agregó en la columna. “Cuando llegó Zambada al rancho, lo llevaron a uno de los cuartos donde le dijeron que sería la reunión. En otra habitación se encontraba Guzmán López. El Mayo, que siempre se manejaba con un bajo perfil, llegó con cuatro escoltas que lo esperaban afuera del cuarto donde entró, y que fueron sorprendidos por un comando estadounidense de seis elementos que los eliminó.

“Guzmán López, el que menos involucrado está en el narcotráfico, fue extraído como parte de una negociación que hizo su hermano Ovidio para recibir beneficios del sistema de justicia –la víspera lo (habían sacado) de la prisión y lo llevaron a una casa de seguridad. Tras capturar a Zambada y Guzmán López, (fueron llevados) a una aeropista no lejana de La Higuerita, donde los subieron a un Beechcraft King Air, una muy eficiente aeronave de turbohélice, junto con los seis comandos y un solo piloto. El avión no voló directamente al aeropuerto Doña Ana, en Santa Teresa, Nuevo México, muy cerca de El Paso, Texas, donde oficialmente los tomaron en custodia, sino que hizo una fugaz escala en Hermosillo.

“Según explicaron los funcionarios mexicanos, la razón de esa medida es que, por acuerdos internacionales, no puede viajar directamente ningún avión de hélice entre los dos países sin haber pasado migración. En caso de que lo hiciera, los sistemas de alerta de los dos países lo detectan. Para evitar contratiempos con la operación clandestina, el Beechcraft King Air aterrizó en Hermosillo, para que, sin detenerse, diera la vuelta en la pista y retomara el vuelo a Estados Unidos. Aparentemente, un agente de migración al servicio de los estadounidenses hizo el trámite falso de verificar a los pasajeros”.

López Obrador solo recibió migajas de información con verdades incompletas, mentiras y desinformación, porque ese país, se apuntó entonces, jamás reconocería una operación clandestina en México. Estaba equivocado. La semana pasada no solo la admitió sino que la exhibió, metiendo en un nuevo problema político-existencial a la presidenta. ¿Qué cambió? Lo sustantivo de aquel episodio: que la culpabilidad de Rocha Moya en el entramado narcopolítico se ha convertido en un encubrimiento institucional.

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Captura y extracción/Raymundo Riva Palacio

Estrictamente Personal

El Financiero, agosto 09, 2024 |

El gobierno de México está atrapado entre la información que no le da Estados Unidos sobre la captura de Ismael el Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López, y la que le ha ido permitiendo reconstruir el rompecabezas de la operación para capturar al líder del Cártel del Pacífico/Sinaloa, el más poderoso del mundo, y al hijo de Joaquín el Chapo Guzmán. En el primer caso le dan datos fragmentados y manejados cuidadosamente para tener salidas plausibles ante eventuales denuncias de violación a la soberanía nacional mexicana. En el segundo, porque no pueden revelar lo que saben, porque hacerlo los colocaría en una ruta de confrontación con la administración Biden.

Diversas fuentes mexicanas han concluido que el Mayo Zambada y Guzmán López fueron capturados en territorio mexicano y llevados a territorio estadounidense en contra de su voluntad. Están seguros de que Guzmán López no lo engañó, como filtraron funcionarios estadounidenses, sino que un prominente político sinaloense de Morena, muy cercano al presidente Andrés Manuel López Obrador, le tendió una trampa a espaldas de todos menos de los servicios policiales norteamericanos, a cambio de que él y su hijo, vinculados con el narcotráfico, no fueran detenidos ni procesados en aquel país.

El político tiene una vieja relación con Zambada, y fue quien negoció con él puestos de elección popular, principalmente en Sinaloa y Durango, así como apoyo del cártel a candidaturas de Morena. Hace no mucho tiempo, dijo una persona con conocimiento de esa relación, Zambada se molestó con él porque violó el acuerdo para un cargo de elección popular, al imponer a un amigo. Esos lazos no eran desconocidos por altas autoridades gubernamentales, pero se toleraron por los beneficios electorales que generaban.

La trampa se tendió en un rancho en La Higuerita, en la zona metropolitana de Culiacán, donde iban a estar el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Maya; su adversario político, Héctor Melesio Cuén, líder del Partido Sinaloense; Zambada y Guzmán López. De acuerdo con las piezas del rompecabezas que han trascendido, Cuén fue citado a una hora distinta a la de los demás, y nunca llegó al encuentro porque fue asesinado el mismo día de la captura, el 25 de julio, en La Presita, a 22 kilómetros de La Higuerita.

El encuentro fue dado a conocer originalmente por los periodistas Juan Alberto Cedillo y Ioan Grillo, que lo publicaron cuatro días después de la operación, donde señalaron que Guzmán López planeaba traicionar a Zambada y pactar con Estados Unidos. “Al entrar en la casa, en el fraccionamiento de Huertos del Pedregal (que se encuentra antes de La Higuerita), pistoleros de Guzmán López emboscaron al Mayo y redujeron a cuatro guardaespaldas”, indicaron. “Estos agentes siguen en paradero desconocido, posiblemente muertos”.

Alan Feuer, corresponsal para asuntos criminales del The New York Times, reportó el 7 de agosto que Zambada “aparentemente fue secuestrado” por Guzmán López y que había ido a un lugar que no especifica para ayudarlo a mediar en una disputa entre dos políticos locales. “En lugar de ello –agregó–, le tendieron una emboscada, le obligaron a subir a un avión y lo trasladaron al otro lado de la frontera, a un pequeño aeropuerto regional cerca de El Paso, donde lo esperaban agentes del FBI y de la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional”.

La información que ha venido recopilando el gobierno mexicano establece que cuando llegó Zambada al rancho, lo llevaron a uno de los cuartos donde le dijeron que sería la reunión. En otra habitación se encontraba Guzmán López. El Mayo, que siempre se manejaba con un bajo perfil, llegó con cuatro escoltas que lo esperaban afuera del cuarto donde entró, y que fueron sorprendidos por un comando estadounidense de seis elementos que los eliminó.

Guzmán López, el que menos involucrado está en el narcotráfico, fue extraído como parte de una negociación que hizo su hermano Ovidio para recibir beneficios del sistema de justicia –la víspera, lo sacaron de la prisión y lo llevaron a una casa de seguridad– y no se tiene precisión si sabía que iba a ser capturado o si estaba enterado de lo que sucedería.

Tras capturar a Zambada y Guzmán López, de acuerdo con la reconstrucción de lo que entiende el gobierno que sucedió, los llevaron a una aeropista no lejana de La Higuerita, donde los subieron a un Beechcraft King Air, una muy eficiente aeronave de turbohélice, junto con los seis comandos y un solo piloto. El avión no voló directamente al aeropuerto Doña Ana, en Santa Teresa, Nuevo México, muy cerca de El Paso, Texas, donde oficialmente los tomaron en custodia, sino que hizo una fugaz escala en Hermosillo.

Según explicaron los funcionarios mexicanos, la razón de esa medida es que, por acuerdos internacionales, no puede viajar directamente ningún avión de hélice entre los dos países sin haber pasado migración. En caso de que lo hiciera, los sistemas de alerta de los dos países lo detectan. Para evitar contratiempos con la operación clandestina, el Beechcraft King Air aterrizó en Hermosillo, para que, sin detenerse, diera la vuelta en la pista y retomara el vuelo a Estados Unidos. Aparentemente, un agente de migración al servicio de los estadounidenses hizo el trámite falso de verificar a los pasajeros.

La versión que se tiene en el gobierno mexicano coincide en algunas partes con lo que han revelado funcionarios estadounidenses o las personas que hablaron con los periodistas Cedillo, Grillo y Feuer, pero discrepa completamente en el fondo de lo que sucedió: que fue una operación planeada y ejecutada por las agencias estadounidenses. Fue hecha a espaldas de las autoridades mexicanas porque no les tienen confianza, subrayando la fractura en la cooperación bilateral entre los dos países, provocada por López Obrador.

El gobierno de López Obrador ha ido recibiendo migajas de información de Estados Unidos. No se puede esperar más que verdades incompletas, mentiras y desinformación, porque ese país jamás reconocerá que realizó una operación clandestina en México. López Obrador tampoco puede hablar libremente de todo lo que ya sabe, porque denunciar una violación a territorio mexicano significaría enfrentarse a Biden.


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