2 sept 2006

¿Democracia?

¿Democracia en Oriente próximo?/Por Marwan Bishara*
Y andamos otra vez a vueltas con lo mismo. En la rueda de prensa que dio la semana pasada, el presidente Bush ha vuelto a vendernos la causa de la democracia como justificación de la horrible violencia que azota Iraq y Líbano. Como presidente de la guerra, intenta minimizar la situación de caos y extremismo que padece una región hambrienta de estabilidad estratégica, moderación política y modernización económica, las tres cunas de la democracia.

La operación Democracia en Oriente Próximo está resultando ser una guerra larga que pretende fomentar los intereses imperiales. Se trata de una fusión de poder duro y blando, que aboga por las guerras preventivas e intervencionistas (incluyendo la reciente guerra israelí en Líbano) y el chantaje diplomático.

Los árabes creen que Washington está explotando la causa de la democracia como un ardid para expandir las intervenciones militares estadounidenses (e israelíes) en la gran región de Oriente Próximo. La pretenciosa guerra de Washington contra la tiranía proporciona a sus guerras un objetivo más importante, que mejora su prestigio en casa y sube la moral de sus tropas en el extranjero. La expansión de la democracia se convirtió en una de las prioridades de la agenda del Gobierno de Estados Unidos cuando se demostró que las justificaciones alegadas para iniciar la guerra de Iraq - las armas de destrucción masiva y la relación con Al Qaeda- eran erróneas.
No es de extrañar que la mayoría del pueblo estadounidense, como la mayoría del árabe, establezca una distinción entre la guerra en Iraq y la guerra contra el terrorismo, a pesar de que la Casa Blanca afirme lo contrario.

Resulta paradójico que los mismos demócratas y reformistas a los que el Gobierno del presidente Bush afirma defender hayan mostrado una actitud más crítica contra sus ansias de aventuras militares. El año pasado, un grupo de intelectuales dignos de todo crédito afirmó en un informe del PNUD (el tercero de una serie sobre el desarrollo del mundo árabe) que las guerras y la ocupación de Estados Unidos e Israel impedían el progreso y el establecimiento de la democracia en la región árabe.
Los regímenes árabes son los principales culpables de la falta de avances en las libertades políticas de la región, según el informe del PNUD. Sin embargo, a pesar de sus promesas de que iba a cambiar la política de Washington de la guerra fría (que consistía en entablar amistad con tiranos y regímenes autoritarios a cambio de petróleo barato, de la firma de provechosos acuerdos de ventas de armas y de apoyo estratégico), el Gobierno del presidente Bush depende aún más de la ayuda de estos dictadores en la guerra contra el terrorismo, lo que supone una mayor, y no inferior, opresión de todos estos pueblos.
Los sermones del presidente Bush sobre la democracia cada vez suenan más a cruzada imperial que a discurso moral. Su neoconservadurismo, al igual que el comunismo, el fascismo y otros -ismos,se está revelando como un tipo de mesianismo político que es más ideológico y menos universal en su significado y puesta en práctica. “Bush el Salvador”, afirmó un importante analista árabe famoso por sus opiniones liberales, se considera “un nuevo profeta” que corregirá los errores cometidos contra la creación de Dios. La corriente de opinión neoconservador, según la cual el totalitarismo es la causa primordial del terrorismo, ha perjudicado a los regímenes nacionalistas árabes y ha proporcionado munición a los grupos yihadistas. Al extender su influencia geodemocrática a Irán y Siria, el Gobierno Bush dará al traste con toda esperanza de estabilidad a largo plazo.
Por este motivo, si insiste en seguir adelante por este peligroso camino, la expansión militar estadounidense socavará la influencia política de Washington en los dirigentes moderados que deben hacer frente a un descontento en alza en sus propios países. Todas estas décadas de intervencionismo han aumentado la polarización entre los regímenes serviles y los partidos islamistas radicalizados, lo que ha beneficiado a estos últimos, y también han debilitado a todos aquellos grupos moderados y democráticos. En los últimos años, las reformas legislativas liberales emprendidas por países como Marruecos, Egipto y Kuwait han sido objeto de la oposición de grupos islamistas conservadores que poseen un gran número de seguidores. Si hoy en día se celebraran elecciones democráticas libres en países como Egipto, Siria, Arabia Saudí, Libia o Túnez, lo más probable es que el resultado fuera muy parecido a las celebradas en el 2005 en Palestina o, peor aún, a las de 1991 de Argelia, en las que el Frente Popular obtuvo la victoria y abrió el camino hacia una guerra civil que se ha cobrado decenas de miles de víctimas hasta el momento.
¿Significa esto que la democracia está condenada al fracaso en Oriente Próximo? Al contrario. La región árabe está más preparada que nunca para emprender una transformación y reforma política. Sin embargo, debe pasar por tres tipos de transformaciones para que los sistemas democráticos y las sociedades libres puedan asentarse.
En primer lugar, debe fomentar la modernización económica que permita el nacimiento de una clase media fuerte capaz de cultivar y defender la democracia y el libre mercado. Tanto Estados Unidos como Europa podrían ayudar mediante la creación de unas condiciones comerciales favorables y su renuncia a seguir siendo los banqueros de los dirigentes corruptos y de los monopolios estatales abusivos.
Estados Unidos acostumbra a olvidar que la democracia liberal es un invento de las clases medias industrializadas, que desempeñaron un papel fundamental en la mejora y expansión de los valores universales que se han ido perfeccionando durante los dos últimos siglos.
En segundo lugar, los árabes necesitan una reforma política. Para construir instituciones democráticas, otorgar poderes a la sociedad civil y mantener una judicatura independiente se requiere estabilidad y soberanía legítima ahí donde la autodeterminación colectiva se traduce en autodeterminación libre individual.
En último lugar, aunque no por ello menos importante, hay que llevar a cabo una reforma religiosa sin que exista una influencia extranjera coercitiva para destacar la interpretación humanista del islam, en lugar de la punitiva, utilizada por los islamistas conservadores.
Desde que en el siglo VII el califa Omar Ibn al Jatab advirtió que nadie tenía derecho a esclavizar a nadie después de que su madre lo hubiera dado a luz libre, los musulmanes se han mostrado muy divididos en lo referente a las libertades, y los reformistas han perdido fuerza después de cada intervención extranjera.
Los árabes, y sobre todo los demócratas, nunca se tomarán en serio el compromiso estadounidense con la reforma democrática (planteado como el gran reto del siglo XXI), mientras su política exterior siga siendo tiránica. Estados Unidos y Occidente tienen que desempeñar un papel constructivo y llevar a cabo una mediación pacífica para lograr establecer la democracia y fomentar el desarrollo de la región. Además, se les puede oír mejor cuando los cañones callan.
*Marwan Bishara, es profesor de la Universidad Norteamericana de París y autor de ´Palestine/ Israel: peace or apartheid´ (Zed Press) Traducción: Robert Falcó Miramontes
Tomado de La Vanguardia, 01/09/2006

Conflicto árabe-israelí

Cada vez peor/Felipe González, ex presidente del Gobierno español
Inmediatamente antes de que empezara esta nueva fase aguda del conflicto árabe-israelí, es decir, antes del secuestro de un soldado israelí en los territorios ocupados y de los acontecimientos dramáticos en el Líbano a partir del secuestro de otros dos soldados, tuve una discusión no querida por mí con el embajador israelí.
Estábamos realizando un seminario en Sevilla el primer día de junio en relación con el 20º aniversario del establecimiento de relaciones entre España e Israel. El grueso de la reflexión se situaba en torno a ese hecho histórico y su evolución. Me limité, intencionadamente, a contar algunos de los entresijos no conocidos de aquel proceso complejo de negociación a varias bandas, que culminó en enero del 86.
Acabada la exposición, un periodista de La Vanguardia quiso traernos a la realidad inmediata tras el triunfo de Hamás. No quise eludir la respuesta a los temas puestos sobre la mesa. Creía que era posible y conveniente el diálogo con Hamás, después de la elección libre y transparente de los palestinos. Asimismo afirmé que la Unión Europea no debía cortar la ayuda al pueblo palestino por esta elección, Finalmente, expresé mi convicción de que Israel no podía mantener una política unilateral para la solución de los problemas de fondo.

La indignada reacción del embajador israelí allí presente me obligó a recordar algunos datos históricos que personalmente había vivido para avalar la corrección -en mi criterio personal- de la postura que había expresado. Lamento decir que, tras este verano terrible en Gaza, Cisjordania y particularmente en el Líbano, no sólo no he cambiado de criterio sino que mi razonamiento ha ido más allá. De buena fe cabe hacerse la pregunta sobre lo que hubiera ocurrido si la política se hubiera basado en aquellas premisas que defendí.
Todo ha ido a peor en la zona, como fácilmente puede constatarse viendo la dinámica de guerra civil y enfrentamientos contra los ocupantes en Irak, o la tensión generada con Irán, no sólo la guerra en el Líbano. ¿Dónde están los síntomas que anuncian una nueva realidad de democracia y estabilidad en Medio Oriente? No estamos ante el parto de una nueva y mejor criatura, sino ante el aborto frustrante de un proceso de paz imprescindible.
La paz sigue siendo la condición necesaria, aunque no sea suficiente, para conseguir la estabilidad, el desarrollo y la libertad en la región. Si no hay paz, todo lo demás se frustrará una y otra vez. Y aunque no guste oírlo, y menos escucharlo, el epicentro de la paz y de la guerra sigue estando, como hace décadas, en la solución del problema palestino. La fuerza, la política unilateral basada en ella, y sólo en ella, no garantizará nunca la paz. Los otros conflictos son reales, sin duda, pero su encauzamiento hacia una solución se encadena una y otra vez al del epicentro. La guerra del Líbano es la prueba del nueve.
Hace un año, en la Universidad de Tel Aviv, y después en Ramala, recordé el empate infinito en el que se había instalado este problema. Antes con Arafat, ahora con Hamás, mañana con el que venga. Porque hay conflictos que escapan de la salida clásica de triunfo o derrota, vencedores y vencidos, y suelen ser los peores. En los extremos de la opinión y, a veces, del liderazgo de las partes enfrentadas se llega a instalar el discurso de la derrota total de adversario y, si crece la tensión, contamina a franjas amplias de la opinión con resultados cada vez peores.
¿Qué significaría el triunfo total de Israel sobre los palestinos que quieren recuperar su territorio y disponer de su propio Estado? ¿Desaparecería la comunidad palestina de Cisjordania y Gaza? ¿Israel sería ocupante perpetuo de territorios que no le pertenecen?
¿Qué significaría el triunfo total para los palestinos? ¿La liquidación del Estado de Israel y la desaparición de la comunidad judía? ¿La ocupación del territorio asignado a Israel como Estado?
Israel es más fuerte militarmente, pero no puede ganar por la fuerza. Esto no variará en el futuro. Los palestinos son más débiles y tampoco pueden ganar por la fuerza, ni hoy ni mañana. La conclusión es obvia: sólo un acuerdo respetuoso con las resoluciones fundamentales de la ONU traerá paz y estabilidad a palestinos e israelíes.
Todos los interlocutores se precipitan a responder que es eso lo que pretenden, pero en la práctica no es así.
La terrible guerra del Líbano, cuyo objetivo confesadoera liberar a dos soldados israelíes y derrotar a Hezbolá, ha puesto de manifiesto que el conflicto central, el israelo-palestino, tiene una onda expansiva regional inevitable.
Volveré a insistir, contra corriente, en la necesidad de que la comunidad internacional aborde, con el consentimiento de las partes, una solución global. Si Israel vuelve a las fronteras del 67 y los palestinos disponen de su propio Estado, con todas las consecuencias, podría exigirse a todas las partes implicadas reconocimiento recíproco y respeto a los acuerdos.
En los momentos actuales, más que nunca, el papel de la Unión Europea puede y debe ser relevante. Una vez más vemos las enormes dificultades para encarar responsabilidades en materia de paz y seguridad que vayan más allá de la disponibilidad a pagar los gastos de los destrozos que se producen. Sin embargo, contra pronóstico, ha ocurrido un hecho notable en relación con la situación en el Líbano. La Unión ha llegado a un acuerdo muy significativo para aportar más de la mitad del contingente de Naciones Unidas que se desplegará en el sur del país. Más notable aún si se tiene en cuenta que ni Gran Bretaña ni EE UU formarán parte de la operación.
Pero todo el mundo es consciente de que el del Líbano es un conflicto derivado y que la situación en los territorios ocupados sigue siendo explosiva. Por eso, el nuevo ministro de Exteriores italiano ha hablado de la necesidad de que la Unión Europea piense en la interposición, con mandato de la ONU, entre israelíes y palestinos, llegado el momento.
Si la hoja de ruta está muerta, como los Acuerdos de Oslo; si la comunidad internacional está de acuerdo en un punto mínimo: el Estado palestino; si los procesos de negociación llegaron hasta un punto casi definitivo con Clinton; si la Liga Árabe ofreció en su día un acuerdo sobre bases semejantes, ¿no ha llegado la hora de arrancar con una iniciativa fuerte que siente a todos en torno a un plan definitivo, como si se retomara el impulso de la Conferencia de Madrid de 1991?
Ésta debería ser la propuesta de la Unión Europea, legitimada hoy por su decisión respecto a la paz en el Líbano y siempre por ser la que más esfuerzos ha hecho para ayudar a los países de la región. Seguir parcheando ya no es posible, porque se reproducirán continuamente las situaciones de crisis. La solución global es inaplazable para una visión sensata de los intereses de los israelíes, de los palestinos y de los países árabes concernidos. Entonces sí se podría empezar a hablar de un nuevo Medio Oriente encaminado, desde la paz, hacia un horizonte más libre y próspero.
Toomado de El País, 01/09/06):

¿Una nueva Cuba?

Nuevos tiempos, ¿nueva Cuba?/Por Isel Rivero y Méndez*
Tomado de El PAÍS, 01/09/2006
He aquí que llegó el momento en que Fidel Castro dobló la rodilla y el tiempo, siempre puntual, tocó a su puerta. Ahora ¿qué?, se preguntan, especulan, académicos, disidentes, políticos, analistas, los medios de comunicación. ¿Habrá o no una transición pacífica? Pero qué transición, qué modelo, qué camino tomar.
Lo que sabemos a ciencia cierta es que el sistema como está no puede dar de sí mucho más. Compaginar inversiones sociales, modernización del ejército, mantenimiento de las redes de seguridad tanto civiles como militares, sin un sistema fiscal de impuestos es y ha sido el modelo puesto en práctica. Ésa, entre otras, ha sido la causa de la depauperación de las infraestructuras tales como transporte, vivienda y energía, sin mantenimiento posible y sin accesos ni posibilidades de entrar de lleno en una economía de mercado, anatema del sistema.

1 sept 2006

Naguib Mahfuz


El escritor egipcio y Premio Nobel de literatura Naguib Mahfuz falleció este miércoles 30 de agosto a los 95 años de edad.
Mahfuz, el único escritor en lengua árabe premiado con el Nobel en 1988, fue considerado por la crítica el mayor cronista del actual Egipto.
Es considerado uno de los escritores árabes contemporáneos más innovadores y el tema central de sus novelas ha sido el hombre y su impotencia para luchar contra el destino y ciertas convenciones sociales.
En 1947 publicó la novela "El callejón de los milagros", que se convirtió en una de sus más famosos escritos. Fue llevada al cine por el director mexicano Jorge Fons, que la ambientó en el México actual y con la que ganó el Premio Goya a la mejor Película Extranjera de Habla Hispana en 1996.
En 1988, la Academia Sueca le galardonó con el Premio Nobel de Literatura por "haber elaborado un arte novelístico árabe con validez universal".
Descanse en paz.
Un maestro del realismo/Por Fernando Castanedo, escritor y crítico literario.
Tomado de El País, 31/08/2006
Naguib Mahfuz es a El Cairo lo que Benito Pérez Galdós a Madrid. Pero también ha sido a la sociedad egipcia del siglo XX lo que Balzac y Zola fueron a la francesa del XIX, y no acaba ahí la cosa, porque logró condensar en su producción literaria movimientos estéticos que en Europa se sucedieron durante décadas. Entre 1939 y la revolución egipcia de 1952 Mahfuz publicó 11 novelas, muchas por entregas, y casi todas en la tradición realista del siglo XIX. Entre las más logradas se encuentran Tras la celosía (1946) y El callejón de los milagros (1947).

Tras la independencia de Egipto en julio de 1952, Mahfuz dejó de escribir durante algunos años. El silencio que mantuvo entre 1952 y 1959 se debió a su convicción de que la literatura servía necesariamente para denunciar un orden político, social y sobre todo económico, indeseable. Si no había necesidad, entonces tampoco hacía falta literatura. En 1956, sin embargo, apareció la Trilogía de El Cairo, tal vez su obra más famosa. Compuesta por Entre dos palacios, Palacio del deseo y La azucarera, Mahfuz la había escrito antes de la revolución de julio de 1952, pero no se había decidido a publicarla. La historia de una familia cairota desde comienzos del siglo XX hasta los años cuarenta, con algunos elementos autobiográficos, le convirtió en una celebridad literaria en todo el mundo árabe.

Al observar la complacencia que se instalaba en la sociedad bajo el régimen de Nasser, Mahfuz volvió a escribir, ahora con mayor empleo de claves simbólicas. En Hijos de nuestro barrio (1959) noveló la historia de las religiones. Bajo los cinco personajes que habitan sucesivamente un mismo barrio, Mahfuz retrató a Adán, Moisés, Jesucristo, Mahoma y un último engendro: el del pensamiento científico, tal vez encarnado en Newton. Las versiones de las historias de los personajes anteriores van consolidándose y convirtiéndose en mitos para las siguientes, de manera que se compone un mapa de la mitificación del hombre por el hombre, desde la expulsión del paraíso hasta la adoración de la tecnología.

Miramar (1966), en la misma línea, se publicó por entregas en el periódico Al-Ahram. Aquí Mahfuz abandonó El Cairo y también la voz narrativa en tercera persona, y los sustituyó por Alejandría y por los monólogos interiores de cuatro personajes. Con esta novela llena de desencanto anticipó la depresión nacional que sufrió Egipto después de la Guerra de los Seis Días en 1967. A partir de entonces comenzó una fase más heterogénea. En algunas obras, como Amor bajo la lluvia (1970), volvió al realismo de sus primeras obras, mientras que en Charlas de mañana y tarde (1987) recorrió 200 años de la historia de su país mediante un curioso catálogo de personajes. El Premio Nobel de literatura no le frenó, ni tampoco la puñalada que le asestó un fanático en la puerta de su casa junto al Nilo, en El Cairo. Naguib Mahfuz, casi ciego del todo y prácticamente sordo, siguió escribiendo hasta al final.

Ollanta en tribunales


El ex candidato presidencial y líder nacionalista Ollanta Humala será procesado por supuestas violaciones a los derechos humanos cometidas cuando ejercía la carrera militar y dirigió una base antiterrorista en 1992.

Ollanta será procesado por la presunta comisión de delitos de lesa humanidad: desaparición forzada, asesinato y lesiones graves.

La jueza Miluska Cano, le prohibió la salida del Perú ; además que le embargo preventivamente sus bienes, y deberá concurrir obligatoriamente al juzgado para informar y justificar sus actividades, y el pago de una caución.

Se le acusa de desaparición forzosa y homicidio en agravio de los esposos Natividad Avila Rivera y Benigno Sullca Castro en junio de 1992, cuando el militar era jefe de la base antiterrorista de Madre Mía, en la selva peruana, y usaba el sobrenombre de “Capitán Carlos”.
El defensor legal de Humala, el abogado Carlos Escobar, consideró un "abuso de poder" la decisión de la jueza de procesar a su defendido por presuntas violaciones a los derechos humanos.

Escobar afirmó a la emisora CPN-Radio que la medida "no tiene ni pies ni cabeza" y denunció que, en su opinión, se trata de una "tremenda presión" con "intencionalidad política" contra el militar retirado.

La diplomacia vuela bajo/Enrique Krauze

La diplomacia vuela bajo/Enrique Krauze  REFORMA, 4 octubre 2026; Ante el pleno de la ONU, el presidente de los Estados Unidos lanzó a Méxic...