18 jul 2006

Los 10 mandamientos de Lula


Los diez mandamientos de Luiz Inácio Lula da Silva.

El Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, le preocupa que durante la campaña electoral Luisz Inácio Lula Da Silva pueda ser presa del llamado efecto Zidane.
Y es que el PT conoce bien a su candidato. Conoce su carácter temperamental y polémico y para evitar un resbalón durante la campaña, que pudiera arrastrarlo a una segunda vuelta electoral en la que todos se alinearían contra él, el PT ha creado los siguientes diez mandamientos:
1. No exponer al candidato a situaciones de riesgo, es decir, de enfrentamiento directo con sus adversarios.
2. Evitar viajes a los Estados con divergencias entre los actuales aliados del Gobierno.
3. Evitar dar entrevistas, ni siquiera colectivas.
4. Hablar con los medios de comunicación sólo cuando se trate de un tema concreto.
5. No comentar ningún tema negativo para el Gobierno, dejando eso para los ministros.
6. Hablar siempre de temas positivos y nunca negativos.
7. No participar en ningún debate público para evitar improvisar. Esto es algo que le encanta a Lula, pero en lo que suele resbalar, como cuando en una campaña de alfabetización se le escapó decir que él habia sentido que su madre “naciera analfabeta”.
8. Explotar más su condición de presidente de la República que la de candidato electoral.
9. Evitar su presencia física en el comité que organiza la campaña para mantenerlo lejos de la financiación electoral.
10. Intentar enfriar la campaña ya que la oposición se encargará de calentarla sacando a relucir los escándalos de corrupcion que salpicaron al Gobierno y perjudicaron al PT. Para ello, tendrá que aparecer lo menos posible en público y limitarse a discursos escritos.
"Al recibir el decálogo del partido, Lula comentó con gracia que en ese caso podía aprovechar la campaña para irse de vacaciones con su mujer. No lo hará. Quienes lo conocen bien están seguros de que acabará quebrantando más de uno de los mandamientos impuestos por el partido. Aunque tenga que confesar después sus pecados." dice una nota de Juan Arias para El País.

Elecciones sin ganadores: Dahrendorf


Elecciones sin ganadores/Ralf Dahrendorf*

Cuando los partidos de fútbol - al menos aquellos de los que debe salir un ganador- quedan empatados, el problema se debe resolver con una serie de penaltis. La competencia individual por el heroísmo o la desdicha que representan los penaltis es en realidad ajena a un juego de equipo como el fútbol, pero se acepta como una forma necesaria para resolver el empate. Cuando se trata de elecciones no hay tal mecanismo.

Sin embargo, muchas de las elecciones recientes han terminado en al menos un empate técnico. La elección presidencial de México es solamente el ejemplo más reciente. Hace varias semanas, las elecciones generales en la República Checa produjeron un impasse total al ganar la izquierda y la derecha cien escaños cada una en la Cámara Baja, sin ninguna resolución a la vista. En Italia, una regla curiosa le permite al grupo que consiga un puñado de votos más que el otro obtener un complemento de varias docenas de escaños en el Parlamento. El Gobierno de Romano Prodi debe actuar con un margen muy pequeño en el Senado.

Hay otros ejemplos recientes, incluyendo el que tal vez es el más notorio, las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 2000. ¿Por qué repentinamente estamos experimentando tantos resultados cerrados en elecciones democráticas? ¿Cuál es la mejor manera de enfrentarnos a ellas? ¿Y cómo afectan a la legitimidad de los gobiernos que surgieron de estos procesos?
La primera pregunta es la más difícil de responder. Para el observador, no parece que el electorado de los países democráticos esté dividido tan equilibradamente por clases sociales o líneas similares como para causar un estancamiento político. Al contrario, por todos lados los electorados parecen ser más volátiles que cualquier otra cosa, con votantes dispuestos a cambiar sus preferencias de una votación a la siguiente. Suelen querer un cambio, sólo eso.
Tampoco hay señales de que la ideología política haya regresado al seno de la sociedad en su conjunto. Con todo, las divisiones entre los candidatos a cargos de elección popular son hoy más profundas que nunca - y son aún más marcadas entre los activistas de los partidos-.
Esto ciertamente se cumple en América Latina, donde una ola de populismo de izquierda se ha notado en muchos países. Varios países de Europa también han revelado una división menos dramática entre izquierda y derecha, con España e Italia - aunque no así Polonia y la República Checa- moviéndose un tanto hacia la izquierda. Pero el asunto real no es simple. Cada vez más, la división de las instancias democráticas refleja una combinación de votantes indecisos, motivados por sentimientos efímeros, y el surgimiento de activistas políticos, que frecuentemente se centran en temas específicos, que explotan la volatilidad electoral.
Entonces, en términos prácticos, ¿qué se puede hacer cuando la división conduce al estancamiento? Una solución es formar una gran coalición como en la Alemania actual. Es impresionante observar lo rápido que los democristianos y los socialdemócratas han olvidado sus promesas de campaña y han acordado un programa de impuestos más elevados. Se puede dudar que esto vaya a aumentar la confianza popular en la clase política, pero, por lo menos hasta ahora, el acuerdo está funcionando.

Otra posibilidad es convertir a las mayorías con ventajas minúsculas en gobiernos que no sean de coalición pero que mantengan políticas de centro, como sucedió en Italia y puede suceder en la República Checa. En los países de América Latina, por otra parte, parece que prevalece una actitud de todo o nada, y se considera que el 50,1% del voto popular es motivo suficiente para emprender una revolución de sentimientos, si no de políticas.

¿Cómo afecta esto a la legitimidad de los gobiernos y de las instituciones políticas en general? Mientras los ganadores con mayorías escasas adopten una postura de centro en sus funciones de gobierno, es más probable que sigan siendo aceptables ante un electorado que se muestra más volátil que dividido. En contraste, a largo plazo las grandes coaliciones pueden levantar dudas sobre el sistema y alentar a los grupos radicales. Lo mismo puede pasar también si los ganadores con poco margen adoptan un programa radical como algunos creen que George W. Bush ha hecho en Estados Unidos y como muchos temían que Andrés Manuel López Obrador hiciera en México. No obstante, mientras esos líderes respeten la Constitución democrática no es probable que se alejen mucho, porque saltarían en la siguiente elección.
La pregunta real es si un electorado vacilante está dispuesto a defender las constituciones democráticas en el caso de que un extremista que gane por un pelo trate de revertirlas e iniciar una nueva era de tiranía. Por el momento no hay tal riesgo en Europa. Silvio Berlusconi al final aceptó que había perdido, aunque fuera por muy poco, al igual que Viktor Orban en Hungría. Pero hay una conclusión que es, tal vez, más profunda que nunca. Las últimas elecciones en el Reino Unido también produjeron un resultado cerrado. Sin embargo, los escaños en el Parlamento y no los porcentajes del voto son lo que importa, debido al sistema electoral del país, en el que el ganador se lo lleva todo a partir de circunscripciones uninominales, lo que empuja a los partidos políticos a moverse hacia el centro. Un electorado volátil puede reemplazar al ganador de la vez anterior, pero ambos pueden tratar de persuadir a los votantes y gobernar sin tener que irse a los extremos para ganar la mayoría. El sistema en el que gana quien obtiene más votos sigue siendo el método más efectivo de asegurar un cambio ordenado.
Exrector de la LSE, Londres, y ex decano del Saint Antony´s College de Oxford. Traducción: Kena Nequiz
Tomado del periódico español La Vanguardia, 18/07/06

17 jul 2006

Verano de furia


Verano de furia/Niall Ferguson, profesor de Historia Laurence A. Tisch de Harvard y del Jesus College de Oxford. Traducción: José María Puig de la Bellacasa
Publicado en LA VANGUARDIA, 17/07/06
Vamos hacia un verano de furia? Hace una generación, la juventud de la época se congregó en las calles de San Francisco con flores prendidas en el cabello para celebrar un verano hippy del amor. Pero en nuestros días la combinación de jóvenes y tiempo soleado ofrece algo muy distinto. El lema de los años sesenta fue “Haz el amor y no la guerra”.
El del 2006 parece remitir a la situación opuesta.
De Bombay a Mogadiscio, de Helmand a Haifa, la semana pasada ha presenciado una auténtica erupción de violencia. Doscientas personas perdieron la vida en los atentados en la red de trenes de cercanías de Bombay. En Somalia, los grupos islamistas han estrechado el cerco en torno a la capital. Los informes sobre la aplicación de la pena de azotes por infracciones leves de la charia parecen indicar que el Cuerno de África ha dado con su propia versión del movimiento talibán. Y los talibanes originales siguen amenazando a las tropas británicas desplegadas en la provincia afgana de Helmand.
La piedra de toque más determinante y reveladora de este verano de furia, sin embargo, radica sin discusión en Oriente Medio.
El 12 de julio, Hezbollah atacó a una patrulla fronteriza israelí y mató a varios soldados e hizo prisioneros a otros dos. Israel, en pleno esfuerzo por resolver la crisis del rehén secuestrado en Gaza, respondió bombardeando varios objetivos en Beirut. Hezbollah respondió a su vez lanzando varios cohetes de fabricación casera contra Israel. Entre tanto, Israel intensificó su presión militar sobre el recién elegido Gobierno de Hamas en Gaza, donde más de sesenta palestinos han muerto desde finales de junio.

Ante este panorama, puede asaltar fácilmente la tentación de concluir que los choques de este verano de furia consisten en choques entre musulmanes y no musulmanes. Pero aguarden un instante. Porque lo cierto es que la reiterada violencia en Irak contradice esta idea. Recientemente, una banda de pistoleros chiíes, posiblemente miembros de las milicias de Moqtada al Sadr (quien se halla al frente del Ejército de Al Mahdi), atacó el barrio yihadista suní de la capital y mató a unas cuarenta personas. No fue más que el último episodio de una serie de ataques sectarios de los chiíes contra los suníes y viceversa. Según fuentes de la Brookings Institution, la cifra de ataques sectarios registrados en mayo de este año fue de 250, frente a los veinte del mismo mes del año pasado y los diez de la misma época del 2004.

Ello significa, como he venido razonando desde hace algún tiempo, que la insurgencia hostil a las fuerzas de la coalción dirigida por Estados Unidos se está metamorfoseando en una guerra civil. Aún peor, como advirtió recientemente el ex vicesecretario de Estado estadounidense, Leslie Gelb, “el cáncer de la violencia sectaria puede sufrir finalmente un proceso de metástasis que evolucione hacia un conflicto regional”.

Los actuales acontecimientos en Líbano muestran lo plausible de tal evolución. Porque el hecho es que Israel ya no se limita a combatir contra una intifada en los territorios ocupados, sino que prácticamente ha declarado una guerra contra un país vecino soberano. Y Líbano es sólo uno de los blancos potenciales en la región. Tanto Hezbollah como Hamas cuentan con el apoyo de Irán y el líder exilado de Hamas se ha instalado en Siria. La última semana, el presidente iraní prometió a su homólogo sirio una “vehemente respuesta” en caso de un ataque israelí contra Siria.
Nadie debería dar por sentado que esta doble crisis vaya a desvanecerse sin mayores consecuencias. Recuerdo que en enero ya me referí a la posibilidad de una “gran guerra del 2007″ que podía estallar merced a la mecha de esta confluencia fatal de acontecimientos en Oriente Medio. El mejor comentario que me envió entonces un lector adoptó forma de pregunta: “¿Y quién le dice que no va a suceder este año?”.
Oriente Medio es equivalente para nuestra generación a lo que representó para la época victoriana la decadencia del imperio otomano: una madeja de distintos factores y problemas muy difícil de desentrañar que, por supuesto, resiste cualquier simplificación. Para empezar, ya es bastante difícil discernir entre los errores y aciertos que constan en el conflicto palestino-israelí. Sólo tratar de calcular el cúmulo de países árabes ya da dolor de cabeza y basta que alguien mencione las divisiones sectarias en Iraq o la política iraní para alargar la mano maquinalmente en busca del vaso de whisky.
Dos factores, sin embargo, cuentan: juventud y tiempo caluroso. La juventud y el calor son ingredientes presentes en los conflictos que acaban de estallar, igual que en el verano del amor hace treinta años. Diferencias clave son, primero, que la proporción de jóvenes es altísima en el Oriente Medio actual, más aún que en el apogeo de la generación nacida tras las Segunda Guerra Mundial; segundo, que la temperatura es mucho más elevada por ejemplo en Hebrón que en el barrio hippy por excelencia de Haight-Ashbury, en San Francisco, y, tercero, que la juventud de Oriente Medio sufre en mayor medida la pobreza y el paro que sus homólogos de los movidos - y prósperos- años sesenta.
No es casualidad que los lugares más peligrosos del mundo coincidan con los de población más joven. Según la organización independiente dedicada a investigación en temas de salud pública y demografía Population Action International, los países de población joven (15-29 años) que representaba un 40% o más de la población adulta en 1995 presentaban un tercio de posibilidades de sufrir un conflicto civil en los noventa. Países cuyos jóvenes eran un 30% o menos de la población adulta corrían un riesgo menor (sólo un 11%). En el Reino Unido los jóvenes son sólo un 23%, En EE UU., un 26%. Pero en Irán son un 49%, como en los territorios palestinos ocupados. En Irak son un 48% y en Jordania un 46%; en Siria y Somalia, más del 50%. La agresividad innata de la juventud puede dar rienda suelta mucho más fácilmente a sus impulsos en un marco de calor abrasador, pobreza y paro: precisamente los aprietos y penurias de la juventud de Oriente Medio. Siria - lugar mucho más cálido que San Francisco- sufre un paro juvenil del 26%.

Olviden por un instante los tecnicicismos de la política de Oriente Medio. Las sencillas cifras reseñadas ya les dan una idea ilustrativa de la diferencia entre los hippis y Hezbollah, entre las movidas de los sesenta y los atentados suicidas. Sobre todo, explican la diferencia entre el verano del amor californiano y el verano de furia de Oriente Medio.

AMLO irresponsable: El País


Comentado hoy en el programa Ciudadano 2006, que conduce el periodista Ricardo Alemán, en radio capital 830 de AM.
Duro contra AMLO el editorial del periódico madrileño El País en la edición de este martes 18 de julio.
Por cierto, el medio no le dio ningún espacio a la asamblea multitudinaria de este domingo en el Zócalo de la ciudad de México, en cambio, hace dos semanas, ese periódico le dedico una amplio reportaje y publico una muy buena foto.
El mensaje de El País es significativo, y no debe ser desdeñado por los líderes de la Alianza por el bien de Todos, léase AMLO.
Se trata -para mi gusto- del mejor diario en español de Europa, y además quien mejor trato le ha dado a AMLO.
¡A ver si no dicen que hubo compló!

Nuevamente Misión Milagro


Comentario difundido en la III emisión de Imagen Informativa 90.5 de FM, que conduce Jorge Fernández Menéndez; 19.20 horas.
Jorge:
Todo estaba programado para que la mañana del jueves 6 de abril, un avión de la línea estatal venezolana Conviasa, llegara a Cancún, Q. Roo., y de ahí llevaría directo y sin escalas a Caracas a los primero 90 pacientes mexicanos, indígenas por cierto, para que fueran operados en Caracas por médicos cubanos.
El avión por diversos motivos nunca pudo llegar. Y el día de ayer ¡por fin! después de más de tres meses –y que bueno que se hizo después del 2 de julio, por aquello de las malas lenguas- viajaron los primeros 66 indígenas para ser operados de la vista como parte de la "Misión Milagro" que impulsa el gobierno de Hugo Chávez.
Y es que el gobierno del presidente Venezolano Hugo Chávez a través de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ABA) tiene un proyecto denominado: Misión Milagro. Se trata de apoyos gratuitos con una operación de cataratas a gente de bajos recursos.

La diplomacia vuela bajo/Enrique Krauze

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