10 ene 2026

Ni Maduro, ni Trump/Jorge Ramos Ávalos

Ni Maduro, ni Trump/Jorge Ramos Ávalos 

REFORMA, 10 enero 2026

Donald Trump y Nicolás Maduro tienen egos gigantes y se creen invencibles. Ambos pesan más o menos lo mismo, se nota que no hacen ejercicio, están encorvados y tienen la misma estatura (1.91 metros). Están acostumbrados a juzgar desde lo alto y a ver a los demás como menos.

Como todos los líderes autoritarios, se rodean de yes men -gente que nunca les lleva la contraria ni les dice la verdad- y lo que más aprecian es la lealtad, no la inteligencia, la moral o la justicia. Cualquier diferencia la toman como un ataque personal y siempre creen tener la razón. No les importan los datos ni los hechos. Lo único válido para ellos es su propia opinión. Son sabelotodo.

Son insoportables, impacientes, arrogantes, groseros y se ríen de sus propios chistes. No tienen sentido del humor. Nunca los he oído reírse a carcajadas. Bailan en público como si la gente los quisiera ver. Pero en el fondo se burlan de ellos: de su físico, del peinado de prestado y del bigote, de sus constantes gafes en discursos deshilados e interminables, y de esa terrible propensión a hablar de sí mismos.

Trump y Maduro son lo que jamás quisiéramos que nuestros hijos fueran.

Son expertos en causar miedo y prefieren ser temidos que respetados. Son campeones del resentimiento, recuerdan una afrenta por años y saben aplicar la venganza en el momento que más duele. Empresarios, periodistas y otros políticos se doblan con tal de no pelearse con ellos.

Viven de la mentira. Trump y Maduro dicen haber ganado elecciones que perdieron. (Trump en el 2020 y Maduro en el 2013, 2018 y 2024). Crean su propia realidad, la promueven como cierta y luego se les olvida que viven en una burbuja.

Hasta aquí las similitudes.

Anoche Maduro, con uniforme de presidiario, durmió en una cárcel, mientras que Trump -quizás con pijama de seda- lo hizo en la Casa Blanca. Maduro es un brutal y cruel dictador y, nos guste o no, Trump ganó legítimamente las elecciones presidenciales del 2016 y 2024.

Afortunadamente no tenemos que escoger entre uno y otro.

Se vale rechazar a los dos.

Venezuela está mejor sin Maduro y, por fin, el dictador está en la cárcel. Muchos cubanos hubieran querido ver a Fidel Castro en prisión, al igual que muchos chilenos esperaron, sin éxito, que Augusto Pinochet muriera encarcelado. Por eso, entiendo y aplaudo las celebraciones de los venezolanos en el exilio tras la caída de Maduro. Celebraciones que, por el momento, no se pueden realizar en Venezuela.

Pero, al mismo tiempo, como mexicano y latinoamericano, no puedo apoyar una intervención militar de Estados Unidos en el continente americano. Hay una triste historia de invasiones e interferencias estadounidenses, desde México hasta Chile. Hubiera sido preferible que el régimen de Maduro se rompiera por dentro y que fueran los venezolanos los que determinaran el destino de su país.

Además, la operación militar ordenada por Trump no obtuvo la autorización del Congreso, violó las leyes internacionales y la Carta de Naciones Unidas, y es un terrible precedente en caso de que China quisiera invadir Taiwán o que Trump deseara atacar a los narcocárteles dentro de territorio mexicano. En una reveladora entrevista con The New York Times, Trump dijo que "no necesita la ley internacional" y que su único límite es "su propia moralidad, su propia mente". Esto es muy peligroso.

Así que se le puede decir no a Trump y no a Maduro.

Para mí, esto no es nuevo. Me ha tocado enfrentarlos a los dos. A Trump durante una conferencia de prensa en el 2015 y a Maduro en una entrevista en el Palacio de Miraflores en el 2019. Ninguno de los dos está acostumbrado a que los cuestionen. Y su talante autoritario salió inmediatamente: Trump me expulsó por la fuerza de la sala de prensa con un guardaespaldas, mientras que Maduro nos confiscó las cámaras, los celulares y las tarjetas de video de la entrevista; nos arrestó y a la mañana siguiente nos deportó. Todo solo por hacer preguntas.

Pero eso es lo que hacemos los periodistas independientes.

Ni uno, ni otro.




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