¿Y dónde está el piloto?..
Por Fred Alvarez Palafox...
¡Increíble, pero cierto!
En los nutridos anales del surrealismo mexicano, nuestra Fiscalía General de la República (FGR) acaba de graduarse con honores. Pero no se confundan: no obtuvieron el diploma en procuración de justicia, sino un máster indiscutible en logística y envíos internacionales.
Imagínese usted la escena. Tienen en sus manos a Mauro Alberto Núñez, alias "El Jando", tal como ha documentado el diario Los Angeles Times. No hablamos de un criminal del montón; es nada menos que el piloto que trasladó a Ismael Zambada en aquel enigmático vuelo de julio de 2024. Un despegue trazado desde "Huertos del Pedregal", un modesto aeródromo incrustado en Culiacán, que terminó con la captura de los capos... o al menos esa es la versión oficial. Porque en este enredo fronterizo hasta el lugar del arresto es un enigma: mientras a nosotros nos cuentan que la aprehensión culminó tras el aterrizaje en territorio estadounidense, periodistas como Luis Chaparro nos recuerdan que el FBI maneja "otros datos".
.La historia de "El Jando" da para una novela de humor negro, aderezada ahora por las propias autoridades. Apenas ayer, en conferencia de prensa, David Boone, titular de la Fiscalía Especializada de Control Regional de la FGR, confesó con pasmosa naturalidad que el piloto había sido deportado a México tras aquel aterrizaje, el 25 de julio de 2024.Es decir, el hombre fue devuelto a nuestro país, se paseó tranquilamente por nuestras calles y siguió delinquiendo como si gozara de unas perpetuas vacaciones pagadas. Cuando por fin el destino lo hace tropezar y lo detienen por portación de arma, uno pensaría que el aparato de justicia se frotaría las manos. La lógica de cualquier Estado soberano dictaría un interrogatorio exhaustivo. Era la pieza de oro, el eslabón perdido para armar el rompecabezas que la propia FGR presumía estar investigando con tanto ahínco.
¿Y qué hace nuestra flamante justicia?
En un acto que raya entre la pereza investigativa y el servilismo puro, deciden que la fatiga procesal es mucha. En lugar de interrogarlo y extraer la verdad, lo meten al fondo de la caja, en ese abultado paquete de 92 extraditables "ofrendados" en bloque al gobierno de Donald Trump.
La moraleja que nos regala este episodio es tan fascinante como aterradora: ¿Para qué desgastarse armando un caso sólido, integrando carpetas o interrogando al testigo clave que podría explicar uno de los mayores misterios recientes de Sinaloa, cuando resulta infinitamente más sencillo emplayar al detenido, ponerle un moño diplomático y mandarlo por paquetería exprés al vecino del norte?
Al final, habrá que reconocerlo: el Estado mexicano sí es eficiente... pero como agencia de entregas a domicilio.
Para la historia inmediata
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