8 jun. 2017

El histórico testimonio de Comey ante el Senado fue un Superbowl político

James Comey paralizó Washington: bares repletos, margaritas y "Sandwich FBI"
El testimonio del ex director del FBI en el Senado se vivió como un evento político extraordinario; un aluvión de público provocó largas filas en varios bares
Nota de Rafael Mathus Ruiz
LA NACION,08 DE JUNIO DE 2017 • 15:45 horas.
WASHINGTON.- La fila de gente recorría toda la cuadra y daba la vuelta la esquina. Algunas personas esperaron más de una hora. Dentro del Shaw's Tavern, un bar en Shaw, un barrio joven y vibrante de Washington, el bullicio enmudeció cuando James Comey, el ex director del FBI que paralizó a la ciudad y al país, comenzó a hablar: el bar, repleto, siguió casi todo su testimonio con un silencio de sepulcro.
El histórico testimonio de Comey ante el Senado fue un Superbowl político: hubo personas que faltaron al trabajo, fueron a la oficina más tarde o llevaron su computadora al bar para verlo con amigos o extraños. Muchos no despegaron la vista de las pantallas; otros ya tenían un Bloody Mary enfrente a las 11 de la mañana, apenas abrió el bar.

Mientras la gente bebía y escuchaba, Comey destrozaba al presidente, Donald Trump .
"Estoy muy impresionada con su sinceridad. Su memoria es muy clara", dijo Andrea Erdmann, 47 años una consultora en desarrollo económico, mientras miraba la audiencia y bebía un margarita. Recordaba la Guerra Fría, la Unión Soviética, y toda la trama del Rusiagate le parecía casi surrealista: "Es muy raro, es casi como estar en un planeta diferente".
Ellen Hackler, 61 años, y Martia Tomas, 60 años, se conocen desde que tienen 5 años y ahoy pasaron toda la mañana sentadas en la barra viendo la audiencia. La siguieron de principio a fin. Por momentos, en silencio, como el resto del bar. De a ratos, comentando lo que escuchaban entre ellas.
El testimonio del ex director del FBI en el Senado se vivió como un evento político extraordinario.
"Es un hombre honesto", decía Martia. "Trabajé en el FBI, y te puedo decir que es muy respetado", agregaba Ellen.
Ambas creían que Trump miente, porque no sabe o porque quiere. Esa opinión era compartida, dentro y fuera del bar: Washington es una ciudad demócrata. El año último, Hillary Clinton obtuvo el 90,5% de los votos en la elección presidencial. Aquí, casi todos quieren un impeachment, y casi nadie mira con buenos ojos a Trump.
Pocos recordaron hoy las críticas que llovieron sobre Comey por el Emailgate de Hillary Clinton, y cómo jugó en la elección de Trump. hoy, todos esperaban el golpe a Trump.
"Hay una reacción visceral", explicaba, en la fila, antes de la entrada del bar, Kathy Harvey, 49 años, quien había ido con su hija, Ella, estudiante de 18 años. "Estamos esperando a que se resquebraje el hielo", graficó.
El menú del bar ofrecía un "Sandwich FBI" con una "salsa Top Secret", y un "Desayuno FBI" que consistía en una tostada francesa con tocino, helado de vainilla y jarabe de arce. Mucha gente se quedó afuera. Hubo un aplauso: cuando Comey dijo que Trump había mentido sobre los motivos para echarlo. También risas y un murmullo de ternura cuando Comey dijo que tuvo que cancelar una cita con su mujer para ir a cenar con Trump a la Casa Blanca, el momento más liviano en las dos horas y media de audiencia.
"Es un momento único", dijo Lauren Smith, quien hoy trabajó "remotamente" desde el bar. "Cualquier cosa puede pasar. Es súper obvio que hay algo malo", opinó. Y eso fue antes de que Comey comenzara a hablar.

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