12 jun 2026

La encrucijada de la seguridad bilateral

La encrucijada de la seguridad bilateral

Por Fred Alvarez

Los pasillos de la embajada estadounidense en la colonia Irrigación de la Ciudad de México fueron este viernes el escenario de un encuentro que define mucho más que una agenda política: define la tranquilidad de millones de personas a ambos lados de la frontera. En lo que se ha bautizado como una "nueva era" de cooperación, México y Estados Unidos celebraron la cuarta reunión del Grupo de Implementación de Seguridad (GIS).

Este mecanismo congrega a representantes del Gabinete de Seguridad de México —integrado por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), la Secretaría de Marina (Semar) y la Fiscalía General de la República (FGR)— junto con sus contrapartes de los departamentos de Estado, Defensa, Justicia y Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

Nada es casual. Esta reunión se celebró apenas dos días después de la llamada telefónica entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y el canciller mexicano Roberto Velasco, un diálogo que sin duda preparó el terreno para los temas más espinosos que habrían de abordarse en la mesa.

Ahí estaban, frente a frente. Por un lado, el embajador ohnson; por el otro, el canciller Velasco, arropado por la cúpula de seguridad de nuestro país. En esa mesa convergieron representantes de 15 agencias estadounidenses y sus homólogos mexicanos. Sin embargo, en el aire flotaba un innegable elefante en la habitación: este fue el primer encuentro desde que el Departamento de Justicia de EU solicitó la detención con fines de extradición del exgobernador Rubén Rocha Moya y otros nueve exfuncionarios. Una solicitud a la cual, hasta el momento, México no le ha dado trámite.

Así lo dictan los tiempos diplomáticos, aunque horas antes, la presidenta Sheinbaum había descorrido el telón sobre la dinámica de este encuentro. En el papel, la reunión se dibujó como una mesa técnica blindada por el peso institucional de las secretarías, cuya misión era ceñirse estrictamente a los acuerdos del Entendimiento trazados hace ocho meses.

Pero el fantasma de Sinaloa sobrevoló la conversación. Ante la insistencia de la prensa en Palacio Nacional, Sheinbaum atajó las especulaciones aclarando que el caso no estaba en la agenda oficial, aunque mantuvo viva la tensión al asegurar que México no quitará el dedo del renglón para exigir pruebas:

—Ya vamos a dar posteriormente más información sobre este tema —dijo, tajante—. Pero no se toca ese tema, porque lo que se toca ahí es lo que está en la agenda del Entendimiento que se tuvo hace cerca de ocho meses.

A la pregunta de si los implicados serán entregados debido a las pruebas presentadas, la mandataria se limitó a un enigmático: "Bueno, ya… Vamos a dar más información", cerrando así el tema y dejando flotando la interrogante sobre el destino de los señalados.

Más allá del diferendo, ambos países enviaron un mensaje de urgencia compartida. El crimen organizado ha mutado, y la agenda de hoy refleja esas amenazas modernas: cárteles que utilizan drones como herramientas de terror, el incesante tráfico de armas que desangra nuestras calles y el robo de combustible que sigue vulnerando las entrañas de la nación.

La representación diplomática estadounidense fue enfática al prometer "resultados históricos" y acciones rápidas para desmantelar las redes criminales que operan al amparo de la impunidad. A las 20:36 horas, esta postura se formalizó cuando el embajador Ronald Johnson compartió a través de sus redes sociales el comunicado: "La Cooperación a los Resultados: Avanzando Juntos por la Seguridad".

Las palabras y los acuerdos firmados hoy en la capital suenan esperanzadores, al igual que los alcanzados anteriormente en McAllen o Washington. Pero la verdadera métrica de esta cumbre no estará en los comunicados ni en los posts en redes sociales; estará en los hechos. Porque, como bien se reconoció hoy, la gente merece vivir en paz, libre de la intimidación, la corrupción y el miedo.

Hoy, dos dos países se dan la mano ante un enemigo que no respeta fronteras. Pero el tiempo nos dirá si esta "nueva era" se traduce en la paz que nuestras comunidades exigen, o si solo quedará archivada como un protocolo más en el largo y complejo historial de nuestra relación bilateral.

Para la historia inmediata.. 

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