6 nov 2026

De la sospecha a la consagración: el largo viaje de Bob Dylan en el Vaticano..

De la sospecha a la consagración: el largo viaje de Bob Dylan en el Vaticano..

La historia tiene una forma fascinante de ajustar sus propias cuentas, sobre todo cuando convergen la música, la fe y los ancestrales muros vaticanos. El reciente análisis de Antonio Spadaro SJ sobre la figura de Bob Dylan en L'Osservatore Romano no es solo un recuento de hemeroteca; es la crónica de una redención editorial que tardó casi tres décadas en fraguarse.

El viaje comenzó en el histórico Congreso Eucarístico de Bolonia de 1997, cuando un ya maduro —y acaso desconcertado— Dylan tocó ante Juan Pablo II. El Papa polaco hizo suya la letra de Blowin' in the Wind para enviar un mensaje a los jóvenes, un gesto audaz que, años más tarde, un ortodoxo Joseph Ratzinger admitiría haber visto con fuertes reservas. Esa tensión marcó la pauta. Pese a un breve coqueteo en 2008, donde se le reconoció como un artista "atravesado por la Biblia", la década siguiente trajo consigo el frío y el escepticismo institucional.

En 2016, cuando la Academia Sueca le otorgó el Nobel de Literatura, el diario oficial del Vaticano lo recibió con un encogimiento de hombros, sugiriendo que el galardón seguramente habría disgustado a los "escritores de verdad". Para la curia de entonces, Dylan no era más que el eco sobrevalorado de una generación de cantautores mediocres.

Pero los tiempos, como advierte el propio himno del músico, están cambiando. La llegada de Andrea Monda a la dirección del rotativo en 2018 supuso un giro copernicano. A través de más de 80 artículos, la publicación comenzó a descifrar, sin prejuicios, la dimensión espiritual y pacifista del poeta de Minnesota.

Hoy, en 2026, el círculo se ha cerrado de manera magistral: L'Osservatore reivindica Blonde on Blonde como una obra cumbre, y el propio  León XIV ha situado al cantautor a la altura de figuras como San Agustín o Pablo VI, citando oficialmente su verso de Go Away You Bomb en un documento pontificio sobre la paz.

Aquel tono "mesiánico" que el Vaticano le reprochaba hace más de una década como un defecto, ha terminado por ser reconocido en la Santa Sede  como lo que siempre fue: una auténtica voz profética. 

Al final, la respuesta siempre estuvo flotando en el tiempo.

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Bob Dylan y el Vaticano / ANTONIO SPADARO SJ

O04 DE NOV DE 2026

El 21 de julio de 2026, L'Osservatore Romano publicó el texto inédito con el que León XIV introduce Desarmada y desarmante. La paz es un don, la antología de sus intervenciones sobre la paz editada por Alessandro Banfi para la Libreria Editrice Vaticana. En las notas, después de Agustín, Juan Pablo II y Pablo VI, aparece una quinta referencia: «Bob Dylan, Go Away You Bomb, 1963». El Papa lo cita para sostener que, en la era atómica, lo que genera la paz es el desarme, y reproduce un verso con estas palabras: «Como escribió el cantautor y poeta Bob Dylan dirigiéndose figurativamente a la bomba atómica, en una composición poética suya».

Ese mismo mes, el periódico ya había escrito sobre Dylan en dos ocasiones. El 9 de julio, Pasquale Graziano Pierro había recordado los sesenta años de Blonde on Blonde, un disco que, a su juicio, «no debería faltar en absoluto en la colección personal de cualquier aficionado a la música». El 18 de julio, la columna "La pregunta del día", firmada por A.M. —es decir, Andrea Monda, el director—, había abierto con la pregunta que inaugura Blowin' in the Wind. Dieciséis años antes, el mismo periódico había excluido a Dylan de una lista de diez discos imprescindibles, acusándolo de haber generado cantautores de «palabras bonitas más tres notas», y en 2016 había lamentado que el Nobel hubiera sido para él y no para los «escritores de verdad». Entre esos dos extremos hay una historia de lecturas bíblicas, críticas feroces, reconsideraciones y reseñas minuciosas. Solo en el archivo digital del periódico, que arranca en 2019, los artículos que mencionan a Dylan son ochenta y tres.

El primer encuentro tuvo lugar en un escenario. La noche del 27 de septiembre de 1997, en Bolonia, al término del Congreso Eucarístico Nacional, Dylan cantó ante Juan Pablo II y cientos de miles de jóvenes, invitado por el arzobispo Giacomo Biffi. Paolo Vites reconstruyó aquella velada para L'Osservatore el 24 de mayo de 2021, en el día del ochenta cumpleaños del cantautor: el arranque con Knockin’ on Heaven’s Door, Dylan subiendo torpemente los escalones hacia el Papa, «tropezando incluso en los escalones», el apretón de manos, el rosario recibido como regalo, Forever Young dedicada «al anciano Pontífice». Vites relata también lo que respondió Dylan cuando le preguntaron cuál había sido el momento cumbre de su carrera: «Cuando actué para el Papa». En su intervención, Juan Pablo II retomó la pregunta de Blowin' in the Wind y la convirtió en un anuncio: «¿Cuántos caminos? Hay un solo camino. ¡Cristo es el camino que un hombre debe recorrer antes de ser llamado hombre!». Y añadió: «La respuesta sopla en el viento... pero hay un viento maligno que empuja hacia la nada y hay un viento del Espíritu Santo que conduce a Dios».

Diez años más tarde, en un libro de memorias sobre su predecesor, Benedicto XVI confesaría sus reservas sobre la conveniencia de hacer subir al Papa al mismo escenario que cantantes portadores de un mensaje tan diferente. El relato de Vites opta por la otra lectura y concluye así: «El interrogante que Dylan, el judío errante, había dejado sin satisfacer, llevado lejos por el viento, había encontrado respuesta».

Durante los años de la dirección de Gian Maria Vian, el nombre de Dylan aparece en las páginas culturales por dos vías. La primera es la Biblia en la canción estadounidense. El 22 de octubre de 2008, Luca Miele firma un extenso artículo titulado La respuesta sopla en la Biblia, cuya tesis se declara sin rodeos: «si hay un pre-texto que recorre todo el mundo de la canción americana, popular y de autor, es precisamente la Biblia». Una apropiación, añade, «rastreable también en personalidades que la crítica siempre ha retratado como distantes de la fe». Tras Johnny Cash, Woody Guthrie y Bruce Springsteen llega Dylan, presentado como el autor «que más que otros ha contribuido a revolucionar el lenguaje no solo musical del rock», hasta forzar «las fronteras entre poesía y música, rock y tradición popular». Miele se apoya en Alessandro Carrera, quien ha escrito: «Sería decir demasiado poco que Dylan lee la Biblia, cita de la Biblia, se deja inspirar por la Biblia. Dylan es literalmente atravesado por la Biblia, se ahoga en la Biblia y con la Biblia resurge a la superficie».

Siguiendo a Carrera, lee All Along the Watchtower junto a los pasajes de Isaías sobre la torre de vigilancia y sobre la ciudad del caos (21, 5 y 24, 10) y la llamada a la vigilancia de Mateo (24, 42-43), y rastrea la paloma del Génesis 8 en Blowin' in the Wind y el sacrificio de Isaac en Highway 61 Revisited. El recorrido continúa con Tom Waits y se cierra con Steve Earle. El 10 de julio de 2009, Miele vuelve sobre el tema con un artículo sobre los espirituales, La salvación llega en tren, que concluye con el tren del góspel: «De Woody Guthrie a Tom Waits, de Bob Dylan a Bruce Springsteen y Curtis Mayfield, el silbato del tren ha estado constantemente asociado a la irrupción de la salvación». El 4 de enero de 2010, al reseñar un libro de Andrea Morandi sobre las letras de U2, Gaetano Vallini recoge el juicio del autor sobre Bono: «solo él y Dylan logran condensar la Biblia en los tres minutos de una canción».

La segunda vía es la crítica musical propiamente dicha, a cargo de Giuseppe Fiorentino y del mismo Vallini. Su primer encuentro con Dylan es favorable. El 3 de abril de 2009, a cuarenta años de Easy Rider, ambos repasan la banda sonora de la película y se detienen en It's Alright, Ma (I'm Only Bleeding), interpretada por Roger McGuinn. Citan algunos versos traducidos y escriben: «Es esta ciertamente una de las no raras ocasiones en que las letras de Dylan rozan las cumbres de la auténtica poesía y quizá sea incluso reductivo aplicar a semejantes composiciones la única etiqueta de canciones de protesta». La canción, concluyen, «puede ser considerada un poco como el manifiesto programático» de una generación que abandonó las certezas de la vida burguesa, «a menudo atraídos a su pesar por falsos mitos y maestros no siempre fiables».

Diez meses después el tono parece cambiar. El 14 de febrero de 2010, mientras se inaugura el Festival de Sanremo, Fiorentino y Vallini publican Diez discos para sobrevivir a los festivales, un «manual semiserio de resistencia musical» contra «una marea creciente de canciones festivaleras». A la cabeza está Revolver de los Beatles; le siguen David Crosby, Pink Floyd, Fleetwood Mac, Donald Fagen, Michael Jackson, Paul Simon, U2, Oasis y Santana. La lista, advierten, «toma decisiones muy precisas: por ejemplo la de excluir nombres como Bob Dylan». El motivo se explica en las últimas líneas: «a Robert Zimmerman (verdadero nombre de Dylan) se le debe reconocer una gran vena poética que a menudo roza lo visionario y, tras su conversión, lo mesiánico. Su grandísima culpa es, sin embargo, la de haber dado paso a enteras generaciones de cantautores de “palabras bonitas más tres notas”, que en todo el mundo, pero sobre todo en Italia, han puesto a durísima prueba los oídos y la paciencia de los oyentes, pretendiendo que a alguien pudieran interesarle sus tortuosos caminos». La culpa atribuida a Dylan concierne, pues, a sus epígonos, y en particular a los italianos. La prensa extranjera que recogió la noticia, de Londres a Nueva York, leyó en cambio a un Vaticano hostil a Dylan.

Cinco años después, el 12 de febrero de 2015, de nuevo en la semana de Sanremo, ambos reseñan Shadows in the Night, el álbum de estándares estadounidenses del repertorio de los crooners, bajo el título Pobre Bob. Parten del discurso con el que Dylan, en California, se había quejado de la severidad de los críticos hacia él, y notan que el disco, por el contrario, fue acogido «con un coro unánime de aplausos». Su juicio es más tibio: el disco «según el caso, o hechiza o irrita», los arreglos son uniformes y la steel guitar está «realmente demasiado presente». Sorprende, sin embargo, el canto, «más limpio, en la medida de lo posible, y preciso» de lo habitual, con un «respeto también métrico por los estándares». La conclusión fue: «Ciertamente Bob Dylan es uno de esos artistas que pueden permitirse el lujo de hacer lo que quieran. Pero tal vez, a pesar de todo, de este Shadows in the Night no se sentía la necesidad».

Al año siguiente el mismo juicio resurge en una ocasión más solemne. El 13 de octubre de 2016, la Academia Sueca otorga a Dylan el Nobel de Literatura, y Fiorentino lo comenta en el periódico el mismo día. El arranque es un elogio: «Algunas de sus letras son bellísimas, de una intensidad de la que solo los verdaderos artistas son capaces». Otros textos, añade, «logran escocer, destinados como estaban a sacudir las conciencias adormecidas» en los años sesenta, y cita The Times They Are a-Changin’, escrita por «un joven y “cabreado” Bob Dylan». Luego el juicio sobre el premio, que no llega inesperado y es «una suerte de premio a la carrera, que ciertamente reconoce el grandísimo talento dylaniano en la escritura de textos, pero que con la misma certeza no debe de haber agradado a los escritores de verdad, aquellos que, como Don DeLillo, Philip Roth o Haruki Murakami, todos dados como posibles ganadores, conocen la enorme fatiga que conlleva la escritura de una novela».

Dylan, prosigue, «ha compuesto en cambio canciones, con textos a veces bellísimos, capaces de influir a enteras generaciones de cantautores, muchos de los cuales realmente aburridos»: es el argumento de 2010, de forma más escueta. El cierre, sin embargo, cambia de ritmo. El mayor mérito de Dylan reside «en su férrea voluntad de permanecer ajeno a la lógica del show business, aun siendo una estrella de primera magnitud»: es una de las pocas estrellas de rock que no se tiñen el pelo y ha sustraído sus temas más famosos de los ritos corales de los conciertos, alterando su métrica. «Una invitación a no conformarse. Y a pensar con la propia cabeza». Religion News Service difundió el comentario como la voz disonante del Vaticano, sin dar cuenta de ese final. Pocos días después, DeLillo, contactado en Nueva York por La Stampa, declaró considerar a Dylan desde siempre un gran artista.

En diciembre de 2018, la dirección pasa a Andrea Monda, y desde entonces Dylan se convierte en una presencia habitual: de 2019 a octubre de 2026 lo nombran ochenta y tres artículos, catorce solo en 2020, diecisiete en los primeros diez meses de 2026. Muchos lo citan de paso, por un verso o un recuerdo; cerca de una veintena le están dedicados. La primera señal llega del director. El 23 de mayo de 2019, por los setenta y ocho años del cantautor, una de sus cartas parte de un verso de Absolutely Sweet Marie sobre la honestidad requerida a quien vive fuera de la ley, un verso que le «ronda por la cabeza» desde que fue elegido Francisco. Blonde on Blonde, el álbum de donde proviene, es «quizá la cumbre insuperada de la carrera de Dylan», y al «viejo Bob» Monda le escribe que «algo le debo, quizá se lo debemos todos».

El tema que reconoce allí es la dignidad del hombre fundada en la conciencia moral, el mismo que atraviesa el magisterio de Francisco: «La conciencia, lo decía Newman, es el primero de los vicarios de Cristo; hoy nos lo recuerda el sucesor de Pedro, pero esta verdad también sopla en el viento de una pieza de rock de hace más de 50 años». El 6 de septiembre del mismo año, mientras el Papa abandona Mozambique, la carta del director retoma la balada que Dylan dedicó a aquel país en 1975, el año de su independencia.

Ya en enero de 2019, Vallini reseña El evangelio según el rock de Massimo Granieri y Luca Miele, y cita el pasaje sobre Dylan: «El espejo que hoy nos devuelve el monumento Dylan es el de una religiosidad estadounidense. Una religiosidad totalmente centrada en la Biblia, el gran canon americano: una religiosidad tranquila, móvil, no inmune a las sombras, en la que la frontera entre lo sagrado y lo profano es difusa». En julio, relatando 1969, sitúa a Dylan junto a John Lennon y Pete Seeger entre las voces del movimiento antibélico.

2020 es el año en que el periódico escribe más. En la noche del 27 de marzo, en pleno confinamiento, sale Murder Most Foul, diecisiete minutos sobre el asesinato de John Fitzgerald Kennedy. El 31 de marzo, Maurizio Rampa la compara con Desolation Row y la lee como un lamento fúnebre en el que la larga lista de temas solicitados al disc jockey Wolfman Jack se convierte en una vía de redención: «las canciones construyen un tejido, un patrimonio compartido, la memoria de un pueblo, que para Dylan son el camino hacia la redención y la salvación». En mayo, recordando a Little Richard, el periódico cita el mensaje con el que Dylan despidió al pionero del rock, «mi luz guía». El 22 de junio, Alessandro Carrera, traductor italiano de las letras de Dylan, reseña Rough and Rowdy Ways. Observa que el álbum se publicó el 19 de junio, el día en que en 1865 se anunció en Texas el fin de la esclavitud, y que llega tras ocho años sin canciones originales. Señala sus limitaciones, empezando por una voz que «no siempre sabe plegar» a las melodías, y las invenciones, como Black Rider, «la canción más desnuda, más indefensa y más fuerte de todo el álbum». Nota que esta vez Dylan «ahorra las citas de la Biblia, o al menos las más reconocibles», se detiene en False Prophet («Un profeta nos muestra el presente, no el futuro») y sitúa el disco dentro del «gran poema en fragmentos» que Dylan persigue desde la época de Time Out of Mind.

El 2 de julio, la carta del director retoma la entrevista concedida por Dylan al New York Times en la víspera del lanzamiento: a la pregunta sobre el góspel de Little Richard, Dylan había respondido que la música góspel es la música de las buenas noticias y que buenas noticias, en ese momento, no había ninguna. Para quien trabaja «como cristiano, en el mundo de la comunicación», comenta Monda, es una palabra «inquietante, como siempre», que plantea «una seria cuestión de responsabilidad moral». En agosto, el periódico publica la página de Chronicles donde Dylan relata sus visitas a Woody Guthrie hospitalizado en Nueva Jersey, y Massimo Granieri se inspira en una declaración suya («Si una canción te atrapa, es todo lo que hace falta») para reflexionar sobre la libertad del oyente.

El aniversario de 2021 se prepara con anticipación. El 26 de enero un breve texto titulado Bob y Abraham relee las palabras que Dylan pronunció en los Grammy de 1991 al recibir de Jack Nicholson el premio a toda su carrera: su padre, hombre sencillo, le había dejado poco, pero le había dicho que se puede caer tan bajo como para ser abandonado incluso por los padres y que, aun entonces, «Dios nunca perderá la fe en tu capacidad de corregir tu camino». El 24 de mayo, día de su ochenta cumpleaños, junto al relato de Vites sobre Bolonia se publica un largo ensayo de Carrera, Tantas casas adonde no volver, que sigue a Dylan desde Minnesota hasta el sur de Estados Unidos. Carrera relata allí el viaje a Greenwood, Mississippi, en el otoño de 1963, para una manifestación a favor del voto negro: «Fue la única intervención auténticamente militante de su vida, pero dejó huella», porque ante los aparceros a los que cantó, Dylan «nunca aprendió qué es la política, pero [...] aprendió qué es la dignidad». El ensayo se cierra con el poema Billete dejado antes de no irse de Giorgio Caproni, que a Carrera le gustaría dar a leer a Dylan.

El 31 de julio, a cincuenta años del Concierto para Bangladesh, Giuseppe Fiorentino, el mismo crítico de 2010 y de 2016, escribe que quien acaparó la atención fue «sobre todo él, mister Bob Dylan», y que el disco en vivo sigue siendo «uno de los momentos cumbre del álbum y quizá de todos los discos en directo»: «Aún pone los pelos de punta escuchar a Dylan declamando los versos amargos e intimistas de Just Like a Woman o los obsesivos e inquietantes de A Hard Rain's A-Gonna Fall». Dos semanas antes, el 16 de julio, Massimo Granieri había confesado a los lectores que apenas conocía a Dylan. Por los ochenta años le había dedicado una hora de programa en la radio, admitiendo en directo su propia laguna, y los oyentes se lo habían tomado en serio: «Comienza así un aprendizaje con diversos maestros, cada uno con su Dylan: el eléctrico, el folk, el cristiano y bíblico, el de los primeros álbumes». En los «dylanizados» había encontrado «una comunidad que practica su música de forma cultual, sin caer nunca en la idolatría», de acuerdo en un solo disco, Blonde on Blonde. El artículo se cierra sobre la cuestión del dolor que resuena en tantas canciones: en Dylan, escribe Granieri, «parecía la voz doliente y ronca de Job». En diciembre, en un artículo dedicado a Deportees de Guthrie, Dylan reaparece como su heredero más famoso.

En marzo de 2022, por los sesenta años del primer álbum, Monda parte de Song to Woody, uno de los dos únicos temas originales de aquel disco de debut, y llega al Never Ending Tour, donde Dylan a menudo abre los conciertos con canciones tradicionales compuestas antes de su nacimiento. De ello extrae el retrato de un autor que se asemeja a «un portador de la antorcha, una persona que tiene una llama, un testigo que pasar a las nuevas generaciones», cuya elección constante es «citar para transmitir». El 6 de junio, mientras la guerra en Ucrania trae a la memoria la crisis de los misiles, Monda vuelve a octubre de 1962 y al segundo álbum, The Freewheelin' Bob Dylan, «tan rico en obras maestras que si hubiera sido el último álbum del cantautor habría bastado para hacerle inmortal en la historia de la música folk». De A Hard Rain's A-Gonna Fall deja abierta la lectura atómica («con Dylan el enigma siempre está a la vuelta de la esquina en cada verso») y señala Masters of War como la única canción del disco «verdadera y directamente escrita contra la guerra», una invectiva «tan violenta, dura y cruda» que «aún hoy impresiona escucharla».

El 17 de diciembre, Paolo Mattei visita Retrospectrum, la exposición de pinturas de Dylan en el Maxxi, partiendo de una escalinata de la Trinità dei Monti desierta, pintada en 2020, que lleva el título de When I Paint My Masterpiece. En una posdata señala que, en la serie dedicada a Knockin' on Heaven's Door, el último cuadro muestra una mano llamando a la puerta con una cruz, después de que el hombre haya probado en vano otras herramientas: «Una sugerencia verdaderamente, felizmente, inesperada». El 26 de agosto de 2023, Monda relata al Dylan de veintidós años en la marcha sobre Washington de 1963, donde cantó dos canciones aún inéditas antes de que Joan Baez se uniera a él en el escenario. El 28 de julio de 2023, Monda define Forever Young, escrita como canción de cuna para su hijo Jesse, como «casi un himno religioso», que se cierra con una plegaria. En enero de 2024, Massimo Bubola, recordando su colaboración con Fabrizio De André, relata que a De André no le gustaba el rock, pero apreciaba mucho a Dylan, a quien el propio Bubola le traducía.

El 30 de enero de 2025, con motivo del estreno en Italia de A Complete Unknown, Monda vuelve sobre Dylan con Dylan entre el genio y la profecía. La película de James Mangold abarca los años de 1961 a 1965, desde su llegada a Nueva York hasta el giro eléctrico, y Monda extrae de ello una tesis: «La "traición" del paso del folk al rock debe leerse a la inversa: la víctima de la traición es Dylan, clavado en una casilla demasiado pequeña para él». Sobre el talento no aventura explicaciones: «un genio no se explica. Como mucho, se "despliega"». Luego llega a la palabra del título: ante A Hard Rain's A-Gonna Fall y la escena de Newport, en la que el público canta The Times They Are a-Changin' junto al cantante, escribe que «quizá "profeta" sea la palabra correcta, que obviamente Dylan no reconocería y rechazaría», y habla del «poder performativo de un pequeño profeta de suburbio».

El 24 de marzo, cuando Francisco, recién dado de alta, se asoma al balcón del Gemelli, un editorial del director lee su mirada asombrada sobre la realidad junto a lo que Dylan dijo de un verso de Absolutely Sweet Marie: «en la mayoría de los casos la realidad te golpea, ni siquiera hace falta que la observes. Te golpea». El 21 de mayo, en la víspera del aniversario de su nacimiento, el periódico publica en traducción al italiano tres canciones unidas, escribe Monda en la breve presentación, por el «hilo rojo, rojo sangre, de la guerra y la paz»: Masters of War (1963), la invectiva contra los traficantes de armas; Man of Peace (1983), con el seductor diabólico que se presenta como hombre de paz, «lobo con piel de cordero»; Political World (1989), la pesadilla de un mundo reducido a la política. En la presentación, Monda también evoca A Hard Rain's A-Gonna Fall y el miedo atómico de los días de la crisis de Cuba, y cierra dejando «al lector la consideración sobre la atroz actualidad de estas visiones». En julio, por los sesenta años de Like a Rolling Stone, opta por no añadir «más tinta» y cede la palabra a Bruce Springsteen, quien a los dieciséis años escuchó la canción en la radio en el coche de su madre: la madre dijo que aquel chico no sabía cantar, él sabía que escuchaba «la voz más dura que había oído nunca».

En 2026 Dylan entra también en el comentario al magisterio de León XIV. El 9 de abril, a sesenta y tres años de la primera interpretación de With God on Our Side, un texto firmado por A.M. asocia la canción al pasaje del Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz en el que el Papa pide a los creyentes desmentir «estas formas de blasfemia» que arrastran las palabras de la fe al combate político, y publica su traducción. El 23 de mayo, en la víspera de sus ochenta y cinco años, el periódico le rinde homenaje con la traducción del inicio de Ain't Talkin'. El 18 de junio, Carlo Verdone, entrevistado en Radio Vaticano, señala Highway 61 Revisited como su álbum favorito y le reconoce a Dylan «un mérito enorme: demostró que una canción podía ser también literatura, reflexión, relato de la realidad».

Luego llega julio. Pierro lee Blonde on Blonde como el punto culminante del giro eléctrico y recuerda la noche en que, durante la gira inglesa de 1966, un espectador le gritó a Dylan «¡Judas!» y él respondió arrancando Like a Rolling Stone, que «sonaba como las trompetas que derribaron los muros de Jericó». En la marcha de Rainy Day Women #12 & 35 ve una reivindicación de libertad frente a los «moralizadores del buen gusto», que pretenden que el artista encaje en el perfil que ellos han ideado, e indica el motor del disco en la exploración literaria, compuesta de Shakespeare, de Rimbaud, de los flujos de conciencia de Visions of Johanna: Dylan buscaba «un tono culto e intelectual que permitiera al rock no ser un efímero asunto de entretenimiento, sino una verdadera forma de arte». Nueve días después, la pregunta del día sostiene que la respuesta a Blowin' in the Wind existe: «la respuesta está, pero está soplando en el viento. Ese viento ligero, sutil, que sopla donde quiere y que demasiadas veces no logramos captar, escuchar». Tres días más tarde llega la nota del Papa.

Desde entonces Dylan ha regresado en varias ocasiones a las páginas del periódico. El 12 de septiembre aparece un artículo de Paolo Vites sobre Love and Theft, publicado precisamente el 11 de septiembre de 2001, cuyas imágenes de ciudades devastadas parecieron describir lo que acababa de ocurrir. «No son profecías», aclara Vites, sino «el lenguaje apocalíptico que Dylan usa desde siempre, aplicado a América», un Apocalipsis entendido en el sentido griego de revelación, el velo que se rasga: «Para Bob Dylan, América vive desde hace tiempo el Apocalipsis». El 21 de septiembre una carta del director, escrita tras la muerte de Teresa, una chica de diecisiete años ingresada en el Bambino Gesù, parte de un verso de Dylan sobre la vida como versión de la muerte para llegar a la fe en la resurrección. El 17 de octubre la pregunta del día fue de nuevo suya: «How does it feel?».

Releídas en secuencia, las páginas de L'Osservatore sobre Dylan dejan ver un movimiento coherente. En 2010 su vena rozaba, «tras la conversión, lo mesiánico», y el apunte sonaba a limitación. En 2020 Carrera se tomaba en serio al cantante que en False Prophet reivindica no ser un falso profeta, en 2025 el director del periódico le atribuía la palabra «profeta», sabiendo que Dylan la rechazaría, y en 2026 un Papa le ha llamado «cantautor y poeta». También Sanremo sirve de hilo conductor: en 2010 y 2015 el festival era la excusa para mantener a Dylan a distancia, en 2026 el pretexto para citarlo ante los lectores más jóvenes. El mismo periódico que en 2010 lo dejaba en la orilla mientras elegía los discos para la isla desierta, en julio de 2026 incluyó Blonde on Blonde entre los discos que no deben faltar en ninguna colección y estampó su nombre en una nota a un texto de León XIV, junto a los de Agustín y Pablo VI.

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